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El bando francés de la colonización ‎al asalto de Siria y Mali

Escrito por Debate Plural

Thierry Meyssan (Red Voltaire, 15-2-20)

26- La segunda guerra contra Siria

El 18 de julio, una explosión destruye la sede del Consejo de Seguridad Nacional en Damasco. ‎El general Daud Rajha, ministro de Defensa; el general Assef Chawkat, jefe de la inteligencia ‎militar y cuñado del presidente Assad; y el general Hassan Turkmani, presidente del Consejo ‎de Seguridad sirio mueren en ese atentado. El general Hicham Ikhtiar, jefe del contraespionaje, ‎fallece poco después debido a la gravedad de sus heridas. Al parecer, un traidor había instalado ‎una bomba en una lámpara cenital, pero no es imposible que se tratara en realidad de un misil ‎disparado desde un drone. Ese atentado decapita las fuerzas armadas y los servicios de ‎seguridad sirios. Los combates se extienden por toda la ciudad y citadinos mueren en las calles. ‎La mayoría de los habitantes huyen de la capital siria. ‎

Al referirse al atentado que ha costado la vida a los miembros del Consejo de Seguridad Nacional ‎sirio, los dirigentes occidentales se niegan a condenar el terrorismo. Estiman que las víctimas de ‎este atentado sólo tuvieron lo que merecían. ‎

Los mercenarios que atacan la capital siria traen planes y blancos bien definidos. Una unidad ‎ataca mi domicilio, en el barrio de Mezzeh, al extremo de la ciudad, frente a un extenso campo ‎de nopales. El ejército instala un mortero en la azotea de mi edificio, para mantenerlos a raya. ‎Tres días después, al terminar la batalla, los cuerpos hallados en el campo de nopales son ‎identificados como pakistaníes y somalíes. En otros lugares de la capital, los mercenarios ‎muertos son tunecinos y afganos, entre otras nacionalidades. Son hombres que sólo habían ‎pasado un breve periodo de adiestramiento en el manejo de armas, en Jordania, a veces no más ‎de una semana. Las unidades estaban organizadas por nacionalidades, pero no constituían un ‎ejército en el verdadero sentido de esa palabra, ya que carecen de estructura jerárquica. Muchos ‎de sus miembros no saben absolutamente nada de Siria, algunos incluso creen que están ‎salvando a los palestinos de Israel. ‎

Se instala un estudio de televisión en los sótanos del hotel Dama Rose, el mismo hotel donde el general noruego ‎Robert Mood y los observadores de la ONU esperan cómodamente a que todo termine. ‎Su presencia allí, garantiza la seguridad del inmueble. El gobernador del Banco Central sirio, Adib ‎Mayaleh, comparece ante las cámaras para desmentir las informaciones de las televisiones Al-‎Jazeera, de Qatar, y Al-Arabiya, de Arabia Saudita, que anuncian un derrumbe de la libra siria. ‎ArabSat y NileSat cierran las transmisiones de las televisiones sirias que aún salían al aire a través de esos dos satélites. Mientras tanto, la CIA piratea la cuenta de Twitter del canal sirio Ad-‎Dounia para anunciar la retirada del Ejército Árabe Sirio y la caída del régimen. Cuando ‎las televisiones sirias “reaparecen” en ArabSat y NileSat, las señales ya no vienen de Siria sino ‎de Australia y se transmiten desde una base de la National Security Agency (la hoy célebre NSA ‎estadounidense). En Qatar, France24 participa en las reuniones del pool de medios de difusión ‎convocados para transmitir la propaganda de la OTAN. El plan prevé la difusión coordinada de un ‎conjunto de reportajes, filmados en estudios o al aire libre, o fabricados con imágenes ‎computarizadas, que “muestran” la huida del presidente Assad y la caída de la «dictadura ‎alauita». A pesar de todo, el Estado sirio resiste y los mercenarios se repliegan de Damasco. ‎

En el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China oponen su tercer veto a un proyecto de ‎resolución que pretendía autorizar una intervención militar occidental. Estados Unidos retrocede. ‎Los reportajes de las falsas televisiones sirias que supuestamente muestran la fuga del presidente ‎Assad nunca llegarán a transmitirse. ‎

