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Bolsonaro quiere ser Lula, pero será la economía quien decida en el 2022

Escrito por Debate Plural

Helena Chagas (Brasil 24/7, 28-8-20)

 

Bolsonaro quiere ser Lula, mimetizarlo en el social, olvidándose de que las condiciones que sacaron a más de 30 millones de brasileños de la miseria en los años PT y mejoraron la vida de tantos otros no se deben sólo a programas de renta como la Bolsa Familia.

Jair Bolsonaro descubrió que existen muchos pobres y miserables en este país y está asombrado con el hecho de que, sí!, ellos tienden a aprobar a quién los ayuda. De ahí a pensar que va a ser reelegido por prolongar, con la Renta Brasil, la sensación creada por el pago de 600 reales (91,12 €) de la ayuda emergencial durante la pandemia, hay un largo camino. Del mismo modo, también es un engaño creer que basta con pasar una mano de pintura verde y amarilla al programa Minha Casa Minha Vida de los gobiernos petistas para hacerse popular.

La cuestión es mucho más compleja y no pasa por condenar o satanizar a quienes, garantizando su supervivencia gracias a esa calderilla, pueden dejar de votar al PT para votar a Bolsonaro. Quizás ese podría ser, durante algún tiempo, el caso de algunos que llegaron a ser identificados en las encuestas que tanto le gustan a Bolsonaro. Lo que pasará con esas personas cuando la ayuda que hoy es de 600 reales (91,12 €) se reduzca hasta los 300 reales (45,56 €), no se sabe.

Aunque se añadan otros 6 millones de personas al universo de la Bolsa Familia, como planea el gobierno, algunos de los que hoy reciben la ayuda, como los trabajadores informales, dejarán de beneficiarse –y difícilmente los pagos van a continuar alcanzando al 40% de la población, como durante los días de la pandemia-. Del mismo modo, los trabajadores que tuvieron salarios y jornadas reducidos, pero que mantuvieron sus empleos gracias a la ayuda gubernamental a las empresas, podrían perderlos cuando esas medidas excepcionales dejen de estar en vigor.

Programas sociales y crecimiento económico

La solución para la mayoría de esas personas, que en estos momentos pueden formar parte del contingente de apoyadores de Bolsonaro, no es el pago de ayudas o bolsas, pero sí empleo y reactivación de la economía. Es por ahí por donde pasa el destino de Bolsonaro y sus oportunidades de reelección. El gobierno no tiene recursos para financiar un programa social que preserve a sus beneficiarios en una isla de bienestar en medio de un país asolado por el desempleo y otras lacras de una economía en recesión.

Bolsonaro quiere ser Lula, mimetizarlo en el social, olvidándose de que las condiciones que sacaron a más de 30 millones de brasileños de la miseria en los años PT y mejoraron la vida de tantos otros no se deben sólo a programas de renta como la Bolsa Familia. Lo que funcionó fue una amplia ingeniería que aunó programas sociales –que comprendían también las áreas de educación, salud y agricultura familiar– y crecimiento económico en una era en la cual el desempleo llegó a niveles muy bajos y el salario mínimo irrigaba la economía con aumentos reales.

La sensación de bienestar que llevó al pueblo a votar cuatro veces seguidas a presidentes del PT está lejos, muy lejos, de ser reproducida. Va a ser necesario algo más que algunas manos de pintura verde y amarilla para que Bolsonaro llegue a ese punto.

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