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Moria, la vergüenza de Europa

Escrito por Debate Plural

MSF (10-9-20)

 

Las 12.000 personas se han trasladado hacia la ciudad de Mytilini, pero han sido bloqueadas más allá del campo de Kara Tepe. Alrededor están ahora en la calle sin ningún lugar adonde ir y muchas están comenzando a esconderse en las colinas y dispersarse. No olvidemos que también hay 35 casos positivos de COVID-19 entre ellos. Deben ser trasladados de inmediato a un lugar seguro en el continente o en otros países europeos. Estos hombres, mujeres y niños lo necesitan de inmediato

Ahora mismo, nuestros equipos están evaluando las necesidades inmediatas de la población de refugiados y estamos en contacto con las autoridades pertinentes para ver cómo podemos ayudar. Para nosotros la prioridad debe ser encontrar un lugar seguro para todas estas personas. No contemplamos trasladar a estas personas de regreso a Moria. Las autoridades griegas deben implementar urgentemente un plan de emergencia y evacuación. Estamos listos para apoyar y ayudar con nuestra capacidad médica.

17:12 h

Instamos a las autoridades griegas y de la UE a evacuar inmediatamente de la isla a las personas a un lugar seguro.

El incendio también ha destruido el centro médico COVID-19 donado por los holandeses y obligó a interrumpir todos los servicios médicos disponibles para la población de refugiados, incluida nuestra clínica pediátrica

Casi cinco años atrapadas a personas en condiciones extremas han provocado tensiones y desesperación. Con la COVID-19 y las crecientes de movimiento de refugiados y migrantes, que han estado confinados casi cinco meses, la situación se había vuelto simplemente insoportable.

Hemos estado presionando a las autoridades sanitarias y migratorias griegas para que establecieran un plan de respuesta a la COVID-19 adecuado para Moria. “Sin embargo, las autoridades griegas no han implementado tal respuesta, y la UE y otros estados miembros de la UE han renunciado a su responsabilidad y no han hecho casi nada para resolver esta situación”, se lamenta Aurélie Ponthieu, nuestra asesora humanitaria sobre Desplazamiento.

“La orquestación de años de sufrimiento humano y violencia producida por las políticas migratorias europeas y griegas es la culpable del incendio, y solo podemos esperar que el mismo inhumano sistema de contención no renazca de las cenizas de Moria”.

El hecho de que este incidente ocurra justo después de los primeros casos de COVID-19 no es ninguna sorpresa. Lo sabemos por nuestra experiencia trabajando en otros brotes: sin la confianza y la comprensión de la población, no se puede controlar un brote. ¿Cómo pueden las autoridades mantener confinadas a 12.000 personas en condiciones inhumanas, decirles que tienen que respetar el distanciamiento físico en un espacio de 26 km2, que tienen que hacer cola incluso para recibir un poco de comida todos los días, y luego pensar que van a confiar en ellas cuando implementen restricciones por la COVID-19?

Nuestra clínica en las afueras del campo no se ha quemado y nuestros compañeros han pasado la noche intentando proteger la clínica del fuego. No obstante, los servicios sanitarios se han interrumpido temporalmente y estamos trabajando para reanudarlos lo antes posible.

10:05 h

ÚLTIMA HORA. Ha explotado la bomba de relojería. Lo sabíamos y lo avisamos en muchas ocasiones.

El campo de refugiados de Moria (Lesbos, Grecia) se ha quemado hasta los cimientos tras varios incendios que comenzaron la noche del 8 de septiembre. Unos 12.000 hombres, mujeres y niños han sido evacuados y están ahora en la calle.

“Vimos cómo el fuego se extendía por Moria y se avivaba durante toda la noche. Todo estaba envuelto en llamas, un éxodo de personas iba sin dirección en medio de un infierno en llamas. Niños asustados y padres en estado de shock. Estamos trabajando ahora para abordar sus necesidades». Marco Sandrone, coordinador de nuestro proyecto en Lesbos.

¿Qué es Moria?

Es el mayor campo de refugiados de Europa y se encuentra en la isla de Lesbos, en Grecia. Aquí malviven hacinadas y atrapadas unas 13.000 personas: hombres, mujeres y niños (400 menores no acompañados, entre ellos) que no pueden conseguir asilo ni volver a su país de origen tras huir de la guerra, el conflicto y la violencia extrema.

