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Max Henríquez Ureña y El doctor Yivago

Escrito por Odalís G. Pérez

(14-4-17)

 

El contexto en el cual se publica El doctor Yivago estuvo marcado por una pluriacentuación ideológica sobre la cual existe una inmensa literatura colocada en el foco relativo a problemas del socialismo, la guerra fría, el imperialismo estadounidense, problemas del escritor y la política en el socialismo, arte y revolución, así como otros que han ido perdiendo interés editorial desde finales del siglo XX hasta hoy.

Algunos intelectuales dominicanos piensan que Max Henríquez Ureña fue sólo un intelectual trujillista. Su vocación de internacionalista (en la política y la literatura), se hizo sentir a todo lo largo de su vasta carrera y obra. Las opiniones que sobre Pasternak emite nuestro intelectual para la época, revelan a un crítico de gobiernos totalitativos, tal y como se puede advertir en el ensayo El mundo autobiográfico de Pasternak (ensayo citado), donde pone al desnudo lo que el escritor ruso tuvo que padecer y enfrentar en su país debido a la condena que le impuso la burocracia totalitaria soviética.

Según MHU:

“Al señalar en Pasternak un continuador de la gran tradición épica rusa, la Academia de Suecia aludía, sin duda alguna, a esa epopeya en prosa, El doctor Yivago, pues ninguna otra obra de Pasternak podía encajar dentro de ese marco. El doctor Yivago tiene profundo sentido épico: es todo un pueblo el que se agita en uno de los momentos culminantes de su historia, dentro de esas páginas; y por muy interesantes que sean los personajes, individualmente considerados, más interesante aún es la lucha de ese gran conglomerado de masas en pos de su destino histórico”. (Ibídem.)

Al comentar la épica narrativa de El doctor Yivago, Max destaca no solo sus intensidades situacionales, sino también, las acciones, los personajes, y co-actores que aparecen en el drama de esta novela que hizo posible la película del mismo nombre bajo la firma del productor Carlo Ponti.

Así pues, la materia narrativa presentada en esta novela obliga al lector o al crítico a opinar o comentar el texto-contexto de la misma:

“En ese gran fresco histórico que nos presenta Pasternak algunos han tenido empeño en enseñar la presencia de centenares de personajes que intervienen en la acción. Podrán ser, efectivamente, muchos, si se quiere entender por personaje a todo ser viviente que, aunque sea de modo fugaz y pasajero, aparece en la novela, sin omitir algunos animales: cuatro perros, un canario, un caballo. Aun así no llegan a doscientos cincuenta, y aún de esa suma hay que descontar a los que, aparte de ser innominados, desfilan con una ligera mención circunstancial: un cosaco, un judío, un centinela, una enfermera… Pero lo grandioso de la obra de Pasternak no está en tales o cuales personajes ligados a algún episodio, ni siquiera en los que ocupan el primer plano de la acción, sino en la humildad puesta en movimiento, en las grandes masas que chocan y luchan unas contra otras”. (Ibídem.)

Quien lee El doctor Yivago (Zhivago), puede observar el carácter coral y polifónico de dicha novela escrita y terminada hacia finales de los años 50. Tanto su motivación ideológica como sus cardinales cronotópicas rescatan un testimonio que recoge varias aristas y movimientos narrativos. Se trata de un espaciamiento ideológico plasmado a partir de un nivel de participación que presenta al escritor en su vertiente más humana.

En efecto, MHU analiza al doctor Yivago como personaje-eje de la acción, el movimiento y su progenie:

“El doctor Yivago es el personaje al través del cual exterioriza Pasternak, la más de las veces su modo de pensar. Son muchas las apreciaciones de Yivago que, emitidas circunstancialmente en el curso de la narración, van trazando, enlazadas unas con otras, una línea ideológica, una orientación. En ocasiones, sus atisbos traducen una filosofía de la vida”. (Vid. Pp. 181-182)

Max pone los ejemplos que complementan el argumento de Pasternak que da pie a su novela:

“El marxismo es demasiado incierto en su base para ser una ciencia. Las ciencias están mejor equilibradas y son más objetivas. No conozco un movimiento más autocentrista y también más alejado de los hechos que el marxismo”. (Ibídem.)

