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El abominable mundo ficticio de Juan Guaidó

Escrito por Debate Plural

Enoc Sánchez (Aporrea, 21-2-20)

 

Por lo general es frecuente escuchar la palabra conciencia en boca de diversas personas, tanto en los medios de comunicación, en el púlpito religioso, en las reuniones sociales, o general en diversos escenarios. La pregunta que me hago es ¿qué es la conciencia? Quizás, cada persona tiene su propio concepto sobre este término. Como yo no lo tenía me puse a indagar y deduje que la conciencia son los conocimientos que de las personas sobre un hecho en particular. De acuerdo con esto el cerebro del ser humano posee varias conciencias: la histórica, la cultural, la moral y la individual. Dejo libertad a los lectores de agregar otras.

La conciencia histórica se refiere al cúmulo de conocimientos que un sujeto posee sobre acontecimientos nacionales e internacionales sucedidos a lo largo de todas las épocas. Somos lo que somos como consecuencia de las efemérides que dieron lugar a lo que somos actualmente. De manera similar, la conciencia cultural es el cúmulo de conductas adquiridas consecuencia de los comportamientos heredados y aprendidos de generación tras generación. La conciencia moral son los valores éticos que los seres humanos atesoran en su cerebro, los cuales les permiten comportarse apropiadamente dentro de la sociedad y la conciencia individual, la que forja cada sujeto como resultado del coctel de todos los anteriores, más sus propios aportes. Ciertamente, somos lo que somos por la mixtura de todas estas conciencias.

También es frecuente escuchar frases como «examen de conciencia» y «la voz de la conciencia» ¿quién nos evalúa y en este caso, quién nos habla? Esto ocurre algunas veces cuando uno apela a esa conciencia, es decir, a todos aquellos elementos que tenemos acumulados en el cerebro para justipreciarnos y así saber si estamos procediendo bien, mejor dicho si sabemos utilizar de forma adecuada aquellos conocimientos. Es cuando la conciencia nos habla. Afirma el filósofo venezolano Ernesto Mayz Vallenilla «que la voz de nuestra conciencia cultural es la necesaria conexión de nuestro Presente con el Pasado y con el Porvenir». Si tenemos conciencia de lo hemos vivido, podremos interpretar el presente para planificar planes futuros.

La pregunta que debe surgir en la pensadora del lector es ¿Qué carajo tiene que ver toda esta disertación con el gafo Guaidó?

No soy siquiatra, tampoco psicólogo, mucho menos especialista en el comportamiento humano, peo si soy una de las millones de víctimas de las nefastas actuaciones de este esperpento político llamado Juan Guaidó, que por desgracia tuvo que nacer en Venezuela. Veamos lo siguiente:

No me voy a detener en todas las metidas de pata de Guaidó, porque son muchas y no me alcanzaría el espacio para describirlas, me voy a detener en las más emblemáticas.

Juan Guaidó buscó como aleado al gobierno de EEUU, personificado por el criminal Donald Trump y la de sus fieles vasallos, los primeros ministros y presidentes de la UE. Como se aprecia, este mequetrefe carente de dignidad y de «conciencia histórica», parece desconocer que las compañías petroleras gringas y algunas europeas (Los Países Bajos y el Reino Unido) explotaron y saquearon las riquezas petroleras por más de cien años, no solo la de Venezuela sino la de todo el mundo, especialmente las de los países del Medio Oriente. Tal despojo se hizo a través de los monopolios ejercidos por sus empresas petroleras (las siete hermanas), a tal grado que todo lo que hoy sufre Irak, Siria, Libia y otros países, tiene por objetivo que dichas potencias, USA y sus socios, despojen de nuevo el crudo enterrado en las entrañas del desierto y del petróleo oculto en nuestra tierra soberana. Si el majadero Guaidó tuviese conciencia de un poco de Historia Universal, estaría al tanto de las aciagas aspiraciones del gobierno de EEUU, sea demócrata o republicano. Estos no son amigos de ninguna nación, solo tiene intereses económicos y por lo tanto, es el peor aleado.

