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Por qué Trump ‘vende’ a los ciudadanos que su gestión del covid-19 ha sido un «éxito»

Escrito por Debate Plural

Eva Golinger (Russia Today, 30-4-20)

 

En estos días, el «genio estable» de Donald Trump hizo una declaración con consecuencias mortales: «Veo que el desinfectante lo elimina en un minuto», dijo el presidente sobre el coronavirus, en medio de una conferencia de prensa en la Casa Blanca. En seguida, preguntó: «¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo así mediante una inyección dentro o casi una limpieza? Como ven, entra en los pulmones, hace un efecto tremendo en los pulmones, así que sería interesante comprobarlo».

La reacción del público al ‘cloro-gate’ fue rápida y severa. La empresa dueña del desinfectante Lysol, Reckitt Benckiser, emitió una declaración inmediata advirtiendo que «nuestros productos desinfectantes no deberían ser administrados al cuerpo humano bajo ninguna circunstancia (ni inyección, ingestión o alguna otra ruta)». Hasta las propias agencias de salud del Gobierno estadounidense, como la Administración Federal de Drogas (FDA) y el Centro para el Control de Enfermedades (CDC en inglés), tuvieron que advertir al público de no ingerir o inyectarse desinfectante o cloro.

Alrededor del país, los centros para el control de venenos reportaron un alza en llamadas de personas preguntando sobre el consumo de cloro o desinfectante para curar el coronavirus. A nivel mundial, Trump fue criticado por este estúpido y peligroso comentario sobre la posibilidad de inyectar desinfectantes al cuerpo para combatir el coronavirus. «Bobo», «idiota», «payaso» e «irresponsable» son algunas reacciones a su sugerencia.

Por su parte, el presidente intentó desviar la atención de sus declaraciones, primero diciendo que era «sarcástico» y luego repitiendo que era una sugerencia a su equipo científico. Días después, un reportero le preguntó si tomaba responsabilidad por el incremento en los incidentes de personas ingiriendo cloro y desinfectante en el país, y respondió: «No, no tomo ninguna responsabilidad».

Así ha sido la respuesta de Trump sobre todas sus malas decisiones, incluso las que conllevan consecuencias letales.

El mismo día que Estados Unidos superó un millón de casos confirmados de COVID-19, y más de 58.000 muertos, el mandatario reiteró que su gestión ha sido «perfecta» y que, pronto, la cifra llegaría a cero.

Su yerno y asesor en la Casa Blanca, Jared Kushner, quien no tiene ninguna experiencia o calificación médica, científica o en el ámbito financiero, y cuyos negocios han fracasado múltiples veces (y su padre estuvo preso por varios crímenes financieros y por manipulación de testigos), declaró esta semana que el gobierno ha logrado un «gran éxito» y «ya hemos superado el aspecto médico» de la pandemia. También dijo que para junio todo sería normal en EE.UU. y para julio el país estaría «prosperando».

Esto lo dice mientras las infecciones siguen aumentando y la tasa de muertos en Estados Unidos continúa escalando. Aún no hay suficientes pruebas para detectar el virus a nivel nacional, ni mecanismos de seguimiento. En realidad, la respuesta del gobierno de Trump frente a la pandemia ha sido catastrófica.

Más de 20 millones de estadounidenses han perdido sus empleos en menos de dos meses, como consecuencia de la pandemia y las cuarentenas. Estados Unidos está ya en una fuerte recesión económica, sin la posibilidad de recuperar las pérdidas financieras en un futuro cercano, según economistas serios. Las filas para recibir ayuda económica y alimentación gratuita duran horas y kilómetros. Millones de familias estadounidenses están siendo sumergidas en la pobreza de un día a otro, mientras la Administración Trump se declara la victoria.

Es obvio que el mandatario está buscando una solución milagrosa a esta grave crisis. Desde el comienzo de la pandemia, el mandatario ha desestimado su impacto y ha silenciado, criticado e insultado a cualquiera que diga la verdad sobre la grave situación que enfrenta el país. Ahora, con la elección presidencial en el horizonte, el próximo noviembre, Trump está desesperado por subir sus «números» y proyectar una ilusión de éxito de su gestión.

