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Hacia un nuevo paradigma de la causa palestina, el caso de Túnez

Escrito por Debate Plural

Los dirigentes tunecinos han ido normalizando las relaciones con Israel discretamente. La población tunecina se opone y los activistas tienen la oportunidad de aprovecharlo con el BDS,

A muchos defensores incondicionales de Israel que afirman rechazar el plan de Netanyahu de anexionarse gran parte de Cisjordania no les preocupan los derechos inalienables del pueblo palestino, sino que temen que la planificada anexión perjudique irreparablemente la imagen que la opinión pública occidental tiene de Israel. De hecho, en Estados Unidos y Europa está disminuyendo el apoyo a Israel, especialmente entre la generación del milenio.

A diferencia de esta evolución favorable en Occidente, el apoyo a la causa palestina en el mundo árabe se ha ido erosionando de forma constante a lo largo de la última década. Si consideramos este fenómeno a escala tunecina, en perspectiva histórica, se ve que es necesario cambiar el paradigma de la solidaridad con Palestina. Está en juego la propia supervivencia de la causa palestina en Túnez y en parte del mundo árabe.

Foto: Arafat en la ciudad de Túnez en un encuentro 1991 con los escritores Roula el-Rifai y Allan Thompson. De las memorias de Thompson publicadas en Medium.

Túnez fue la última parada del viaje de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) tras su expulsión de Beirut en 1982 y antes de su vuelta a Palestina en julio de 1994, según se estipulaba en los Acuerdos de Oslo. El poeta palestino Mahmoud Darwish, que estuvo presente en todas estas etapas, dijo al despedirse de la ciudad de Túnez: “Nos precipitamos desde su abrazo hacia la segunda residencia, situada en el patio trasero de la patria”. Por desgracia, esta “segunda residencia” (Cisjordania y Gaza) no se convirtió en una vivienda decente. El pueblo palestino no ha conocido una vida humana libre en un Estado digno de sus legítimas aspiraciones. En respuesta a un periodista que le preguntó por qué los sollozos ahogaban su voz cuando recitaba este poema, Darwish respondió: “Túnez ocupa un lugar especial en la conciencia de cada palestino, no solo por la acogida y la hospitalidad que nos ofreció el pueblo tunecino, sino porque Túnez es el único país del que no hemos sido expulsados”.

No obstante, este hecho indiscutible oculta una constante discordancia en Túnez entre el occidentalismo proclamado de sus dirigentes y el arabismo disidente de la sociedad, que sin lugar a dudas llega a su punto culminante cuando se trata del conflicto israelo-palestino.

Los dirigentes políticos tunecinos habían tenido contactos regulares con altos cargos israelíes desde la década de 1950, antes incluso de la independencia de Túnez. El dirigente nacionalista y primer presidente de Túnez, Habib Bourguiba, un hombre de gran inteligencia pero también de gran vanidad, estaba frustrado porque las reducidas dimensiones de Túnez y sus limitados recursos habían impedido a este país desempeñar un papel tan importante en los negocios mundiales como el que desempeñaba Egipto. Esperaba remediarlo normalizando en secreto las relaciones con Israel, lo que suponía desafiar la política de la Liga Árabe, una actitud que los dirigentes sionistas sabían como explotar.

El sucesor de Bourguiba, Zine El-Abidine Ben Ali, jugó la carta del arabismo emocional en los primeros años de su reinado (1987-1990) para reconciliar a la población, antes de asumir e intensificar la política de normalización de su predecesor. Ofrecer garantías a las potencias occidentales respecto a Israel fue la mejor manera de comprar su silencio tanto acerca de su forma despótica de gobernar el país como de los abusos y violaciones de los derechos humanos cometidos por su régimen. De este modo ofreció un prototipo de las actuales dictaduras árabes.