¿Quiénes son los refugiados?

Desde el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía en marzo de 2016, los migrantes y refugiados que estaban en tránsito en las islas griegas quedaron atrapados a la espera de que se determinara su estatus. Pasan largos periodos en centros de recepción inadecuados, con escasa atención médica y con el temor de que los envíen de regreso a Turquía; todo ello agrava sus problemas médicos y de salud mental.

En 2018, llegaron a Grecia más de 50.000 personas migrantes y refugiadas de países como Siria, Afganistán, Irak, Libia, Sudán del Sur…atravesaron el Mediterráneo -la frontera marítima más mortífera del mundo- huyendo del infierno para llegar a otro, quizás aún peor.

¿Cuáles son los problemas del campo?

Moria se construyó para albergar a 3.000 personas. Sin embargo, más de cuatro años después, nada menos que 17.000 personas se hacinan dentro y fuera del campo en condiciones terribles.

El resultado, muchos pacientes, incluidos menores, nos han contado que sienten una desesperación absoluta y que las peligrosas e inhumanas condiciones en Moria son un factor importante en los episodios de desesperanza, las conductas de autolesión o los pensamientos suicidas que han sufrido.

Y es que El día a día que viven miles de refugiados en los campos de las islas griegas es una guerra contra la dignidad y los derechos humanos, una resistencia contra quienes huyen en busca de seguridad. Mientras, Europa mira deliberadamente hacia otro lado.

Marco Sandrone, nuestro coordinador de proyectos en Lesbos describió así la situación en el inhumano campo:

«Las tensiones de estos días en la isla de Lesbos demuestran una vez más el fracaso de Europa. Una Europa cruel, cínica y despiadada ante al destino de hombres, mujeres y niños que huyen de conflictos, como el que está ocurriendo en Siria. Es una total inconsciencia continuar fingiendo no entender lo que está sucediendo en Lesbos.

La situación que vivimos aquí todos los días no es muy diferente de la de una zona en conflicto, una guerra que se libra contra la dignidad, los derechos humanos y la resistencia de quienes huyen en busca de seguridad. En Europa, un continente teóricamente seguro, hemos elegido deliberadamente mirar hacia otro lado

¿Y qué sucede con la pandemia de COVID-19?

El 4 de septiembre, el Gobierno griego está aplicando una cuarentena mal planteada y potencialmente dañina en el campo. Una cuarentena masiva y peligrosa que, como ya anunciamos, debía evitarse a toda costa.

Una medidas restrictivas que se usaron para encubrir la falta de una estrategia integral para reducir la transmisión de la COVID-19 en el campo y proteger la dignidad de las personas que viven allí.

El número de casos confirmados de COVID-19 entre los residentes no migrantes de la isla de Lesbos había aumentado últimamente, pero hasta el momento solo hay un caso confirmado de COVID-19 entre los habitantes del campo de Moria. El Gobierno griego tenía el deber de poner en marcha una respuesta de salud pública para las personas solicitantes de asilo de Moria, no de encarcelarlas en condiciones infernales con la excusa de proteger a la isla de la propagación del virus.

El campo de Moria nunca ha sido seguro para nadie, pero hay más de 200 personas identificadas que por su edad y condiciones de salud corren un grave riesgo ante la COVID-19.

¿Qué hace MSF?

Desde 2016, hemos dirigido una clínica en Lesbos para brindar atención primaria, servicios de salud sexual y reproductiva y apoyo en salud mental. A finales de 2017, establecimos otra clínica fuera del centro de recepción de Moria y prestamos los mismos servicios a menores de 16 años, mujeres embarazadas y víctimas de violencia sexual.

También tenemos un equipo en la ciudad de Mitilene que atiende a pacientes con problemas graves de salud mental causados por el trauma y la violencia en su país de origen o en su viaje a Grecia.

A finales de julio nos vimos obligados a cerrar el centro de aislamiento de COVID-19 que habíamos instalado en Lesbos, después de que las autoridades locales nos impusieran varias multas, con potenciales cargos penales, relacionadas con la normativa urbanística.

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