Internacionales Politica

Una victoria de la Francia que quería la paz

Escrito por Debate Plural

Thierry Meyssan (Red Voltaire, 28-12-19)

 

24- Siria: la guerra de cuarta generación

‎El 5 de septiembre de 2011, el presidente francés Nicolas Sarkozy recibe en el palacio del Elíseo ‎al patriarca maronita Bechara Rai. Y le explica sin rodeos que los países de la OTAN van a poner ‎a la Hermandad Musulmana en el poder en Damasco pero que los católicos y los maronitas ‎de Siria, y probablemente también los del Líbano, serán bien recibidos en Francia y que ‎el senador Adrien Gouteyron está examinando las condiciones para acogerlos. Los ortodoxos ‎serán pasados a cuchillo. El patriarca Bechara Rai reacciona indignado ante la proposición, pero ‎finalmente acepta lo que Sarkozy le presenta como inevitable. ‎

En Siria, Estados Unidos pone a prueba una nueva estrategia, que consiste en invertir los papeles y ‎utilizar contra la República Árabe Siria los métodos que los movimientos de resistencia utilizan ‎habitualmente contra el Imperio, pero agrega un factor fundamental que ciertamente no está en ‎manos de quienes resisten frente al imperialismo: el poderío de los medios de difusión ‎estadounidenses. Es este el principio básico de la «guerra de cuarta generación» (4GW): intervenir ‎poco pero dando la impresión de estar en todas partes. ‎

‎En Siria, Estados Unidos pone a prueba una nueva estrategia, que consiste en invertir los papeles y ‎utilizar contra la República Árabe Siria los métodos que los movimientos de resistencia utilizan ‎habitualmente contra el Imperio, pero con el control de un factor fundamental que ciertamente ‎no está en manos de quienes resisten frente al imperialismo: el poderío de los medios de ‎difusión estadounidenses. Es este el principio básico de la «guerra de cuarta generación» ‎‎(4GW): intervenir poco pero dando la impresión de estar en todas partes. ‎

Siguiendo esa línea, los miembros de la alianza atlántica utilizarán sólo pequeños grupos de ‎fuerzas especiales, extremadamente móviles, que actuarán con colaboradores sirios para sembrar ‎la confusión, realizando 3 tipos de operaciones:‎
- acciones contra símbolos del Estado, por ejemplo contra las estatuas de Hafez al-Assad, el ‎fundador de la Siria moderna y padre del actual presidente;‎
- sabotajes, como el descarrilamiento de trenes o la destrucción de centrales eléctricas;‎
- asesinatos al azar, para aparentar que existe un conflicto generalizado. ‎

Como el ejército francés es muy “reservado” en cuanto a esos métodos, el presidente Sarkozy ‎confía la dirección de las operaciones al jefe de su estado mayor personal, el general Benoit ‎Puga. Este militar fue sucesivamente jefe del Mando de Operaciones Especiales (COS, siglas ‎en francés) y de la Inteligencia Militar. Nacido en una familia de militares de extrema derecha ‎‎(su padre participó en el putsch de Argel), el general Puga es un católico partidario de la ‎colonización y seguidor de monseñor Lefevre –quien fue obispo de Dakar, la capital de Senegal. ‎Como oficial de paracaidistas, el general Puga participó en numerosas operaciones coloniales ‎en África y Líbano. También fue consejero militar del ex primer ministro sueco Carl Bildt cuando ‎este último estuvo a cargo de la administración de Kosovo, al final de la guerra, y cuando ‎se convirtió en administrador de Bosnia-Herzegovina. El general Puga supervisó además ‎la construcción de la extensión del muro de separación entre Israel y Egipto. Su incuestionable coraje le garantiza gran ‎autoridad sobre los responsables políticos para quienes trabaja. Puga recurre a varios soldados de ‎la Legión Extranjera y del COS y los envía a operar en el terreno directamente bajo sus órdenes. ‎

Resulta imposible saber con precisión dónde estuvieron las fuerzas francesas al principio de ‎la guerra. Lo que se sabe es que el Ejército Árabe Sirio hizo prisioneros a 19 soldados franceses ‎durante el mandato presidencial de Sarkozy y que al menos un número similar murieron ‎en Siria. A sus familias, si la tienen, se les informará sólo que su ser querido resultó «muerto ‎en misión», sin precisar en qué país ni ofrecer más detalles. ‎