Aprovechando los Acuerdos de Oslo Ben Ali estableció relaciones oficiales con Israel en 1996. Un mes después de que estallara la segunda Intifada en octubre de 2000 anunció que rompía todas las relaciones diplomáticas con Israel, aunque entre bambalinas nunca dejó de haber contactos entre ambos países. Cinco años después, en febrero de 2005, el primer ministro israelí Ariel Sharon anunció que había aceptado la invitación del presidente Ben Ali de visitar Túnez con ocasión de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (WSIS, por sus siglas en inglés) bajo los auspicios de la ONU. Finalmente fue el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Silvan Shalom, de origen tunecino, quien representó a su país en la Cumbre. Llegó en un vuelo especial, que fue la primera conexión directa de la historia entre Israel y Túnez.

El régimen de Ben Ali reprimió cualquier manifestación en contra de esta nada comedida política de normalización con Israel. Incluso se prohibieron las simples declaraciones de indignación.

En el origen de la revolución tunecina: de Gafsa a Gaza

En 2010, antes de la revolución tunecina, los académicos Larbi Chouikha y Vincent Geisser publicaron un artículo fundamental sobre la sucesión del presidente Ben Ali y el deterioro del clima social en Túnez. Que yo sepa, fue el único análisis político que predijo la llegada del cambio en Túnez. Los autores dedicaron una parte del artículo a la enorme movilización popular que hubo en Túnez tras el ataque israelí a Gaza en diciembre de 2008 y enero de 2009. Situaban la movilización en la estela de la revuelta en la cuenca minera de Gafsa, un importante movimiento social que había sacudido esta región al sudoeste de Túnez durante casi seis meses en 2008 y que actualmente se considera el inicio del proceso que llevó a la revolución tunecina, año y medio después, a finales de 2010.

Tanto bajo Bourguiba como bajo Ben Ali, los dramas árabes (el conflicto israelo-palestino, la Intifada, la guerra del Golfo, la invasión de Irak, etc.) produjeron sistemáticamente unos efectos ondulantes en los escenarios de protesta tunecinos y a veces llegaron incluso a poner en peligro la estabilidad del régimen. Chouikha y Geisser mencionan “un proceso complejo de repercusión entre lo local (Túnez), lo regional (el mundo árabo-musulmán) y lo internacional (el resto del mundo)” para explicar los avatares de las movilizaciones tunecinas. No obstante, muchas veces el régimen consiguió infiltrarse en los fenómenos de solidaridad panárabe. Así, durante la primera guerra del Golfo (1990-1991) el partido presidencial organizó hábilmente un gran movimiento de solidaridad con el Irak de Sadam Husséin, poderosamente enmarcado por sus secuaces.

Pero Ben Ali no pudo canalizar de la misma manera el movimiento popular contra la guerra en Gaza que empezó en diciembre de 2008, debido a dos razones al menos. Por un aparte, a diferencia del inicio de su reinado, Ben Ali estaba totalmente desacreditado tanto por sus políticas represivas como por su normalización de relaciones con Israel. Por otra parte, la sociedad civil conformada por la oposición independiente, asociaciones de derechos humanos, las clases profesionales y los sindicatos habían creado una Coordinadora de Asociaciones Independientes y lanzado un llamamiento conjunto (Llamamiento del 19 de enero) para enmarcar democráticamente la solidaridad con el pueblo palestino en Gaza y, sobre todo, para frustrar los intentos de recuperación del partido del presidente.

En enero de 2009 varios cientos de tunecinos y tunecinas tomaron las calles para protestar por la guerra de Israel contra Gaza. Este movimiento de solidaridad popular había afectado a casi todo el territorio, tanto a las grandes aglomeraciones regionales como a las poblaciones en el interior. Los pueblos de la cuenca minera de Gafsa, que apenas se habían recuperado de la sangrienta represión de 2008, también habían organizado varias manifestaciones de solidaridad con el pueblo de Gaza desafiando la prohibición del ministro del Interior.

“Los sindicatos de trabajadores regionales de la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT) han iniciado muchas movilizaciones locales”, señalan Chouikha y Geisser. “Más arraigados en el terreno y presentes humanamente en el ‘Túnez del interior’, los capítulos locales del sindicato han ayudado a estructurar eficazmente un movimiento popular que sugiere el papel sociopolítico que podrían desempeñar en un futuro próximo en cuestiones más ‘nacionales’”, [señalan].