Trump ha promovido múltiples teorías de la conspiración sobre el coronavirus. Ha suspendido el financiamiento multimillonario (y esencial) a la Organización Mundial de la Salud (OMS), acusándola de ‘encubrir’ la realidad sobre el virus, sin presentar pruebas para fundamentar un alegato tan serio. Además, la OMS advirtió a Estados Unidos y el mundo sobre el coronavirus en enero. Según múltiples reportes y documentos internos del Gobierno de EE.UU. y de sus agencias de Inteligencia, el mandatario y sus asesores más cercanos sabían del peligro del coronavirus en enero y febrero e ignoraron todas las advertencias. Trump siguió viajando y haciendo eventos masivos de campaña hasta la primera semana de marzo, cuando ya el virus estaba expandiéndose por toda la nación.

El mandatario también ha acusado a China de esconder la gravedad del coronavirus y sus cifras de mortalidad e infección. Trump no puede aceptar que Estados Unidos lidera el mundo en contagiado y fallecidos. Ha retuiteado comentarios de cuentas ‘trolls’ que ponen en duda las cifras de infección en Estados Unidos y la tasa de muertos del COVID-19, sugiriendo que han sido infladas para manchar a su gobierno y su gestión.

El presidente se ha burlado de sus propias reglas y las sugerencias de los expertos científicos sobre el uso de los tapabocas y mascarillas. El vicepresidente Mike Pence, encargado del grupo de respuesta sobre el coronavirus, se negó a llevar tapabocas durante una visita a la Clínica Mayo, donde había pacientes con COVID-19, cáncer y otras graves enfermedades, aunque era obligatorio para todas las personas que entran en ese lugar. Pence dijo que como no tenía el coronavirus, no necesitaba llevar tapabocas. Ni siquiera son capaces de dar un buen ejemplo en un momento de grave crisis para la nación.

Según los médicos y científicos expertos en esta enfermedad, el coronavirus es altamente contagioso, y más aún cuando una persona infectada no muestra síntomas, lo cual lo hace aún más peligroso y contagioso. Por eso, cuando Trump anunció esta semana –llegando a los 60.000 muertos y superando un millón de infectados en Estados Unidos– que las escuelas deberían reabrir porque «los jóvenes no son muy afectados por el coronavirus», era obvio que no le interesa la vida ni la salud de sus compatriotas. Trump ignora toda la ciencia que comprueba que los niños pueden ser portadores del virus e infectar a la gente en su alrededor (incluyendo los trabajadores en las escuelas, maestros, maestras, y todas sus familias). Y la insistencia en reabrir las escuelas en medio de la pandemia no es porque a Trump le importe la educación de los niños, es porque sin los niños en la escuela, sus padres no pueden ir a trabajar.

Al presidente le interesa más la economía que la vida. Y no le importa el tema económico para que el país y su ciudadanía sean prósperos. Le importa que él y sus amiguitos millonarios sigan multiplicando sus millones de dólares antes de que termine su mandato.

Por ejemplo, utilizó su poder presidencial para decretar la apertura obligatoria de las plantas de carne, incluso con varias plantas presentando cientos de casos de coronavirus y decenas de muertos. Para evidenciar su falta de interés en la vida y la salud, el mandatario ordenó no solamente que las plantas se mantengan abiertas, sino que no tienen que cumplir con las mínimas garantías de salud y limpieza, o reglas de seguridad. A Trump no le importa si los trabajadores se enferman y se mueren, solo le importa que sigan trabajando para que los dueños de esas empresas ganen dinero y voten por él en noviembre.

Mientras el mandatario y su yerno andan declarando la victoria (como Bush durante la guerra en Irak) y aplaudiéndose, miles de personas se contagian y se mueren del coronavirus cada día, y millones más caen en la pobreza. Si eso es «el éxito» que tanto alaba Trump, imaginémonos sus fracasos.

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