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¿Perderá Trump las Elecciones del 2020?

Escrito por Debate Plural

Doug Sosnik (Aporrea, 3-8-20)

 

Título original en inglés: «The 2020 Coronavirus Election»

La Elección del Coronavirus 2020

 

Ver a Donald Trump postularse para la reelección es como mirar una vieja película de Austin Powers. Ambos, Austin y Trump caminan sin una pizca de autoconciencia, sin tener idea de cómo el mundo ha cambiado a su alrededor. Trump protagoniza una repetición de su campaña de 2016 en un país diferente al que lo eligió presidente.

Trump cambió nuestra forma de hacer política, pero el coronavirus cambió nuestro país. Ambos aceleraron una nueva era en la política estadounidense. 2020 no es 2016. En un esfuerzo por explicar sus abismales números de las encuestas, Trump argumenta que hoy está en la misma posición en la que se encontraba, en este momento, en 2016, y aún ganó. El problema con ese argumento es que es una lectura, completamente, errónea de las elecciones de 2020. En el 2016, los votantes tuvieron que elegir entre dos candidatos En una campaña de reelección, los votantes lo verán como un referéndum sobre la presidencia de Trump: una elección que será recordada, por mucho tiempo, como la elección del coronavirus. En algún punto,Trump comprende que la elección es sobre él, pero concluye, erróneamente, que él es un activo, no un pasivo.

Las crisis, la económica y la de salud, sin precedentes, de la pandemia se han desarrollado, durante la mayoría de los casos, en el período decisivo de la campaña presidencial. Si la historia nos enseña, la fase más crítica de la campaña electoral ya pasó. Una mirada retrospectiva, a campañas presidenciales pasadas, demuestra, claramente, que los índices de aprobación de trabajo del Presidente en ejercicio y las líneas de tendencia relacionadas para fines del segundo trimestre del año electoral son los mejores predictores del resultado electoral. (Ver diapositiva 8) En ese punto los votantes han comenzado a fijar sus puntos de vista sobre el estado de la economía y la dirección del país bajo el liderazgo del presidente en ejercicio.

Desde 1980, cuatro de los seis presidentes en ejercicio que buscaban un segundo mandato fueron reelegidos. Reagan Clinton, Bush y Obama disfrutaron de índices de aprobación, relativamente, fuertes al final del segundo trimestre del año electoral, y continuó en la senda positiva hasta el día de las elecciones. Los dos titulares que fueron derrotados en sus esfuerzos de reelección – Carter y Ford – salieron del segundo trimestre del cuarto año en el cargo con números de aprobación de trabajo en franco deterioro hasta el día de las elecciones. La caída precipitada de Trump en el apoyo no podría haber llegado en un peor momento.

A pesar de que Trump nunca ha disfrutado de la aprobación de la mayoría del país, él continuó recibiendo un apoyo, relativamente fuerte en el manejo de la economía durante el primer trimestre de 2020. Sin embargo, el fracaso de Trump para contener el coronavirus y su impacto en la salud y la economía pusieron su aprobación de trabajo en caída libre al final del segundo trimestre de este año. Las encuestas muestran una clara correlación entre la propagación del coronavirus y la caída contínua en sus calificaciones de aprobación.

Trump no puede escapar al hecho de que la mayor crisis económica y de salud de nuestro tiempo ocurrió bajo su mandato. En la encuesta más reciente del Wall Street Journal / NBC, solo el 20% de los estadounidenses pensaba que el país estaba en el camino correcto. Las tasas de desaprobación están muy cerca de las de Carter (en 1980) y Bush (en 1992), cuando ambos presidentes, en función, perdieron. Lo mismo ocurre con el trabajo actual de Trump cuyos índices de aprobación, reflejan muy de cerca los de Carter y Bush, para un momento como el actual. Esto es, particularmente, significativo en una elección que verá un número sin precedentes de votantes que emitirán su voto antes del día de las elecciones. En apenas seis semanas, el primer grupo de estados comenzará la preelección con la votación temprana.

