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Reacción de líderes mundiales ante COVID-19 influye en su futuro político

Escrito por Debate Plural

CTXT (13-4-20)

 

La gestión de los líderes mundiales del brote del COVID-19 afectará significativamente en su futuro político y en el de su nación.

En un momento en que las naciones del mundo lidian con la nueva pandemia del nuevo coronavirus, denominado COVID-19, la respuesta que dan las autoridades de los distintos países a la actual crisis del coronavirus determinará su destino en el futuro del orden político mundial.

Desde la aparición del brote del síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2) en un mercado de mariscos de la ciudad china de Wuhan a fines de diciembre, muchos líderes mundiales han tenido que afrontar esta pandemia global con todos los medios a su alcance, unos más y otros menos.

Las pautas seguidas por los gobernantes de cada nación para contener el contagio del coronavirus entre sus poblaciones han sido bien diferentes: mientras unos daban prioridad a la salud pública decretando medidas sanitarias para frenar los efectos nocivos de la plaga, otros, en cambio, la minimizaban, comparándola con una gripe común y, por temor a que cundiera el pánico entre la población, esperaron sin hacer nada hasta ver si la crisis se resolvía sí sola.

Ante la consideración de unos y la impasibilidad de otros, los medios de comunicación a nivel mundial no tardaron en cubrir los aciertos y despropósitos de los dirigentes globales, destacando aquellos aspectos que pudieran de alguna manera influir en la correcta marcha del statu quo relativo al concierto internacional en la era posterior al SARS-CoV-2.

La epidemia global que ha paralizado a millones de personas en todo el mundo y trasladado temporalmente a la comunidad mundial a la Edad Media es una herramienta para medir a los países, ya que su gestión de la plaga de COVID-19 será decisiva para determinar su futuro”, escribió el diario turco Daily Sabah en un informe de reciente publicación.

Esta enfermedad no solo identificó los defectos de los sistemas miopes que anteponen los beneficios económicos a todo lo demás, sino que también mostró la incapacidad de algunos líderes mundiales para tomarse en serio esta grave emergencia sanitaria, con más de 1 853 000 contagiados en todo el mundo y 114 000 muertos.

Entre este selecto grupo de líderes que poco o nada hicieron para evitar la propagación del coronavirus está el presidente de EE.UU., Donald Trump. Este, desde un principio, se resistió a aceptar que la enfermedad estaba contagiando rápidamente a la población estadounidense y, hasta que le fue posible, trató de minimizar la gravedad de la pandemia.

El enfoque de Trump ante la pandemia del coronavirus ha mostrado que el capitalismo de antaño, trocado en neoliberalismo, del que se nutre este presidente, no ha estado a la altura de las circunstancias, es decir, de una emergencia sanitaria de tal magnitud, con más de 530 000 contagiados y más de 22 000 muertos en todo Estados Unidos.

El neoliberalismo, defendido por Washington contra viento y marea como el mejor modelo para controlar el destino de millones de personas, se opone abiertamente a la intervención del Estado como garante de mayor justicia social, es decir, del Estado benefactor, y prioriza la economía y a las grandes corporaciones.

Esta es la razón de que los estadounidenses se toparan con la tibia respuesta de la Administración Trump ante la rápida propagación del virus, ya que, al inquilino de la Casa Blanca le preocupaba más el curso económico de EE.UU. que la salud de sus ciudadanos.

Trump quitó importancia a esta enfermedad, frente a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a las autoridades mundiales para que pusieran en marcha los protocolos sanitarios oportunos en sus países a fin de prevenir el contagio. Incluso, intentó sacar rédito electoral de este asunto culpando a los demócratas de politizar el insignificante brote del coronavirus en EE.UU. En una rueda de prensa celebrada a mediados de marzo, dijo que la vida volvería a su curso normal después de la Pascua cristiana, es decir, para después del 12 de abril.

Todas estas alertas no bastaron en su día para que el dirigente de la primera superpotencia mundial antepusiera la salud y el bienestar de sus ciudadanos al beneficio económico de las grandes corporaciones, cuyas aportaciones por vía tributaria alimentan el engranaje de la maquinaria imperial de Estados Unidos. Finalmente no le quedó más remedio que rendirse ante las altas cifras de enfermos contagiados con COVID-19 que acudían a los centros hospitalarios, cuyas imágenes dantescas difundían los medios de comunicación locales, y acabó declarando el estado de emergencia en toda la nación.

Esta tardía reacción del líder republicano, de algún modo, constató la incapacidad de del sistema de asistencia sanitaria estadounidense para responder a la afluencia masiva de pacientes con COVID-19, en especial, en el estado de Nueva York.

Muchos expertos critican la gestión del magnate neoyorquino, más cuando se reveló que la Administración Trump en 2018 comenzó a recortar los fondos designados al equipo epidemiológico responsable de combatir los brotes infecciosos en EE.UU., provocando el lento desmantelamiento de sus instalaciones. Además, la Casa Blanca ajustó los presupuestos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) y de otros centros de salud pública.

El Gobierno del Reino Unido, presidido por Boris Johnson, tampoco tomó en serio las alertas sanitarias de la OMS y tardó su tiempo en darse cuenta del grave peligro que representaba este patógeno.

El Ejecutivo conservador del corte neoliberal, Johnson, ya tarde, procedió a promover políticas basadas en estrategias de “inmunidad colectiva”, con la ilusión de controlar la catástrofe humanitaria en su país.

Dado que esta estrategia se basa en la inmunidad colectiva, una vez que gran número de personas se contagian con el patógeno, es esencial que el sistema sanitario dé una respuesta adecuada y acorde al número de pacientes que, sin duda, acudirán a recibir tratamiento, algo que no ha ocurrido en el Reino Unido, según denuncian los medios de comunicación local.

La reacción de Trump y Johnson ante esta pandemia global les afectará a nivel nacional e internacional, ya que son los garantes del modelo neoliberal en el mundo.

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