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Con Apolinar Perdomo en el Parque Colón

Escrito por Debate Plural

Jose del Castillo (D. Libre, 14-9-19)

 

Apolinar Perdomo (1882-1918), quien a principios del siglo pasado ejerciera con gracia el periodismo y la literatura incursionando en la poesía, el teatro y la crítica, nos llega ahora en una afortunada selección de su obra realizada por el educador y dirigente político Eddy Mateo Vásquez. En Apolinar Perdomo Otros Escritos (Poesía-Prosa-Teatro-Drama), el autor de esta compilación de trabajos de quien fuera calificado como uno de los consagrados poetas eróticos de su generación, nos ofrece una diversidad de textos que permiten calibrar mejor el aporte de este escritor a través del conocimiento de su perfil multifacético.

Redactor del Listín Diario, director de la revista Nuevas Páginas, colaborador asiduo de publicaciones periódicas como Renacimiento, Cuna de América, Letras, Ateneo, Blanco y Negro, Quisqueya, y Mefistófeles, entre otras, la firma de Perdomo era sello cierto de buen decir.

Justo en esta última “chispeante revista”, escribió entre 1910 y 1911, una pequeña serie de “Instantáneas del Parque Colón”, en la cual reseña “con toda ingenuidad, las impresiones generales que recibía a diario o entre noches, en los bancos bulliciosos de este adorable sitio, ‘Capital de la República’, como le llamé entonces, recreo de ocupados y oficina de vagos que ha sido para la grata siesta de unos cuantos, confesionario inmenso de curiosos, centro de murmuraciones inocentes y semillero propicio en donde se riega al azar la eficaz simiente de la calumnia”. Nos dice sumario en Letras del 28/10/17.

La lectura de estos textos, que agradezco a su amable compilador que me hizo llegar un ejemplar de la obra, resulta sumamente deleitosa, en especial para aquellos que guardamos gratísimos registros memorables de la que fuera llamada Plaza Mayor de Santo Domingo, Plaza de la Catedral y finalmente Parque Colón desde 1887, en mérito a la figura estatuaria del Gran Almirante don Cristóbal, obra realizada por el escultor francés Ernest Gilbert bajo el gobierno del Pacificador, general Ulises Heureaux.

En la primera entrega de estas “Instantáneas”, subtitulada “Epístolas a un Amigo Ausente” (Mefistófeles, 14/8/10), Perdomo nos sitúa en el escenario y su entorno, dominado por la imponente presencia de la Primada de América. “El reloj de la Catedral, con su cansada monotonía, da las diez de la noche. El parque Colón ríe, con su risa alegre, con su elegante risa capitaleña, de las horas que marca el viejo reloj centenario y a la luz de sus ocho focos eléctricos, da sus bancos a la charla de los jóvenes poetas y a la severidad en contraste de los graves comerciantes.”

Qué ofrece este espacio abierto a la sana sociabilidad capitalina. “El parque Colón es un amigo de todos. Recibe cariñosamente a los bohemios –grupo del que forma parte el autor de estas crónicas- y a los burgueses, a la niñez y a la ancianidad, a los nacionales y a los extranjeros, y así es teatro de los más tiernos idilios, como de las más crueles tragedias.”

Continúa Perdomo situándonos en la historia detrás de este reducto urbano que todavía en los años 40 era calificado como el centro vital de la entonces Ciudad Trujillo, conforme relatos de los españoles republicanos que recalaron en el país. Escenario del renombrado mitin del Partido Socialista Popular y de la Juventud Democrática del 26 de octubre de 1946, atacado por brigadas trujillistas armadas con palos y macanas en señal de intolerancia. Y que, tras el ajusticiamiento del tirano, alojara en julio de 1961 la presencia de la “Caravana de la Libertad”, encarnada en la avanzada del PRD encabezada por Ángel Miolán. Predicando “sin odios ni rencores”, desde los balcones de su recién estrenado local, la buena nueva de la democracia con justicia social.

“Él sabe a qué suenan los besos del Amor y a qué el estampido de los revólveres homicidas. Sobre su risa impávida han caído lágrimas de mujer, sangre de hombres, y sudor de proletarios. Y el parque Colón siempre ríe, con su elegante y desdeñosa risa capitaleña…”

“En un banco a espaldas del burlado horario, conversan, discuten, ríen, seis u ocho jóvenes intelectuales. Se recitan versos; se critican y se elogian unos a otros y se trata sin respeto a los ausentes. Arturito Pellerano llama malos, infumables, los versos de Damirón. Arturo Logroño enciende esta discordia poética con una fingida adulación. Caen sobre Giró; Logroño le defiende con un elogio, cuyo tono es más cruel que el más duro de los choteos. El comerciante del grupo, Luis A. Abreu, que erró su vocación artística, por dedicarse a la prosa de la compra-venta, clama calurosa y sinceramente a favor de Giró y recita estrofas de ‘Ensueño’. Su debatida poesía laureada a la par de mi ‘Canción de Amor’. A Porfirio, Juan Tomás y a mí, nos llaman los tres mosqueteros; pero no nos respetan; dicen que es infumable tal composición del primero, que es mala aquella del segundo, que son muy bonitas casi todas las mías. Ese casi lo subrayan de un modo agresivo.”

