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Venezuela en medio de ¿Contradicciones inter imperialistas?

Escrito por Debate Plural

Norman Antonio Boscán (Rebelion, 10-5-19)

 

En Claves para entender lo que pasa en Venezuela [ii] (2019), hice el recorrido histórico necesario para poder entender el por qué, llegamos a este punto de confusión e incomprensión en la lucha de clases. Allí expliqué el proceso de conformación de tres sectores burgueses en Venezuela, la oposición de derechas y un polo popular rebelde, este último, en buena medida confiado en la salvación que traerán en el presente, dos grandes súper potencias capitalistas del siglo XXI (Rusia y China). Los hechos son más contundentes que las ilusiones sin fundamento. En este artículo trataremos de explicar los más recientes sucesos.

Guaidó el golpista armado

Guaidó es un personaje construido por la inteligencia norteamericana desde el 2005, cuando fue entrenado en Belgrado, Serbia [iii] , como parte de un contingente de dirigentes estudiantiles, quienes asumirían liderazgo en las revoluciones árabes y otras conspiraciones asociadas a la trasnacionalización del capital. Al inicio se presentó como una figura pública de bajo perfil, pero luego fue teniendo más visibilidad en los eventos del 2007 con las protestas por el cierre de RCTV, luego con el movimiento de las manitas blancas y finalmente con la estructuración del partido de ultra derecha Voluntad Popular (VP). Es diputado de la Asamblea Nacional (AN), declarada en desacato; fue designado presidente de este órgano en enero de 2019 y solo unos días después se auto proclamó presidente (Interino) de Venezuela. Pero no nos adelantemos, veamos primero las razones por las cuales se le selecciona.

Ante el deterioro de la influencia y liderazgo de Capriles Radonski en las bases opositoras, se exploraron varias alternativas (María Corina, Henri Falcón, entre otras), sin que alguna de ellas alcanzara mayores resultados. El problema de todos los liderazgos “alternativos” que impulsaba la oposición venezolana, era que cada uno de ellos ya habían cometido errores públicos y notorios, que le restaban impacto y capacidad de ilusionar a su gente.

Por otro lado, en el escenario internacional muchos de los escogidos como potenciales líderes de recambio en la oposición venezolana, habían estado comprometidos con el golpe de Estado de 2002 o con otras escaramuzas violentas; se necesitaba una figura que no apareciera claramente en los archivos visuales de la opinión pública mundial, identificado como un violento.

Finalmente, todas las figuras que habían emergido como aspirantes a liderar la oposición eran representantes de la burguesía nacional que se había constituido y crecido bajo el amparo y proteccionismo del Estado; el capital trasnacional requería una representación que le fuera total y absolutamente afín.

En consecuencia, se selecciona a Guaidó porque:

1. Representa a la fracción capitalista burguesa que impulsa la internacionalización del capital en Venezuela, el ensamblaje de los ricos venezolanos con el capital trasnacional, lo cual se ha intentado infructuosamente desde la década de los ochenta en el país. Por fin, la burguesía trasnacional conseguía una figura que liderara la organización de una representación política fuerte, que proyectaban sería Voluntad Popular (VP). VP parecía ser capaz de impulsar un gobierno que rompiera con el proteccionismo del Estado, sobre el cual se han conformado las otras dos facciones burguesas (Cuarto republicana y de la quinta república);

2. Su matriz ideológica construida en su formación con los servicios de inteligencia imperialista le dota de la disciplina necesaria para seguir las ordenes de una de las naciones más poderosa del planeta, los Estados Unidos, pero también del gran capital global. Ello lo habilita para ser factor de cohesión de eventuales acuerdos inter imperialistas en Venezuela;

3. Si colocamos la foto de Guaidó en transparencia, sobre una de Chávez a los inicios de su carrera militar, nos sorprenderá la similitud de sus rasgos físicos. Este hecho no es un azar, por el contrario, forma parte de la estrategia de conectar el liderazgo del opositor venezolano con el imaginario de las bases chavistas;

4. Es una figura con pies de barros a la cual se le pueda hacer desaparecer fácilmente de la palestra pública, ante el necesario recambio de representación política que requerirá el capital trasnacional una vez que se consolide en Venezuela;

