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Un mundo feliz

Escrito por Debate Plural

Elsa Claro (Cubadebate, 21-10-19)

 

Resulta pasmosa la ceguera o el distanciamiento de la realidad por parte de la derecha latinoamericana. Suelen proyectar una imagen panglosiana de sus países y hasta se la creen. Según el presidente chileno, todo andaba de maravillas, pero en las últimas semanas se ha patentizado que no es así. Los últimos granos de pólvora a un largo malestar, se añadieron con el aumento del precio al transporte subterráneo.

Las evidencias de descontento no han ocurrido solamente en la capital. En Valparaíso y otras urbes al sur del país,  hubo protestas en distintos grados, teniendo a los jóvenes al centro en todos los casos. Según académicos honestos, ellos son el segmento social que más indefenso y carente de perspectivas se siente. No están solos. Les apoyan familiares y gremios no menos dañados.

Malo, en medio de ese lamentable paisaje, que antes de atender las demandas o de espaldas a ellas, sacaran el ejército a la calles para reprimir y  hasta decretaran el toque de queda, impidiendo la circulación  de personas, como dijera el general Javier Iturriaga, jefe de la Defensa Nacional, confinadas  “(…) en sus hogares y los que necesiten salir, deben pedir salvoconducto”.

La medida recuerda similares oficios hasta finales de los 80, antes y durante el último tramo de la estancia de Pinochet en el poder. El pinochetismo, por supuesto, no desapareció con el movimiento a un lado del dictador, ni luego. Así lo garantizan las preferencias y métodos del conservadurismo chileno aunque se vista con sedas.

En ayuda del enfoque errático asumido, se recuerda que cuando se inauguraba el Transantiago, en octubre de 2005, después en el 2007 y sobre todo en el 2009, se registraron fuertes inquietudes por las deficiencias del trazado y su operatividad, pues dejaron fuera de ese servicio a bolsones ciudadanos de áreas alejadas.

En diferentes momentos fue necesario romper contratos con algunas de las empresas privadas que se hicieron cargo de construir primero y explotar después este tipo de transporte del cual depende el traslado diario de unos dos millones y medio de habitantes solo en la capital.

Pese a las insatisfacciones vividas en esta materia, el precio a pagar en el metro subió en 20 oportunidades. Luego el más reciente anuncio sobre otra alza fue llover sobre el fango. Como forma de mostrar su desacuerdo, los estudiantes comenzaron a saltar  sobre los reguladores de acceso al subte sin previo pago.  Como es frecuente en estos tiempos, las redes sociales sirvieron para movilizar  a muchos otros, extendiendo la protesta animada por los más jóvenes. Comienza el 14 de octubre y entre el jueves 17 y viernes 18, la situación se agudizó, según fue mayor el proceder represivo aplicado por policía y militares contra los manifestantes.

También  hubo desorden, incluso el domingo 20, y después de ser desactivada la resolución que hizo estallar el descontento acumulado. Difícil saber en cada caso, cuándo el vandalismo se perpetra por grupos marginales y cuándo es provocado artificiosamente desde las sombras, como pretexto para justificar las medidas de fuerza.

Para varios académicos consultados, el origen de las grandes movilizaciones actuales, radica en hechos soportados hasta ahora, que solo en los últimos 10 años hizo aumentar los alquileres por encima del 100%, sin que los salarios se correspondan con ese incremento.

Los universitarios contraen compromisos financieros de por vida y  11 de los 18 millones de chilenos están endeudados.

La precariedad de la educación es asunto que provocó numerosos períodos de reprobación  callejera durante años anteriores, luego no es tema novedoso, pero existe. Igual con el desmejorado sistema sanitario. En contraste, las élites gozan de buenas retribuciones y en las esferas castrenses el aquelarre de la corruptela es inocultable. La gente se entera así de adónde va a parar buena parte de cuanto les correspondería si hubiera una apropiada redistribución de la riqueza nacional.

Son razones sobradas para promover un amplio malestar mientras circulan noticias sobre la cercana elevación del precio de la electricidad doméstica.

Para quienes cuentan con pensiones magras e insuficientes haberes (el 70% de la población tiene ingresos por debajo de lo necesario para sufragar la cotidianeidad), no puede resultarles aceptable ese crecimiento en el coste de productos o servicios imprescindibles.