Juancito Alimaña, no tiene conciencia cultural, desconoce la idiosincrasia de nuestro pueblo. Las enseñanzas que le dieron en la UCAB lo alejaron de conglomerado que conforma Venezuela: obreros, campesinos, estudiantes, madres, ancianos, pueblos originarios, entre tantos. Tan solo un abominable individuo que pide la aplicación de sanciones económicas y financieras para hacer sufrir a sus coterráneos, puede pensar que, ante su vil actuación, el pueblo no va a reaccionar. Ya probó su propia salsa en el estado La Guaira, allá experimentó el rechazo de un pueblo arrecho, obstinado de su jalabolismo y de la ignominia perpetrada contra millones de seres para congraciarse con su amo del norte.

Para actuar bien hay que asumir valores morales, en caso contrario se está en presencia de un miserable mal nacido. Juan Guaidó carece de conciencia moral, lo que tiene es conciencia de malhechor. Sus actuaciones apuntan a la acumulación de caudales, sin importar que tales dineros sean robados. Peor aún, sustraídos para repartírselos entre los gobernantes de las grandes potencias y otra parte parte que le corresponde a él, junto a sus secuaces de VP. Dichos activos son los bienes pertenecientes a todos los venezolanos para mejorar sus condiciones de vida, de salud, vivienda, educación y las inversiones necesarias para optimizar la infraestructura de nuestro país. Un sujeto que carezca de conciencia moral merece ser execrado de la sociedad.

Lo que si posee el canalla de Juan Guaidó es conciencia individual, fue esta la que le permitió forjar su abominable mundo ficticio por encima de la conciencia colectiva de millones de venezolanos. Lo lamentable de todo esto es que, como este títere está falto de conciencia histórica, conciencia cultural y conciencia moral sus metidas de pata son consuetudinarias, no paran y la nueva supera a la anterior. Su primera actuación política fue la pelada de las nalgas que hizo, junto a otros tarados iguales a él, en una lugar público como señal de protesta contra el gobierno bolivariano. De allí en adelante sus episodios rebasan los niveles de estupidez y lo peor no es esto, como buen gafo se siente orgulloso ante sus electores de la forma descarada de jalar bola a su amo del norte.

El mundo aborrecible de Juan Guaidó es imaginario, solo existe en su cerebro enfermo, en ese mundo él es el presidente donde: tiene un 80 % de venezolanos a su favor; la mayoría de sus compatriotas esperan la «ayuda humanitaria» que traerán los marines yaqui; las «ovaciones» de los presidentes de las potencias de UE y de EEUU se traducirán en votos en Venezuela; las sanciones de Donald Trump, solicitadas por él, que benefician a la mayoría de los venezolanos; sus compatriotas piden a gritos que apliquen más sanciones; él es el comandante en jefe de la FANB, donde los generales del ejército venezolano se pararán firme a manera de saludo; los empleados de CONVASA los llamaron llorando para pedirle perdón; los empleados del SAIME le enviaron una CI vencida y con una foto de cuando era carajito; Leopoldo López va a ser su vicepresidente; sus «embajadores» resuelven problemas diplomáticos; él es un hombre honrado y que sus viajes por el mundo no se lo van a cobrar después, en el caso negado, de gobernar a Venezuela; su papá ruletero, dueño de una flota de taxis en España, hizo fortuna con su trabajo; él no tiene nada que ver, ni con los rastrojos ni con el ladrón Betancourt López, primo de Leopoldo López; sus manifestaciones en Venezuela son multitudinaria, entre tantas utopías que su cerebro enfermo conjetura y las cree.

El apoyo de Donald Trump, el de sus siervos de la UE y del cartel del Lima, además de las maquinaciones que concibe el cerebro enfermizo de JG, han creado un monstruo, un ser desalmado capaz de hacerle mal a millones de personas sin ningún tipo de remordimiento. La voz de la conciencia de este abominable ser lo arrastra hacia consumar acciones funestas. Quizás exista un tratado de teratología moral que pudiera explicar el comportamiento de este bribón y una vez diagnosticado su padecimiento, debería ser recluido en un nosocomio de donde nunca pueda salir. Y para refrescarle la conciencia histórica de JG voy a copiar las palabras textuales de Cecilio Zubillaga, un destacado escritor venezolano: «… la doctrina Monroe, que es hoy, como en su nacimiento, unilateralmente utilitaria para el coloso que planea sobre esta «Subamérica», que según Jefferson tiene forma de jamón, y que el Tío Sam debiera agarrarla con un trinchete». Lee que algo queda.

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