Con cada día que pasa, Trump se está quedando sin pista para cambiar su campaña. Él estaría bien si despeprtara y se diera cuenta de cuánto ha cambiado el país, y sus votantes, comenzando con la realineación política que comenzó a principios de los 90 con la revolución de Gingrich y la de Ross Perot en la carrera presidencial. El cambio político ganó fuerza en la última década a medida que la diversidad racial y étnica creció constantemente y reformó el electorado. El país alcanzó un punto de inflexión en 2018, cuando decenas de republicanos descontentos que incluyeron votantes suburbanos y mujeres acudieron en masa votando por los Demócratas; incluso, sin Trump en la boleta electoral. Las elecciones de mitad de período dejaron en claro que ser un Republicano en estos tiempos significa ser partidario de Trump, y toda la carga que viene con eso.

No se puede obviar lo significativo que es que Trump nunca se haya enfrentado a los votantes desde el finalización de la realineación política. Sin embargo, no necesita buscar más allá de las elecciones de mitad del período del 2018 elecciones para entender las implicaciones en el Partido Republicano.

Durante la presidencia de Trump los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes después de sufrir la pérdida de los escaños de 42 congresistas y así como la de 10 gobernaciones y más de 450 escaños legislativos estatales. Lo caóticao de la presidencia de Trump ha empujado a las mujeres, a los votantes educados y suburbanos, y cada vez más votantes mayores a

los brazos de los demócratas. Los Millennials y los negros continúan oponiéndose a Trump en cifras récords.

Si bien el apoyo a Trump ha disminuido en todos los ámbitos con todos los grupos demográficos, su declive en el apoyo del voto de las mujeres, los que tienen educación universitaria y los votos de las zonas suburbana es particularmente pronunciado. Según la encuesta del WSJ / NBC del 12 de julio, Biden está, ahora, 23 puntos por delante de Trump en el voto femenino, lo cual es un aumento de 10 puntos con respecto al margen de Hillary Clinton en el 2016. La brecha de 28 puntos de Biden sobre Trump en el voto de las mujeres blancas y universitarias es de 21 puntos más altas que la ventaja de siete puntos de Hillary Clinton en 2016. Biden, ahora, tiene dos puntos de ventaja respecto a hombres universitarios y blancos, lo cual es un aumento de 16 puntos con respecto al desempeño de Hillary Clinton en el 2016.

Las áreas geográficas suburbanas, que tienden a tener un mayor porcentaje de votantes con mayor nivel de educación, fueron clave para el éxito de los demócratas en 2018, y es muy probable que esta tendencia continúe en las presidenciales de este año. Biden, ahora, lidera a Trump por seis puntos en los suburbios, un giro de 10 puntos desde el 2016 elección. (Ver diapositiva 11)

La realineación política significa que los estados de rápido crecimiento en el sur y suroeste son los

nuevos campos de batalla. Los votantes en estos estados tienden a ser cada vez más suburbanos, con grandes cantidad de votantes jóvenes y no blancos, los mismos grupos con los que Trump se ha alejado más con un presidente retrógrado.

Mientras Trump se dirige al último tramo de su campaña, sus oportunidades para cambiar la trayectoria son limitados. La importancia de eventos como la selección del compañero de fórmula vicepresidencial, la convención del partido y los debates presidenciales han tenido un impacto limitado en la toma de decisiones de los votantes para elección presidencial. En los últimos 70 años, la única vez que un candidato a la vicepresidencia impactó el resultado en una elección presidencial fue en 1960 cuando John Kennedy puso a Lyndon Johnson como compañero de fórmula para la vicepresidencia. La última convención política que afectó, significativamente, el resultado de una elección presidencial fue en 1968 tras los disturbios en la convención demócrata en Chicago. El último debate que cambió el resultado de las elecciones fue en 1976 cuando Gerald Ford dijo erróneamente que Europa del Este no estaba controlado por la Unión Soviética.

Además, el coronavirus le inyectará esteroides a la tendencia creciente de la votación anticipada y al voto por correo. Incluso antes de la pandemia, los estadounidenses habían optado cada vez más por votar en ausencia y votar por correo, mucho antes del día de las elecciones. En 2016 y 2018, más del 40% de los votantes emitieron su voto por adelantado (early voting), que es el doble de la cantidad de 20 años antes. (Ver diapositiva 14). El brote de coronavirus y el fracaso de la administración Trump para contenerlo ha acelerado, en gran medida, el deseo de los estadounidenses de votar remotamente para evitar los riesgos para la salud antes que votar presencialmente.

