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Bombardear con todo la economía venezolana: los objetivos del tiar

Donald Trump
Escrito por Debate Plural

William Serafino (Misión Verdad, 19-9-19)

 

La instalación de la mesa de diálogo entre el Gobierno venezolano y sectores de la oposición moderada en días recientes ha irritado al gobierno de los Estados Unidos. Pisando el acelerador, intenta descarrilar un nuevo intento de construir un marco soberano para resolver la crisis venezolana. Para la Casa Blanca, toda ruta que no conlleve a más confrontación y, en consecuencia, a un mayor agravamiento de la situación económica, debe ser invalidada, pues es interpretada como un sinónimo de derrota.

LA DIANA DEL TIAR

El mismo día que en la Casa Amarilla se firmaban los acuerdos de la mesa de diálogo, funcionarios estadounidenses bajo condición de anonimato comentaban a The Washington Post que «el objetivo inmediato con el TIAR es escalar las sanciones, incluyendo el posible bloqueo de embarcaciones que contengan petróleo de PDVSA. También podrían acordar el cierre del espacio aéreo con Venezuela». Esto lo reseñó el abogado venezolano Mariano de Alba.

Esta declaración de propósitos fue el primer anuncio de que el TIAR será dirigido, principalmente, hacia la aplicación de medidas económicas paralizantes contra Venezuela, justo donde yacen sus puntos de vulnerabilidad: alimentos, medicinas y venta de petróleo. En estos tres ámbitos se han concentrado las sanciones más severas de 2019. Implica un ahogamiento terrible de las fuentes de ingreso, bienes y servicios básicos de la sociedad venezolana.

El instrumento, que otorga una base jurídica al despliegue de opciones coercitivas en el campo comercial y financiero por parte de los países firmantes, sería el primer paso para concretar una idea que tiene tiempo en la cabeza del establecimiento de seguridad nacional estadounidense: la aplicación de un bloqueo naval que interrumpa las exportaciones petroleras que son responsables del 95% de los ingresos del país.

A esta declaración de guerra económica reloaded, se sumó una sofisticada declaración de guerra política contra el incipiente proceso de diálogo.

Un comunicado del Departamento de Estado dio un espaldarazo a Guaidó, colocándolo como condición esencial para cualquier conversación. Y es lógico: Guaidó es el brazo político más visible de la Casa Blanca para interferir destructivamente en la situación venezolana.

Tildando a los opositores que firmaron el acuerdo como «un grupo marginal» atraído por «Maduro y sus compinches», el comunicado también fue un invocación de facto del TIAR.

«Estados Unidos y nuestros aliados han invocado el TIAR/Tratado de Río, que facilita más acciones colectivas para enfrentar la amenaza que representa el antiguo régimen de Nicolás Maduro para el pueblo venezolano y para la región», reza el comunicado.

UNA REUNIÓN EXPRÉS PARA EXHIBIR LEALTADES

Horas después, los embajadores de los países firmantes se reunieron en Washington y anunciaron una reunión a nivel ministerial el próximo lunes en Nueva York. El embajador colombiano, Francisco Santos, afirmó que «la decisión de invocar y a partir de ahí poder tomar decisiones respectivas frente a sanciones (…) de ninguna manera quiere decir que se aprueba el uso de acciones militares».

Santos afirmó que el presidente Iván Duque, durante su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas, va a presentar «evidencias sobre el respaldo activo de Venezuela a los grupos terroristas colombianos en su territorio».

Este montaje que prepara el presidente Duque, el cual ya venía anunciando desde hace semanas, deberá sortear una gran contradicción: acusar al Gobierno venezolano de «apoyar a grupos armados», mientras la agenda política e informativa en Colombia está marcada por las fotos de Juan Guaidó con los jefes del grupo narcoparamilitar Los Rastrojos.

En el marco de esa reunión exprés, y siguiendo la postura de Santos, la subsecretaria del Departamento de Estado para Cuba y Venezuela, Carrie Filipetti, aseveró: «Es cierto que no hay intención de utilizar el tratado de Río para opciones militares, pero es una herramienta valiosa porque muchos países de la región no tienen mecanismos legales para adoptar sanciones económicas».

