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Irán no negocia su programa nuclear con el criminal de Trump

Escrito por Debate Plural

Irán no negociará con un criminal terrorista, como lo es Trump, su programa nuclear, por mucho que este venga a rogarle o imponer sanciones ilegales.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, sigue manteniéndose en su posición de prolongar su guerra de carácter “económico y terrorismo de Estado” contra el pueblo iraní, al presionar al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que se abstenga de otorgar un préstamo crediticio a las autoridades persas a fin de que estas en su lucha sin cuartel contra la propagación de la pandemia global del nuevo coronavirus, denominado COVID-19, entre su población, puedan importar insumos y equipamientos médicos desde fuera de sus fronteras.

En su persistencia de hostigar al pueblo persa con el objetivo de frustrar la soberanía e independencia de Irán, cuya nación con mucha valentía pudo emanciparse de los designios y las garras imperiales de Estados Unidos desde hace algo más de cuatro décadas, Trump no ha dudado en instrumentalizar esa coyuntura de emergencia sanitaria creada en torno a la plaga de la COVID-19 para obligar y coaccionar a otros países del mundo a no cooperar con Teherán.

Sin embargo, algunos países como es el caso de China, en contraposición a esa voluntad imperial de Washington, se han negado a cumplir con esas directrices que solo emanan de una mente enfermiza y criminal, y han ofrecido su colaboración sanitaria a las autoridades iraníes para que estas puedan destinarla a la lucha contra esta letal enfermedad.

No obstante, otras naciones, entre ellas Corea del Sur, por temor a que fueran objetos de las sanciones estadounidenses rehusaron la venta de una serie de lotes del kit de prueba del coronavirus a Irán al rechazar su solicitud de pago por medio del sistema internacional SWIFT.

Entre tanto, el mundo guarda con expectación los próximos movimientos despiadados y lunáticos que el mandatario estadounidense tiene reservado para la nación persa, ya que mientras Trump sigue intensificando sus sanciones unilaterales e ilegales contra Irán en medio de la crisis pandémica del coronavirus, viene repitiendo allá donde le presten algo de atención, de que su Administración está más que preparada para ofrecer ayuda sanitaria a Teherán, pero bajo la única condición de que las autoridades persas le llamen a su Despacho Oval cursándole dicha solicitud.

Por su parte, las autoridades iraníes no solo lo denuncian, sino que cuestionan la ayuda ofrecida por EE.UU. a la nación persa como un “gesto engañoso”, a medida que los iraníes sufren en sus propias carnes los efectos desbastadores de la política restrictiva de Washington.

El canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, en este sentido, llegó a afirmar en su día que las medidas punitivas ilegales de EE.UU. están obstaculizando el acceso a los recursos financieros iraníes en el extranjero y, por ende, a medicamentos y equipo médico, lo que puede conducir a una “catástrofe humanitaria”.

Son muchos quienes dudan de las verdaderas intenciones que se camuflan detrás del ofrecimiento de asistencia sanitaria destinada al pueblo iraní del magnate neoyorquino, puesto que, sus medidas asfixiantes y draconianas sobre Irán han venido reafirmando la escalada de las hostilidades que promueve Trump desde que llegara al poder en enero de 2017 y antes, cuando aspiraba a ser el candidato republicano a las presidenciales de 2016, él iba por allí pregonando que si llegara a ocupar la Casa Blanca, no dudaría en romper el acuerdo nuclear firmado en 2015 por Teherán y el Grupo 5+1 (entonces formado por EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania).

De modo retrospectivo, es necesario remarcar que el convenio nuclear declarado como uno de los mayores logros en la arena diplomática por autoridades destacadas en el mundo, fue considerado por Trump como “el peor acuerdo negociado en la historia”, y dijo que nunca debió haber sido rubricado por su antecesor, Barack Obama.

En virtud del pacto, de nombre oficial Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés), Irán se comprometía a rebajar el desarrollo de su programa nuclear, a cambio de la cancelación total de las sanciones internacionales impuestas en su contra.

Pasado algo más de un año de su juramentación, en mayo de 2018, Trump retiró unilateralmente a su país del pacto nuclear y reimpuso los embargos a Irán, incluso invitó al resto de signatarios a secundarlo, en vano, con el objetivo de obligar a Teherán a renegociar el documento.