Una encuesta de CBS / YOUGOV del 10 de julio realizada en tres estados claves en el campo de batalla electoral, Arizona, Florida y Texas, agregan más evidencia a la conclusión de que la gran mayoría de los estadounidenses votarán antes día de las elecciones. En Texas, el 78% de los encuestados indicaron que planean votar antes del día de las elecciones.

En Arizona, el 76% planea votar antes, y en Florida, el 73%.

Ahora hay cinco estados (Oregón, Washington, Colorado, Utah y Hawái) que solo permiten votar por correo sin votación, presencialmente, el día de las elecciones. A medida que el virus continúa su propagación descontrolada, 46 Estados (24 demócratas y 22 republicanos) han tomado la decisión de ofrecer el voto por correo. En al menos seis estados decisivos: Arizona, Georgia, Iowa, Michigan, Ohio y Wisconsin, todos los votantes registrados recibirán un formulario de solicitud de boleta electoral por ausencia.

A medida que las tasas de infección por COVID-19 continúan aumentando, deberíamos esperar que más estados alienten a las personas a que votenremotamente y previo a la elección, como nunca antes. En Carolina del Norte comienza el período de votación anticipada el 4 de septiembre, seguido de Pensilvania el 14 de septiembre y Michigan el 19 de septiembre y al menos otros 10 estados, semanas antes del primer debate presidencial del 29 de septiembre. Para el 8 de octubre, otro gran grupo de estados comenzará a votar al menos una semana antes del segundo debate presidencial el 15 de octubre. Y para cuando el debate final se celebre, el 22 de octubre, más de la mitad del país, probablemente, ya habrá votado. (Ver diapositiva 15)

Hay algunos aspectos de la elección del 2016 que arrojan más luz sobre la batalla cuesta arriba que encara Trump. Según las encuestas a la salida del centro de votación (exit polls) del 2016, el 18% de los votantes que no le gustaban ninguno de los candidatos, Trump se llevó este grupo por 17 puntos. Trump se ganó estos votantes entre un 21% y un 37% en los tres estados, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, eso lo colocó en la cima en 2016. Cuando se lleva la situación hasta este momento, cuando una encuesta de Monmouth a fines de junio tenía a Biden con una ventaja dominante de 34 puntos entre los votantes a quienes no le gustaban ni Trump ni Hillary Clinton en 2016. Trump también se está desempeñando mal con los votantes que están, actualmente, indecisos en las elecciones de este año. En una encuesta de Reuter / Ipsos del 21 de julio, Biden tiene 22 puntos de ventaja sobre Trump con votantes indecisos, el 70% de los cuales desaprueba el desempeño de Trump en el cargo. Las encuestas fuera del centro de votación (exit polls) de 2016 también revelaron que Trump se benefició de los siete millones de votos emitidos en apoyo de los candidatos del tercer, cuarto y quinto partido. Cuando las encuestas fuera del centro de votación (exit polls) obligaron a estos votantes a hacer una elección entre Trump y Clinton, la mayoría de ellos apoyaron a Hillary Clinton.

Trump también recibió la ayuda de un oponente que, esencialmente, se postulaba para un tercer mandato de Obama.

El país nunca se ha sentido cómodo permitiendo que un partido político controle la Casa Blanca por

un período prolongado de tiempo. De hecho, la única vez, en los últimos 70 años, que una de las partes controló La Casa Blanca durante 12 años seguidos es cuando Bush fue elegido en 1988, lo que equivalía a equivalente a un tercer término de Reagan. La victoria de Trump no fue un mandato por sus políticas sino más bien como un rechazo a Clinton y la falta de deseo de dar a los demócratas 12 años consecutivos en la Casa Blanca. En el 2016, los votantes consideraron a Trump como un agente de cambio. Este año, él está postulándose para mantener el status quo. Ese no es un buen lugar para estar en un país que ha votado por el cambio en seis de las últimos siete elecciones.

Para casi todos, está muy claro que el mundo es un lugar muy diferente de lo que era solo unos pocos años. Al igual que Austin Powers, Trump no ha podido comprender, a cabalidad, cuánto ha cambiado el mundo a su alrededor. Todavía, piensa que su camino hacia la victoria en 2020 es replicar su versión del 2016 . Cuando Trump lance su sorpresa en octubre, la mayoría del país, ya habrá votado.

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