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Diálogo como golpe interno a Guaidó y la ofensiva por impedir la guerra

Escrito por Debate Plural

William Serafino (Misión Verdad, 17-9-19)

 

Este lunes en Casa Amarilla, sede de la cancillería venezolana, fue instalada una mesa de diálogo nacional entre el Gobierno venezolano y varios partidos antichavistas, contando con el acompañamiento del cuerpo diplomático acreditado en Caracas.

En cuestión de pocos minutos, el hecho se transformó en la noticia más importante del día e hizo girar la agenda informativa en función de lo que allí sucedía.

El encuentro tuvo como representantes, por parte del Gobierno, a la vicepresidente de la República, Delcy Rodríguez, al ministro de Información Jorge Rodríguez y al canciller Jorge Arreaza, entre otros altos funcionarios.

El bando opositor estuvo representado por Timoteo Zambrano, Claudio Fermín y Luis Romero, en representación de las formaciones políticas Cambiemos, Soluciones y Avanza Progresista del ex candidato presidencial Henri Falcón, respectivamente, además de Felipe Mujica, secretario general del partido MAS.

Ambas partes, en palabras de Timoteo Zambrano y Jorge Rodríguez, hicieron énfasis en la necesidad de rescatar el diálogo nacional y sumar esfuerzos para preservar la paz y la soberanía del país. Acto seguido, firmaron un documento contentivo de acuerdos parciales que consta, a grandes rasgos, de los siguientes puntos:

  • Los diputados y diputadas del PSUV y formaciones aliadas se reintegrarán a la Asamblea Nacional (AN).
  • Elección de nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE).
  • Liberación de políticos presos mediante recomendaciones de la Comisión de la Verdad.
  • Canje de petróleo por alimentos y medicinas con base en los mecanismos establecidos por el sistema de Naciones Unidas.
  • Defensa de los derechos de Venezuela sobre la Guayana Esequiba.
  • Rechazo a las medidas coercitivas unilaterales (sanciones) y la exigencia de su levantamiento inmediato.

UNA INCÓMODA SORPRESA PARA GUAIDÓ

La instalación de este nuevo esfuerzo por el diálogo nacional ocurrió horas después de que Juan Guaidó anunciara que el mecanismo de diálogo auspiciado por el gobierno noruego, se había «agotado».

Con la reciente activación (ilegal) del TIAR en el marco de la OEA, el creciente apoyo del gobierno de Duque y con la Asamblea General de Naciones Unidas en puertas, un evento que la Administración Trump seguramente utilizará para inyectarle legitimidad al gobierno paralelo, el autoproclamado sentía que su posición de fuerza era suficiente para patear la mesa y plantear nuevamente la guerra como única salida (ahora se suma el factor Colombia).

Pero tal parece que el movimiento de los actores periféricos del antichavismo lo sorprendió a él y al entorno de formaciones opositoras que sostienen su falsa presidencia encargada desde la Asamblea Nacional.

En un intento por controlar la situación, sus operadores más cercanos dieron a conocer los puntos que intentaron negociar en Barbados meses atrás.

La incongruencia y la extralimitación del marco legal venezolano representan el hilo conductor de cada una de las demandas presentadas en aquel entonces. Se propuso que Maduro y Guaidó se «separaran» de sus cargos, a los fines de constituir un Consejo de Gobierno que garantizara la realización de elecciones presidenciales en los nueve meses siguientes.

Este planteamiento, por más irracional que parezca, se acopla perfectamente a lo expresado a finales de agosto por el enviado especial de los Estados Unidos, Eliott Abrams, quien en el contexto de una entrevista para The New York Times, argumentó que «la Casa Blanca no dará su respaldo a que haya nuevas elecciones en el país suramericano si en la boleta hay alguno de los dos hombres que se disputan el poder: Maduro o Guaidó».

Para Abrams, una hipotética elección presidencial contaría con el apoyo de EEUU si Guaidó y Maduro se separaban de sus «cargos», aún a sabiendas que sólo uno de ellos es el presidente legítimo de Venezuela.

