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¿Qué futuro le depara al ‘Sandersismo’?

Escrito por Debate Plural

Roberto Montoya (Público, 17-4-20)

 

La propuesta estrella de Sanders, Medicare for All, una reforma sanitaria estructural, una sanidad universal y gratuita, un servicio único público que elimine el sinnúmero de seguros parciales y onerosos que dejan sin cobertura a decenas de millones de personas o las cubren limitadamente, es en Estados Unidos una verdadera revolución. En este momento en particular suena para millones de personas como una verdadera solución, como la única solución real. En EEUU, hoy epicentro de la pandemia, en el último mes más de 15 millones de personas perdieron el trabajo y con él el seguro de salud que les garantizaba su empleador.

«Desearía poder darte mejores noticias, pero creo que sabes la verdad. Y es que ahora estamos unos 300 delegados detrás del vicepresidente Biden, y el camino hacia la victoria es prácticamente imposible. Por lo tanto, y a pesar de que hemos ganado la batalla ideológica y conseguimos el apoyo de tantos jóvenes y trabajadores en todo el país, he llegado a la conclusión de que esta batalla por la nominación demócrata no tendrá éxito. Hoy estoy anunciando la suspensión de mi campaña».

El pasado 9 de abril Bernie Sanders anunciaba así a sus seguidores, en una declaración de tan solo catorce minutos desde su vivienda en Burlington, en el estado de Vermont, que abandonaba su carrera por la nominación como candidato del Partido Demócrata para las presidenciales de noviembre próximo.

Cuatro días después anunciaba también su apoyo a su rival, Joe Biden: «Hoy pido a todos los americanos, a todos los demócratas, a todos los votantes independientes, le pido a muchos republicanos, que se sumen a esta campaña para apoyar como yo su candidatura».

Fue seguramente la última oportunidad de Sanders para ser nominado como candidato del Partido Demócrata, a cuyas primarias se presentó al igual que en 2016 como independiente.

Sanders se ha reivindicado desde inicios de los años ’70 como un «socialista moderado» y Biden como un «liberal centrista».

En 2024, cuando tengan lugar las siguientes elecciones presidenciales Sanders tendrá 82 años.

Para Biden también seguramente esta será su última oportunidad, tendrá en esa fecha 81 años.

El duelo entre Sanders y Biden en estas larguísimas primarias del Partido Demócrata en ningún momento llegó a ser tan crispado, tan tenso como en 2016, cuando quedaron como finalistas Bernie Sanders y Hillary Clinton. Aquel año Sanders no tiró la toalla hasta julio, hasta dos semanas antes de que tuviera lugar la Convención Nacional Demócrata, donde se elige oficialmente al candidato del partido.

A pesar de que Joe Biden ha tenido durante toda esta campaña el apoyo decidido del establishment, del poderoso órgano coordinador directivo partidario, el Comité Nacional Demócrata (DNC en sus siglas en inglés), fue mucho más duro en 2016 enfrentarse a Hillary Clinton.

En aquel momento el DNC desató contra Sanders una campaña sucia feroz para descalificarlo. Y es que Hillary, como su esposo, Bill Clinton, eran (y son) una de las expresiones máximas del establishment del partido y de la relación de este con Wall Street y los poderes fácticos que lo respaldan.

Sanders terminó a último momento pidiendo el voto por Clinton, a pesar de saber que ella no incorporaría ninguna de sus propuestas. Muchos sectores de izquierda criticaron a Sanders por aquella decisión.

Ahora Sanders nuevamente ha decidido apoyar a su rival para intentar impedir la reelección de Trump en noviembre, pero su táctica es otra.

Estima que Biden no tiene la soberbia de Hillary Clinton, que es consciente que si no cuenta con los millones de electores que logró arrastrar Sanders le será imposible derrotar a Trump, y piensa que será más permeable a incorporar algunas de las medidas estrella (muy matizadas) de Sanders.

No casualmente Biden, en un intento por ganarse a los electores de Sanders dijo: «Este gran país no lo construyó Wall Street sino los trabajadores de clase media y los sindicatos».

En 2016 Sanders criticó con dureza públicamente a Hillary Clinton por su manifiesta convivencia con Wall Street.

Y para ello, para poder influir en Biden, Sanders sabe que hace falta tiempo de trabajo conjunto entre sus equipos, y solo quedan seis meses para las elecciones… si es que finalmente pueden realizarse a pesar de la pandemia.

Por eso Sanders anunció que aunque renunciaba a la carrera por la nominación, su nombre se mantendrá en las papeletas de las primarias que seguirán teniendo lugar en muchos estados antes de la convención demócrata.

Pretende con ello reunir la mayor cantidad de delegados posibles para poder tener más capacidad de influir en el programa electoral final de Joe Biden.

Otra diferencia importante con lo que sucedió en 2016 es que Sanders y Biden acordaron ahora estrechar la actividad de los grupos de trabajo conjuntos que sus respectivos equipos venían realizando en terrenos como la sanidad, educación, cambio climático, inmigración, laboral y otros, ámbitos donde Sanders intentará poder influir en el programa con el que el Partido Demócrata se enfrente con el del candidato del Partido Republicano.

Bernie Sanders, cuando anunció su retirada reivindicó antes los suyos haber ganado la batalla ideológica, haber conseguido que el trabajo de los últimos años del movimiento que lo apoya haya permitido escorar hacia la izquierda a un sector significativo del electorado demócrata, por lo que animó a sus seguidores a persistir en esa línea.