‎El 24 de julio, el rey Abdallah de Arabia Saudita recompensa al príncipe Bandar ben Sultán por el ‎ataque contra Damasco y lo nombra jefe de los servicios secretos del reino. Sólo 4 días ‎después, una explosión destruye la oficina del príncipe Bandar, que resulta gravemente herido, y ‎yo anuncio prematuramente su muerte. En realidad, quien muere en la explosión es Mishaal al-‎Qani, el segundo del príncipe Bandar. El príncipe tendrá que pasar todo un año hospitalizado y ‎nunca logrará recuperar todas sus facultades. ‎

La prensa revela que el presidente Barack Obama ha firmado una directiva que autoriza una ‎intervención militar secreta bajo la coordinación de la OTAN. Consciente de que todos ‎sus esfuerzos serán aprobados públicamente y saboteados en secreto, Kofi Annan renuncia, el 2 ‎de agosto, a sus funciones como mediador. ‎

El 5 de agosto, el «Primer Ministro» sirio, Riad Hijab, huye del país, con ayuda de la DGSE ‎francesa. La nueva deserción tiene más valor simbólico que la del ‎general Manaf Tlass, pero carece de importancia a nivel ejecutivo. Hay que recordar que Siria es ‎el Estado más antiguo del mundo. Constituida hace 6 000 años en una tierra de tránsito donde ‎confluyen múltiples culturas, Siria aprendió a perdurar organizándose de manera secreta. ‎Hoy en día, el presidente Bachar al-Assad es el único jefe visible del Ejecutivo. Assad responde ‎ante el pueblo y preside 3 círculos concéntricos. En primer lugar, el Gobierno, que dirige ‎la administración. Sus ministros son de hecho equivalentes a los directores de la administración ‎central en un país como Francia. Más arriba están los consejeros del Palacio, con autoridad sobre ‎los ministros. Y luego, los consejeros privados del Presidente, con quienes este último toma sus ‎decisiones. Es un régimen republicano, ya que el Ejecutivo actúa en función del interés general y ‎el Pueblo puede sancionarlo, pero no es democrático en la medida en que las decisiones más ‎importantes no se discuten en público. Riad Hijab nunca fue un verdadero “Primer Ministro” –función que ‎no existe en la Constitución siria– sino secretario del Consejo de Ministros, lo cual es muy ‎diferente en ese sistema. Su función consistía en recibir el orden del día y las directivas ya ‎trazadas por el Palacio para transmitirlas a los ministros y recibir de estos la información sobre las ‎actividades de sus ministerios. Contrariamente a la muerte de los miembros del Consejo de ‎Seguridad Nacional, la deserción de este personaje carece de importancia. ‎

Aún recuerdo incluso mi asombro cuando, en una reunión a la que asistí meses antes, el general ‎Hassan Turkmani me preguntó qué aconsejaba yo sobre un asunto de gran importancia. ‎Al responder sugerí, entre otras cosas, que habría que poner al tanto al “Primer Ministro” Hijab. ‎El general me respondió, con una sonrisa: «Es una decisión demasiado grave para que ‎lo molestemos a él.»‎

Para París todo es válido, hasta los golpes más bajos. La DGSE logra reclutar a un consejero del ‎presidente Assad, pero esa fuente no tiene acceso a los secretos de Estado. Más tarde, el 17 de ‎agosto de 2012, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, declara públicamente: «Estoy ‎consciente de la fuerza de lo que estoy diciendo: el señor Bachar al-Assad no merecería estar ‎sobre la tierra.» Se trata de una posición que resulta como mínimo sorprendente de parte de un ‎ministro a cargo de la diplomacia de un Estado contrario a la pena de muerte. ‎

En septiembre, el presidente Hollande y el propio Fabius se reúnen en Nueva York con ‎el entonces primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan para organizar los homicidios de sus ‎homólogos sirios: el presidente Bachar al-Assad y el ministro de Exteriores Walid Moallem ‎. ‎

No es la primera vez que la Francia de la V República trata de asesinar a un presidente extranjero. ‎En 2008, el entonces presidente Nicolas Sarkozy envió a Caracas un equipo de asesinos ‎encabezado por «Frederic Laurent Bouquet», encargado de matar al presidente venezolano ‎Hugo Chávez. Aquella misión no tuvo éxito, ‎como tampoco lo tendrá la ordenada contra el presidente de Siria. La DGSE trata de utilizar el ‎personal de limpieza del Palacio, varios kurdos a los que cree poder manipular. Pero el complot ‎es descubierto. ‎