En el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China vetan el proyecto de intervención militar ‎de Occidente contra Siria. Una gigantesca ‎multitud, probablemente un millón de personas, sale a las calles en Damasco en agradecimiento ‎a Moscú y Pekín y como muestra de apoyo popular al presidente Bachar al-Assad. ‎La Liga Árabe, bajo la presidencia de Qatar, despliega en Siria una misión de observación que ‎comprueba la falsedad de las informaciones propaladas por la prensa occidental y da la razón a ‎la República Árabe Siria. Por consiguiente ya no habrá respaldo regional, ni marco legal para ‎montar una injerencia como la que se había orquestado contra Libia.‎

‎Ante esa situación, las potencias occidentales deciden jugarse el todo por el todo. Washington ‎reúne unos 60 países para crear una alianza, designada como los «Amigos de Siria». Invitadas a ‎la reunión, Rusia y China descubren que el orden del día no les permitirá expresar ‎sus posiciones. Los participantes tendrán que aprobar un documento cuyo contenido ‎no conocen previamente y que sólo les será comunicado durante el transcurso del encuentro. ‎Moscú y Pekín boicotean la reunión, que se realiza en Túnez y es inaugurada por el presidente ‎de ese país, Moncef Marzouki. Las manifestaciones de protesta del pueblo tunecino incluso ‎retrasan la apertura de la conferencia. A pesar de su imagen cuidadosamente fabricada de ‎personalidad laica de izquierda, Marzouki en realidad sirve desde hace mucho tiempo ‎de fachada a la Hermandad Musulmana. Pronuncia, un discurso invitando al presidente sirio ‎Bachar al-Assad a huir del país que dirige y a Rusia a concederle asilo político para que ‎la Hermandad Musulmana pueda instalarse en el poder en Damasco. Al hacer uso de la palabra ‎en nombre de Francia, Alain Juppé lanza un llamado a la adopción de sanciones contra la ‎‎«dictadura alauita». ‎Por su parte, la secretaria de Estado Hillary Clinton anuncia que las potencias occidentales van a ‎cerrar sus embajadas en Damasco. ‎

Todo este show es revelador de una serie de engaños:‎
- Primero que todo, los occidentales aún no han entendido la razón del apoyo de Rusia a Siria. ‎Creen que es una simple cuestión de fidelidad a un ex aliado de la era soviética y siguen ‎abrigando la esperanza de “convencer” a Moscú de que se una a ellos poniéndose «del lado ‎correcto de la Historia».
- Además, víctimas de su propia propaganda, los occidentales siguen afirmando que Siria es una ‎dictadura impuesta por la secta de los alauitas. La realidad es que, aunque la autoridad del presidente Assad se ejerce plenamente sobre las fuerzas armadas, muchos altos funcionarios ‎civiles hacen lo que quieren en vez de obedecer las órdenes del presidente. Además, la República ‎Árabe Siria no es de carácter confesional. Es una República laica fundada por el partido Baas, que ‎durante mucho tiempo controló todos sus mecanismos. Esta formación política lucha por ‎la unidad del Pueblo árabe en nombre de los principios de la Revolución Francesa. Lo peor que ‎podría decirse de Siria es que se trata de un Estado que vive, desde 1948, en una situación ‎permanente de guerra frente a un vecino expansionista –Israel– y que dispone por ello de un ‎régimen militarizado y ampliamente controlado por el Baas, que es un partido laico.
- Finalmente, al someterse al movimiento iniciado por Hillary Clinton y cerrar sus embajadas ‎en Damasco, los «Amigos de Siria» se privan de las vías legales que pudieran permitirles ‎verificar la información que creen poseer sobre Siria. En lo adelante, sólo Estados Unidos y el ‎Reino Unido dispondrán de un gran sistema común de espionaje a través de satélites (los ‎‎«Cinco Ojos») que les permite distinguir entre lo cierto y lo falso. ‎