Sin embargo, la «filtración» del equipo de Guaidó no salió como esperaba. Exponentes del ala radical y minoritaria del antichavismo tomaron esta información como una muestra más de los engaños de Guaidó hacia este sector político.

Desde el hemiciclo de la Asamblea Nacional, el militante de Voluntad Popular reconfirmó que, efectivamente, le habían propuesto unas elecciones presidenciales al Gobierno antes del «cese de la usurpación», un mensaje que urdirá mayores rencillas en el ala radical hacia su figura.

¿CUÁNTAS VECES PUEDE FRACTURARSE UNA MISMA COSA? EL GOLPE A GUAIDÓ

Aunque son bien conocidas las diferencias estructurales y disputas internas en el antichavismo, es la primera vez que la facción tildada como moderada asume públicamente su posición de diálogo frente al Gobierno venezolano, monopolizando reivindicaciones políticas e institucionales (liberación de políticos presos, nuevo CNE, etc.) que eran privilegio de los partidos más influyentes de la oposición.

Esta ubicación política de los partidos firmantes parte de un cálculo bastante primario. El estancamiento de Guaidó y los partidos que lo apoyan, abre paso a una ventana de oportunidad (ante un eventual adelanto de elecciones parlamentarias): capitalizar el descontento que ha generado la fallida estrategia de principios de año. Por eso quieren ir a elecciones.

La tradicional ola de decepción y frustración de la fanaticada opositora no se hizo esperar luego de la firma de los acuerdos parciales. Las redes sociales estallaron nuevamente en un clima de confrontación interna, señalamientos cruzados y odio entre dirigentes. El único aspecto novedoso de esta situación es la diatriba por la conformación de un nuevo CNE, un reclamo que la oposición ha hecho valer durante años.

Mientras la barra brava de Guaidó acusaba a los firmantes del acuerdo de ser un sector «minoritario» y de no representar a la oposición, los moderados insistían en su posicionamiento habitual: seguir apostando a la violencia o a la esperanza de una intervención militar, no traerá ningún cambio a la situación.

El resultado de esto es la deslegitimación del antichavismo como entidad. Y en concreto, los dirigentes y partidos antichavistas con la mayor representación parlmanetaria, a los que ya Guiadó le dio un cargo, usarán ese peso para trabar cualquier acuerdo, mientras las sanciones estadounidenses, por otro lado, continuan afectando la vida económica y social del país. La desestabilización económica es la línea de acción principal del golpe y actua como disolvente de las rutas planteadas por una estabilización y recuperación del país.

La ristra de inasistencias que reflejan sus diputados según los registros internos a las sesiones parlamentarias de la AN, y la crisis en general del antichavismo, acorta parcialmente las distancias entre el sector antidiálogo (Voluntad Popular y Primero Justicia principalmente) y los moderados.

La instalación de la mesa de diálogo implica un durísimo golpe interno para Guaidó, en tanto queda demostrado que su falso interinato no ha servido para sostener al menos cierta unidad táctica. Profundiza el declive del autoproclamado, marcado por el escándalo de corrupción de la «ayuda humanitaria» en Cúcuta, el fracaso de la denominada «Operación Libertad», y más recientemente, por sus risueñas fotos con dos capos del grupo narcoparamilitar colombiano Los Rastrojos, enmarcadas en su entrada a territorio colombiano para coordinar el montaje humanitario del 23 de febrero.

Ampliando el foco, los acuerdos parciales firmados el 16 de septiembre representan una impugnación al alineamiento de los partidos antichavistas con la agenda de guerra híbrida de la Casa Blanca.

El rechazo a las sanciones, la apuesta por la recuperación del equilibrio institucional del país tras el choque de poderes propiciado por la AN desde 2016 y la promoción del canje de petróleo por alimentos, implica una ruta contraria a la ideada por los halcones que buscará ser desactivada rápidamente.

GEOPOLÍTICA Y LA CONTRAOFENSIVA DEL CHAVISMO FRENTE AL ASEDIO

Más que las históricas divergencias del establishment opositor, ha sido la resistencia del chavismo la que ha generado estos movimientos en el tablero político local. Y un contexto de agresión abierta contra el país, un espacio de diálogo es un paso hacia adelante en defensa de la vapuleada soberanía nacional.

