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Brasil y Bolsonaro se complican

Jair Bolsonaro
Escrito por Debate Plural

Stalin Pérez Borges (Sin Permiso, 28-4-20)

 

Este Informe que presento a continuación es por iniciativa propia. El último que publiqué y terminó quedando de 9 páginas fue a petición. Este, me comprometo será muy breve y lo hago para informar de lo que está sucediendo en Brasil. País que tiene demasiada importancia para la estabillidad o inestabilidad de la región. Y, de la posibilidad además, de ser clave en cualquier plan de constituir organismos multinacionales para la recuperación económica y social para toda nuestra América y en sí, estas tierras habitadas por personas de habla portugués, es un enorme puente y de varios «túneles», que sirven para comunicarnos y atravesar las demás fronteras del resto de países de Sur América. También en cuanto a la preservación misma del equilibrio ecológico mundial, por la larga extensión que posee del Amazonia, del que ya sabemos, el papel que juega esa selva, como pulmón vegetal del mundo.

Creo, que muchas de lo que está pasando en Brasil, no se sabe bien en Venezuela, ni en otros muchos más países. Pretendo, entonces, tan sólo contar lo poco que he visto y lo que me han relatado y explicado algunos contempórane@s amig@s y Camaradas brasileiros. Con ese bagaje, quiero transmitir e incitar a buscar entre tod@s, los qué y los porqué de lo que está pasando. Ese es el propósito de este Informe, pero se de mis limitaciones de no tener muy claro de todos los hechos ocurridos. Esta semana que está cerrando hoy se complicó más de lo que ya estaba complicada, la situación política y sanitaria. Al presidente Jair Bolsonaro se le hace agua el barco que capitanea. Desde nuestros «miradores» en dónde nos encontremos ubicados, podemos ver a qué nivel está llegado las aguas, a esa embarcación:

Empezando la semana despidió al Ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, por que ese funcionario terminó asumiendo una posición contraria a la de él, cuando llamó a respetar las orientaciones de la OMS y a recomendar de que la población se quedaran en sus casas, para evitar los contagios del COVID-19; pasado unos dos días, despidió al director general de la Polícia Federal, Valeixo. Cuerpo de investigación policial, que si bien lo designa el presidente de la República, es una institución autónoma e independiente, que coordina su actuación con el Ministerio de Justicia. La causa de su despido se debe a que le tocaba a este cuerpo policial, pronunciarse sobre una investigación que está en curso contra un grupo de mafiosos, extorsionadores y acusados de asesinatos, en donde están involucrados algunos funcionarios públicos ligados a la familia Bolsonaro, y cuyo ganster mayor es su hijo, Flavio Bolsonaro; después de esos hechos, para terminar de encender más esta semana, el viernes en rueda de prensa, renuncia a su cargo, el ministro de Justicia, Sergio Moro, confirmando de que Bolsonaro, está interviniendo en las investigaciones de la Policía Federal que involucra a su familia y confirma que fue el motivo de haber sacado a Valeixo de su cargo.

Todos esos hechos, que siguen largando cola, ocurre en medio de que continúa aumentando de forma asombrosa, los contagios de la pandemia del coronavirus en distintas regiones de Brasil. Ya es noticia criminis y mundial que Bolsonaro, ha preferido velar, privilegiar y, defender a los empresarios, desde la aparición del COVID-19 como pandemia, mucho más de lo que ya lo hacía, antes que cuidar de la salud de la población brasileña. Razón por las que, desde el mismo momento de declararse al COVID-19 como una pandemia mundial, furiosa y repetidas veces decía: «que las medidas de cuarentena, cierre del comercio y otras actividades era tan solo una campaña de histeria de la prensa y de la OMS». El ex capitán Bolsonaro, quién fue expulsado de las Fuerzas Armadas por desobediencia e indisciplina, se burlaba de los gobiernos que se disciplinaban a las recomendaciones sanitarias par evitar en sus países los contagios de coronavirus, diciendo eso lo que es, «una gripecita nada más.

