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¿Por qué Guaidó salió de Venezuela?: un análisis inmediato

Escrito por Debate Plural

Misión Verdad (20-1-20)

LA NOTICIA

En horas de la mañana del 19 de enero, se dio a conocer que el diputado Juan Guaidó salió de Venezuela con destino a Colombia, eludiendo por segunda vez la prohibición de salida del país que existe en su contra por parte de las autoridades venezolanas.

La confirmación de que Guaidó ya se encontraba en Colombia vino del presidente Iván Duque. Pocos minutos después el medio financiero Bloomberg lanzó la noticia al mundo con una velocidad tal, que conduce a pensar que la llegada del autoproclamado al país vecino estaba previamente coordinada.

Otra muestra de ello fue la publicación del periodista Casto Ocando en horas de la noche del 18 de enero, destapando así una primera ola de rumores en las redes sociales sobre la posible salida de Guaidó.

Por su parte, la publicación de Bloomberg precisó la agenda del diputado, como si tuviera conocimiento de la misma con bastante anticipación.

El medio anunció que «la gira» incluiría una reunión con Iván Duque, luego otra con el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, en el marco de una cumbre hemisférica contra el terrorismo que se realiza en Bogotá, para después dirigirse a la Unión Interparlamentaria en Bruselas y al Foro Mundial de Davos. En medio de todo eso, es posible un encuentro con Trump.

INTRIGAS Y SORPRESAS EN EL FRENTE ANTICHAVISTA

Lógicamente, la salida de Guaidó nos lleva a pensar en su antecedente inmediato: cuando en el contexto de la operación del 23 de febrero del año pasado, cuyo objetivo consistía en dar ingreso ilegal a supuestos cargamentos de «ayuda humanitaria», el grupo narcoparamilitar Los Rastrojos coordinó con el palacio de Nariño el viaje de Guaidó por la frontera colombo-venezolana.

Duque ha recibido con honores presidenciales a Guaidó, demostrando una vez más que su elevado grado de dependencia con respecto a las directrices de Washington conlleva también a la destrucción de la poca institucional que queda en el Estado colombiano. Ha sido un bochorno institucional en toda la línea.

Pero la acción de Guaidó ha dejado a la cúpula de partidos antichavistas con una sensación de sorpresa e inseguridad. Y rápidamente, cada sector comenzó a jalar para su lado, forzando la realidad a sus intereses.

Los portavoces mediáticos (PanAm Post) del sector alt right representado por María Corina Machado, indicaron que la decisión había generado un conflicto con Leopoldo López. ¿Minar la credibilidad de «la gira» antes de que empiece? El llamado a una intervención militar tampoco faltó.

Mientras tanto, un dirigente histórico del partido Acción Democrática, formación opositora ubicada en el otro extremo del espectro político-ideológico, tildó la decisión de Guaidó como una «agenda oscura» sin referirse directamente a él, pero dejando bien claro el mensaje.

Luego de su más reciente autoproclamación como presidente de la Asamblea Nacional, Guaidó renunció a su militancia en el partido Voluntad Popular con el objetivo de, supuestamente, mejorar los esfuerzos en pro del «cambio» en Venezuela.

Ahora mismo, esa acción podría tener otro significado: aislar la guerra intestina de los partidos e incluso la guerra de facciones dentro del Parlamento, de las nuevas directrices que provengan de Washington en medio de «la gira».

En resumen, hay preocupación en la partidocracia por perder control de la situación, mientras la canibalización interna lo único que hace es agudizarse.

APRETANDO EL BOTÓN DE ALARMA

El viaje de Guaidó abre un nuevo capítulo en el conflicto político venezolano y bien podría marcar un nuevo punto de inflexión en la correlación de fuerzas.

Luego del revés institucional del 5 de enero, cuando otro sector de la oposición se hizo con el Parlamento, Guaidó ha ido de mal en peor, perdiendo contundencia en su mensaje, capacidad de arrastre en sus convocatorias y credibilidad en su figura.

Esto ha provocado que Washington pulse el botón de alarma para recalcular el escenario, relanzar una estrategia y frenar, al menos por unos días, el ciclo de desmoralización, fractura y desconfianza del antichavismo.

En paralelo a la crisis de liderazgo de Guaidó y la crisis general en la estructura orgánica del antichavismo, el tiempo va perfilando las elecciones parlamentarias, un escenario inminente donde la Mesa de Diálogo Nacional entre el gobierno venezolano y un sector del antichavismo enfrentado a Guaidó, va construyendo condiciones institucionales para su realización, como por ejemplo la elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral.

Con la salida del autoproclamado, Washington bombea oxígeno al falso interino, reflota su imagen a nivel internacional y, además, envía un mensaje de autoridad y amenaza sobre quienes, en el frente opositor, buscan participar en las próximas elecciones y han impugnado el liderazgo de Guaidó arrebatándole la conducción del Parlamento.

Dado el declive de Guaidó, es urgente reordenar la estrategia en función de unas elecciones parlamentarias que marcarán el año político.

Síntoma de esto es que, como lo denunció el canciller Jorge Arreaza, el gobierno colombiano ha asumido para sí un documento en el que Washington presiona a la comunidad internacional para que condene las elecciones legislativas.

El documento fue desvelado por Arreaza hace varios días, demostrando cómo el gobierno estadounidense va acoplando sus recursos de fuerza a nivel diplomático para boicotear el proceso electoral. Así las cosas, la reunión entre Guaidó y Pompeo adquiere total sentido.

ELECCIONES PRESIDENCIALES E IMPEACHMENT A TRUMP

Para Estados Unidos, Guaidó es un esclavo multiuso.

