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Una sesión parlamentaria revela los auténticos objetivos de Trump en Irak

Escrito por Debate Plural

Whitney Webb (Rebelion, 17-1-20)

 

Estados Unidos insiste en que el asesinato de Qasem Soleimani y su negativa a salir de Irak responden a la necesidad de proteger a los estadounidenses, pero una sesión del Parlamento iraquí poco divulgada muestra que el reforzamiento de las relaciones de China con Bagdad podría ser la causa de la nueva estrategia estadounidense en la región.

Desde que Estados Unidos asesinó al general iraní Qasem Soleimani y al líder de la milicia iraquí Abu Madhi al-Muhandis a mitad del pasado enero, la explicación oficial ha sido que sus muertes eran necesarias para prevenir una vaga (aunque supuestamente inminente) amenaza de violencia hacia los estadounidenses, aunque el presidente Trump ha afirmado que “en realidad no importa” si Soleimani o sus aliados iraquíes suponían una amenaza inminente.

Ahora que parece que la situación entre Irán, Irak y Estados Unidos se ha suavizado, al menos de momento, vale la pena repasar el factor desencadenante de las tensiones entre estos dos países e Irán que han conducido hasta el asesinato de Soleimani ordenado por Trump con el fin de comprender uno de los motivos más subestimados a la hora de explicar la política de Trump con Irak: evitar que China expanda su posición en Oriente Medio. De hecho, se ha sugerido que la elección del momento oportuno para el asesinato se relaciona con el papel diplomático que estaba ejerciendo Soleimani en Irak y con su apoyo a Irak para recuperar su independencia con el petróleo, empezando por la firma de un nuevo gran acuerdo petrolero con China.

Aunque últimamente los medios de comunicación parecían muy preocupados por el alcance de la influencia iraní en Irak, los acuerdos recientes firmados por este país con China (especialmente en el sector petrolero) son responsables de gran parte de lo acontecido en Irak en los últimos meses, al menos según el primer ministro iraquí Adil Abdul-Mahdi, actualmente en funciones.

Al parecer, gran parte de la presión ejercida sobre el gobierno iraquí con respecto a China ha tenido lugar de manera encubierta y a puerta cerrada, manteniendo la preocupación de la administración Trump sobre el aumento de las relaciones entre China e Irak fuera del escrutinio público, quizás por temor a que un altercado público podrían agravar la “guerra económica” entre China y EE.UU. y poner en peligro las iniciativas para resolverla. En todo caso, y sean cuales sean las razones, las pruebas muestran que Estados Unidos está tan preocupado por la presencia china en Irak como con la de Irán. Esto se debe a que China tiene los medios y la capacidad para socavar espectacularmente no solo el control estadounidense sobre el sector petrolero iraquí, sino todo el sistema de petrodólares (¿?), del que depende directamente el estatus de Estados Unidos como superpotencia económica y militar.

Detrás del telón: un relato diferente de las tensiones EE.UU.-Irán

El primer ministro iraquí en funciones, Adil Abdul-Mahdi realizó una serie de observaciones en sesión parlamentaria el 5 de enero que, sorprendentemente, pasaron casi desapercibidas en los medios de comunicación. En esa sesión, en la que el Parlamento iraquí aprobó también la retirada del país de todas las tropas extranjeras (incluyendo las estadounidenses), Abdul-Madhi hizo una serie de afirmaciones que no fueron retransmitidas por televisión porque el presidente de la Cámara (Mohamed Al-Halbusi, que posee estrechos lazos con Washington) exigió que el video fuera cortado. Curiosamente, Al-Halbusy asistió a la sesión parlamentaria a pesar de que esta había sido boicoteada por los representantes suníes y kurdos, aliados suyos.

Cuando la señal de video fue cortada, algunos parlamentarios allí presentes anotaron las observaciones de Abdul-Mahdi, que fueron enviadas al canal de noticias árabes Ida’at. Según dicha transcripción, Abdul-Mahdi afirmó que:

“Son los estadounidenses los que han destruido el país y sembrado el terror en él. Se han negado a acabar la reconstrucción del sistema eléctrico y otros proyectos de infraestructuras. Han negociado la reconstrucción de Irak a cambio de llevarse el 50 por ciento de nuestras exportaciones de petróleo. Así que me negué y decidir acudir a China y concluir un importante acuerdo estratégico con ella. Actualmente Trump está intentando cancelar este importante acuerdo”.