No es insignificante el hecho de que los sindicatos regionales de la UGTT se hubieran negado a apoyar los movimientos de protesta en la cuenca minera de Gafsa en 2008. Habían aprendido la lección de Gafsa durante las manifestaciones de 2009 en favor de Gaza y la aplicarían de nuevo unos meses después enmarcando la revolución que acabó con el régimen de Ben Ali.

Por consiguiente, de esto se deduce que la movilización popular contra la guerra en Gaza en 2009 sirvió de trampolín a la revolución tunecina, un hecho que raramente se señala en los análisis políticos sobre la “Primavera Árabe”.

Se hubiera podido esperar que la normalización tunecina con Israel se paralizara tras la caída de Ben Ali. No ocurrió.

Actualmente los dirigentes tunecinos siguen ofreciendo a las potencias occidentales garantías en ese sentido, ya sea para lograr ser aceptados como socios “creíbles” o para obtener míseros beneficios económicos y financieros en estos tiempos de crisis endémica. Además, las organizaciones de la sociedad civil tunecina sacan periódicamente a la luz ejemplos de normalización en todos los ámbitos (economíaturismodeporte, etc.). Rara vez tienen éxito las campañas que denuncian estos esfuerzos arteros de normalización.

Una excepción importante es el caso de la empresa naviera israelí ZIM, que se vio obligada a interrumpir sus servicios al puerto tunecino de Radès en agosto de 2018 tras una campaña conjunta de la Campaña Tunecina de Boicot Académico y Cultural a Israel (TACBI) y el sindicato UGTT. Pero hasta la fecha este éxito sigue siendo un ejemplo aislado.

Además, las manifestaciones populares en apoyo del pueblo palestino en el Túnez postrevolucionario ya no movilizan a muchas personas. A diferencia de las movilizaciones de masas por la guerra de 2008-2009 contra Gaza, las protestas populares por la guerra israelí contra Gaza en el verano de 2014, tres años después de la revolución tunecina, solo movilizaron a unos pocos cientos de personas. Con todo, la gente no ha perdido el gusto por las barricadas.

El deterioro del movimiento de solidaridad con Palestina en el Túnez postrevolucionario se debe a dos razones al menos: por una parte, a medida que se abría el campo de la acción política, tanto las personas activistas del movimiento popular como las organizaciones de la sociedad civil se vieron absorbidas por la política interna. La causa palestina, que era la única salida relativamente tolerada bajo Ben Ali, ha quedado relegada a un segundo plano desde la revolución. Hay relativamente poco margen de maniobra para solucionar este problema. Sin duda podríamos esperar que a medio plazo los actores de la sociedad civil se cansen de la mediocridad de la escena política local y se vuelvan a interesar por la causa palestina, donde su compromiso puede agitar las cosas. El entusiasmo que esta causa está despertando en Occidente puede atraer sobre todo a las personas jóvenes.

Por otra parte, la transición democrática, especialmente el establecimiento de la libertad de expresión y la de manifestación, ha reducido en gran medida los clásicos efectos de repercusió entre el apoyo a la causa palestina y las legítimas reivindicaciones sociales y políticas de la población tunecina. Por otra parte, este fenómeno ofrece nuevas oportunidades: existen nuevas resonancias y solo esperan ser puestas en práctica. Vamos a explicarlo.

“Nuestro enemigo es común, nuestra lucha es la misma

La nueva solidaridad con el pueblo palestino se expresa en términos de convergencia de luchas y de interseccionalidad. Este enfoque ha demostrado ser particularmente relevante en Occidente con las minorías y las comunidades oprimidas (personas negras, hispanas, LGBT, inmigrantes…). Su aplicabilidad al caso tunecino proviene del hecho de que varias formas de normalización con Israel empeoran las desigualdades e injusticias que sufren ciertas clases de la población, al tiempo que amenazan la seguridad del país. Estas nuevas repercusiones se pueden ver fácilmente en la vigilancia y seguridad, y en la agricultura, dos de los sectores en los que más éxito tiene Israel. Pero también hay oportunidades en otros sectores.