El papel de las autoridades francesas será limitado. En todo caso, está demostrado que, desde el ‎principio, Francia dirigió la brigada yihadista Omar al-Faruq, en Homs y durante el ataque ‎contra Maalula, la primera ciudad cristiana de la historia. ‎

‎El 11 de enero de 2012, Gilles Jacquier, periodista de la televisión francesa France2, quien también ‎trabajaba simultáneamente para la DGSE francesa y el Mossad israelí, resulta muerto por un obús ‎de mortero en la ciudad siria de Homs. Gilles Jacquier debía ponerse en contacto con la “Brigada ‎Omar al-Faruq”. Primero, había pedido a los sirios que lo “incrustaran” en el Ejército Árabe Sirio ‎y poder seguir a los generales Maher al-Assad y Wajih Mahmud –los servicios de espionaje ‎de Occidente querían recoger información sobre estos dos militares sirios. Al llegar a Damasco, ‎lo primero que hace Jacquier es presentarse en un hotel que los servicios de seguridad de Siria ‎ya conocen como lugar de reunión de la Hermandad Musulmana con sus padrinos occidentales. ‎Cuando se le invita a reunirse con familias de víctimas de los yihadistas y con dirigentes de la ‎oposición política interna, Jacquier acusa a esas personas de «hacer propaganda para ‎el régimen». Posteriormente rechaza una escolta gubernamental y se va solo a Homs, ‎convencido de no tener nada que temer de parte de los “revolucionarios”. Pero, al encontrarse ‎en el barrio alauita, diariamente bombardeado por los yihadistas al anochecer, Jacquier muere ‎alcanzado por un obús, como tantos sirios. ‎

‎La DGSE (Dirección General de la Seguridad Exterior, la inteligencia exterior de Francia) trata de ‎atribuir la muerte de Jacquier a un «complot del régimen». El ministro de Exteriores Alain ‎Juppé viaja a Nueva York donde, al intervenir ante el Consejo de Seguridad de la ONU, rinde ‎homenaje «a la memoria de Gilles Jacquier, el periodista francés muerto en el ejercicio de ‎sus funciones». Juppé comete así un lapsus muy significativo ya que, en Francia, ‎esa formulación [en francés, “mort dans l’exercice de ses fonctions”] se utiliza únicamente ‎para los funcionarios que pierden la vida durante una misión, nunca para los periodistas, ‎ni siquiera tratándose de empleados de un medio de prensa estatal. ‎

Francia participa también, junto al ejército de Turquía, en la dirección de los yihadistas que ‎atacan dos veces la pequeña ciudad siria de Maalula, símbolo del cristianismo primitivo. ‎Los yihadistas destruyen la estatua de la Virgen, erigida en la montaña que domina la ciudad, y ‎saquean tanto las reliquias de Santa Tecla –considerada «el décimo tercer apóstol»– como ‎los monasterios de San Sergio y San Baco, la única pareja homosexual canonizada por la Iglesia ‎católica. Varios soldados franceses mueren en combate en la vecina aldea de Sanayeh.‎

La Brigada Omar al-Faruq impone su ley en la gobernación de Homs. Coincidiendo con lo que ‎el presidente francés Nicolas Sarkozy había anunciado al patriarca maronita libanés, ‎los predicadores que acompañan a los yihadistas anuncian con altoparlantes que los cristianos ‎tendrán que pagar el impuesto establecido para los infieles y que tendrán unos pocos días ‎de plazo para irse o ser pasados a cuchillo. Desde los tiempos del plan Beaudecourt, ‎en 1848, ha sido una constante la voluntad de Francia y de Turquía –que en aquella época ‎era otomana– de desplazar a los cristianos católicos y maronitas –fieles a Roma– y exterminar ‎a los ortodoxos. ‎