Abdul-Mahdi continuó sus explicaciones señalando que las presiones de la administración Trump para que renunciara a las negociaciones y posterior acuerdo con China fueron creciendo con el tiempo, y que llegaron a proferir amenazas de muerte contra él mismo y su ministro de defensa:

“A mi regreso de China, Trump me telefoneó y me pidió que cancelara el acuerdo, a lo que me negué, y entonces me amenazó con [que se producirían] manifestaciones masivas para derrocarme. De hecho, las manifestaciones empezaron a producirse y luego Trump me llamó, amenazando con que se intensificarían en caso de que no cooperara y respondiera a sus deseos, en cuyo caso terceras personas [presumiblemente mercenarios o soldados estadounidenses] dispararían contra manifestantes y fuerzas de seguridad, asesinándoles desde las azoteas de edificios altos y de la propia embajada de EE.UU., con el fin de presionarme, someterme a sus deseos y cancelar el trato con China”.

“No respondí y presenté mi dimisión como primer ministro. Pero, hasta el día de hoy, los estadounidenses siguen insistiendo en que cancele mi trato con China. Cuando el ministro de defensa declaró que el asesinato de los manifestantes había sido obra de terceras partes, Trump me telefoneó inmediatamente y me amenazó físicamente, junto con mi ministro de defensa, en caso de que volviera a mencionar a estas terceras partes”.

Muy pocos medios de comunicación anglófonos informaron sobre los comentarios de Abdul-Mahdi. Tom Luongo, un analista independiente residente en Florida y editor del boletín informativo Gold Goats’n Guns, informó a MintPress de que probablemente el “asombroso” silencio mediático tras las declaraciones de Abdul-Mahdi se debía a que “nunca se produjeron en canales oficiales…” debido al corte del video y al hecho de que Trump está comportándose como ellos quieren que lo haga: está siendo beligerante con Irán y protegiendo los intereses de Israel en la zona”.

“No van a contradecirle mientras les siga el juego”, añadió Luongo, antes de continuar afirmando que, en todo caso, los medios de comunicación “lo guardarían para futura referencia… Si intenta abandonar Irak, si llega a pasar, lo utilizarán en su contra”. “En Washington todo se aprovecha para sacar ventaja”, añadió.

Dada la ausencia de cobertura en los medios y el corte en el video con los comentarios de Abdul-Mahdi, vale la pena señalar que las explicaciones que expuso en el video censurado no solo encajan con el desarrollo de los acontecimientos recientes de los que habla, sino también con las tácticas que ha empleado de forma encubierta la Administración Trump, especialmente desde que Mike Pompeo dejara la CIA para convertirse en secretario de Estado.

Por ejemplo, la delegación de Abdul-Mahdi a China finalizó el 24 de septiembre, y las protestas contra su gobierno que Trump presuntamente amenazó con fomentar comenzaron el 1 de octubre. Las informaciones sobre “terceras partes” abriendo fuego contra los manifestantes iraquíes tuvieron reflejo en los principales medios de comunicación, como la BBC, que afirmó:

“Algunos informes dicen que las fuerzas de seguridad abrieron fuego, pero una fuente en Karbala afirmó a la BBC que fueron tiradores desconocidos… y que uno de los muertos fue un guarda de una mezquita cercana que pasaba por allí casualmente. La fuente afirmó asimismo que se desconocía el origen de los disparos, pero que se habían efectuado tanto contra los manifestantes como contra las fuerzas de seguridad (subrayado añadido).”

En algunas protestas respaldadas por EE.UU. en otros países, como en Ucrania en 2014, también se verificó la existencia de una “tercera parte” que disparó contra manifestantes y fuerzas de seguridad.