En un informe publicado el 22 de junio de 2020 Amnistía Internacional revelaba que la empresa israelí de seguridad informática NSO Group había permitido a Marruecos espiar al periodista marroquí Omar Radi. Amnistía Internacional descubrió que su teléfono había sido objeto de varios ataques utilizando una nueva técnica para instalar de forma invisible el programa espía Pegasus, producido por NSO Group. Este software se ha utilizado en varios ataques a periodistas, defensores de derechos humanos y parlamentarios en varios países. En particular, se cree que se utilizó en el asesinato del disidente saudí Jamal Khashoggi. WhatsApp presentó una denuncia contra NSO Group en octubre 2019 en la que le acusaba de contribuir a la piratería informática para espiar a unos cien de sus usuarios, incluidos periodistas y activistas de derechos humanos.

En septiembre de 2018, Citizen Lab, un laboratorio de la Universidad de Toronto, identifi 45 países, incluido Túnez, en los que podrían operar los operadores del programa espía Pegasus. Los investigadores señalaron “que un operador diferente que parece centrarse en Marruecos podría también espiar objetivos en otros países, incluidos Argelia, Francia y Túnez”. Además, NSO Group comercializa una herramienta de análisis de macrodatos que afirma rastrear la propagación de la epidemia de COVID-19 rastreando los movimientos de las personas en un mapa.

NSO Group no es la única empresa de vigilancia que amenaza nuestras libertades fundamentales. La empresa israelí de tecnología de reconocimiento facial AnyVision se aprovecha de las violaciones por parte de Israel de los derechos humanos del pueblo palestino para exportar por todo el mundo su tecnología de vigilancia represiva. Sus herramientas no solo se utilizan en los checkpoints militares de Cisjordania, sino que esta empresa también mantiene cámaras del ejército israelí en el centro de Cisjordania para espiar a la población palestina y permitir al ejército israelí atacar ilegalmente a civiles [palestinos]. Uno de sus socios, Hewlett Packard Enterprise (HPE), está presente en TúnezAl suministrar servidores al registro de control de la población de Israel, un pilar de su sistema de apartheid, HPE utiliza en sus servidores la tecnología de reconocimiento facial de AnyVision.

Por medio de la lucha contra la normalización en Túnez de las relaciones con Israel defendemos nuestras libertades fundamentales al tiempo que expresamos nuestra solidaridad con el pueblo palestino.

La agricultura es otro sector que tiene un gran potencial intersectorial. Desde los primeros contactos secretos entre los emisarios de Bourgiba y los israelíes la agricultura ha sido fundamental en la normalización de las relaciones de Túnez con Israel. El representante del Congreso Judío Mundial Alex Easterman, dijo a Bourguiba hijo en 1966 que Israel era reconocido en todo el mundo por desarrollar industrias agrícolas modernas y que había transmitido su experiencia y técnicas a varios nuevos Estados africanos. Le dijo que el gobierno israelí “estaba deseando ponerlas al servicio de Túnez y dispuesto a hacerlo”.

A lo largo de los últimos quince años se ha incrementado el avance tecnológico israelí en el ámbito de la agricultura sobre el mundo árabe. Las principales empresas israelíes son Netafim en el campo de la irrigación, y Zeraïm y Hazera en la comercialización de semillas. Como muchas otras empresas israelíes, en la última década han desarrollado una nueva estrategia para hacer frente a las campañas del movimiento de BDS [boicot, desinversión y sanciones a Israel], que consiste en vender la mayoría de sus acciones a grupos y fondos extranjeros al tiempo que retienen parte del capital y exigen que se mantengan en Israel las unidades de producción y las actividades de investigación y desarrollo. El objetivo de esta estrategia es mantener el control del grupo, sus conocimientos técnicos y sus patentes, al tiempo que la empresa se protege del boicot bajo el paraguas de una multinacional.