5. Es una imagen “fresca” en el plano nacional e internacional, que puede presentarse con una dosis conveniente de ingenuidad política, facilitando su victimización a nivel nacional e internacional;

6. Es posible construirle la épica de líder capaz de arriesgar su vida por la “liberación” de Venezuela. Ello, porque no se le ha (había) visto nunca al lado de fuerzas paramilitares violentas. En ese sentido, es la representación del ciudadano opositor común;

7. Tiene un tono de voz, un énfasis en el lenguaje que a pesar de ser citadino y de una población muy cercana a Caracas, lo hace aparecer como un provinciano. Los caraqueños lo ven como uno de ellos, pero la gente del interior del país también lo puede reconocer como suyo. Esto no es un hecho menor, por el contrario de orden sustantivo, debido a que tanto Capriles como Maduro habían hecho de la política un tema de referencias culturales de la capital nacional. La oratoria de Capriles y Maduro tiene un alto nivel de desconexión con las expresiones culturales básicas de la población del interior de Venezuela. Guaidó con su cara de “tribilin” [iv] aburguesado y su tono de voz que expresa una mezcla entre habitante llanero y andino, contribuía a llenar un flanco de la política venezolana de los últimos cinco años;

8. Guaidó lidera la definitiva eclosión del pensamiento neo colonialista en la derecha política venezolana. Guaidó habla ya sin complejos ni cortapisas de una solución a la crisis venezolana mediante la invasión de tropas norteamericanas al suelo venezolano. Guaidó borra los vestigios de nacionalismo que había mantenido Acción Democrática y COPEI en la cuarta República, quienes siempre se negaron a colocar bases militares en Venezuela, a pesar de su entreguismo total a los intereses del norte. Pero AD y COPEI mantenían la ficción en la derecha, asociada al nacionalismo burgués de sus inicios, que también tenía que ver con la génesis proteccionista de la burguesía venezolana; algo que tendría como tarea liquidar, el señor Guaidó;

9. Su capacidad de articulación política es mínima, lo que posibilita que otros negocien a sus espaldas y que el termine siendo el último en enterarse

A la par que EEUU va construyendo e instala la figura política de Guaidó, como representación política de la derecha venezolana, la presión de la Administración de Obama y Trump procura lograr que el capital trasnacional haga su “viernes de ofertas” en Venezuela, logrando concesiones mineras, de petróleo y en los servicios, a precio de “gallina flaca”, a través de empresas con banderas de otras nacionalidades pero asociadas con capital yanqui; es decir, que sin ser norteamericanas, cuentan entre su capital constitutivo con socios gringos. Esta es la verdadera transición, de orden económica, que tiene Guaidó la tarea de liderar.

El año 2019 aparece para la administración norteamericana, como el del inicio del ciclo de disolución del proceso chavista y del recambio político hacia la derecha asociada al capital trasnacional. Los informes que enviaba la derecha al Pentágono así lo indicaban y presagiaban.

Sin embargo, algo salió mal en el cálculo. La oposición venezolana había desinformado a la administración Trump respecto a las posibilidades reales de una fractura militar, algo inconcebible en un imperio como el norteamericano. Desde el 23 de enero de 2019 la larga espera de rompimiento de la unidad militar no se daba, lo cual generó la aventura golpista del 29 y 30 de abril de 2019.

El rol de Guaidó, López y Voluntad Popular (VP) como representación política de la burguesía trasnacional en eclosión, los distancia del resto de la derecha venezolana, lo cual se evidenció en el silencio que sostuvo el resto de la oposición en los sucesos de finales de abril de 2019. Esta “prudencia no explicitada” fue rota por la presencia “desubicada” del diputado adeco [v] Zambrano y el líder de ese partido Henry Ramos Allup, quienes al fracasar la intentona quedaron con las “nalgas al descubierto”. El capital trasnacional se beneficia de este error del otrora poderoso partido socialdemócrata (AD), representante de la burguesía construida bajo el amparo del Estado en el periodo 1958-1998. No derrocan a Maduro, pero siguen en la ruta de destruir “lo viejo” para construir “lo nuevo”, que no es otra cosa que la búsqueda de hegemonía para alcanzar el control del capital trasnacional en la política venezolana.

