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¿Irán y EEUU hacia una guerra inminente?

Escrito por Debate Plural

Franco Vielma (Sin Permiso, 7-1-20)

 

En Oriente Próximo se ha alcanzado un nuevo pináculo de tensiones militares, que podrían considerarse inéditas, luego del asesinato del general iraní Qasem Soleimani mediante orden directa del presidente estadounidense Donald Trump.

Las aristas fundamentales que derivan de este importante evento son multidireccionales. De allí que la importancia de tal asesinato revista en un acto significativo que justo ahora comenzó a remodelar la geopolítica en dicha región.

El general Qasem Soleimani fue asesinado el 3 de enero por un ataque aéreo estadounidense con drones en el aeropuerto de la capital iraquí, ordenado por el presidente estadounidense sin notificación o consulta al Congreso. Para sus ejecutores, el ataque estaba justificado para «proteger» activos y personal estadounidense en Irak, que durante semanas anteriores fueron objeto de represalias por milicias chiítas locales.

El 2 de enero de 2020, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Mark Esper, dijo que «el juego ha cambiado», dando por saldada la advertencia de que actuarían. Agregó que Estados Unidos atacaría preventivamente a «grupos paramilitares respaldados por Irán en Irak» si había indicios de que se estaban preparando para atacar a las fuerzas estadounidenses, y también instó al gobierno iraquí a resistir la influencia iraní.

El presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, Mark A. Milley, enfatizó en el marco de estos eventos que cualquier grupo que intente invadir la embajada de Bagdad «se encontrará con una sierra».

Una vez efectuado el ataque del 3 de enero, los estadounidenses se extralimitaron asesinando al segundo hombre más importante de Irán y esto desdice la pertinencia táctica y estratégica de la eliminación de Soleimani para proteger personal estadounidense. Todo parece indicar que, dada la importancia de Soleimani, su asesinato puede constituir un error estratégico de grandes proporciones o la deliberada provocación de un preludio bélico.

¿ERROR O PROVOCACIÓN A NIVEL MÁXIMO? ¿CUÁL ES LA INTENCIÓN?

Para Daniel Byman, investigador del Centro de Política Estadounidense en Oriente Medio del Brookings Institute y profesor de la Universidad de Georgetown, citado por la cadena Al-Manar, la decisión de Trump fue una «estupidez geoestratégica irreparable».

«El asesinato de Soleimani, el antiguo comandante en jefe de la Fuerza Al-Quds, marcará un punto de inflexión en las relaciones de Washington no solo con Irán, sino también con Irak. Esta eliminación afectará significativamente la posición general de Estados Unidos en Oriente Medio. El revés puede ser enorme, y depende en gran medida de la preparación de Estados Unidos para la respuesta de Irán y la de sus muchos representantes en Oriente Medio», señala el académico, el cual, vale decir, es un duro detractor de la Revolución Islámica.

La magnitud del asesinato yace en la proporcionalidad de Soleimani como una figura militar de gran influencia y liderazgo en la región, especialmente por ser el artífice del desmantelamiento del Estado Islámico en Irak y Siria. El general era el encargado de apuntalar la influencia militar iraní en la región, con alcance en Líbano, Yemen y Palestina.

Es indispensable subrayar que Irán goza de liderazgo regional precisamente por ser un contrapeso exacto a la hegemonía militar de Occidente en ese cuadrante del orbe, por lo cual, el asesinato del general supone un punto alto en el sentimiento antiestadounidense. No solo el gobierno de Irán ha declarado vengar a Soleimani, facciones y grupos incluso fuera de la influencia iraní también sienten hondamente querer tomar retaliaciones.

Daniel Byman insiste que lo que hizo Donald Trump hará que Irán muestre una reacción «impredecible» y «dura». «Trump ha eliminado a un oponente considerable de la peor manera posible y ahora nadie sabe cuál será la misión de su sucesor… Trump cometió la estupidez de eliminar no solo al general iraní, sino también al vicecomandante iraquí Abu Mahdi al-Muhandis, y el pueblo iraquí, por lo tanto, tiene pleno derecho a vengarlo», agregó.

La posibilidad de este asesinato como una provocación de alta escala yace precisamente en que es un desencadenante, no solo de tensiones, sino de modificaciones sustanciales a la geopolítica regional y que están en desarrollo justo ahora. Lo que para los estadounidenses podría significar un reacomodo para apostar a una agenda de caos para avanzar, o lo que significa la aplicación de su teoría de «caos constructivo«.

La Casa Blanca parece aplicar una estrategia de golpear para luego ser golpeados, para luego actuar en consecuencia e intentar con ello rebalancear la región.

EL CUADRO GEOPOLÍTICO EN RECOMPOSICIÓN

A expensas del asesinato de Soleimani y la jurada venganza de los persas, una de las más significativas movidas de respuesta al asesinato del general ha venido por vías políticas. El 5 de enero los congresistas iraquíes votaron por pedirle al gobierno que acabe el acuerdo de asistencia militar extranjera en su suelo, un pacto que permite que en Irak operen más de 5 mil efectivos estadounidenses.

Entretanto, la coalición internacional liderada por Estados Unidos que, en teoría, enfrentó al Estado Islámico, conformada especialmente por fuerzas estadounidenses y kurdas, decidió suspender sus operaciones para enfocarse en proteger sus bases en medio de la tensión con Irán, implicando ello un repliegue circunstancial. Ahora Estados Unidos está bajo una situación de amenaza, por iraníes y por los propios iraquíes.