Tras seis semanas de intensas protestas, el 29 de noviembre Abdul-Mahdi presentó su dimisión, solo unos días después de que el ministro de asuntos exteriores iraquí loara los nuevos acuerdos suscritos, incluyendo el programa de “petróleo por reconstrucción” firmado con China. Desde entonces, Abdul-Mahdi ha continuado ejerciendo como primer ministro en funciones, hasta que el Parlamento nombre a su sustituto.

Las afirmaciones de Abdul Mahdi sobre las presiones encubiertas recibidas por parte de la Administración Trump se ven reforzadas por el uso de tácticas similares contra Ecuador. En julio de 2018, la delegación estadounidense en la ONU amenazó a Ecuador con sanciones comerciales y la retirada de toda la ayuda militar si ponía en marcha una resolución de las propias Naciones Unidas para “promover, proteger y apoyar la lactancia materna”.

El New York Times informó en la época que la delegación estadounidense pretendía promover los intereses de los fabricantes de leche de fórmula para bebés. Si EE.UU. está dispuesta a presionar de tal modo a las naciones que promueven la lactancia materna, con el fin de promocionar la fórmula para bebés, no es difícil imaginar que esas presiones bajo cuerda sean mucho más intensas si tratándose de un recurso mucho más lucrativo, como el petróleo.

En relación con las afirmaciones de Abdul-Mahdi, Luongo declaró a MintPress que cualquier persona de la Administración Trump pudo hacer esas amenazas a Abdul-Mahdi, no necesariamente el propio Trump. “Lo que no puedo afirmar es con seguridad es que haya sido Trump el que estuviera al otro lado del teléfono. A Abdul-Mahdi le resulta rentable políticamente culpar a Trump de todo. Pero pueden haber sido Mike Pompeo, o Gina Haspel quienes hablaran con él… Podría haber sido cualquiera; lo más probable es que fuera alguien que pudiera negarlo… Esto [las afirmaciones de Mahdi] suena creíble… Yo estoy absolutamente convencido de que Trump es capaz de proferir esas amenazas, pero no creo que vaya a hacerlas directamente. Pero serían totalmente consistentes con la actual política estadounidense”.

Luongo afirmó también que la tensión entre Estados Unidos y el gobierno iraquí se inició semanas antes del acuerdo petrolero entre China e Irak. “Todo esto empezó cuando el primer ministro Mahdi inició el proceso de reapertura de la frontera entre su país y Siria, anunciada el mes de agosto. En septiembre se produjeron los ataques aéreos israelíes para intentar evitar la reapertura, ataques a las Fuerzas de Movilización Popular en el paso fronterizo junto con los atentados en la periferia de Bagdad… Todo esto provocó la cólera de los iraquíes… Entonces Mahdi intentó cerrar el espacio aéreo de Irak, pero no está claro si va a servirle”.

En cuanto a qué tipo de ventaja política podría obtener Mahdi culpando a Trump, Luongo creía que “Mahdi puede aprobar todos los decretos que desee pero, en realidad, ¿hasta qué punto puede evitar que Estados Unidos o Israel hagan lo que consideren que tienen que hacer? Únicamente por vergüenza, por vergüenza diplomática… Para mí [Mahdi] resulta perfectamente creíble, porque mientras ocurría todo esto, probablemente Trump, o cualquier otro, ha estado intimidándole [a Mahdi] para lograr los contratos para la reconstrucción de los campos petroleros [en Irak]… Trump ha afirmado explícitamente: `Queremos el petróleo´”.

Como señala Luongo, de todos es conocido el interés de Trump porque Estados Unidos se lleve una buena parte de los beneficios del petróleo iraquí. El pasado marzo, cuando estaban terminando un encuentro en la Casa Blanca, Trump preguntó a Abdul-Mahdi: “¿Qué pasa con el petróleo?” A lo que Mahdi respondió: “¿Qué quieres decir?” Y Trump: “Bueno, hemos hecho muchas cosas aquí, hemos gastado billones, y mucha gente está hablando de petróleo”, lo que se interpretó como que Trump exigía una parte de los beneficios del petróleo iraquí a cambio del exorbitante coste de la presencia, ahora no deseada, de las tropas estadounidenses en Irak.