Las fuerzas especiales francesas acaban asumiendo la dirección de los takfiristas –una rama de ‎la Hermandad Musulmana– que se atrincheran en Baba Amro, un pequeño barrio de la ciudad ‎de Homs, y proclaman allí un emirato islámico. Según estos individuos, los musulmanes que ‎no siguen la doctrina de la Hermandad Musulmana deben ser excluidos del islam, condenados ‎a muerte y ejecutados en público. Durante la guerra en Irak, predicadores takfiristas recorrieron las zonas rurales ‎sirias realizando una labor de proselitismo que les aportó cierta cantidad de adeptos. En algunas ‎regiones sirias, el medio rural no está organizado en forma de aldeas sino como ‎granjas aisladas y nadie notó la cantidad de adeptos que tenían los takfiristas, unos ‎‎2 000 hombres en total. Esa cifra aumentó con el reclutamiento de un millar de delincuentes ‎comunes, pagados con dinero contante y sonante. El objetivo de los takfiristas era convertir ‎el emirato islámico creado en Baba Amro en punto de partida de la conquista de toda Siria. ‎Es en ese contexto cuando, por segunda vez, Rusia y China recurren al veto en el Consejo ‎de Seguridad de la ONU, en contra de un proyecto de intervención militar de la OTAN. ‎

El Emirato Islámico de Baba Amro llega a ser estable porque el Ejército Árabe Sirio tiene que ‎limitarse a cercar el barrio donde se han atrincherado los yihadistas. Una unidad de ‎‎70 soldados sirios había quedado aislada dentro de Baba Amro, en un supermercado. ‎Resulta por tanto imposible bombardear a los yihadistas sin correr el riesgo de matar a esos ‎soldados del ejército regular sirio. Tampoco es posible penetrar en Baba Amro ya que todas ‎las vías de acceso están protegidas por baterías de misiles antitanque Milan –cada dispositivo ‎de lanzamiento de misiles Milan cuesta 100 000 euros y cada disparo cuesta 12 000 euros–, ‎baterías instaladas por las fuerzas especiales francesas, y por baterías de 9K115 Metis-M, de ‎fabricación soviética. La única ‎posibilidad de salvar a los soldados cercados es tratar de avanzar casa por casa, evitando ‎exponerse al fuego enemigo en las calles. El pequeño Emirato Islámico de Baba Amro recibe ‎alimentos y municiones a través de una extensa red de túneles construidos previamente, ‎utilizando el alcantarillado, como parte de los preparativos para esta guerra. ‎

France24, la televisión informativa internacional de Francia, y Al-Jazeera tienen en Baba Amro ‎corresponsales asalariados, como el joven Abu Saleh. Este “informa” al mundo sobre ‎bombardeos cotidianos contra el barrio cercado. Pero la realidad es muy diferente. ‎Las explosiones que se oyen en sus videos provienen de las casas de los cristianos y de ‎los partidarios del gobierno sirio dinamitadas por los yihadistas. El humo negro que se ve en ‎las imágenes se obtiene quemando neumáticos de vehículos en los techos de las casas. ‎Los heridos son personas maquilladas y pagadas. El show está tan bien montado y corresponde ‎tan fielmente a lo que afirman las potencias occidentales que todo el mundo cree que el barrio ‎de Baba Amro está siendo salvajemente bombardeado… hasta que un periodista británico filma a ‎Abu Saleh durante la dirección del espectáculo. ‎

‎La República Árabe Siria teme que el asedio de Baba Amro termine en un baño de sangre, como ‎sucedió durante el golpe de Estado de la Hermandad Musulmana, en 1982. El general sirio ‎Assef Chawkat se pone en contacto con el ministro francés del Interior, Claude Gueant, ‎contrario a la guerra contra Siria, quien ya se había opuesto antes a la guerra contra Libia. ‎El general sirio y el ministro francés del Interior llegan a un pacto de caballeros. Los oficiales ‎franceses cercados en Baba Amro podrán salir del barrio libremente, pero los takfiristas sirios ‎tendrán que rendirse. Gueant envía un brillante oficial de la Dirección Central de la Inteligencia ‎Interna (DCRI, siglas en francés), que después de haber trabajado en la embajada de Francia ‎en Damasco se hallaba estacionado en Jordania. El encargado de recibir en Siria al emisario ‎francés será precisamente Michel Kassoua, injustamente declarado en Francia personna ‎non grata en 1982. ‎