El 12 de diciembre, mientras participa en la 4ª conferencia de los «Amigos de Siria», en ‎Marrakech, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, muestra su descontento ante la ‎decisión de la Casa Blanca de incluir el Frente al-Nusra (vinculado a al-Qaeda) en la lista de ‎organizaciones terroristas. En la conferencia de prensa final de la reunión, Fabius afirma que ‎‎«todos los árabes están resueltamente en contra» de la posición estadounidense «porque, en ‎el terreno, ellos [al-Qaeda] están haciendo un buen trabajo». «Eso es muy claro, y esa es ‎también la línea del presidente de la Coalición», agrega Fabius, refiriéndose al presidente de la ‎Coalición Nacional Siria, que reúne a la oposición externa. ‎

En menos de 10 años, Francia –el país que había sido aclamado en el Consejo de Seguridad de ‎la ONU cuando Dominique de Villepin pronunció su discurso contra la invasión de Irak– se ‎ha rebajado a la categoría de «Estado renegado» o «Estado canalla», recurriendo al asesinato ‎político –o al menos, en lo que me concierne, a los intentos de asesinato– y apoyando ‎terroristas islamistas contra un Estado laico. Peor aún, Francia ya ni siquiera disimula su regreso ‎a inconfesables ambiciones: el 25 de septiembre, el presidente Hollande solicita en la ONU ‎autorización para «proteger las zonas liberadas», o sea el restablecimiento paulatino del ‎mandato colonial que la Sociedad de las Naciones había concedido a Francia de 1923 a 1944. ‎

Durante el siguiente año, Francia mantiene la ficción de que los elementos que luchan contra el ‎gobierno sirio son militares sirios desertores. Ese es el mito del llamado «Ejército Sirio Libre» ‎‎(ESL), cuyos miembros supuestamente luchan por la democracia. Sin embargo, en 5 años de ‎conflicto nunca se ha presentado absolutamente ninguna imagen de alguna manifestación donde ‎se reclame democracia. Lo máximo que podría encontrarse es algún que otro eslogan a favor de ‎la «libertad». Pero no se trata de la Libertad que reclamaban los revolucionarios franceses –‎cuyo ejemplo inspira al Baas sirio– sino de todo lo contrario ya que esos manifestantes lo que ‎reclaman es el derecho de aplicar «libremente» su propia interpretación de la sharia, o sea de ‎la ley islámica. ‎

Varios escándalos incluso contradicen la narrativa occidental sobre lo que sucede en Siria. El 13 ‎de mayo de 2013, uno de los cabecillas de la Brigada al-Faruk (del «Ejército Sirio Libre») divulga ‎un video donde se le ve comer las entrañas de un soldado del Ejército Árabe Sirio mientras ‎declara: «Juramos ante Dios que devoraremos los corazones e hígados de ustedes, soldados ‎de Bachar. ¡Oh, héroes de Baba Amro, masacrad a los alauitas y sacadles el corazón para ‎comerlo!». La imagen del «Ejército Sirio Libre» queda también muy malparada cuando ‎sus miembros perpetran la matanza de cristianos de al-Duvair.‎

El 11 de enero de 2013 surge una nueva contradicción en la política exterior francesa, ya no entre ‎la retórica y la práctica sino en el seno mismo de sus alianzas. Según dice el proverbio, «el ‎apetito viene cuando empezamos a comer» y Francois Hollande decide iniciar una intervención ‎militar en Mali. No es este otro episodio de la primavera árabe sino de una consecuencia directa ‎de la destrucción de la Yamahiriya Árabe Libia, consecuencia que Mohamed Siala, ministro de la ‎Cooperación de Muammar el-Kadhafi y administrador del fondo soberano libio, había anunciado ‎con gran antelación.