Recuerdo que por casualidad el 12 de marzo de este año, cuando yo y otro Compañero venezolano que veníamos para las actividades a Brasil, llegamos se mismo día que Bolsonaro con una comitiva de 12 de sus altos funcionarios de su gobierno, en su mayoría ministros, regresaban del Estado de La Florida, USA, y ya al día siguiente los medios de comunicación informaban, que uno de su ministro que le había a su reunión con Trump, había ya dado positivo de contagio del COVID-19. A los días posteriores Bolsonaro y otros ministros, también fueron considerados como contagiados y como medida estuvieron recluidos. Y, muy a pesar de esas vivencias, todavía el 20 de marzo y en los días subsiguientes, siguió sus críticas delante de las cámaras, acusando y denunciando a la prensa y la OMS en sus tuits, de alarmistas. Alrededor de esta posición obstruccionista, irracional y criminal de Bolsonaro para combatir la propagación del COVID-19, es que ha provocado esta reacción que se extiende cada día más y ya tiene, categoría de una crisis de gobierno

Tanto la prensa como de gobernantes de los estados y ciudades que declararon la emergencia y las medidas de cuarentena, entraron en posición de rechazo y confrontación con el presidente de la República. Gobernadores como el del estado São Paulo, João Doria, que se eligió utilizando el apodo «Bolsodoria» – para pegarse al Ómnibus de la candidatura de Bolsonaro; Wilson Witzel, gobernador de Río de Janeiro, muy ligado al presidente, así como varios otros gobernadores de estados, están en conflicto abierto con el presidente por sus declaraciones contra la cuarentena y su negacionismo del peligro del coronavirus. También algunas semanas después, circuló la información por todo el mundo, que el general Braga Neto, estaba asumiendo el puesto de «Comando» en el gobierno. Pero, Bolsonaro no se echó atrás y sigue allí. Y, aunque en la mayoría de los estados, se esté oficialmente en cuarentena, la falta de pruebas para la detección de la contaminación, de equipos de seguridad para los profesionales de la salud, Brasil yace sobre la famosa frase de actual presidente: «los que haya que morir, morirán». En los hechos y en sus palabras, está en pro de la pandemia y a favor de la muerte, contar de que no se pare el proceso de producción de los capitalistas.

Mientras, muchas son las empresas que no cerraron sus actividades, aún cuando no sean prioritarias, los trabajadores están obligados a salir a trabajar y por ello, a utilizar transportes públicos. Es del conocimiento que Brasil concentra una buena parte de su inmensa población, viviendo en las «favelas», con varios miembros de una misma familia, compartiendo espacios reducidos. Esos ranchos, están ubicado unos al lado de otros y con callejuelas apretadas, lo que hace más propenso la propagación de la pandemia. Esse mortal y sus consecuencias, ya les dije, es el motivo principal de las diferencias entre Bolsonaro y su cártel y los gobernantes de estados, pro cuarentena. Ellos saben que si los muertos se amontonan en sus estados y ciudades, sufrirán el rechazo de la población y, además de comprender algo más de economía que el presidente fascista y genocida. Esos gobernadores en general, son también representantes de la derecha tradicional, tal vez algunos no tan fascistas y, hay además algunos pocos gobernadores del PT, como los de Bahia, Ceará y Piauí, estados del nordeste del país, y del PcdoB en Maranhão, en el norte.