Refiere Perdomo que él asume actitud de escucha y ante solicitud para declamar algún verso suyo, rehúye la encomienda alegando mala memoria. El comerciante Abreu trata de refrescársela sin lograrlo. Y ante una indirecta de Logroño, “se insultan sin ofenderse. Abreu llama a Logroño farmacéutico, éste a aquél comerciante! Abreu no protesta pero se siente herido por el tono en que lo ha dicho Arturo y dice con indignada jactancia: -Si. No niego que soy comerciante; pero tengo alma de artista. Siento mejor que tú la poesía y la interpreto mejor.”

A lo que replica Logroño: “-Cuentas las motas en romance y la plata americana en alejandrinos. Todos reímos, y Logroño con su amplia cara de luna llena, finge una seriedad arzobispal. Luego interroga: ¿no es verdad que tengo talento?…Y se va, sin despedirse, arrastrando los pies estudiadamente, tiene la manía de ser raro.”

Oportunidad que aprovecha Damirón para indicar que se tomaría “un vaso de cerveza bien fría”, recibiendo respuesta positiva unánime, “pero nadie tiene un centavo y el Café Colón no fía. El pobre Ernesto Alardo, pasa entonces por un trapiche de insultos que él escucha impasible desde su pequeño escritorio, sobre el cual, en un florero se mustia un bouquet ridículo.” Félix Pérez, autor de un único soneto, quien había permanecido callado toda la noche, interviene para prometer cubrir un brindis para la jornada siguiente.

“Y el grupo de jóvenes intelectuales, cuya amena y variada conversación copia la ingenuidad de sus almas nobles y bellas, almas hechas para el arte, para la poesía y para todo lo que de una u otra manera constituye el bien de la patria, el bien de la sociedad, se disuelve poco a poco dejando vacío el parque Colón, que ríe siempre con su elegante risa capitaleña, de la estatua del inmortal navegante que la embellece y del viejo reloj centenario que desgrana las horas, monótonamente desde su alta torre secular.”

En su segunda “Instantánea”, Perdomo hace galas de su vocación enamoradiza, aludiendo a los encantos de una damita amiga que encontró en el parque. “El domingo estaba usted en la retreta, muy ideal, muy vaporosa, muy elegante, tal que desde entonces tengo la obsesión de su figura, de su cuerpo, en fin, cuya regia geometría se adivinaba bajo las discretas transparencias del vestido. Estaba usted encantadora… No cree usted que es más que posible volverse uno loco con sólo haberla visto una vez de ese modo? Deseos irresistibles tuve de acercarme a usted y decirle al oído, muy quedo: Tu belleza rinde, avasalla, esclaviza…”

Rendido, el poeta que respira en la prosa del cronista se somete al sortilegio de la carne femenina que le seduce. “Yo he visto la curvatura soberbia en que se enmarca tu hermosura…” Y continúa desgranando perfiles descriptivos del personaje objeto del deseo, para cerrar con una noticia que le llevan los amigos al banco de parque, para alimentar la próxima crónica periodística. Logroño, en asociación comercial con Garrigocita, planea establecer un apiario para producir la dulce miel, para lo cual diligencia la compra del terreno. Ahora nuestro gordo talentoso, sólo habla de apicultura.

La tercera “Instantánea” publicada en el semanario dominical Mefistófeles en 15/01/11, de especial interés para las damitas lectoras, versó sobre la retreta efectuada en jueves, víspera de Reyes. “Toda la calle Separación era un hervidero de gente de ambos sexos, de todas las edades, de todos los colores y de todos los estados –incluso el de jamones y jamonas que es un estado intermedio entre solteros y viudos- que entraban y salían de las tiendas, en compra de juguetes para los hijos unos, para los sobrinos otras.”

La ocasión fue propicia para que el parque se poblara de “exquisitas, hermosas e incitadoras damitas”. Una parejita de las cuales se sentó en un banco próximo al que ocupaba Perdomo, dedicándose a murmurar, tijereteando inclementes a los concurrentes de ambos sexos, en especial en cuanto a moda se refiere. Poetas con melenitas y gajos. Damas con pantalones traslúcidos que las hacían ver desnudas. Porfirio Herrera, ya comprometido en amores, galanteando a otras damitas.

Para cerrar la noche víspera de Reyes, el cronista dio un paseo por las tiendas todavía en pie, junto a Arturo Logroño, para observar la actividad comercial. Culminando el texto con una humanitaria reflexión.

“Un doble pesar me asaltó: me entristecía el no tener zapatitos que rellenar de muñecos y bombones y me dolía el alma la idea de que hubiera niños pobres o huérfanos que al despertar con el alba del día de Reyes, encontraran vacíos los rotos zapatitos puestos, con infantil alegría, delante del miserable y duro lecho…”

Sabrosas, estas juntas de Rafael Damirón, Arturo Pellerano, Porfirio Herrera, Arturo Logroño, Juan Tomás Mejía, con Apolinar Perdomo, cuando la juventud les sonreía, justo en el Parque Colón. El 27 de diciembre de 1918, una epidemia de influenza se llevó a Perdomo, con apenas 36 años.

Rendido, el poeta que respira en la prosa del cronista se somete al sortilegio de la carne femenina que le seduce. “Yo he visto la curvatura soberbia en que se enmarca tu hermosura…”

Acerca del autor

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