Una vez fracasada la propuesta de “petróleo por reconstrucción” de Trump, a favor de la de China, parece factible que la Administración Trump echara mano de las tácticas de la llamada “diplomacia gansteril” para intentar que Irak aceptara la propuesta de Trump, especialmente porque el trato con China era mucho más favorable. Mientras Trump quería la mitad de la producción petrolera a cambio de completar proyectos de reconstrucción (según Abdul-Mahdi), el acuerdo firmado por Irak y China concedería a esta el 20 por ciento de los ingresos por petróleo a cambio de reconstrucción. Aparte de la pérdida potencial de los ingresos petroleros iraquíes, hay muchas otras razones por las que la Administración Trump se siente amenazada por los recientes acuerdos chino-iraquíes.

El contrato petrolero China-Irak: ¿un preludio de algo más?

Cuando la delegación de Abdul-Mahdi viajó a Pekín el pasado mes de septiembre, el acuerdo de “petróleo por reconstrucción” era solo uno de los ocho acuerdos firmados de tipo financiero, comercial, de seguridad, de reconstrucción, comunicación, cultura, educación y asuntos exteriores, además del petróleo. No obstante, el acuerdo petrolero es con diferencia el más importante.

Según el mismo, empresas chinas acometerán diversos proyectos de reconstrucción a cambio de aproximadamente el 20 por ciento de las exportaciones de petróleo iraquí, unos 100.000 barriles diarios por un periodo de 20 años. Según Al-Monitor, esto es lo que afirmó Abdul-Mahdi: “Hemos acordado [con Pekín] establecer un fondo de inversiones conjunto, que financiará la renta petrolera”, y añadió que el acuerdo prohíbe a China monopolizar los proyectos dentro de Irak y obliga a Pekín a trabajar en cooperación con compañías internacionales.

El acuerdo es similar a otro negociado entre esos mismos países en 2015, cuando Mahdi era ministro del petróleo. Ese año, Irak se unió a la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative) mediante un acuerdo que también incluía el intercambio de petróleo por inversión, desarrollo y proyectos de construcción, y concedió a China varios proyectos. En notable similitud con los eventos actuales, el acuerdo se suspendió debido a “tensiones políticas y de seguridad” provocadas por los disturbios y el surgimiento del Estado Islámico en Irak, hasta que Abdul-Mahdi retomó la iniciativa el año pasado mediante los acuerdos firmados entre su gobierno y el de China en septiembre.

Es de señalar que tras las recientes tensiones entre EE.UU. e Irak por el asesinato del general Soleimani y la posterior negativa de EE.UU. a retirar sus tropas del país a pesar de la solicitud del Parlamento, Irak anunció discretamente su intención de aumentar enormemente sus exportaciones petroleras a China hasta triplicar la cantidad señalada en el acuerdo firmado en septiembre. Conociendo las recientes afirmaciones de Abdul-Mahdi sobre quién está detrás de las recientes protestas en Irak, y las amenazas de Trump contra su persona a raíz de los acuerdos con China, esta evolución parece una señal bastante clara de Abdul-Mahdi hacia Washington en el sentido de que piensa incrementar sus relaciones con China, al menos mientras siga en funciones.

La decisión de Irak de triplicar sus exportaciones petroleras a China se tomó solo un día después de que el gobierno de EE.UU. amenazara a Irak con cortar el acceso a su cuenta del banco central, actualmente depositada en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, con un valor de 35.000 millones de dólares de renta petrolera. Esa cuenta se abrió después de que Estados Unidos invadiera Irak y comenzara su ocupación en 2003; Irak extrae entre 1.000 y 2.000 millones de dólares al mes para cubrir los gastos corrientes del gobierno. No poder acceder a los ingresos del petróleo depositados en esa cuenta provocaría el “colapso” del gobierno de Irak, según declaraciones de altos funcionarios a France-Press.

