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Trump, más próximo a estrellas de Hollywood que a diálogos con Irán

Escrito por Debate Plural

Hispantv (8-6-20)

 

Una reunión entre Trump y uno de sus archienemigos, las estrellas de Hollywood, es más probable que un diálogo con Irán para abordar el programa nuclear.

A pesar de que las autoridades de la República Islámica de Irán rechazan por activa y pasiva que puedan darse conversaciones sobre su programa de energía nuclear de carácter pacífico con la Administración de Donald Trump, el líder republicano y sus halcones de la Casa Blanca intentan aparentar que hay conversaciones entre las dos partes en cuestiones no nucleares mientras expresan a la vez que estas engloban también este tema medular.

Los intentos de la Administración de Trump para fingir que un hay un clima de entendimiento Teherán-Washington se han intensificado con la puesta en libertad de Michael White, un veterano de la Armada estadounidense que llevaba dos años encarcelado en Irán.

De hecho, Trump no perdió la oportunidad para agradecer hasta en dos ocasiones a la contraparte iraní, diciendo que este gesto “muestra que llegar a un acuerdo con Teherán es posible”, al tiempo que pidió a la República Islámica negociar con él ahora y no esperar a los resultados de las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre, puesto que tal y como adujo, volvería a ganarles a los demócratas.

Este nuevo capítulo de intercambio de prisioneros entre ambas naciones se escribió el pasado miércoles 3 de mayo con el primer caso de liberación del científico iraní Sirus Asqari, profesor de Ciencias Materiales de la Universidad Tecnológica Sharif de Irán, quien regresó a su patria después de pasar cerca de tres años detenido en Estados Unidos por falsos cargos de fraude y robo de información relacionada con su trabajo con una universidad en Ohio. Este docente viajó a EE.UU. en 2017, acompañado de su esposa y con pasaportes y visas válidos, pero al llegar descubrió que el Gobierno estadounidense le estaba monitoreando, bajo sospechas de que sus labores de investigación en materia científica iban en contra de las sanciones antiraníes de Washington.



El segundo caso de intercambio se dio cuando Washington liberó a Mayid Taheri, un médico iraní residente desde hace más de 30 años en el estado de Florida que estuvo preso en Estados Unidos durante 16 meses luego de que fuera detenido por supuestamente haber violado las citadas sanciones impuestas a Irán.

Estos tres episodios se suman a otros habidos como cuando Irán liberó en diciembre al ciudadano estadounidense Xiyue Wang, detenido durante tres años por cargos de espionaje, y Estados Unidos, a su vez, puso en libertad al científico iraní Masud Soleimani, encarcelado por presuntas violaciones a las medidas coercitivas estadounidenses.

Por su parte, Brian Hook, representante especial del Departamento de Estado de EE.UU. para Irán, dijo la semana pasada que se avizoran amplias conversaciones con Teherán sobre su programa nuclear y otros asuntos, empero, los recientes contactos se han limitado a la liberación de prisioneros.

En sus declaraciones, Hook llegó a afirmar que “Trump había abierto la puerta a la diplomacia durante muchos años y en este marco se había reunido con el líder norcoreano Kim Jong-un en tres ocasiones” y, este mismo contexto, “queremos ver a Irán responder a nuestra diplomacia con diplomacia”.



Bandera Iran

En principio a uno le puede surgir la idea de que los iraníes deberían acoger la oferta de Trump, sin detenerse a considerar posibles consecuencias, sino fuera porque el lenguaje diplomático al que se está refiriendo Hook, el cual se traduce en que, con alguien testarudo está por demás discutir, ya que lo que ha habido es un conjunto de medidas de “máxima presión” impuestas contra la nación persa para obligarle a renegociar su programa nuclear.

Las autoridades persas en repetidas ocasiones han cuestionado este “ofrecimiento”, calificándole de un simple “gesto engañoso” de cara a la galería a medida que los iraníes sufren en sus propias carnes los efectos devastadores de la política restrictiva de Washington.

Son muchos quienes dudan de las verdaderas intenciones detrás del ofrecimiento de diálogo de la Casa Blanca al pueblo iraní, puesto que, sus medidas asfixiantes y draconianas sobre Irán han venido reafirmando la escalada de las hostilidades que promueve Trump desde que llegara al poder en enero de 2017 y antes, cuando aspiraba a ser el candidato por el ala republicana a las presidenciales de 2016, él iba por allí pregonando que si llegara al poder, no dudaría en romper el acuerdo nuclear firmado en 2015 por Teherán y el Grupo 5+1 (entonces formado por EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania).

En retrospectiva, es necesario remarcar que el pacto nuclear, declarado como uno de los mayores logros en la arena diplomática por autoridades destacadas en el mundo, fue considerado por Trump como “el peor acuerdo negociado en la historia”, y dijo que nunca debió haber sido rubricado por su antecesor, Barack Obama.

En virtud del pacto, de nombre oficial Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés), Irán se comprometía a rebajar el desarrollo de su programa nuclear, a cambio de la cancelación total de las sanciones internacionales impuestas en su contra.