 

Todos los gobernadores electos en la fórmula profascista de Bolsonaro, estuvieron con él y desde el inicio están vinculados y apoyando al sector del agronegocio. A quienes Bolsonaro prometió, y lo está cumpliendo, permitir el avance sobre los territorios protegidos en la Amazonia y delimitar a las poblaciones originarias, las «reservas indígenas», para poder posicionar a estos representante del agronegocio, de mayores extensiones de tierras para sus pastos y desarrollar toda la agricultura de la soya. Este sector está compuesto por los fabricantes de armas y las corporaciones propietarias de las grandes cadenas de comercio. Ellos fueron los que financiaron la campaña electoral ilegal, con las fake news esparcidas vía whatsapp y twitters. Todos, fascistas declarados (Havan, Lojas Riachuelo, Lojas Marisa, Habibs etc).

 

Venezuela: si ves las pestañas de tu vecino arder, pon tus bigotes en remojo

Pero Bolsonaro es un verdadero representante y militante de los pastores de las iglesias neopentescostales, tales como la Universal del Reino de Dios (URD), de Edir Macedo; la Asamblea de Dios y de tantas otras del mismo tipo. Estas poseen cadenas de radio y TV y cuentan con inmensas entregas de financiamiento desde el gobierno. Esto empezó a suceder desde los gobiernos del PT, quienes les apoyaron y les permitieron existir y crecer con derechos otorgados en editoriales, disqueras y de distintos medios de comunicación. Estas son ahora, las armas de propaganda, esparcimiento y alienación masiva, con las que inculcan el fanatismo religioso, la xenofobia, el racismo, el machismo y todo tipo de odio medieval. Estos son los instrumentos ideológicos que han logrado conquistar una importantísima base de apoyo social, del que todavía se vale Bolsonaro y los partidos aliados. Son fieles a Bolsonaro y garantizan que su red de comunicación digital llegue a los evangélicos, y a una mayoría de habitantes de las periferias en las ciudades, los barrios pobres y favelas, lo que fue fundamental para lograr los votos para su candidatura en las elecciones de 2018 Disponiendo de ese fanatismo militante, eligieron muchos diputados, senadores, gobernadores y concejales en esas últimas elecciones. Y, cuando puse subtitulo de arriba, lo hago porque que el gobierno de Venezuela importante financiamiento casi todas la iglesias evangélicas, y mira tu…

Además de contar con los avales antes mencionado, Bolsonaro también es respaldado por el gran capital financiero. Ese sector es el que validó el ministro de la economía, Paulo Guedes, quién es un financista inescrupuloso, contra el que hay denuncias de haber defraudado sus propios clientes. Lo único que público propone para la economía, es privatizar todas las grandes y lucrativas empresas estatales y la entrega de todo lo que signifique soberanía y autonomía productiva y científica. La burguesía ligada al agronegocio es la que ha empezado a despegarse de Bolsonaro a causa de su política exterior fundamentalista y los roces con China, principal destino de las agros exportaciones. Y por supuesto, tienen pesos las declaraciones desastrosas de los hijos de Bolsonaro, su talón de Aquiles como se puede observar por los problemas que le causen, desde sus cada vez más evidentes relaciones con las milicias – organizaciones criminales con origen en la policía de Río de Janeiro – y hechos de corrupción, a la vez, sus provocaciones contra China y todo que les parezca que ver a»comunista».

Los militares identificados con lo que se suele decir «porões da ditadura» (sótanos de la dictadura), aquellos nostálgicos de la dictadura militar (1964 a 1985) y defensores de la tortura, persecución y muerte de los opositores, son los que se dice que están ocupando varios puestos en el actual gobierno. Incluso la vicepresidencia, y varios órganos estatales. Posiblemente no todos lo sean de hecho, y pueden que estén allí por la obsesión de Bolsonaro con todo lo que signifique militarismo y armas. Él se sigue considerando parte de ese mundo – pese a haber sido expulsado de las fuerzas armadas hace 30 años, acusado de terrorismo por haber amenazado con explotar bombas si no se aumentaran los suelos de los soldados y oficialidad -, la presencia masiva de esos personajes en puestos claves es más que preocupante. Sin embargo, es de tomar en cuenta, que hubo variadas manifestaciones de incomodidad entre los militares de alto rango por la política exterior de Bolsonaro, entre ello, el de un posible respaldo a una intervención armada contra Venezuela.

