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El voto de la ONU expone y aísla a Canadá

ONU
Escrito por Debate Plural

Ramzy Baroud y Romana Rubeo (Counterpunch, 28-8-20)

 

La noción de que «Canadá es mejor», especialmente si se compara con la política exterior de Estados Unidos, ha persistido durante muchos años. Sin embargo, los recientes acontecimientos en las Naciones Unidas han puesto de manifiesto la verdadera naturaleza de la posición global de Canadá, particularmente en lo que respecta a su apoyo ciego e incondicional a Israel.

El 17 de junio Canadá perdió su segunda candidatura para el codiciado escaño del Consejo de Seguridad de la ONU que, de haberlo ganado, le habría dado a Ottawa la oportunidad de convertirse en un líder mundial, impulsando en el escenario mundialsu propia agenda y la de sus aliados.

Sin embargo, esta también fue una oportunidad desperdiciada. Solo 108 países votaron por Canadá, mientras 130 y 128 votaron por Noruega e Irlanda respectivamente. Ambos países serán admitidos en el Consejo de Seguridad a partir del 1 de enero de 2021.

Lo sorprendente de la oportunidad perdida de Canadá es que fue en represalia por el vuelco de Canadá hacia Israel, a expensas de Palestina, las leyes internacionales y humanitarias. El autor canadiense y defensor de los derechos humanos Yves Engler dice que durante los últimos veinte años, por ejemplo, Canadá ha votado en contra de 166 resoluciones que apoyan los derechos de los palestinos.

Además Canadá ha presionado, y sigue presionando, contra la investigación de la Corte Penal Internacional (CPI) sobre los crímenes de guerra en Palestina. Junto con Alemania, Austria y otros, Canadá ha impugnado la jurisdicción de la CPI en el asunto, alegando erróneamente que Palestina no es un Estado.

Poco antes de la votación de junio sobre nuevos miembros del Consejo de Seguridad, un grupo de activistas de derechos humanos distribuyó una carta a todos los miembros de la ONU, detallando el pobre historial de Canadá en referencia a Palestina. «A pesar de su reputación pacífica, Canadá no actúa como un actor benevolente en el escenario internacional», decía la carta.

Se añadía: «Desde que llegó al poder, el Gobierno de Justin Trudeau ha votado en contra de más de 50 resoluciones de la ONU que defienden los derechos de los palestinos, a pesar de que han sido respaldadas por la abrumadora mayoría de los Estados miembros».

Entre los firmantes de la carta se encontraban el renombrado intelectual estadounidense Noam Chomsky, la famosa estrella de rock Roger Waters y el exmiembro de la Asamblea Nacional de Quebec Amir Khadir.

Se entendió que el voto contra Canadá en la ONU era una postura en contra de la posición de Ottawa sobre Israel y Palestina, a pesar de que el embajador de Canadá en la ONU, Marc-Andre Blanchard, se puso a la defensiva en un intento desesperado por disuadir a los Estados miembros de votar en contra de su país.

En una carta enviada a todos los Estados miembros, Blanchard argumentó que un documento anterior escrito por «un grupo de canadienses sobre la posición de Canadá respecto al conflicto israelí-palestino… contiene inexactitudes significativas y caracteriza las posiciones políticas de Canadá desde hace mucho tiempo».

Esta sucesión de acciones no tiene precedentes en los últimos años, donde un país como Canadá pierde el respeto y el apoyo de otros Estados miembros de la ONU en gran parte debido a su incumplimiento de los derechos del pueblo palestino. Para comprender mejor la importancia de este evento hablamos con Yves Engler, quien desempeñó un papel directo en la defensa de la causa palestina y presionó por la responsabilidad canadiense en las Naciones Unidas.

Engler también es autor de varios libros, entre ellos Canadá e Israel, construyendo el apartheid e Izquierda, derecha, marchando al ritmo del Canadá Imperial.

“Es importante que la gente se dé cuenta de que esta posición antipalestina que Canadá mantiene hoy no es nueva. Se basa en al menos un siglo de política sionista en este país”, dijo Engler.

El voto de la ONU

Al explicar el contexto de la votación de la ONU en junio, Engler dijo que “el actual primer ministro, Justin Trudeau, que es un político liberal, gastó mucha energía para ganar ese escaño; emprendió una gran campaña, convocó a decenas de líderes de todo el mundo, presionó muy duro para obtener ese escaño pero en la primera ronda de votación Canadá fue derrotado rotundamente por Irlanda y Noruega”.