Aunque Trump prometió públicamente sancionar a Irak por la expulsión de las tropas estadounidenses aprobada por el Parlamento, la amenaza de bloqueo de la cuenta en el Banco de la Reserva Federal se produjo en privado y directamente al primer ministro, lo que otorga más credibilidad a lo afirmado por Abdul-Mahdi en el sentido de que los intentos más agresivos de presionar al gobierno de Irak se hacen en privado y se dirigen a su primer ministro.

Aunque la ofensiva de Trump en este caso pretendía impedir la expulsión de las tropas de Irak, las razones de fondo podrían estar relacionadas también con la preocupación por el aumento de influencia de China en la región. Así como Trump ha perdido su deseada porción del 50 por ciento de petróleo iraquí frente a la contraoferta china del 20 por ciento, la salida de las tropas estadounidenses de Irak podría suponer la llegada de sus homólogas chinas, según Tom Luongo.

“Todo esto tiene que ver con que Estados Unidos quiere mantener la ficción de que es necesario seguir en Irak… Así que, si China se está acercando es porque quiere abrir camino para la Nueva Ruta de la Seda”, razonaba Luongo. “Eso supone reforzar las relaciones económicas entre Irak, Irán y China y pasar por alto la necesidad de que los estadounidenses se queden. Llegado el momento, China tendrá activos sobre el terreno que querrá defender militarmente en caso de una gran crisis. Y eso nos lleva al siguiente dato que conocemos, que Mahdi y el embajador chino discutieron ese mismo asunto tras el asesinato de Soleimani”.

De hecho, de ser ciertas las informaciones publicadas en diversos medios, Zhang Tao (el embajador chino en Irak) “expresó la disposición de Pekín a proporcionar asistencia militar” si el gobierno de Irak la solicitaba poco después de asesinato de Soleimani. Yao hizo su oferta un día después de que el Parlamento votara la expulsión de tropas del país. Aunque no se sabe cuál fue la respuesta de Mahdi, debió producir cierto malestar entre la Administración Trump, por lo rápido que se desvanece su influencia en Irak. “Ya se ve lo que se avecina –afirmó Luongo a MintPress sobre la reciente oferta china a Irak– China, Rusia e Irán están intentando apartar a Irak de la órbita estadounidense, y EE.UU. se siente muy amenazado por ello”.

Rusia también desempeña un papel en este escenario, pues Irak inició conversaciones con Moscú para la posible compra de uno de sus sistemas de defensa aérea en septiembre, el mismo mes que Irak firmó ocho acuerdos con China, incluyendo el petrolero. Tras el asesinato de Soleimani, Rusia volvió a ofrecer sistemas de defensa aérea a Irak, para que puedan mejorar la seguridad de su espacio aéreo. En el pasado, Estados Unidos amenazó a los países aliados con sanciones y otras medidas si adquirían sistema de defensa aérea rusos en lugar de los fabricados por compañías americanas.

No obstante, los esfuerzos estadounidenses por contener la creciente influencia y presencia china en Irak son limitados, pues cada vez dependen más de China para implementar su política respecto a Irán, concretamente su objetivo de acabar con las exportaciones iraníes a China. China sigue siendo el principal importador de crudo y condensado iraquí, incluso tras haber reducido sus compras por las presiones estadounidenses el año pasado. Pero Estados Unidos intenta ahora presionar a China para que cancele todas sus importaciones o se enfrente a sanciones, al mismo tiempo que intentar sabotear en privado el acuerdo petrolero entre China e Irak. Parece poco probable que China vaya a ceder ante Estados Unidos en cualquiera de ambos frentes, lo que significa que, en las próximas semanas o meses, Estados Unidos puede verse obligado a escoger cuál de los dos frentes (la “contención” de Irán, o los acuerdos petroleros de Irak con China) valora más.

Además, la reciente firma de la “fase uno” del acuerdo comercial con China reveló otra posible complicación de las relaciones con el sector petrolero iraquí, pues el acuerdo implica la venta de petróleo y gas estadounidense a China a muy bajo coste, por lo que la administración Trump puede considerar que el acuerdo dará impulso a Irak como potencial competidor ante Estados Unidos en la venta de crudo barato a China, el mayor importador del mundo.