Netafim, que se fundó en el kibbutz israelí de Hatzerim en 1965, es la empresa líder mundial de sistemas de riego por goteo, una tecnología en la que esta empresa es pionera. Según su página web, la empresa emplea a 5.000 personas, y suministra equipamiento y servicios a clientes de más de 110 países, incluido Túnez. Actualmente esta empresa es la primera inversión extranjera declarada de Israel en el mundo árabe. En 2017 Netafim abrió una filial en Marruecos valorada en 2.9 millones de dólares y creó diecisiete empleos. En febrero de 2018 los propietarios vendieron por 1.500 millones de dólares el 80 % de sus acciones a Mexichem, un grupo petroquímico mexicano. Kibbutz Hatzerim mantiene el 20 % de las acciones. El acuerdo estipula que la sede central de Netafim, su centro de negocios, las plantas de producción existentes y las actividades de investigación y desarrollo permanecerán en Israel por un periodo de al menos 20 años.

En una foto que publicó en las redes sociales con fines publicitarios un vendedor de productos agrícolas de la región de Kasserine, en el centro-oeste de Túnez, se ven rollos de tubos de Netafim con goteros integrados procedentes de España. El certificado de circulación Eur1 (1) que se puede ver en la foto indica que esta mercancía entró en Túnez beneficiándose de derechos de aduana reducidos (o incluso nulos). Otras fotos muestran novedades más recientes.

Netafim tiene actualmente una importante cuota del mercado tunecino. Su tecnología de riego por goteo beneficia a los grandes agricultores a expensas de los campesinos locales. Además, promueve el monocultivos que genera unos efectos colaterales perjudiciales para el medioambiente, amenaza la biodiversidad y conlleva riesgos económicos y sociales, como explicó el Grupo de Trabajo sobre la Soberanía Alimentaria (GTSA) de Túnez, en un excelente informe reciente.

En la década de 1970 el Estado tunecino implantó una política de recogida y ahorro de agua, en particular en el sector agrícola (que consume aproximadamente el 82 % de los recursos hídricos). En particular, fomentó y promovió la tecnología de riego por goteo por medio de la exención de los impuestos sobre equipamientos y el acceso a financiación y subvenciones de hasta el 60 % del costo de la instalación. Estos mecanismos animaron al capital a entrar en el sector agrícola. Los pequeños y medianos agricultores, por su parte, tienen dificultades para acceder a estas subvenciones por varias razones, en particular debido a la complejidad [de demostrar] su propiedad de la tierra (falta de títulos de propiedad, fragmentación de parcelas) y al sobreendeudamiento. Además, la mayoría de los pozos perforados por los campesinos son ilegales, lo que supone un obstáculo para acceder a los subsidios estatales.

Los inversores en agricultura y los grandes terratenientes, en cambio, se las arreglan para conseguir permisos de perforación y cosechar todos los beneficios subsiguientes. Estos mecanismos de incentivo han contribuido a aumentar enormemente la superficie de regadío, que pasó de unas 60.000 hectáreas en la década de 1960 a 450.000 hectáreas en 2010, lo que favorece el monocultivo.

Tradicionalmente los campesinos tunecinos han utilizado sistemas ingeniosos para utilizar el agua de forma muy eficaz, como el cultivo en terrazas de los oasis del sur de Túnez. El monocultivo, que ha sido posible gracias al sistema de riego por goteo, que a su vez lo ha promovido, ha destruido todos estos conocimientos y experiencia. Se utilizó primero en las viñas, las naranjas maltesas y los dátiles Deglet Nour antes de extenderse a los olivares.

Las variedades locales de plantas que tradicionalmente se han explotado gracias al agua de la lluvia se han sustituido por variedades extranjeras que exigen grandes cantidades de agua. La expansión del monocultivo de olivos está llegando ahora a regiones que tradicionalmente se dedicaban a cultivos agrícolas lo que agrava el déficit nacional de producción de cereales. Con la apuesta por el monocultivo de la naranja maltesa de Túnez los pequeños y medianos agricultores de Cap Bon se han visto obligados a cambiar sus métodos de producción para abastecer a los exportadores de productos competitivos en el mercado europeo. Se han dedicado todos los recursos a esta variedad y ha desaparecido la variedad que caracterizaba a la agricultura local, lo que ha hecho a los agricultores dependientes del mercado internacional.