Que una parte de la oposición busque deslindarse de las consecuencias desastrosas del fallido plan de los halcones, entre las cuales se incluye la aparatosa activación del TIAR y el recrudecimiento de la narrativa pre-bélica del gobierno colombiano, es evidencia de que el chavismo ha descarrilado a los planificadores del golpe.

Por su parte, el despido de John Bolton y la concentración de los factores de poder estadounidense en las elecciones de 2020, se unen a situaciones de riesgo geopolítico como los ataques a instalaciones petroleras de Arabia Saudí, que han reducido a la mitad su capacidad de producción de crudo.

Este contexto implica que, por ahora, la atención geopolítica y los recursos de política exterior del Imperio girarán en un frente distinto al venezolano, sin que el halcón en jefe, John Bolton, pueda convencer a Trump de mantener un interés interrumpido en el devenir de Guaidó.

Así, el chavismo piensa y actúa en función de las cambiantes condiciones internacionales y la crisis de EEUU para plantear sus movimientos. En tal sentido, el presidente Nicolás Maduro informó que los delegados de Noruega estuvieron en el país el fin de semana, al mismo tiempo que indicó su intención de reanudar el mecanismo de Oslo. El jefe de noruega para la mediación confirmó esta intención.

En resumen, la mesa de diálogo muy posiblemente fue anticipada con anterioridad al gobierno noruego, a sabiendas de los ataques que podría recibirá por parte de EEUU y sus principales socios del golpe. Por lo pronto, la Unión Europea, utilizando un tono no confrontativo, ha indicado en un comunicado que debe incluirse a la Asamblea Nacional en el acuerdo, una condición que intenta mostrar que se niega de plano, cuando en realidad apunta en esa dirección.

Y esa posicionamiento, sumado a la cobertura de los medios internacionales que no deslegitima de entrada a los dirigentes firmantes del acuerdo, es un buena señal para el corto plazo de esta iniciativa.

¿NUEVO JUEGO?

Este nuevo ciclo de disputas internas acelerará el desgaste de la imagen internacional de un Juan Guaidó ya bastante debilitado. El frenesí de su autoproclamación fue una cuestión del momento inicial, y a medida que su estancamiento se profundiza, muchos de los países que lo reconocieron como supuesto presidente parecen optar por un distanciamiento progresivo pero silencioso.

Para Guaidó y su equipo, será difícil explicar al que no están de acuerdo con los cambios en el CNE o con el programa de canje de petróleo por alimentos y medicinas. En lo que corresponde a la elección de nuevos rectores, ha sido un reclamo que la oposición ha sostenido durante años. A su vez la «ayuda humanitaria», que se ha convertido en eje del discurso del golpe, será cuesta arriba defenderla como un mecanismo mucho más realizable que el del canje por petróleo auspiciado por Naciones Unidas.

La reincorporación del PSUV a la AN es un nuevo juego. Catalogada como la «única institución legítima» por parte de EEUU y sus aliados, será sumamente complicado revertir o impugnar las decisiones que allí puedan tomarse en función de retomar el equilibrio institucional y económico del país.

Aunque la participación del PSUV en la AN no implica la superación del desacato en el que se encuentra la institución, ni tampoco la garantía de ningún acuerdo, su presencia allí podría abrir un nuevo espacio de diatriba que tenderá a debilitar al antichavismo obligándolo a manejarse con los tiempo y ritmos definidos por el chavismo. En lo que corresponde a la pugna por el relato, el chavismo pica adelante y coloca en contradicción al antichavismo en relación a sus propias demandas.

Por lo pronto, le imprime un giro a la batalla política pero también por la del relato. Ubica a Guaidó a la defensiva, recupera el taimin y monopoliza el factor sorpresa, mientras la crisis general del Imperio estadounidense se hunde en el pantano con consecuencias catastróficas, también, para la economía venezolana.

En definitiva, el chavismo abre un nuevo espacio para crear consenso en torno a la soberanía y a la independencia, y para seguir impidiendo esa guerra que se llama TIAR, gobierno de Duque, halcones de los Estados Unidos o la demencia incurable de María Corina Machado.

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