La funcionaria también expresó: «Pienso que siempre hemos creído que una transición sería inminente. Y queremos asegurarnos de que eso ocurra (…) el presidente está muy enfocado en asegurarse de que podamos llegar a una transición lo antes posible (…) En la mente del presidente, y en la mentalidad del gobierno en su conjunto, el tiempo para la transición es realmente ahora, por lo que verán esa urgencia reflejada en nuestras próximas políticas».

EL DÚO DINÁMICO EN ACCIÓN: ACCIONES EN PUERTA

Con base a estas declaraciones, es fácil inferir que EEUU y Colombia actuarán en llave durante la Asamblea General de Naciones Unidas para linchar a la República Bolivariana de Venezuela desde varios frentes.

El gobierno de Duque, por su parte, hará lo propio victimizándose según el relato ya definido, toda vez que proyecta a Venezuela como una «amenaza» para el país vecino, la región y el mundo. Estados Unidos, en paralelo, apretará a sus socios para desplegar ordenadamente un nuevo bombardeo de sanciones contra el país, esta vez utilizando el TIAR.

Esto lo adelantó Filipetti al expresar que «otros países, incluida la UE (Unión Europea), han tardado en implementar sanciones» contra Venezuela. La orden está dada.

Los reacomodos en la política venezolana generados por el chavismo han propiciado una agitación evidente en la Casa Blanca. Caotizada luego de la salida de John Bolton y sin poder apretar el gatillo para aniquilar a Irán, visualiza en Venezuela un frente «rápido» para mostrar fuerza.

La convergencia catastrófica de estos eventos, a lo que debe sumarse el colapso general del Imperio estadounidense, abre la puerta para un escalamiento de la guerra diplomática contra Venezuela en el escenario de la Asamblea General de Naciones Unidas.

El objetivo es la cabeza de la organización, el secretario general António Guterres, a quien presionarán para que levante la imagen del gobierno fake de Guaidó. Para ello muy posiblemente tratarán de ejecutar la suspensión de las credenciales del personal diplomático venezolano a beneficio de los emisarios de autoproclamado.

De esta manera, y actuando aparatosamente, EEUU busca compensar su fracaso en el frente interno elevando las presiones en un sistema multilateral que, paradójicamente, es deslegitimado permanentemente por la Administración Trump.

EEUU busca en la Asamblea General de las Naciones Unidas un giro dramático con el cual volver a la ofensiva y reactivar el golpe en Venezuela. Y para ello deberá continuar con el mismo patrón de conducta: violar sistemáticamente la Carta de Naciones Unidas.

El mejor ejemplo de esto es el TIAR: un mecanismo de fuerza bruta que rompe el consenso fundacional del sistema internacional vigente.

¿TENEMOS OTRO PLAN? ¿NO? ENTONCES PRESIONA EL BOTÓN ROJO DE LAS SANCIONES

Las sanciones económicas son para el siglo XXI, lo que fue para el siglo XX la bomba atómica o la guerra convencional. Su potencial de destrucción, al actuar por debajo del umbral de la agresión armada, la ha convertido en una herramienta (criminal) de política exterior barata y ajustada a los planes de cambio de régimen del Imperio estadounidense.

En un escenario marcado por el fracaso del experimento Guaidó, y con una parte de la oposición enfrentada a él, esta herramienta destructiva ha escalado con el objetivo de desarticular al Estado y la sociedad venezolanas en su totalidad. Pero la Administración Trump le ha dado su propio toque personal. Si a principios del siglo XX las sanciones eran vistas como un medio para castigar, para los halcones ese castigo es un fin en sí mismo. Venezuela es un ejemplo terrible de este paradigma.

Este cálculo era funcional en un mundo unipolar o donde EEUU tenía evidentes ventajas geopolíticas, pero en el escenario actual, marcado por una tendencia irreversible hacia la multipolaridad, el abuso de este recurso es contraproducente.

Atrapados en esta lógica, EEUU dispara ráfagas de sanciones para transferirle poder a Guaidó y evitar su envilecimiento, mientras en el escenario internacional presiona por un reconocimiento cada vez más pronunciado e ilegal de su falso interinato. Desde una perspectiva más amplia, la Casa Blanca redobla las apuestas e intenta, sin éxito, quebrar la alianza geopolítica que Venezuela ha reforzado con China y Rusia durante los últimos años. Aspiran a un quiebre absoluto por la vía de la guerra económica.

Al final de cuentas, hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes, es una definición de locura que se corresponde bastante bien con el recalcitrante pensamiento que domina actualmente la política exterior estadounidense.

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