El cambio a un modo de producción más diversificado es muy difícil, como atestigua este agricultor de Béni Khalled: “Debido al sistema de riego por goteo las raíces del los árboles ya no se ahondan en la tierra sino que van hacia la superficie en busca de agua. Esto cambia de forma considerable la morfología del árbol y afecta a la tierra, que se compacta y empobrece. Además, con el sistema de riego por goteo ya no podemos arar bajo los árboles. Ya no plantamos nada y ya no aireamos la tierra”.

El método de irrigación localizada implica, además, un uso excesivo de productos químicos como pesticidas, fungicidas o fertilizantes, que ahora se inyectan directamente en el agua del goteo. Al filtrarse en la tierra estos productos perjudiciales acaban llegando a las capas freáticas y contaminan la tierra y el agua. Si no cambian las infraestructuras y las prácticas agrícolas, la alternancia de sequías e inundaciones que se prevén con el cambio climático aumentará la erosión y la filtración al suelo.

Por consiguiente, luchar contra la infiltración en Túnez del gigante agrícola israelí Netafim permite luchar contra los daños colaterales provocados en el medio ambiente y la biodiversidad por su sistema de riego por goteo y, en última instancia, preservar nuestra soberanía alimentaria. A la red de solidaridad con Palestina le conviene hacer causa común con la red por la soberanía alimentaria que trabaja en el Norte de África.

Ambos sectores, vigilancia y agricultura, no están disociados. En 2018 Netafim lanzó NetBeat, una plataforma de gestión inteligente del riego que permite a los agricultores vigilar, analizar y controlar a distancia los sistemas de riego en una plataforma de circuito cerrado, y generar estrategias de riego diarias personalizadas que proporcionan datos en tiempo real. Se comercializa como el “primer sistema de irrigación con cerebro”. El “cerebro” del sistema lo desarrolló mPrest Systems, un proveedor global de software de vigilancia, control y análisis de macrodatos cuya sede está en Israel. mPrest Systems, una subsidiaria cuyo propietario parcial (40%) es la corporación militar estatal israelí Rafael Advanced Defense Systems, desarrolló el software de comando y control para el sistema de defensa de misiles israelí llamado Cúpula de Hierro y se le conoce como el “cerebro” de este sistema de defensa. Cúpula de Hierro es un sistema de defensa de misiles de corto alcance desarrollado por Rafael junto con Elta y mPrest, y que se utilizó en la asediada Franja de Gaza y en el Golán sirio ocupado.

Según su folleto publicitario, el software de mando y control de Cúpula de Hierro es el producto estrella de mPrest y la fuente de gran parte de su éxito comercial: “Nos ganamos nuestros galones en el muy exigente mercado de la defensa al desarrollar algunas de las más avanzadas y sofisticadas aplicaciones de mando y control de la industria, incluido el software que está detrás del mundialmente conocido sistema de defensa de misiles Cúpula de Hierro. Pronto nos dimos cuenta de que esta tecnología probada en combate es exactamente lo que los mercados IIoT [siglas en inglés de Internet de las Cosas Industrial] requieren para la transformación digital. En la última década nos hemos centrado en transformar en aplicaciones comerciales estas capacidades IOT [siglas en inglés de Internet de las Cosas (2)] inteligentes de defensa en tiempo real”. Una de esas aplicaciones comerciales es NetBeat.

En octubre de 1993 Edward Said escribió lo siguiente en su artículo premonitorio “The Morning After” [La mañana después]: “Con sus bien desarrolladas instituciones, unas relaciones estrechas con Estados Unidos y una economía agresiva, Israel incorporará de hecho los territorios [palestinos] desde el punto de vista económico y los mantendrá en un estado de dependencia permanente. A continuación Israel se volverá al mundo árabe en general utilizando los beneficios políticos del acuerdo palestino como trampolín para irrumpir en los mercados árabes, que también explotará y probablemente dominará”.

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