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Génesis de la Unión Cívico-Militar (V)

Escrito por Debate Plural

 Adán Chávez Frías (Cubadebate, 1-7-20)

 

I

Como se dijo en la anterior entrega, la rebelión popular de 1989 marcó el nacimiento de la Revolución Bolivariana; en la medida en que estremeció el ambiente socio-político nacional, que a partir de ese momento estuvo caracterizado por el incremento de las protestas como consecuencia del deterioro moral, económico y social del país; y, como solía ocurrir durante la IV República, por la represión al Pueblo.

Dicho escenario, aceleró la creación de las condiciones objetivas para el desarrollo de una acción revolucionaria, lo que animó a Chávez -quien estaba consciente de ello- a profundizar las labores de reorganización del MBR-200, que tal y como señalamos antes se encontraba desarticulado.

De manera que, ante este nuevo panorama, Hugo decide no irse del Ejército; una decisión que le participa a los demás miembros del Movimiento, quienes estuvieron de acuerdo en retomar las reuniones y las actividades organizativas. Así, el MBR-200 se relanzó tanto en lo militar como en lo civil, comenzando a crecer de nuevo y a consolidar su accionar para pasar a la ofensiva.

Tanto así fue, que los militares, con Chávez a la cabeza, practicamente asumieron una “conspiración abierta”; a pesar de lo cual el gobierno no logró recabar pruebas contundentes en su contra. Aún así, éste se dedicó a continuar persiguiéndolos y a procurar empañar su carrera militar, a partir del desarrollo de una infame campaña al interior de los Cuarteles, para procurar desprestigiarlos. Comenzaron a llamarlos “Los Comacates”, en atención a las jerarquías militares que suponían tenían los miembros del Movimiento: Comandantes, Mayores, Capitanes y Tenientes; en contra de quienes se decía que eran una especie de “secta” con ideas satánicas y dictatoriales, y que tenían un plan para asesinar al Presidente adeco de turno.

II

En diciembre de 1989 son detenidos por unas horas, con el pretexto de ser investigados por ese presunto plan, Chávez y otros Mayores que integraban el Movimiento; lo cual resultó ser una patraña para sacarlo del Palacio Blanco, donde laboraba en el SECONASEDE; y para separar lo más posible, con cambios de este tipo, a los sospechosos de integrar el MBR-200, uno de ellos Hugo, a quien envían a una Brigada de Cazadores en Maturín, capital del estado Monagas.

En octubre de ese año, el líder histórico de la Revolución Bolivariana había comenzado su curso de Estado Mayor, correspondiéndole en el mes de julio siguiente el ascenso a Teniente Coronel; un ascenso que de varias maneras trataron de impedir, apelando a elementos de orden disciplinario, de rendimiento académico e, incluso, a su eliminación física. No lo lograron, no solo porque nunca consiguieron una prueba en su contra ni por el hecho de que nadie lo hubiera culpado de algo, sino además porque sus calificaciones eran excelentes.

Luego de su ascenso, en julio de 1990, la guerra interna contra los bolivarianos se acentuó; siendo dada la orden para que: “…Chávez y los de su grupo que están en el curso de Estado Mayor fracasen, que no se graduen, es la única forma de frenarlos”.

Una vez más, y a pesar de todas las maniobras empleadas, no pudieron evitar que Hugo y sus compañeros terminaran con éxito dicho Curso, en julio de 1991; lo cual tampoco impidió continuara la persecución en su contra.

El ya Comandante Chávez, que había culminado su Curso de Estado Mayor con muy buenas calificaciones y seguía teniendo una impecable trayectoria profesional que lo hacía merecedor de la responsabilidad de comandar un Batallón; fue, sin embargo, asignado al Servicio de Proveeduría de las entonces Fuerzas Armadas. Vale decir, hicieron lo posible para evitar que tanto Hugo como los demás compañeros sospechosos de pertenecer al Movimiento Bolivariano comandaran tropas.

A pesar de ello, el MBR-200 seguía fortaleciéndose y contaba ya con una buena cantidad de Capitanes que asumieron como Comandantes de Compañías de Tanques, de Infantería y de Cadetes; mientras que varios Comandantes recibieron Batallones. Además, se había retomado el contacto con organizaciones civiles de izquierda y organizado el “ala civil” del MBR-200.

Asimismo, Chávez continuaba, con el apoyo de algunos de nosotros, con su labor de captación, organización y formación. En sus horas de ocio en la Proveduría Militar analizaba y planificaba el desarrollo del movimiento cívico-militar; al tiempo que, se dedicó a visitar mucho la Academia Militar, su Casa de los Sueños Azules, la Cuna de la Revolución Bolivariana.

III

Una vez más el destino, esa “conspiración invisible” de la que permanentemente nos hablaba nuestro Comandante Eterno, seguía desempeñando su papel; pues resulta que al asistir Hugo al acto de nombramiento de Comandante del Batallón “Coronel Genaro Vásquez” de uno de los compañeros del Movimiento, el Teniente Coronel Ortíz Contreras; le recuerda a éste su situación, prometiéndole Ortíz que hablaría con el nuevo Ministro de la Defensa de entonces, el Gral Ochoa Antich, con quien mantenía una relación cercana. Ortíz Contreras cumple su palabra, el Ministro reconoce que se había cometido una injusticia con el nombramiento de Chávez en la Proveeduría y da las instrucciones pertinentes para que le asignen un comando de Batallón, como le correspondía.

Es así como en agosto de 1991 Chávez recibe como Comandante del Batallón de Infantería de Paracaidistas “Coronel Antonio Nicolás Briceño”, ubicado en el Cuartel “José Antonio Páez” de Maracay, estado Aragua. En esa transmisión de mando lo acompañamos papá, mamá y yo; un acto en cuyo discurso de orden Hugo esbozó, de manera un tanto simulada, las líneas generales del Proyecto Nacional “Simón Bolívar”. Era, como dije antes, una conspiración abierta.

Chávez llegó por azares del destino al Batallón de Boinas Rojas que dirigiría el 4-F de 1992, en la insurrección cívico-militar que partió en dos la historia de nuestra Patria.

Sobre ello habría reflexionado ese mismo día, como lo manifestó a Ramonet: “…Quinientos y pico de hombres bien entrenados, en un sitio estratégico como Maracay, cerca de Caracas; y además, un grupo de oficiales del MBR-200 ya colocados en posiciones de mando; nuestro Movimiento maduro para el alzamiento…y todo un Pueblo reclamando una rebelión”.

De manera que, consciente de lo que ello significaba, Chávez continuó consolidando el MBR-200, en espera del desarrollo de las condiciones objetivas en el país, reclutando nuevos oficiales, manteniendo contacto con gente de la Causa R, como el querido camarada Alí Rodríguez; y con algunos compañeros del Movimiento Electoral del Pueblo (MEP). Para ese entonces, ya el PRV se había disuelto, aunque Douglas Bravo seguía políticamente activo e integraba el Frente Patriótico; una instancia que conformaron después del “Caracazo” intelectuales de izquierda, ex Comandantes guerrilleros y militares retirados, como Willian Izarra; entre otros sectores e individualidades.

Todos compartían la línea estratégica central del proyecto bolivariano: conformar un movimiento cívico-militar, inscrito en la tradición de lucha del Pueblo venezolano, desde Bolívar hasta nuestros días, que permitiera lograr los cambios que el país requería; un movimiento que es hoy soporte fundamental frente a la criminal arremetida imperial de la que somos objeto las venezolanas y los venezolanos.

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