Son muchos los analistas estadounidenses fuera de su entorno y sus valores ideológicos que reconocen esa afirmación. La necesidad de reformas profundas en sanidad, en educación, a nivel laboral, en vivienda, en derechos sociales, en el sistema energético, están encontrando cada vez mayor receptividad en sectores de la sociedad, cuando pocos años atrás eran consideradas excesivamente radicales.

La propuesta estrella de Sanders, Medicare for All, una reforma sanitaria estructural, una sanidad universal y gratuita, un servicio único público que elimine el sinnúmero de seguros parciales y onerosos que dejan sin cobertura a decenas de millones de personas o las cubren limitadamente, es en Estados Unidos una verdadera revolución.

En este momento en particular suena para millones de personas como una verdadera solución, como la única solución real. En EEUU, hoy epicentro de la pandemia, en el último mes más de 15 millones de personas perdieron el trabajo y con él el seguro de salud que les garantizaba su empleador.

Al igual que sucedió tras la crisis financiera de 2008 buena parte de esas personas despedidas se encontrarán ante la disyuntiva de pagarse un seguro privado (y profundizar con ello su endeudamiento, su ruina económica) o quedarse sin seguro alguno. Y ahora, en plena pandemia, es más riesgoso que nunca prescindir de cobertura sanitaria.

A pesar de ello, según varias encuestas hay sectores reacios a que haya un solo seguro y que este sea público como propone Sanders.

En el país imperio de las corporaciones está muy extendido el recelo a lo público y fuera de los sectores más populares son muchos los que prefieren seguir teniendo la opción privada.

Biden asume solo muy parcialmente la propuesta de Sanders, y su guiño a los seguidores de este  después de que anunciara su retirada, ha sido hasta el momento decepcionante.

Biden se limitó a añadir a su programa sobre el tema en los últimos días que la cobertura de Medicare, gratuita en la actualidad únicamente en casos determinados y a la que tienen acceso sólo  las personas al jubilarse, a los 65 años, la puedan tener cinco años antes, a partir de los 60.

Otra de las reformas de fondo propuesta por Sanders es en materia educativa. Él propone educación gratuita hasta la universidad, mientras que la propuesta de Biden es mucho menos ambiciosa, aunque después de recibir el apoyo del senador de Vermont se ha comprometido a condonar las deudas que deben asumir las personas de bajos y medianos ingresos para poder matricularse y estudiar en colegios y universidades.

Tradicionalmente estos sectores de la sociedad tardan años después de obtener su licenciatura para poder terminar de pagar las voluminosas deudas contraídas.

Sanders ha tenido 2,1 millones de donantes individuales para su campaña y con medio millón de voluntarios, 68.000 de ellos los llamados ‘super voluntarios’ del Bernie Slack (que organizaron más de 50.000 eventos de diferentes tipos durante la campaña) o los cuadros del movimiento, los 2.720 llamados ‘Capitanes de la Victoria’ que la vertebraron.

Sigue habiendo numerosos locales del movimiento a lo largo y ancho del país y se cuenta todavía con cientos de personas en nómina.

El trabajo de hormiga de décadas de Sanders ha logrado fundirse y tratado de representar a partir de 2015 los objetivos de numerosos movimientos sociales y organizaciones de izquierda y progresistas que venían trabajando desde hacía años en Estados Unidos.

Desde Occupy Street o Lives Black Matter hasta organizaciones como el DSA. Sunrise Movement, NextGen America, Justice Democrats, Our Revolution y el potente movimiento feminista y LGTBI estadounidense.

Sanders ha contado igualmente con el apoyo de parlamentarias progresistas jóvenes como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilham Omar, Rashida Tlaib, Ayanna Pressley o Pramila Jayapal y numerosas y numerosos concejales independientes o demócratas progresistas.

Naomi Klein pedía días atrás que se unieran también en esta nueva etapa también organizaciones y movimientos sociales que no participaron hasta ahora del movimiento de Sanders no por no compartir sus ideales sino por no creer en su eficacia.

Distintos sectores de izquierda le advierten a Sanders que no repita el error de Barack Obama, que desmontó el importante movimiento Organizing for America en el que se apoyó para llegar a la presidencia.

Es una poderosa base social joven y activa la que está detrás de Sanders, con fuerte apoyo en el electorado hispano menor de 45 años, en el movimiento feminista y otros sectores, y Biden sabe bien que le será imprescindible para intentar derrotar a Trump en las elecciones.

Aunque hoy día Biden aventaja en varios puntos a Trump en las encuestas, la gestión de la pandemia por parte del presidente puede ser un inédito y decisivo factor a la hora de inclinar la balanza para uno u otro lado.

En el hipotético caso de que ganara Biden la contienda electoral presidencial, ¿reflejaría en su mandato una política al menos relativamente escorada a la izquierda como intenta Sanders y el amplio movimiento que lo apoya?

¿O por el contrario, tal como vaticinan no pocos sectores escépticos de la izquierda estadounidense desde siempre el Partido Demócrata es una herramienta irreformable y hay que cambiar radicalmene de estrategia, de una vez por todas es necesario aunar todos los esfuerzos para apostar por la formación de un tercer partido realmente progresista y acabar con el bipartidismo?

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