Pasado algo más de un año de su juramentación, en mayo de 2018, Trump retiró unilateralmente a su país del acuerdo nuclear y reimpuso los embargos a Irán, incluso invitó al resto de signatarios a secundarlo, en vano, con el objetivo de obligar a Teherán a renegociar el documento.

El mandatario republicano usó el pretexto de que Irán no estaba cumpliendo plenamente sus responsabilidades en marco del tratado, sin embargo, los múltiples informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirman que Teherán ha venido cumpliendo cabalmente los compromisos que aceptó en su día en el PIAC.

Desde entonces, la Casa Blanca no solo ha aplicado una política de “máxima presión” sobre la nación persa, amenazando con castigar a otros Estados, si siguen su comercio con los iraníes, sino que en un intento por forzar nuevas negociaciones sobre el programa nuclear persa, Washington ha estado agitando la amenaza de un conflicto armado contra Irán, lo que ha generado el rechazo de la comunidad internacional, excepto de sus aliados en la región.

No hay que olvidar que en estos momentos, Trump está empantanado con su caótica gestión para contener las consecuencias, tanto mortales como económicas, de lo que supone la propagación del coronavirus, causante de la COVID-19, entre la población estadounidense como para poder sofocar las masivas protestas en las diversas ciudades de su país por la violencia y la brutalidad de la Policía que se inflige de forma sistemática en contra de las minorías étnicas de Estados Unidos, sin recurrir a la fuerza para reprimir estas movilizaciones espontáneas y contrarias a la discriminación y el racismo arraigados en la sociedad estadounidense desde hace mucho tiempo.

Trump que ve cómo se alejan sus aspiraciones a la reelección ante las fuertes críticas a su gestión tanto para mitigar los efectos nocivos de la peor crisis sanitaria a la que se ha enfrentado Estados Unidos en más de un siglo como para aplacar los ánimos caldeados de los estadounidenses por los últimos episodios de racismo vividos, que sumados a una crisis económica galopante, así como sus fallidas políticas a niveles interno e internacional, ha visto en la liberación de White una oportunidad para echarse un baño de popularidad frente a los tantos desaciertos políticos que él mismo ha provocado en estos tres años y siete meses de su mandato.

El presidente estadounidense cree que si se inicia las ansiadas conversaciones nucleares con Irán, en la actual coyuntura tan crítica y perjudicial para sus réditos electorales en su lucha con su rival demócrata, el expresidente Joe Biden, podría ser un salvavidas, especialmente después de que los iraníes le atestaran un duro golpe derrotándole en su errónea estrategia de “máxima presión” ofreciendo una resistencia digna de alabar en una revisión histórica.

Es su desesperación para salvar el pellejo del dirigente norteamericano, la maquinaria diplomática de la Casa Blanca salió suplicando a sus homólogos iraníes que “Irán responda a la diplomacia estadounidense con una réplica similar” sin más consideraciones.

Dado que la liberación del exmarine estadounidense, quien había sido sentenciado a cumplir una condena de prisión por cometer “crímenes de seguridad” en Irán, entre otros cargos, se produjo por un indulto que le fue otorgado por la “clemencia islámica”, resulta muy desconcertante que los norteamericanos obvien esta circunstancia y digan ahora que este intercambio fue fruto de arduas conversaciones bilaterales entre las partes que, por supuesto, nunca han tenido lugar.

“El intercambio de prisioneros entre Irán y Estados Unidos no es el resultado de negociaciones y no habrá ninguna conversación con ellos en el futuro”, así de rotunda fue  la respuesta de Ali Shamjani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, en un mensaje publicado el viernes en su perfil en Twitter.

El alto cargo iraní dejó claro que los funcionarios de la Casa Blanca buscan, en su desespero, instrumentalizar como sea el caso nuclear iraní con unas conversaciones superfluas, acompañadas de unos apretones de manos entre ambas delegaciones, que sirvan únicamente de cortafuegos para apagar o mitigar en la medida de lo posible los tantos descréditos de su jefe en el concierto internacional como en casa ante una opinión pública estadounidense que pronto tendrá la oportunidad de pronunciarse en las urnas.

En este clima preleectoral en EE.UU. se puede esperar cualquier cosa del candidato republicano para rasguñar un puñado de votos que le aventajen respecto a su rival demócrata, incluso verle montado en el famoso Air Force One dirigiéndose a Hollywood, cuna mundial de la industria filmográfica situada en Los Ángeles (California), para reunirse con un grupo de estrellas, siendo este uno de los gremios más críticos con él por sus políticas sociales, migratorias y económicas, a fin de posar para los fotógrafos que con sus cámaras puedan inmortalizar el mediático momento para la posteridad.

Todo es posible en la política, exceptuando que Trump pueda ver cumplido su sueño de reunirse con las autoridades iraníes para renegociar el programa nuclear antes de las elecciones del primer martes de noviembre, a no ser que recapacite en su postura de política de “máxima presión” dirigida en contra de la República Islámica.

De hecho, Irán, rechaza cualquier diálogo, bajo presiones sobre su programa nuclear y dice que Washington debe levantar, antes que todo, los embargos económicos impuestos en su contra.

 

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