El 4 de mayo de 2019, la Sala Plena del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela mediante sentencia publicada, decidió comprometer la responsabilidad en los hechos del 29 de abril [vi] , a los diputados Luis Germán Florido (independiente vinculado a VP), José Simón Calzadilla Peraza (del Movimiento Progresista asociado a Henry Falcón), Américo de Grazia, Andrés Enrique Delgado Velásquez y Marianela Magallanes López (Causa R [vii] ) [viii] , Henry Ramos Allup y Zambrano (AD). El golpe, aún sin quererlo, sigue limpiando el panorama para el desembarco de una representación política de ultra derecha asociada al capital trasnacional. Extrañamente, a pesar de ser Voluntad Popular (VP) el partido más involucrado en la intentona golpista, es la dirigencia menos afectada por los enjuiciamientos.

De pronto, Guaidó deja a un lado su guion y aparece al lado de un prófugo de la justicia (Leopoldo López), junto a hombres uniformados pertenecientes a las bases de las FANB [ix] , con armas de guerra haciendo un llamado al levantamiento militar. Esto rompe la línea de conexión con la épica que se le quería construir al auto nombrado Presidente Interino.

Guaidó deja de ser el intento por recorrer a la inversa, el camino de conexión de Chávez con el pueblo derrotado de siempre, que se expresó en el “Por Ahora” del 4 de febrero de 1992, para pasar a ser el primero, una copia mejorada del líder ideológico a su derecha en el intento de golpe de Estado, Leopoldo López.

Guaidó se desconectó del guion requerido para producir la “primavera venezolana”. No se sabe si con la autorización de la administración Trump o por su cuenta, pero evidentemente en una operación absolutamente aventurera y foquista, como ha sido característico de la actuación política de Voluntad Popular.

Ya Guaidó no es más el hombre de la solución política para las bases de la oposición. La aventura golpista rompió la magia que se venía construyendo. Ahora Guaidó es el golpista armado derrotado y sin respaldo popular en las calles. Esto coloca el escenario de la “solución” del caso Venezuela en otro terreno, el de la negociación interna e internacional acelerada por parte de las grandes potencias, especialmente los Estados Unidos. Guaidó pasa a un segundo plano, incluso es una figura desechable; muchos consideran que en estos momentos que la forma más útil de éste para el imperialismo es: muerto.

Nicolás Maduro

Maduro no es la representación política de la burguesía surgida baja la protección del Estado entre los años 2002 y 2018. Maduro no es la representación de la vieja burguesía cuarto republicana. Maduro y la familia Flores-Maduro pueden tener negocios e intereses, pero carecen de la habilidad política para ser la representación de las burguesías nacionales y el capital trasnacional.

Maduro es un excelente y rápido aprendiz de equilibrista entre los intereses de facciones burguesas cada vez más enfrentadas, en razón de la disminución de dólares de la renta petrolera y, un pueblo rebelde que sigue apostando por la construcción socialista.

Pero contrario a lo que muchos pensaban, Maduro desarrollo su propia garrapara sobrevivir, entre un “nido de alacranes” como diría el fallecido General Müller Rojas o, en medio de “una botella de vidrio llena de escorpiones”, como señalarían recientemente voceros del gobierno norteamericano.

Maduro ha mostrado con hechos, que era el mejor calificado para intentar reordenar los equilibrios rotos con la muerte de Hugo Chávez. Maduro logró lo que resultaba insólito hace cinco años, mantener unida a las FANB y no diluir la radicalidad popular.

Maduro no es un teórico de la izquierda, su mayor influencia política de origen es la lógica del Maoismo de los setenta del siglo XX, cuando a) ya hacía muchos años que esta corriente de izquierdas había perdido el espíritu revolucionario desarrollado por el partido de Zedong contra el Kuomitang; b) el gigante Asiático había roto con los soviéticos (entre otras cosas, por su crítica al culto de la personalidad Stalinista, algo que Mao cultivaba de manera profusa sobre su propia figura); c) Mao promovía y participaba directamente en la reunión con Kissinger, que sirvió de punto de partida para la línea de “un país, dos sistemas”, lo cual se expresó en la narrativa política utilizada por las organizaciones nacionales que se autonombraban maoístas, para justificar las alianzas que hacían con las burguesías nacionales.