El petrodólar y el fantasma del petroyuan

En su comparecencia televisada de mitad de enero tras la respuesta militar iraní por el asesinato del general Soleimani, Trump insistió en que la política estadounidense en Oriente Medio ya no estaba dirigida por las enormes necesidades petroleras de EE.UU. Específicamente dijo que:

“En los últimos tres años, y bajo mi liderazgo, nuestra economía es más fuerte que nunca y Estados Unidos ha logrado su independencia energética. Estos logros históricos han cambiado nuestras prioridades estratégicas. Son logros que nadie pensaba que fueran posibles. Y ahora tenemos distintas opciones en Oriente Medio. Ya somos el primer productor mundial de petróleo y gas natural. Somos independientes y no necesitamos el petróleo de Oriente Medio (subrayado añadido)”.

Sin embargo, dada la importancia otorgada por la Administración Trump al reciente acuerdo petrolero chino-iraquí, que ha provocado algunas de las decisiones políticas respecto a Oriente Medio, esa afirmación no parece cierta. La diferencia puede estar en el hecho de que, aunque EE.UU. sea ahora menos dependiente del petróleo de Oriente Medio, necesita seguir controlando su comercio y su venta en los mercados internacionales, para poder mantener su estatus de superpotencia militar y económica global.

Aunque Estados Unidos esté importando menos crudo de Oriente Medio, el sistema petrodólar (creado en los años setenta) requiere que mantenga el control sobre el comercio global de petróleo para que los grandes exportadores mundiales, Irak entre ellos, continúen comerciando en dólares. Si Irak fuera a vender su crudo en otra moneda, o intercambiar petróleo por servicios, como piensa hacer con China, una porción significativa del petróleo iraquí dejaría de generar demanda de dólares, quebrantando el dogma fundamental del sistema petrodólar.

Como señalan Kei Prisker y Cale Holmes en un artículo del año pasado para MIntPress:

“La moraleja del fenómeno petrodólar es que mientras los países necesiten petróleo, necesitarán el dólar. Y mientras los países demanden dólares, Estados Unidos puede seguir contrayendo enormes deudas para financiar su red de bases militares en el mundo, los rescates a Wall Street, los misiles nucleares y los recortes fiscales a los ricos”.

El uso del petrodólar ha creado un sistema en el que es necesario que Estados Unidos controle las ventas de petróleo de los mayores exportadores, no solo para fortalecer el dólar, sino también para sostener su presencia militar en el mundo. Por tanto no es raro que el tema de la presencia de las tropas estadounidenses en Irak y el tema del intento iraquí de lograr la independencia petrolera frente a los deseos de Estados Unidos estén interrelacionados. Hay que señalar que uno de los arquitectos del sistema petrodólar, el hombre tristemente famoso por describir a los soldados estadounidenses como “animales tontos y estúpidos destinados a servir de peones en política exterior”, el antiguo secretario de Estado Henry Kissinger, haya estado asesorando a Trump y su política con China desde 2016.

El economista Michael Hudson compartía esta opinión cuando expresó recientemente que el acceso al petróleo, la dolarización y la estrategia militar estadounidense están intrincadamente entrelazados y que la política reciente de Trump en Irak tiene como objetivo “aumentar la presencia estadounidense en Irak para mantener el control de las reservas petroleras de la región”, así como “respaldar las tropas wahabistas de Arabia Saudí (Estado Islámico, Al Qaeda en Irak, Al Nusra y otras divisiones de lo que es en realidad la legión extranjera de EE.UU.) para que apoyen el control estadounidense del petróleo de Oriente Próximo para apuntalar el dólar”.

Hudson afirma asimismo que uno de los principales motivos para asesinar a Qasem Soleimani fue su papel en la búsqueda de la independencia petrolera de Irak a expensas de las ambiciones imperialistas de Estados Unidos.