Se trata de problemas no solo achacables a la actual  administración. Especialistas y observadores aseguran que se vienen arrastrando disgustos y desproporciones entre los segmentos ciudadanos menos favorecidos hace mucho, incluido el anterior mandato del otra vez presidente Sebastián Piñera.

Inevitable pensar que con tantos deberes reprobados él fuese uno de los que fue a Cúcuta para aquella farsa anti venezolana desde territorio colombiano, donde tampoco Iván Duque tiene sus obligaciones sociales bien encaminadas.

Estos enfatuados maestros coaligados para decirle a los demás qué y cómo hacer, suspenden en el examen de sus asignaturas internas y concluyen asombrándose de que les estallen en las manos.

Están tan  poseídos por la arrogancia, que son  incapaces de impedir aquello con remedio, si hay voluntad,  o dar flagrantes pasos en falso, como los referidos a aumentos en el coste de la vida mientras  lo percibido es insultantemente escaso.

Teniendo tan cerca lo ocurrido en Ecuador y el desborde humano susceptible de repetirse si la administración Moreno no es sincera o intenta ardides para salirse con la suya a despecho de los ciudadanos, Sebastián Piñera debió tener el tino de no formular otro apretón a los más en este momento.  No parece muy acertado tampoco, concluir desactivando el decreto destinado a encarecer el pasaje en metro, solo después – como su homólogo ecuatoriano- de darle carácter delincuencial a las protestas y encargar al ejército una situación de difícil pronóstico.

Absurdas y peligrosas sus declaraciones calificando de guerra y de enemigos poderosos, a los manifestantes.

La profesora en la Universidad de Santiago, Lucía Dammert, estima que estas protestas  son “un fenómeno que se ha incubado por mucho tiempo”. Citada por Deuche Welle y otras publicaciones on line, afirma, “De partida, es protagonizada por una nueva generación de chilenos, de menos de 30 años, que no conocieron la dictadura, abiertos para expresar sus angustias y que, desesperanzados, sienten que no tienen nada que perder, por lo que sus reclamos fácilmente pueden llegar a la violencia”.

Otro ángulo recordado por la experta, se remite a la estrecha relación entre la oligarquía económica y política con los mandos oficiales, incluso los miliares,  sectores todos a tanta distancia de los pesares sufridos por la mayoria,  que  ni siquiera conocen  qué piensa o cómo sienten sus carencias  las clases medias, pese a ser el apoyo de los sectores encumbrados. Esto tampoco es un fenómeno nuevo, pero la indolencia  para disipar los problemas crece con el tiempo y perturba in crescendo.

Otro enfoque digno de cita pertenece a  Carlos Ruiz, académico de la Universidad de Chile. El asegura que la actual situación  se explica “por el nivel extremo en que en Chile se ha privatizado la reproducción de la vida cotidiana, lo que crea una cantidad de fuentes de incertidumbre que –al menos en este nivel– no existen en otras sociedades del mundo”.

En la visión de cuantos son capaces de opinar meridianamente, la sociedad chilena no confía  en sus instituciones. Ni siquiera en el parlamento. Es posible que no tanto por quienes integran esos órganos de administración o justicia sino por la incapacidad mostrada para hacerse cargo de contrariedades  ocultas bajo los repetidos rótulos  de “milagro chileno”, “éxito ejemplar del modelo neoliberal”), etc.

Lo innegable procede de hechos escamoteados: tales bondades solo las disfrutan quienes más tienen.  No hace mucho Piñera alegó que Chile era un oasis de tranquilidad en el hemisferio. Fíjense a qué distancia andan de la verdad que concluye estallándoles bajo la nariz.

Una mesa de diálogo con los distintos sectores buscando resolver las demandas de los chilenos, dijo iba a instaurarse en breve,  haciendo referencia al “costo de vida” y la rebaja en el precio de los medicamentos, en la posible agenda a ser dilucidada. Y uno se pregunta por enésima oportunidad: si se conocen los puntos flacos del gobierno y las urgencias de la población ¿por qué se les somete a tantas tensiones y abusos?

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