Engler agregó “En mi opinión, no hubo problema que contribuyó más a la pérdida de la candidatura de Canadá a un puesto en el Consejo de Seguridad que su historial antipalestino. Y más específicamente su voto en contra de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU que casi todo el mundo apoya, aisló a Canadá con Estados Unidos, Israel, Micronesia y tal vez uno o dos países más”.

El revés canadiense en la ONU debería atribuirse directamente a activistas e intelectuales de base como Engler.

“Los grupos de activistas, de los que yo formé parte, expusieron registros que abarcan las dos últimas décadas en las que el Gobierno canadiense votó constantemente en contra de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU. Votó en contra de 166 resoluciones de la Asamblea General de la ONU durante los últimos veinte años. En comparación Irlanda y Noruega no votaron en contra de una sola de esas resoluciones de la Asamblea General de la ONU».

El lobby de los medios

«Pero, ¿cómo se convirtió Canadá en proisraelí?», le preguntamos a Engler.

«Hay un lobby pro-Israel muy bien organizado en Canadá que puede ejercer su influencia sobre los medios», dijo Engler. «Por ejemplo, el grupo pro-Israel, Honest Reporting Canada se concentra en criticar a todos los medios de comunicación que expresan incluso una pizca de solidaridad con la causa palestina».

Sin embargo, en comparación con la dinámica de la influencia israelí sobre Washington, Canadá es bastante diferente. A diferencia de EE.UU. -continúa Engler- “Canadá tiene restricciones mucho más claras sobre la financiación de los políticos, por lo que no hay nadie como Sheldon Adelson que le da un par de cientos de millones de dólares a Donald Trump, lo que, entonces, influye en Trump para que adopte medidas, posiciones antipalestinas. Esta dinámica no existe en Canadá, pero los medios dominantes siempre han simpatizado con el movimiento sionista”.

Es alentador que el sentimiento propalestino en Canadá haya crecido durante los últimos veinte años, más o menos, para convertirse en una gran red, un movimiento organizado por derecho propio que, según Engler «en cierta medida, ha contrarrestado el dominio de la narrativa de los sionistas».

Sin embargo, los medios canadienses todavía no están dispuestos a desafiar el poder de Israel en el país, dejando el escenario abierto a «grupos pro-Israel… para atacar a activistas propalestinos». “Hay una inquietud increíble, incluso en el movimiento propalestino, de ser etiquetado como antijudío”, dijo Engler.

Activismo de base

De manera similar a la tendencia en otros países occidentales, los grupos pro-Palestina en Canadá son pequeños, diversos y organizados a niveles de base. Estos grupos «tienden a no estar particularmente bien fundamentados o institucionalmente fuertes, mientras que el lado pro-Israel está mucho mejor organizado».

Sin embargo, a pesar de la influencia proisraelí en el Gobierno y los medios, “las encuestas muestran, repetidamente, que el público simpatiza cada vez más con la causa palestina de lo que aparece en los medios dominantes o en el protocolo oficial. Una encuesta reciente ha revelado que los canadienses simpatizan mucho con boicotear a Israel por violar el derecho internacional”.

Una encuesta de marzo de 2017 indicó que el 78 % de todos los canadienses creen que «BDS es razonable». Engler ve mucha esperanza en estos números, refiriéndose a ellos y al voto en la ONU como «pequeñas victorias».

El creciente sentimiento propalestino ahora también se está filtrando en la política. Tras la reciente decisión del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de anexar casi un tercio de la ocupada Cisjordania palestina, 57 miembros del Parlamento protestaron enérgicamente por esta decisión, exigiendo acciones de su Gobierno en caso de que Tel Aviv prosiguiera con sus medidas ilegales.

El cambio es mucho más gratificante en los sindicatos del país que en la política. “Hace cuarenta años… los sindicatos eran agresivos en su apoyo al sionismo; hoy, este ya no es el caso, ya que muchos sindicatos han aprobado resoluciones que apoyan las campañas de BDS”.

Si bien el apoyo de Canadá a Israel es, hasta cierto punto, consistente con el pasado colonial de Canadá y la política exterior intervencionista presente, el pueblo canadiense y la comunidad internacional siguen siendo obstáculos importantes que desafían la afinidad tóxica entre Ottawa y Tel Aviv.

La esperanza es que la creciente marea propalestina, basada en el respeto por el derecho internacional y los derechos humanos, finalmente prevalecerá para romper la relación entre Canadá e Israel de forma permanente y permitir que Canadá se gane su lugar como líder mundial.

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