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Contextos guapetones

Escrito por Debate Plural

Elsa Claro (Cubadebate, 17-6-20)

 

Raro, casi extraordinario que, Jens Stoltenberg, objete algo dicho desde la Casa Blanca. El secretario general de la OTAN, siempre complaciente con sus mentores, acaba de hacer declaraciones un poquitín retadoras. Al referirse al anuncio hecho por Donald Trump sobre el inminente retiro de efectivos norteamericanos desplegados en Alemania, consideró que esa presencia militar no se destina solo a proteger a Europa, pues reporta grandes beneficios para Estados Unidos.

Imposible no tener en cuenta que esas instalaciones alemanas, “han sido esenciales para lo que ha llevado a cabo EE.UU. durante décadas en Oriente Próximo, Afganistán, Irak y África”. Así es, las ubicadas en el sudoeste de Alemania, fueron –todavía lo son- indispensables para los operativos en suelo iraquí o afgano.

Sontelberg puntualizó además que el Africom, estado mayor estadounidense enfilado al mal llamado Continente Negro, está en Stuttgart, y es parte de las formaciones delanteras de Washington para mantener ventajas estratégicas bien lejos de su territorio.

A los viejos analistas el aludido al Africom les recuerda cómo el Pentágono tuvo que negociar durante mucho tiempo, para establecer ese dispositivo, pues ninguno de los países africanos aceptó convertirse en sede y al mismo tiempo en blanco, por complacer las ambiciones imperiales.

Cuando el presidente Trump anuncia la salida de unos 25 mil soldados (de 52 mil) destacados en territorio alemán, él mismo patentiza el chantaje en marcha. En declaraciones a la prensa expuso:

“Hasta que paguen vamos a retirar a nuestros soldados, como la mitad, y veremos a dónde vamos desde ahí, pero Alemania se ha convertido en una morosa. ¿Por qué deberíamos seguir haciendo nosotros lo que hacemos si ellos no van a pagar?”. Lo plantea como si se tratar de un contrato de compra-venta y de ese modo considera la contribución monetaria de Berlín hacia el Pacto Atlántico. E.U. busca que los 29 miembros de la OTAN aporten el 2% de su PIB a esos fines bélicos y Alemania concluyó aceptando, pero fijó como fecha de cumplimento el 2023.

¿Está Trump apurado? Al parecer hay varios componentes en este barullo. Sobresalen los empeños para boicotear el casi terminado gasoducto ruso-germano. Más comerciante que político, el jefe de estado insiste en forzar a los europeos a comprar el energético a Estados Unidos, pese a ser más caro. No hay secreto en esa materia. El propio Trump hizo saber: “¿De qué sirve la OTAN si Alemania paga a Rusia miles de millones de dólares por el gas y la energía?” En otro twuit añade: “Los EE.UU. están pagando por la protección de Europa y luego pierden miles de millones en comercio. Ellos deben pagar el 2% del PIB inmediatamente, no para el 2025”.

Otro factor posible sería la escasa empatía entre Ángela Merkel y Trump. La canciller fue la primera y más sólida crítico del magnate desde el inicio y si bien ha evitado un contrapunteo infecundo, no se privó de externalizar la no siempre presente afinidad entre los intereses de uno y otro país. Entre las últimas evidencias ubican, con o sin motivo medular, que la Merkel decidió no participar en la cumbre del G7 en territorio estadounidense, poniendo de excusa la prioridad dada por su administración a la pandemia.

Un tercer aspecto y no el último posible, se vincula con las cercanas elecciones norteamericanas, un agujero negro hacia donde, a semejanza del fenómeno físico, se dirigen iniciativas, pases de cuenta, principios activos u varias escaramuzas. Todo cuanto adverse el proyecto re eleccionario o contribuya a darle méritos al aspirante, sean innegables o problemáticos.

A escala interna, el paso anunciado implica un irrespeto hacia el Congreso, porque Trump no consultó con las dos cámaras, algo que provoca el rechazo hasta de muchos republicanos. Tampoco comunicó de forma conveniente al gobierno alemán su propósito. En ambos casos es un desprecio a las instituciones, las normativas del correcto hacer, -algo tan habitual ya en los actos del gobernante pero no por ello a pasar por alto.

Este fraudulento César, así de simple, se coloca por encima de todos.

“La OTAN no es una organización comercial, y la seguridad no es una mercancía”, dijo en referencia al caso, la ministra de Defensa germana, Annegret Kramp-Karrembauer.

“Es el núcleo de la alianza transatlántica (…) también es bueno para EE UU, porque hay que recordar que la paz y la estabilidad en Europea también es, por supuesto, importante para Norteamérica”, recordó a su vez, Stoltemberg.

Otros aliados del Viejo Continente, se escandalizaron ante los hechos y los más engañados, utilitarios o equis-ye, sugieren un traslado de esas fuerzas hacia sus territorios. En términos integrales, el conjunto no desea contribuir a fragilizar un organismo suficientemente resquebrajado.

¿Tiene o no razón Trump al imponerle más erogaciones a Europa?

El presupuesto de la OTAN para el 2019, fue de 984 234 millones de dólares, superior al año precedente. Esa alta cifra, que tan buenos efectos tendría usada para mejores objetivos, fue un 3,9% superior a la del año anterior. El mayor contribuyente, en efecto, con unos 2 500 millones fue EE.UU., seguido de Gran Bretaña y en tercer lugar. ¡Alemania!

Si EE.UU. es el principal contribuyente para el gasto total de la OTAN, nada despreciable resulta que el Reino Unido dedique 65 mil 527 millones; Alemania, 49 mil 132 ; Francia, 47 mil 705; Italia, 23 mil 281 millones y Canadá 21mil 277. Mucho y bueno pudiera lograrse con esos caudales, en fines civiles, pero el enfoque parte de razonamientos como este:

“(…) gracias a mí la OTAN ha podido recaudar mucho más dinero que nunca de sus miembros después de muchos años de declive” tuiteó Trump sobre un ¿triunfo? que no le impide aumentar exigencias o usarlas para empresas de muy precaria integridad.

Algo así, como el 52% del presupuesto federal norteamericano conocido, se emplea con propósitos bélicos. Trump usó al menos unos 500 mil millones de dólares para el ejército durante su mandato, olvidando programas como el sanitario, cuya deficiencia se hizo patente en los apuros para hacer frente al COVID-19. Tampoco considera lo necesario de amortiguar el enorme endeudamiento que tiene ese país, en gran medida provocado por las inversiones militares.

Dadas las circunstancias derivadas de la crisis global iniciada en el 2008, por ambiciones desmedidas de orden especulativo en EE.UU., y los accidentes acentuados por la pandemia no extinguida, si algo sabio debía surgir relacionado con el OTAN es su desaparición. Partiendo de la definición sobre su origen “defensivo”, pero en los hechos un pacto ideado para aplacar la influencia y prestigio ganados por la URSS durante la II Guerra Mundial, una vez desaparecido aquel sistema opuesto, debió procederse a desarticularla, tal cual hizo su oponerte, el Pacto de Varsovia.

No se trata de solo del proclamado slogan de América primero, sino de pretender que Estados Unidos esté por encima de todos, a cualquier coste. Las muchas y diversas incertidumbres de este tiempo, exigen realismo y comedimiento. No agresividad ni desproporciones egocéntrico-paranoides.

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