Max cita a Pasternak para afianzar su perspectiva de lectura y trabajo sobre el escritor y su novela:

“Cada cual está preocupado solamente en ponerse a prueba en cuestiones prácticas, y por lo que toca a los hombres que detentan el poder, están ansiosos por establecer el mito de su propia infalibilidad, pues hacen cuanto más pueden por ignorar la verdad. Los políticos no me atraen. No me agrada la gente que no hace caso a la verdad”. (Vid. Pp. 182-183)

Desgraciadamente, y, tal como lo hemos señalado, Max no refiere ni da fuentes editoriales de las citas; no sabemos quién traduce del ruso, o si su cita es una traducción de una lengua conocida, o si, por el contrario ha hecho él la traducción valiéndose de mecanismos comparativos. Según él, Pasternak es un crítico agudo del sistema socialista que niega la verdad usando la mentira en toda Rusia:

“La mentira se extendió en nuestra tierra rusa. La principal desgracia, la raíz de todos los males que habían de venir era la falta de confianza en el valor de la opinión propia de cada uno. La gente se imaginaba que era cosa pasada de moda mantener su propio sentido moral y que lo que procedía era cantar todos en coro y vivir de acuerdo con las nociones aceptadas por otros y repetidas por todas las gargantas. Y así se instituyó el poderío de la frase deslumbrante, primero la zarista, después la revolucionaria”. (Ibíd. loc. cit)

MHU destaca los tonos y timbres críticos de la obra de Pasternak que más éxito tuvo fuera de su país y que por lo mismo ha tenido más ediciones y tradiciones; pero además, puntualiza sus impresiones a través de la voz narrativa misma del poeta y novelista ruso. Según Max otras reflexiones provienen de su ideario:

Las líneas que define y comenta nuestro intelectual sobre El doctor Yivago y sobre la obra poética de Pasternak, dialoga con una contemporaneidad visibilizada en su ensayo que desde su perspectiva resitúa al poeta y novelista ruso en un Occidente cargado de interpretaciones y prácticas ideológicas favorecedoras del gesto crítico democratizador:

Según MHU:

“Más de una vez se ha querido establecer un paralelo entre La guerra y la paz, de Tolstoi, y El doctor Yivago, el gran fresco épico de Pasternak. Es preferible no hacer paralelo alguno, aunque ambas obras perpetúan en forma épica un momento crítico y decisivo de la vida del pueblo ruso. Se trata, sin embargo, de dos momentos distintos, que sirven de motivo de inspiración a dos epopeyas distintas, y esas epopeyas no se asemejan ni en la concepción ni en el método. Lo único que puede afirmarse es que, desde el punto de vista de la creación   literaria, la obra de Tolstoi mantendrá siempre su preeminencia, que le señala rango entre las obras maestras de todos los tiempos”. (Ibíd.)

Hacia el final de su ensayo, MHU categoriza y cualifica lo que es la épica de El doctor Yivago como cuerpo literario, ideológico y acto estético resistente:

“El doctor Yivago, aparte de su grandioso sentido épico, es la más extensa e interesante autobiografía de Pasternak. Lo que él pinta es lo que ha vivido. Y si en algún momento la revolución rusa pudo parecerle una frustración ¿Por qué había de provocar reacciones violentas ese modo de enfocar la historia? No hay que olvidar que una novelista soviética de alto mérito, Lidia Seifulina, publicó hace varias décadas, entre otras novelas, una que lleva por título Caminantes, en la que se traduce cierta decepción en relación con más de un aspecto de la revolución rusa; y sin embargo, esa novela no provocó protestas exaltadas. ¿Por qué habría de provocarlas El doctor Yivago, que en síntesis lo que expresa es el anhelo y acaso la impaciencia de que la revolución cristalizara en una vida mejor? Las torturas morales a las que estuvo sometido Pasternak en los días en que se le expulsó de su seno la Unión de Escritores Soviéticos, podrían equipararse a las que impulsaron al suicidio a Mayakovsky y, a Marina Tsvetaeva, a Fadeef y a tantos otros poetas de la Rusia actual…” (Vid. Pp. 183-184)

Hemos podido advertir que MHU fue un estudioso de literaturas orientales y occidentales clásicas y modernas. Sin embargo, nuestros críticos no han leído, estudiado ni entendido al intelectual en su contexto y sus textos. Su escritura literaria se convirtió en cátedra, leccionario educativo y cultural.

Mucho tenemos que averiguar a propósito de la obra reunida por MHU, en un momento donde el mundo se dividió como bloque y plan de trabajo literario que parece abrazar al lector y al autor de El doctor Yivago, todo lo que se escribe en los intersticios de su espacio ideológico y que al ser una obra testimonial y memorial activa las imágenes de mundo del autor ruso en su cuerpo-recuerdo de creación.

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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