Maduro vivió “en carne propia” el ocaso temprano del Maoismo venezolano, expresado en la disolución de la Liga Socialista (LS) y la Organización de Revolucionarios (OR), esta última liquidada después de oscuros debates sobre su actuación. Desaparecida la LS-OR, la falta de una dirección política clara llevó a muchos de sus abnegados militantes al terreno del pragmatismo absoluto, como camino para sobrevivir políticamente en los noventa. Entender buena parte del performance que asume hoy Maduro, es posible si hacemos ejercicios de analogía respecto a como se ha expresado a través del tiempo, la deriva y la claudicación de clases del Maoismo.

Maduro es un sindicalista cognitivamente hablando. Su lógica de actuación es la del sindicalista clásico y eso le ha dado hasta ahora buen resultado para sobrevivir en medio de la turbulencia más dramática en la historia republicana de Venezuela. Sin embargo, la lógica del conflicto laboral que demanda mucha cohesión interna, así como verbo y capacidad de acción contundente contra la patronal, en la cual el propósito es lograr el mejor resultado posible sin afectar el estatus del sindicato, del gremio, lo limita para actuar en medio de una situación de alta complejidad donde ideales y discursos de distintas clases sociales interactúan; por ello, los problemas para enamorar y mantener a la clase media.

Su discurso contra aquellos que estudian, contra el mundo del conocimiento es parte de ello. Maduro se ve a sí mismo como el dirigente del grupo político de la organización que ganó el sindicato, la federación de trabajadores, en este caso la conducción del país.

Pero ello no debe llevar a despreciarlo y considerarlo inepto para el cargo. Cada presidente “cojea de una pata”. Por el contrario, Nicolás Maduro aprende rápidamente el arte de gobernar. Lamentablemente aún no termina de aprender, que al estar cerca de las estrellas refulgentes (cualquier potencia imperialista), no importa cuál sea, si ello se hace sin la debida claridad de análisis político ideológico, puede un líder terminar quemándose.

En el mundo y la economía globalizada del siglo XXI la ingenuidad es un pecado que se castiga de manera brutal. Por ello, cuando un personaje, grupo político o país se adentra al tablero de las disputas del capital trasnacional, debe tener plena conciencia que él mismo se comienza a auto definir como ficha de un juego cuyos hilos son manejados por terceros.

La incomprensión de esta realidad hizo que personajes como Gadaffi, Sadam Hussein, Lula o Correa, activaran ellos mismos la cuenta regresiva que los llevó más temprano que tarde, a ser desechados, como alguien que fue tolerable o útil en un momento dado con el capital trasnacional, pero no lo sería de manera permanente. El capitalismo solo es leal con el dinero.

En descargo y a su favor debo decir que Maduro ha logrado ganarse el respeto de la mayoría del chavismo de base y mantener a raya al liderazgo militar, fundamentalmente por su narrativa anti imperialista, pero esta conexión que mantiene con el pueblo Chavista es paradójicamente su “plomo en el ala” al aproximarse a la Rusia y China capitalistas. Si algo asusta a las burguesías y al capital trasnacional es la capacidad de conexión de un líder con el pueblo más humilde.

Aún, en el momento de mayor riesgo para su presidencia, se equivocan quienes subestiman a Maduro por su origen social y político, por su falta de performance académico. Maduro posee una singular habilidad para sostenerse en el poder, que lo puede hacer reaccionar de manera eficiente para derrotar las conspiraciones en marcha del presente. Así que sigue siendo un factor, cada vez más claro de poder en la política venezolana. No estoy cerrando con ello, la posibilidad de salida a la fuerza o negociada, del poder que hoy ostenta Nicolás Maduro, sino visibilizando variantes y determinantes de un proceso de esta magnitud.

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Debate Plural

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