Pero lo que no está todavía nada claro, desde este viernes 24/04, es la actual crisis desatada por la salida del ministro de justicia, Sergio Moro. Este acusó de que Bolsonaro no sólo quiere intervenir en las investigaciones de la Policía Federal, sino además, dijo que el presidente está armando tramoyas y buscará montar falsos positivos, para impedir el pedido de impeachment y/o renuncia pedida de parte de algunos sectores de la misma burguesía, lo que será o no, apoyado por los militares. La crisis actual desatada en el interior del gobierno la está capitalizando la derecha tradicional, como es el caso del gobernador João Doria, que ya se presentó como candidato a las próximas elecciones presidenciales, y de otros personajes del mismo espectro político-ideológico. En el caso que fuese el propio Sergio Moro, ya sería un hecho más de preocupaciones porque él es tan o más fascista que Bolsonaro.

 

Para ya terminar, le cuento que lamentablemente aún veo, que la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora y la burguesía en general y el actual gobierno, muy desfavorables del Brasil y su poderosa fuerza de trabajo. Pese a los elementos de crisis y roces desde el inicio del gobierno Bolsonaro, los ataques a derechos laborales, de seguridad social y civilizatorios no han dejado de proseguir día trás día. La destrucción en Amazonia y de las poblaciones indígenas es brutal, el desempleo y la precarización del trabajo siguen en aumento, y hay crisis en las organizaciones sindicales, principalmente financieras en virtud de esos ataques, a parte de gran inmovilismo de sus dirigentes, especialmente los de la CUT, la más grande central sindical. El PT sigue lamiendo en crisis, aunque haya ganado nuevos afiliados que se percataron de la persecución de la que eran víctimas. Pero, sus insistencias en la confianza en las instituciones burguesas, su determinación por la colaboración de clases les impide tener algún papel relevante en la actualidad.

 

Incluso, el PT se ha negado a ser parte de un frente único por la defensa de los derechos y por tumbar a ese gobierno. Fue solamente en esta semana que, después de mucha batalla interna, aceptó unirse al movimiento «Fuera Bolsonaro». De todas maneras, eso es importante. Quizás eso ayude a constituir un verdadero Frente Único de Trabajadores y la Izquierda. El aislamiento por la cuarentena limita las posibilidades de acciones, así que también por esa razón, pero no solamente, la posibilidad de derrocar al gobierno Bolsonaro todavía está en manos de la propia burguesía y toda la derecha tradicional. El PSOL tiene limitada capacidad de influencia, pocos parlamentarios, aunque muy activos, y el principal movimiento popular hoy es el MTST (Movimiento de los Trabajadores sin Techo), de donde surgió Guilherme Boulos, candidato a presidente por el PSOL en 2018. Pero ese partido tiene posibilidades de crecer en las bases proletarias, aunque sigue, y posiblemente seguirá siéndolo por un buen tiempo, una organización de vanguardia.

Hay, por lo tanto, un largo camino a recorrer para las alternativas revolucionarias, aunque todo se puede acelerar. La historia ha demostrado innumerables de veces, las oportunidades de avances y triunfos, a depender de los hechos, la corrección y claridad del programa planteado por las organizaciones de izquierda y la audacia en proponerlo y actuar. Hoy por hoy, ese programa debe ser uno que plantee las salidas para enfrentar la pandemia y la crisis económica que se aceleró y profundizó; y ello deber ser, desde las necesidades de las mayorías trabajadoras, para salir adelante de forma radicalmente distinta a las practicadas por el capitalismo en sus variantes socialdemocracia o fascismo, que nos viene llevando y lo hará más y más a la catástrofe. En lo inmediato, es decir, en esta coyuntura un gran frente único para derrotar a Bolsonaro, su fascismo y su necropolítica.

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