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Dos puntos de vista sobre la ley estadounidense “César” de sanciones a Siria

Escrito por Debate Plural

Orwa Khalife y Qasem Albasri (Sin Permiso, 22-6-20)

 

Las nuevas sanciones de Washington contra Siria son tan duras que incluso algunos opositores a Asad están manifestando ciertos reparos. Nuestros propios reporteros sirios tienen diversos puntos de vista, dos de los cuales se presentan frente a frente en este artículo.

El miércoles marcó la entrada en vigor de las sanciones más estrictas jamás aplicadas al régimen y a la economía siria. El propio Bashar al-Asad, junto con su esposa, Asma, encabezaban la lista de 39 personas y entidades enumeradas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en la primera de una serie de nuevas sanciones, conocida colectivamente como la Ley de Protección Civil César para Siria. Las medidas van más allá de cualquier otra sanción previa al atacar no solo a los principales miembros del régimen de Asad y su red de compinches comerciales, sino a cualquier otra persona que realice transacciones con ellos, ya sea siria o de cualquier otra nacionalidad. Esto incluye, en particular, a las entidades dedicadas a actividades de reconstrucción, así como a operaciones en las industrias de aviación,  petróleo y gas. La prestación de ayuda humanitaria está exenta.

De hecho, las sanciones son de tan largo alcance que han resultado controvertidas incluso entre algunos opositores al régimen de Asad. Los propios editores y redactores de Al-Jumhuriya tienen una variedad de puntos de vista sobre ellas. En consecuencia, el martes publicamos dos argumentos divergentes en nuestra página web en árabe, cada uno escrito por uno de nuestros reporteros: “El cambio es la única alternativa al inevitable colapso”, de Orwa Khalife; y “¿Salvar a los sirios o matarlos de hambre?” por Qasem Albasri. A continuación, se expone un resumen de ambos artículos:

Khalife comienza argumentando que la economía de Siria es insostenible y va de cabeza al colapso con o sin las sanciones de la Ley César, contrariamente a la propaganda del régimen de Asad, que culpa de los problemas económicos del país al llamado “asedio” impuesto por Occidente. Khalife cita el ejemplo de la suspensión de la línea de crédito de Irán a Damasco en 2018, que había sido utilizada por el régimen para obtener petróleo. La subsiguiente crisis de combustible obligó a largas colas en las gasolineras e inviernos fríos para los millones de personas que no podían calentar sus hogares.

Poco antes de esa crisis, escribe Khalife, el régimen y sus aliados rusos e iraníes se jactaban eufóricamente de su “victoria” en el conflicto del país. Incluso fuera de Siria, en los vecinos Líbano y Jordania, la conversación en los círculos empresariales se centraba en la reconstrucción de la posguerra de Siria y en las colosales sumas de dinero que iban a amasar. En realidad, dos años después, proyectos emblemáticos de esta reconstrucción, como la urbanización de lujo “Ciudad Marota” en Damasco, no han ido a ninguna parte. Ni Rusia ni Irán, ni los Estados del Golfo, y mucho menos China u Occidente, han demostrado estar dispuestos a invertir sumas significativas en la regeneración económica de la Siria de Asad. El hecho de que el Líbano haya entrado en una crisis financiera propia, con bancos que ya no disponen de dólares estadounidenses, ha privado a Siria de otro pulmón económico; uno de los últimos de que aún disponía.

En otras palabras, como dice Khalife, “las sanciones tendrán claros efectos económicos, pero el colapso de la economía siria lleva en marcha desde el año pasado, y, en cualquier caso, hubiéramos sido testigos de algo aún peor en los próximos meses y años. Todo lo que ha hecho la Ley César (o, más bien, el miedo ante sus efectos) es acelerar este proceso”.

Albasri acepta que la Ley César solo precipitará un colapso que ya estaba en marcha como resultado, por encima de todo, de las acciones del régimen de Asad y de sus patrocinadores rusos e iraníes. Ha sido la destrucción de infraestructuras y medios de producción por parte de la coalición pro-Asad, y el asesinato y desplazamiento que forzaron de millones de sirios, tanto internamente como fuera de las fronteras del país, lo que ha devastado la libra siria y ha llevado a millones de seres por debajo del umbral de la pobreza. Sin embargo, argumenta, la diferencia bajo la Ley César consistirá en que aquellos sirios que ya están inmersos en la pobreza se verán ahora empujados “al borde de la hambruna”.

