Internacionales Salud

Pandemia, geopolítica y colapso

Coronavirus España
Escrito por Debate Plural

Miguel Muñiz Gutiérrez (Mientras Tanto, 8-4-20)

 

Vivimos una realidad impensable hace un mes. La pandemia y el despliegue asociado a ella (confinamiento incluido) nos han cogido por sorpresa.

La respuesta inicial ha sido aprovechar el confinamiento para reflexionar. Pero pasadas ya casi tres semanas es necesario arriesgarse desde la filosofía de “La doctrina del shock» y, contando con las recientes declaraciones de su autora sobre la pandemia, denunciar maniobras para sacar beneficios económicos, sociales y políticos de esta crisis. Basta seguir las informaciones que llegan desde la UE, o los posicionamientos de los diversos partidos nacionalistas en España (nacionalismo español incluido) para comprobar que, tras el discurso del entre todos, y el aplauso tan necesario como inútil de cada tarde, los poderes, por mínimos que sean, hacen cálculos para aprovechar el coronavirus y consolidar su situación en el después de.

Información, desinformación e intoxicación informativa son campos de batalla sobre percepciones de los conflictos, y las percepciones son el factor que más cuenta en sociedades con mayoría de clases acomodadas, lo que plantea una exigencia de investigación.

La información sobre el virus, impactos en la salud y en los ecosistemas, origen, franjas de edad de sus víctimas, dispersión territorial, vacunas, perspectivas futuras, etc., obliga a investigar con urgencia. En este mismo boletín se reproduce un riguroso análisis del periodista Daniel Bernabé que denuncia la intoxicación informativa sobre la dispersión mundial de la pandemia y las finalidades que cumple.

Estos apuntes, también de urgencia, intentan extraer consecuencias de informaciones y reflexiones realizadas hasta el momento. Se centran en: 1) lo que la pandemia está mostrando desde la reflexión sobre el colapso ecológico y social y, 2) lo que aporta al contraste entre globalización y geopolítica.

1) Pandemia y reflexión sobre el colapso

Centrándonos en España, y diferenciando entre impacto real y percepción, hay que señalar que, respecto al primero, las informaciones apuntan a una mayoría de víctimas entre las clases subalternas. Habrá que esperar balances completos, para lo que aún faltan meses, que confirmen o desmientan este primer apunte. Tambien se han dado casos de insolidaridad, que será necesario seguir para ver hacia dónde evolucionan.

En cuanto a percepción, el discurso se basa en la idea de una crisis que superaremos para recuperar la normalidad, combinada con un confuso esto nos cambiará a todas y todos. Centrémonos en la diferencia entre esa normalidad en relación a la mayoría que no se implica en conflictos sociales, o en relación a la numerosa minoría que sí que se implica. Para el primer grupo, el mensaje continuo de los medios es normalidad como sinónimo de vuelta a lo de siempre, la cual, combinada con esto nos cambiará, abre camino a todo tipo de especulaciones. La numerosa minoría para quienes normalidad significa volver a reivindicar, interpreta en cambio el coronavirus como una variable más en torno a la problemática con la que se identifica; con la excepción de un sector de esa misma minoría consciente del colapso, que abre dos vías de análisis.

Desde postulados ecosocialistas, la pandemia se interpreta como urgencia para afrontar cambios humanos antes de que todo vaya a peor. Esta urgencia, sin embargo, sólo se expresa en textos genéricos, sin destinatarios definidos y sin propuestas concretas de intervención social, combinando denuncia y medidas paliativas.

Desde postulados colapsistas, la pandemia se considera un factor más de aceleración de conflictos ya existentes. Se teoriza sobre la gestión de la pandemia (especialmente el confinamiento) como experimento a gran escala y de largo alcance de ingeniería social desarrollado desde el poder. Sin un trabajo de investigación concienzudo, esa hipótesis puede derivar hacia el subgénero de las teorías conspirativas.