‎Ambas partes acuerdan que yo participe como «tercero de confianza». No es primera vez que la presidencia de Francia me pide un favor, mientras ‎ordena a la DGSE que me “neutralice”. Anteriormente, ya me había pedido que sirviera de ‎intermediario en una negociación secreta con Hugo Chávez porque no quería recurrir a su propio ‎ministerio de Exteriores, para evitar que Estados Unidos supiese de aquel contacto con ‎el presidente de Venezuela. Por supuesto, acepto el papel de intermediario, en interés de ‎ambos países. ‎

Después de varios días, se interrumpen las negociaciones para que Moscú pueda interceder ‎ante París. Finalmente, las partes aplican el acuerdo. Los militares franceses cercados en ‎Baba Amro son evacuados, junto con los “periodistas”. Siria libera también a los otros ‎‎19 militares franceses capturados por los soldados sirios durante la guerra. ‎El embajador de Francia en Beirut, Denis Pieton, y el almirante Edouard Guillaud, jefe del estado ‎mayor de las fuerzas armadas de Francia, reciben personalmente a los dos grupos en la frontera ‎libanesa. Oficialmente, estos militares franceses eran «desertores» de la Legión ‎Extranjera. Pero en el momento de su captura varios de ellos portaban un maletín de ‎comunicación secreta de la OTAN y, al ser liberados, el jefe del estado mayor en persona ‎los recibe en la frontera libanesa. ‎

‎Francia se retira de la guerra contra Siria, y con ello afecta los planes de Angus McKee, el agente ‎del MI6 que dirige las operaciones desde las embajadas británicas en Damasco y Beirut, y del jefe ‎del estado mayor británico, David Richards, quienes tenían previsto atacar la República Árabe ‎Siria con 100 000 hombres. ‎

La retirada de Francia también siembra el pánico en Washington y la National Security Agency ‎‎(NSA, la agencia estadounidense a cargo del espionaje e intercepción de las comunicaciones ‎internacionales) recibe orden de piratear los ordenadores de la presidencia de Francia, para ‎tratar de entender la causa del cambio de actitud de París. Así se hace. ‎

El caso de los militares franceses detenidos en Siria aparece en la prensa no occidental, como el ‎canal de televisión Russia Today. Pero el equipo del presidente de Francia interviene ante los ‎grandes medios de prensa franceses y ninguno mencionará el asunto. ‎

En París, se inicia un ajuste de cuentas. El embajador de Francia en Damasco, Eric Chevalier, ‎cuya embajada ha sido cerrada y el personal repatriado, recibe en Francia a varios periodistas. ‎El embajador revela “off the record” que el ministro de Exteriores ha estado falsificando ‎los informes que él enviaba desde Damasco para hacerlos coincidir con las obsesiones coloniales ‎de París. El embajador y su ministro, Alain Juppé, habían entrado al parecer en contradicción ‎desde el inicio mismo de la guerra contra Siria ya que Juppé exigía que el embajador ‎confirmara las acusaciones de France24 sobre los niños supuestamente torturados y ‎las manifestaciones “por la democracia”. El embajador mantuvo su posición señalando que no podía confirmar la historia de ‎los niños con uñas arrancadas y que las manifestaciones estaban lejos de ser tan numerosas como ‎se había dicho, además de que no había en ellas consignas a favor de la democracia. ‎

El 1º de abril, el ministro francés de Exteriores Alain Juppé participa en la segunda conferencia de ‎‎«Amigos de Siria», en Estambul, que reúne 83 países y organizaciones internacionales, cifra ‎superior a la de Túnez. Pero Francia no tiene ningún papel en ese encuentro. La conferencia ‎toma nota de que no será posible aplicar el plan inicial contra Siria ni hacer allí lo mismo que ‎en Libia sin entrar en conflicto directo con Rusia y China. Pero quizás sea posible atacar Siria ‎sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, como se hizo contra Yugoslavia –‎la actual Serbia– con la guerra de Kosovo. El embajador estadounidense Stephen Rapp recibe ‎entonces la misión de crear el “Syria Justice and Accountability Centre”, una “ONG” con sede en ‎La Haya, que recogerá todos los testimonios posibles para elaborar un expediente acusatorio y ‎condenar al presidente Bachar al-Assad ante un tribunal internacional. Nicolas Sarkozy, por su ‎parte, ya no tiene tiempo para otra cosa que no sea ocuparse de su reelección. ‎

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario

/* ]]> */