Las estadísticas, dice Albasri, ponen claramente de manifiesto la historia. Más del 85% de los sirios viven en la pobreza, con su seguridad alimentaria ya amenazada. El ingreso mensual promedio per cápita es inferior a 30 dólares. Siria es un país que importa casi todos los bienes necesarios para alimentar a su pueblo. ¿Qué sucederá cuando la libra siria se hunda aún más y los ingresos promedio caigan a 7 o 6 dólares por mes?, se pregunta. Incluso si la Ley César hace excepciones para alimentos y medicinas, la mayoría de los sirios carecerá, en cualquier caso, del poder adquisitivo para comprarlos de forma independiente. Peor aún estarán en poco tiempo si Washington sanciona al Banco Central sirio (en el momento de escribir esto no lo ha hecho), dadas las limitaciones extremas que esto impondría a la transacción de importaciones de cualquier tipo. ¿La ayuda humanitaria internacional llenaría suficientemente ese vacío? Es improbable, dice Albasri, cuando las organizaciones de ayuda llevan años adoleciendo de una falta crónica de fondos.

Lo cierto, escribe Albasri, es que la economía de Siria está dirigida por una oligarquía de leales a Asad. Se merecen sin duda un castigo porque sus riquezas son ilícitas. Sin embargo, ¿cuál es el mecanismo alternativo de que se dispone para importar alimentos y otras necesidades básicas, cuando el régimen prohíbe a quienes no son lealistas llevar a cabo esas actividades?

Para Khalife, la respuesta está en Moscú, que, según él, concluirá en última instancia que no hay otra opción -si espera mantener su narrativa de “victoria” y reconstruir el país que destruyó- más que la de diseñar un proceso de cambio político significativo en la cúspide política siria a cambio del levantamiento de las sanciones de César. “Nos movemos en un territorio para el que no hay precedentes en la historia”, escribe.

Albasri se muestra en desacuerdo, argumentando que Moscú no puede permitirse que Washington vea que las sanciones pueden conducir a algún éxito, dadas las implicaciones que tendría para las sanciones impuestas a la propia Moscú. En todo caso, dice Albasri, Rusia verá la Ley César como una oportunidad para obtener aún más influencia sobre Asad y agregar algo más a sus privilegios ya sustanciales en el país. Del mismo modo, también puede moverse para marginar a Irán en Siria; un desarrollo que Washington agradecería.

En su párrafo final, Khalife escribe:

La Ley César no hará más daños de los que el régimen ha hecho ya por sí mismo durante la última década respecto al país y su economía. Si bien los sirios son quienes pagan el precio más alto por la combinación de políticas económicas fallidas, la aniquilación del país y las sanciones extranjeras, parece que no hay una solución radical en el horizonte para los males socioeconómicos del pueblo sirio -que ahora amenazan con convertirse en hambruna-, que no sea la de emprender los cambios correspondientes a las expectativas internacionales que permitan la reapertura de la economía. De lo contrario, los sirios tendrán que enfrentar sus días más sombríos en un futuro cercano, bajo un régimen político que arrastra a su país al borde de un abismo que puede parecer más inminente hoy como resultado de las sanciones, pero que ha sido siempre de hecho el destino inevitable de Siria a causa de las políticas de ese régimen.

Albasri, mientras tanto, concluye de la siguiente manera:

No hay cambios en la estrategia de Washington con respecto al régimen sirio. Estados Unidos no va a adoptar medida significativa alguna para auspiciar el cambio político que los sirios esperan en su país. Tampoco parece haber ninguna evidencia de que Moscú esté dispuesta a poner fin a su apoyo a Asad como resultado de las sanciones. Así pues, las consecuencias políticas de la Ley César no están claras, pero lo que sí resulta patente es que serán muy duras para los sirios, hasta el punto de abocarlos a la hambruna.

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