“Estados Unidos se oponía al general Soleimani principalmente porque luchaba contra el Estado Islámico y otras organizaciones terroristas apoyadas por Estados Unidos para dividir Siria y reemplazar al régimen de Assad por un conjunto de obedientes líderes locales, la vieja estrategia de “divide y vencerás” británica. En cierta ocasión Soleimani cooperó con tropas estadounidense para combatir a grupos del Estado Islámico que se habían “pasado de la raya”, es decir, de las directrices de Estados Unidos. Pero todo indica que Soleimani estaba en Irak para trabajar con el gobierno con el fin de recuperar el control de los campos petroleros de los que el presidente Trump se había jactado que se apoderaría (subrayado añadido)”.

Hudson añade que “… los neocons de EE.UU. temían los planes de Soleimani para ayudar a Irak a tomar el control de los campos petroleros y resistir los ataques terroristas apoyados por Estados Unidos y Arabia Saudí en Irak. Por eso se ordenó su asesinato de forma inmediata”.

Aunque otros factores (la presión de aliados de EE.UU. como Israel, por ejemplo) influyeron en la decisión de asesinar a Soleimani en suelo iraquí pocas horas antes de que fuera a reunirse con Abdul-Mahdi en misión diplomática, las tensiones subyacentes causadas por el intento de independencia petrolera de Irak y su acuerdo con China influyeron en el momento en que se decidió su ejecución. También servía como advertencia a Abdul-Mahdi, que ha declarado que Estados Unidos amenazó con matarle a él y a su ministro de defensa semanas antes de las tensiones relacionadas con la voluntad de independencia del sector petrolero iraquí de la tutela de Estados Unidos.

Parece que el papel omnipresente del petrodólar como guía de la política estadounidense en Oriente Medio se mantiene sin cambios. El petrodólar ha sido siempre un factor determinante de la política hacia Irak específicamente y uno de los desencadenantes de su invasión en 2003 fue la decisión de Saddam Hussein de vender el petróleo iraquí en euros desde 2000. Semanas antes del inicio de la invasión, Hussein se jactó de que la cuenta bancaria de los ingresos petroleros en euros estaba produciendo un interés superior al que habría tenido de seguir vendiendo en dólares, un clara señal a otros exportadores de petróleo de que el sistema petrodólar solo estaba beneficiando a Estados Unidos a costa de los productores.

Más allá de las actuales iniciativas para prevenir la independencia petrolera de Irak y conservar su comercio petrolero ligado a Estados Unidos, el hecho de que EE.UU. intente limitar el aumento de la influencia china en el sector petrolero iraquí está directamente relacionado con las iniciativas chinas para crear su propio competidor del petrodólar: el petroyuan.

Desde 2017 China ha hecho públicos planes para imponer el petroyuan, especialmente después de convertirse en el principal importador de crudo del mundo. Como señalaba CNBC entonces:

“La nueva estrategia es contar con la ayuda de los mercados de la energía: Pekín puede introducir una nueva manera de valorar el petróleo en los próximos meses, pero a diferencia de los contratos basados en el dólar estadounidense que dominan los mercados mundiales, el referente sería la propia moneda china. Si tiene amplia aceptación, como esperan los chinos, supondrá un desafío al dólar como moneda más poderosa del mundo… El plan es valorar el petróleo en yuanes mediante un contrato de futuros basado en el oro en Shanghái, pero el camino será largo y tortuoso”.

Si Estados Unidos continúa en su línea actual y empuja a Irak en brazos de China y otros estados rivales de EE.UU., no es preciso decir que Irak (ahora parte de la Nueva Ruta de la Seda china) podría favorecer en un futuro próximo el sistema petroyuan frente al petrodólar, especialmente si la Administración actual amenaza con bloquearle sus cuentas por implementar políticas que Washington considera perjudiciales.

También podría explicar porque el presidente Trump se muestra preocupado por la creciente presencia china en Irak, pues pone en riesgo no solo el final de la hegemonía estadounidense en el país sino que podría crear graves problemas para el sistema petrodólar y la posición de EE.UU. como potencia económica mundial. La política de Trump para intentar evitar el incremento de relaciones comerciales entre China e Irak está provocando claramente el efecto contrario y mostrando que la “diplomacia gansteril” de esta administración solo sirve para hacer más atractivas las ofertas alternativas de China o de Rusia.

 

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