Los tuaregs son un pueblo nómada que vive en el Sahara Central y en los bordes del Sahel, ‎enorme territorio que comparten Libia y Argelia, así como Mali y Níger. El pueblo tuareg obtuvo ‎la protección de Libia y de Argelia, mientras que Mali y Níger lo abandonaban a su suerte. Es por ‎eso que, desde los años 1960, los tuaregs han venido impugnando la soberanía de Mali y Níger ‎sobre el territorio que ellos habitan. Muy lógicamente, los grupos armados por Francia ‎finalmente decidieron hacer valer sus reclamos en Mali. El Movimiento Nacional para la ‎Liberación de Azawad (MNLA) toma entonces el poder en casi todo el norte de Mali, donde viven ‎los tuaregs. Pero Ansar Dine, un grupúsculo de tuaregs islamistas entrenado por Arabia Saudita y ‎vinculado al AQMI (al-Qaeda en el Magreb Islámico) aprovecha la situación para imponer ‎la sharia en varias localidades. ‎

El 21 de marzo, se produce en Mali un extraño golpe de Estado. Un misterioso «Comité Nacional para la Rectificación de la Democracia y ‎la Restauración del Estado» (CNRDRE) derroca al presidente Amadou Toumani Touré y declara ‎querer restaurar la autoridad maliense en el norte del país. La asonada en realidad crea la ‎mayor confusión ya que los golpistas son incapaces de explicar de qué manera su golpe ‎de Estado puede mejorar la situación. El derrocamiento del presidente resulta tanto ‎más extraño cuanto que faltaban sólo 5 semanas para la elección presidencial y que ‎el presidente depuesto ni siquiera aspiraba a la reelección. El CNRDRE, que se compone de ‎oficiales formados en Estados Unidos, impide la elección presidencial y pone en el ‎poder a uno de los candidatos, el francófilo Dioncounda Traoré. Esta pirueta recibe el aval de la ‎Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), cuyo presidente de turno ‎no es otro que Alassane Ouattara, a quien las tropas francesas habían puesto en el poder ‎el año anterior en Costa de Marfil. ‎

El golpe de Estado acentúa la división étnica en Mali. Las unidades de élite del ejército –‎entrenadas en Estados Unidos– cuyos comandantes son tuaregs se unen a la rebelión con todo ‎su armamento y medios de combate. ‎

‎Con el apoyo de otros grupos islamistas, Ansar Dine ataca la ciudad de Konna, saliendo así del ‎territorio tuareg para extender la ley islámica en el sur de Mali. El presidente impuesto por ‎los golpistas de marzo, Dioncounda Traoré, proclama el estado de emergencia y pide ayuda ‎a Francia. En cuestión de horas, París interviene militarmente en Mali para impedir la caída ‎de Bamako, la capital del país. El presidente Hollande ya había preposicionado en Mali ‎elementos del 1er Regimiento Paracaidista de Infantería de Marina (conocida en Francia como ‎‎«La Colonial») y del 13er Regimiento de Dragones Paracaidistas, varios helicópteros del Mando ‎de Operaciones Especiales (COS, siglas en francés), 3 aviones de guerra Mirage 2000D, ‎‎2 Mirage F-1, 3 aviones de transporte C135 y 2 aviones más de transporte militar –un C130 ‎Hercule y un C160 Transall.‎

Es una operación militar bien ejecutada, pero que designa como enemigo a al-Qaeda, cuando ‎en realidad apunta contra los independentistas tuaregs. Pero se trata del mismo al-Qaeda que, ‎según Fabius, «está haciendo un buen trabajo» en Siria y que constituye el «Ejército Libre ‎Sirio»… respaldado por Francia. Presa del pánico, la presidencia de Francia ordena al ejército ‎francés que interrumpa su avance en Mali para que los consejeros militares qataríes de ‎los yihadistas puedan replegarse. Qatar rompe sus relaciones privilegiadas con Francia mientras ‎que, en el escenario sirio, el «Ejército Libre Sirio» organiza manifestaciones donde se corea: ‎‎«Los franceses son cochinos. Nuestra nación [islámica] saldrá victoriosa». ‎

Francois Hollande trata de reparar su estúpido error reconciliándose con su benefactor, el emir ‎qatarí al-Thani. Viaja apresuradamente a Doha, donde la acogida es glacial. Sin embargo, ‎como la naturaleza no aprecia el vacío, Arabia Saudita y Turquía se apresuran a tomar el lugar ‎de Qatar.‎

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