Pero la dimensión real de la salida estadounidense de Irak va mucho más allá del movimiento y reubicación de hombres y pertrechos. Para los estadounidenses implica el desalojo de una posición estratégica, un enclave en el que se han apostado en su guerra contra Siria. Expulsar a Estados Unidos de Irak significará que ya no podrán ocupar el este de Siria, ya que sus tropas estarán en peligro entre dos Estados hostiles.

Su desalojo también implicaría debilitar el nexo que Estados Unidos ha mantenido con los kurdos, el cual ha sido polivalente y ha evolucionado durante años. En época reciente para desestabilizar Siria y en el estado actual de las relaciones con Turquía, para debilitar a los otomanos.

Ante la eventual expulsión, Trump amenazó con sanciones y afirmó que no se retiraría de Irak al menos que les pagaran por sus servicios de «seguridad». El 7 de enero declaró que «queremos salir en algún momento, pero este no es el momento correcto». Además, insistió en que la salida de las tropas estadounidenses del país árabe «es lo peor que podría pasarle a Irak».

Sin embargo, otro evento conmocionó el tablero. El lunes 6 de enero fue revelada una carta dirigida a los mandos militares iraquíes: en ella, el general de brigada William Seely, responsable de la misión estadounidense en Irak, asegura que las fuerzas estadounidenses de la coalición serán «reorganizadas» de cara a «una retirada de Irak segura y eficaz». «Respetamos su decisión soberana que ordena nuestra partida», agrega la carta.

La existencia de la misiva generaba suspicacias, dado que lo habitual sería un anuncio desde el Pentágono y no desde un general en el terreno.

Luego de publicarse el contenido de la carta, el secretario estadounidense de Defensa, Mark Esper, se apresuró a desmentir cualquier intención de retirada, asegurando ignorar la existencia de la misiva. «No ha habido ninguna decisión de ningún tipo de abandonar Irak», ha dicho el jefe del Pentágono a los periodistas. «No sé lo que es esa carta… Estamos tratando de averiguar de dónde viene y qué es. Pero no se ha tomado ninguna decisión de abandonar Irak. Punto».

Seguidamente, la confusión vino al ruedo cuando el 7 de enero el jefe del Estado Mayor estadounidense, Mark Milley, declaró a la prensa que «la misiva es auténtica», pero fue enviada por error, vale decir, llegó a manos de militares iraquíes «por error». «Era un proyecto de carta no firmada», ha dicho. «Es un error cometido con toda la buena fe».

Por la delicadeza del tema en cuestión y por el momento en que tiene lugar, las suspicacias no se han hecho esperar, dada la posibilidad de que se trate de un impasse entre los mandos militares y la burocracia estadounidense.

El asesinato de Soleimani también ha venido a reconfigurar la región por desatar la decisión de Irán de abandonar el acuerdo nuclear internacional de 2015, el cual aunque había sido previamente abandonado por Trump, seguía en vigor para Irán y los demás países que lo ratificaron. Esto implica que Irán desarrollará su programa sin ninguna limitación, lo cual supone que la nación persa iría directo al desarrollo de armas nucleares, sin cortapisas.

¿IRÁN TOMARÁ VENGANZA?

El sensible asesinato del general Qasem Soleimani ha colocado el tablero del Medio Oriente en una situación compleja. Estados Unidos ha asumido una posición de fuerza, que está condimentada con una vocería recalcitrante y desmedida por parte de Trump y un marco de razones estratégicas para los norteamericanos.

La destemplada amenaza de Trump contra 52 lugares emblemáticos de la cultura iraní tiene una evocación de venganza tardía por el secuestro de 52 ciudadanos americanos en la Embajada estadounidense en Teherán en tiempos de Jimmy Carter. Está evocando un momento simbólico de la hostilidad entre ambos países. En realidad, su tono provocador, más que de intimidación, supone herir a los iraníes en un momento de alta sensibilidad.

Ello hace suponer que no hubo improvisación en el asesinato de Soleimani. Se trató siempre de una alta provocación. Trump apuesta a convertir la crisis en un tema de campaña electoral, pero ha elegido a un enemigo formidable, un enemigo que no sabe ceder a reacciones temperamentales.

Vale decir que la región se ha caldeado al punto de crear cualquier posibilidad y justificativo para desbocar una guerra. Es imprescindible no descartar ataques de bandera falsa por mano estadounidense, como también ataques de milicias chiítas en cualquier base estadounidense, tal como sucede ahora.

Dicho de otra forma, el asesinato de Soleimani ha desatado un furor antiestadounidense que no en todos sus flancos está sujeto a control político, y que tales eventos vengan por mano del gobierno de Irán o no, serán detonantes para que Estados Unidos siga golpeando.

La respuesta oficial, la «venganza» iraní es indecible. Para los persas, todo parece indicar que están en la obligación de dar un contragolpe, que además de militar (como el perpetrado en la madrugada del 8 de enero, en el que 22 misiles iraníes destruyeron dos bases estadounidenses en Irak), tendría que ser político y comunicacional. Parece que ese es su destino inevitable por el rumbo que tomó la agenda estadounidense y por los motivos que la han gestado.

El estado de las circunstancias tensas implica que Estados Unidos va a seguir golpeando a Irán y que, en efecto, harán todo lo posible por mantener su perturbadora presencia en Irak, lo cual deja abiertas todas las posibilidades tanto para una guerra abierta como para la perpetuidad del conflicto. Hemos entrado en un nuevo vórtice.

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