Y así como la urgencia campea en el escenario venezolano, en casa las cosas tampoco pintan bien: oficialmente se ha iniciado el primer paso en el juicio político a Trump, en medio de una campaña electoral subida de tono y donde las reglas de juego se van disolviendo.

En este cuadro, Guaidó es un recurso de propaganda que puede venirle bien a una Administración Trump asediada por los cuatro costados, obligada a recurrir a opciones geopolíticas cada vez más dementes y peligrosas (por ejemplo, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani) para sostener la tracción entre halcones y republicanos, de quienes depende para superar la prueba del impeachment.

Como operación electoral, Washington paseará a Guaidó por distintas instancias para proyectar, en paralelo, que su política de sanciones y guerra económica contra Venezuela es eficaz para «prevenir la amenaza del socialismo», un objetivo ampliamente compartido con la élite del Partido Demócrata.

En ese sentido, ninguna acción es descartable, aunque parece más lógico que Washington opte por maniobras efectistas (y no por eso menos peligrosas) que puedan viabilizar a Guaidó para beneficio electoral de Trump.

RECONDUCIR EL EXPEDIENTE PARA EL ASEDIO Y ALGUNAS ESPECULACIONES FINALES

Hay un sentido de oportunidad en la salida del interino fake y tiene que ver con que su viaje colude con una cumbre contra el terrorismo en Bogotá.

A medida que la «lucha» de Guaidó ha perdido sustancia en sí misma, es decir, que ya no genera ni emoción ni asombro ni expectativas, para Washington es una obligación elevar la cuestión venezolana a «crisis hemisférica».

Hay que apelar al efectismo y a la grandilocuencia, y justamente ese marco lo da el evento que se desarrolla en Bogotá. Porque proyectar (sin pruebas, como siempre) a Venezuela como «Estado terrorista», que auspicia a grupos como el ELN o el partido político y militar chiíta del Líbano, Hezbolá, se adapta a la perfección al clima de opinión generado luego del asesinato contra el general Soleimani: Estados Unidos como defensor del mundo occidental frente a las amenazas del «terrorismo islámico».

El documento fue desvelado por Arreaza hace varios días, demostrando cómo el gobierno estadounidense va acoplando sus recursos de fuerza a nivel diplomático para boicotear el proceso electoral. Así las cosas, la reunión entre Guaidó y Pompeo adquiere total sentido.

ELECCIONES PRESIDENCIALES E IMPEACHMENT A TRUMP

Para Estados Unidos, Guaidó es un esclavo multiuso.

Y así como la urgencia campea en el escenario venezolano, en casa las cosas tampoco pintan bien: oficialmente se ha iniciado el primer paso en el juicio político a Trump, en medio de una campaña electoral subida de tono y donde las reglas de juego se van disolviendo.

En este cuadro, Guaidó es un recurso de propaganda que puede venirle bien a una Administración Trump asediada por los cuatro costados, obligada a recurrir a opciones geopolíticas cada vez más dementes y peligrosas (por ejemplo, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani) para sostener la tracción entre halcones y republicanos, de quienes depende para superar la prueba del impeachment.

Como operación electoral, Washington paseará a Guaidó por distintas instancias para proyectar, en paralelo, que su política de sanciones y guerra económica contra Venezuela es eficaz para «prevenir la amenaza del socialismo», un objetivo ampliamente compartido con la élite del Partido Demócrata.

En ese sentido, ninguna acción es descartable, aunque parece más lógico que Washington opte por maniobras efectistas (y no por eso menos peligrosas) que puedan viabilizar a Guaidó para beneficio electoral de Trump.

RECONDUCIR EL EXPEDIENTE PARA EL ASEDIO Y ALGUNAS ESPECULACIONES FINALES

Hay un sentido de oportunidad en la salida del interino fake y tiene que ver con que su viaje colude con una cumbre contra el terrorismo en Bogotá.

A medida que la «lucha» de Guaidó ha perdido sustancia en sí misma, es decir, que ya no genera ni emoción ni asombro ni expectativas, para Washington es una obligación elevar la cuestión venezolana a «crisis hemisférica».

Hay que apelar al efectismo y a la grandilocuencia, y justamente ese marco lo da el evento que se desarrolla en Bogotá. Porque proyectar (sin pruebas, como siempre) a Venezuela como «Estado terrorista», que auspicia a grupos como el ELN o el partido político y militar chiíta del Líbano, Hezbolá, se adapta a la perfección al clima de opinión generado luego del asesinato contra el general Soleimani: Estados Unidos como defensor del mundo occidental frente a las amenazas del «terrorismo islámico».

Aprovechando eso, Estados Unidos reconduce el expediente de asedio contra Venezuela, cambia al foco hacia el «antiterrorismo» e incorpora urgencias «civilizatorias» a sus planes de derrocar al gobierno venezolano: «Ya no es solo por Guaidó y el retorno de la democracia en Venezuela, es también para evitar que el continente y nuestras democracias se vean amenazadas por fanáticos terroristas de Hezbolá respaldados por Maduro», reza el catecismo neoconservador de último minuto.

Esta narrativa de laboratorio escalará aprovechando el absoluto grado de inutilización e irrelevancia en que se encuentra Guaidó.

Aunque es arriesgado dar un pronóstico cerrado, no es menos cierto que la salida de Guaidó del territorio nacional busca un reordenamiento de la estrategia: muy seguramente se mantendrá el principio de obstruir las vías de negociación política, pero incorporándole una imagen de relanzamiento que justifique una escalada en clave TIAR, con endurecimiento de sanciones y otro ciclo de tanteo de la violencia criminal incluidos.

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