El mandatario republicano usó el pretexto de que Irán no estaba cumpliendo plenamente sus responsabilidades en marco del pacto, empero, los múltiples informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirman que Teherán ha venido cumpliendo cabalmente los compromisos que aceptó en su día en el PIAC.

Desde entonces, la Casa Blanca ha venido aplicando una política de “máxima presión” sobre Irán, amenazando con castigar a otros Estados, si siguen su comercio con los iraníes.

En un intento por forzar nuevas negociaciones sobre el programa nuclear persa, Washington ha estado agitando la amenaza de un conflicto armado contra Irán, lo que ha generado el rechazo de la comunidad internacional, excepto de sus aliados en la región.

En su delirio de ver sentada a las autoridades persas en torno a una mesa de negociación, la maquinaria de guerra de Washington urdió el asesinato del comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán, el teniente general Qasem Soleimani y el subcomandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe), Abu Mahdi al-Muhandis, y varios otros compañeros que cayeron mártires en un ataque aéreo de EE.UU. contra los vehículos en los que viajaban cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad en la madrugada del 3 de enero.

Con esta estrategia delirante, los señores de la guerra del Pentágono imaginaron que con el asesinato del notable militar persa y sus acompañantes, quienes habían desempeñado hasta la fecha de su martirio un papel relevante en los duros combates en Irak y Siria contra los grupos terroristas, muchos de ellos respaldados por las fuerzas estadounidenses y las del régimen israelí, podrían hacer mella en la voluntad del pueblo iraní y debilitar, al mismo tiempo, los ánimos de entre los miembros de las Fuerzas Armadas de la República Islámica, a fin de que el Gobierno de Teherán cediera y aceptara reunirse a conversar con la contraparte norteamericana.

Nada más lejos de la realidad, la surrealista conspiración de tintes maquiavelistas se volvió en contra de los intereses de EE.UU. en Asia Occidental, cuando en represalia a este magnicidio que fue ejecutado por orden directa del propio Trump, la República Islámica de Irán respondió con unos ataques aéreos con misiles tierra-tierra lanzados la madrugada del 8 de enero por la División Aeroespacial del CGRI contra la base aérea Ain Al-Asad, ubicada en la provincia occidental iraquí de Al-Anbar y ocupada por las tropas norteamericanas desde la invasión de Irak en 2003, y una base en Erbil, capital de la región del Kurdistán iraquí, también en poder de los estadounidenses.

Las posteriores consecuencias relativas a esta represalia por parte de Irán dejaron muy claro ante la opinión pública mundial que las políticas hegemónicas de EE.UU. tienen sus días contados en lo que respecta a su proyección fallida en el oeste de Asia, ya que, por un lado, el Parlamento y Gobierno iraquíes solicitaron la retirada inmediata de las fuerzas militares estadounidenses desplegadas en este país desde 2003, que, so pretexto de derrocar al régimen del dictador Saddam Husein invadieron Irak, y por otro lado, los constantes esquivos de los altos cargos del Ejecutivo estadounidense de reconocer la cifra de los caídos y heridos en las filas de sus efectivos en los citados ataques aéreos que han supuesto el primer revés registrado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial para la imagen de ese Ejército, que alardea de servir y defender los intereses de la primera superpotencia global.

Ante este panorama que solo ha originado un sin fin de descréditos para la gestión de Trump, este mientras aumenta las sanciones ilegales contra el país persa, ha hecho ofertas de diálogo a Irán, no obstante, el país persa subraya que la salida de EE.UU. del acuerdo multilateral demuestra que no es de fiar, por lo que descarta la posibilidad de futuros encuentros.

Está más claro que el agua que las autoridades persas declinarán cualquier ofrecimiento de ayuda que provenga de Washington para que Teherán pueda paliar los efectos nocivos del coronavirus en su país, y no solo porque no confían en su “oferta disfrazada”, sino porque el Gobierno iraní ha ofrecido el envío de asistencia sanitaria destinado al pueblo estadounidense luego de haber observado la lamentable gestión caótica de Trump para contener la plaga de SARS-CoV-2, cuyos desaciertos han provocado un estrago sin precedentes en el territorio estadounidense, dejando tras de sí a más de 819 mil casos positivos de infectados, de los cuales han perdido la vida más de 45 000 personas.

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