Y también se da la hipótesis colapsista fetén: el coronavirus como crisis definitiva del capitalismo; la que se ha repetido en cada ocasión en que se ha producido una crisis.

En general, y para las izquierdas, la pandemia agrava sus carencias, muestra la banalidad y falta de estructura de su discurso político. Un discurso a la defensiva que se desarrolla en clave de re (recuperar, reinventar, repensar, reelaborar, reconstruir, revertir, etc.). A medida que se recrudecen conflictos sociales y ecológicos, las políticas de la diversidad y el activismo virtual se refuerzan como vías de escape de una realidad cada vez más dura.

2) La pandemia y el contraste entre globalización y geopolítica

La evidencia de un mundo multipolar ha puesto en cuestión el discurso de la globalización como marco de referencia crítico. La pandemia ha dado un nuevo impulso a este cuestionamiento.

Hace casi dos décadas que China es un referente mundial. Pero las interpretaciones que se han dado a este hecho desde la globalización, comenzando por la idea de fábrica del mundo, siempre han pasado por simplificar una sociedad de enorme complejidad y contradicciones internas. El coronavirus ha creado nuevas simplificaciones, ahora bajo la forma de tópicos contrastes entre Oriente y Occidente, tópicos que serían rechazados si se aplicasen a aspectos de Occidente. Byung-Chul Han, profesor de filosofía de origen coreano que trabaja en Alemania, ha analizado con detalle varios de esos tópicos. La globalización como clave interpretativa falla, es la geopolítica la que permite entender el papel desarrollado por China en la crisis del coronavirus.

La pandemia también refuerza el peso geopolítico de Rusia y China como áreas con dinámicas propias. Y ha remarcado, una vez más, el papel de la aparentemente insignificante Cuba, algo vergonzosamente silenciado en la mayoría de medios. El recurso a pedir ayuda a los gobiernos de Rusia, China, o Cuba desde otros países, incluidos algunos europeos, frente al egoísmo irracional del gobierno de EE.UU casi no aparece en los medios, se trata entre el silencio calculado y la manipulación sutil.

Hasta ahora la pandemia ha evidenciado cosas inquietantes y ha reforzado otras que ya se sabían o intuían. La lógica elemental apunta al crecimiento como causa de fondo pero el crecimiento no se puede poner en cuestión, por lo que las alternativas globales dejan de tener sentido.

Recapitulando:

– La pandemia ha demostrado que el factor desencadenante de una crisis global, que puede derivar en colapso, no tiene por qué provenir de las tres variables más tratadas en los análisis y pronósticos: cambio climático, crack petrolero y sistema financiero no han causado la situación actual, aunque los tres resultarán afectados.

– Existe un amplio catálogo de catástrofes en potencia, desequilibrios e impactos ambientales, cualquiera de los cuales puede desencadenar una reacción en cascada. No se trata de un “cisne negro”, de un factor imprevisible, sino de un factor perfectamente previsible resultante de la lógica destructiva del neoliberalismo que se activa en un momento imprevisible.

– Más allá de personas muertas o enfermas, los efectos sociales de la pandemia están por llegar. Cuando acabe oficialmente el estado de alarma y se afronten las consecuencias de la paralización económica, las desigualdades se acentuarán, y la conflictividad social aumentará.

– También son de temer las consecuencias del efecto rebote que se producirá al final de ese parón económico que se ha publicitado como beneficioso para el medio ambiente en términos de reducción de tráfico, aire limpio y fotos nítidas tomadas desde el espacio.

– La hegemonía, en el sentido gramsciano de proporciones variables de persuasión más coacción, resulta clave para la gestión de la pandemia. Pensemos en qué valores fundamentan la hegemonía en China, Corea, Rusia, Japón, Cuba, etc., y cuáles son operativos en los países de la UE. La respuesta al colapso actual y a otros futuros está ahí. La hegemonía no se construye en un mes, ni se cambia con manifiestos o declaraciones genéricas.

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