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De Exxon a «Embajador»: Cómo Carlos Vecchio se convirtió en el principal lobista del golpe de Estado (2)

Carlos Vecchio
Escrito por Debate Plural

Anya Parampil y Diego Sequera (Misión Verdad, 23-6-19)

ENCONTRANDO UN MENTOR POLÍTICO APOYADO POR LOS ESTADOS UNIDOS EN HARVARD

Estando en la capital estadounidense, Vecchio dice que «estudiaba más de doce horas al día» para aprender inglés y completar su máster en Derecho tributario en la Universidad de Georgetown.

«Todo lo que tengo en la vida es gracias a la educación», le contó a The Politic en 2013. «Me di cuenta de que si necesitaba ser un político, tenía que educarme y prepararme muy bien».

A pesar de carecer de un inglés fluido, cuenta que aplicó para varios trabajos estando en ese país. Como con la solicitud de la beca Fullbright, el abogado corporativo con determinación superó su ansiedad por una segunda lengua para amarrar un contrato lucrativo.

«Cuando me toca hablar tengo mucha dificultad pero hice lo mejor que pude», escribe en su libro, «y resulta que me aceptan ¡un trabajo en Nueva York para cuando termine el posgrado [en Georgetown]! En el 2000 trabajaría en Nueva York, 110 mil dólares anuales, al firmar me daban 10 mil dólares. Me sentía como si fuese un pelotero de las Grandes Ligas».

Vecchio trabajó con la compañía cuyo nombre no revela por tres fructíferos meses antes de avanzar hacia la Escuela de Gobierno Kennedy, la famosa institución donde se entrena a la gente joven que busca hacer carrera en la política del establishment por las luces rectoras de la economía neoliberal y la política exterior intervencionista.

Actualmente la Kennedy School tiene dentro de su profesorado al ex presidente colombiano Juan Manuel Santos, la ex embajadora ante la ONU de Obama, Samantha Power, y el economista Ricardo Haussman -otro de los principales asesores de la administración golpista de Guaidó-. También resulta ser el alma máter del futuro compañero en la fundación de Voluntad Popular, Leopoldo López.

«La Escuela de Gobierno Kennedy me dio especialmente un gran sentido de lo que estaba ocurriendo en el mundo, y me permitió ver a mi país como parte de un mundo globalizado en vez de un país que solamente estaba aislado y preocupado únicamente en sus asuntos internos», le explicó a The Politic.

Fue en el campus de Harvard donde Vecchio encontró a Elías Santana, su mentor político, un activista veterano que viajó a Boston para movilizar a la oposición al proceso constituyente iniciado por Chávez en 1999. Santana ya tenía años trabajando de forma cercana con grupos apoyados por los Estados Unidos para promover la «educación del votante» en Venezuela. Cuando conoció a Vecchio, Santana le dio al estudioso abogado su primer empujón hacia el activismo.

En palabras de Vecchio, «ese fue mi primer vínculo, digamos, con un actor político de vinculación nacional no enfocado en los partidos sino con una asociación civil». Y este no era un vínculo menor.

Queremos Elegir, el grupo de Santana, se había estado coordinando con la USAID y la Fundación Internacional de Sistemas Electorales (IFES, por sus siglas en inglés) financiada por el Departamento de Estado desde 1993, cuando el IFES seleccionó a Queremos Elegir como una de las «dos asociaciones civiles [consideradas] como interlocutoras adecuadas para promover programas de educación para el voto» en Venezuela, a pesar del hecho de que estaba «limitado» y empleaba «sólo a un integrante pagado».

El IFES caracterizaba a Queremos Elegir como «parte de una agenda» que exigía «un papel mayor del sector privado en la solución de problemas comunitarios y nacionales”. Volantes producidos por el grupo para su distribución durante la elección presidencial de 1998 abiertamente agradecían al Banco Interamericano de Desarrollo (controlado por los Estados Unidos) por el financiamiento de su producción.

Para el año 2000, Queremos Elegir dirigía el esfuerzo por suspender las próximas elecciones presidenciales, las primeras que iban a darse bajo la recién ratificada constitución. En su libro ¿El suicidio de los elefantes?, el investigador Rickard Lalander escribía que Santana y su socia en Queremos Elegir, Liliana Borges, «jugaron papeles importantes en el mega proceso electoral del 2000. Fueron llamados por la Corte Suprema como voces de la sociedad civil venezolana (y la descentralización) para manifestar sus razones para posponer las elecciones».

Al año siguiente, el nuevo gobierno de Chávez se enfrentó con las primeras manifestaciones anti-gobierno de la sociedad civil. Conocido como el «Movimiento 1.011», emergieron como respuesta a un decreto presidencial que buscaba reformas moderadas para expandir la educación pública y crear programas deportivos y de alfabetización en colaboración con el gobierno cubano. Esta era la línea roja para la oposición venezolana. Liderizado por Santana, los oponentes de Chávez presionaron a padres y profesores para que denunciaran lo que ellos etiquetaban como la «cubanización e ideologízación» de la educación.

Chávez «intentó inmiscuirse con nuestras escuelas y la sociedad civil no va a aceptar esto», le dijo Santana a CNN en una manifestación en enero de 2001 descrita como «la mayor protesta contra el gobierno del presidente Hugo Chávez para la fecha».

En sus memorias, Vecchio explica cómo Santana lo invitó a asistir a un encuentro del 1.011 en Caracas cercano a su final de período en Harvard.

«Fue tanta la cantidad de gente que no pude ver a Elías», dijo Vecchio de la concentración, «creo que fue el primer acto de protesta cívica de la sociedad venezolana contra el Decreto 1.011 y de donde nace la asociación civil Movimiento 1.011».

Aunque la campaña fracasó, moldeó los contornos del movimiento fervientemente anticomunista que eventualmente orquestaría el fallido golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002. Vecchio regresó a Harvard a terminar sus estudios antes de aquel día aciago, pero no perdió tiempo para movilizarse con los grupos antigobierno tan pronto regresara.

«Cuando llego a Venezuela», recuerda, «a quien llamé primero fue a Elías».

EL HOMBRE DE EXXON EN VENEZUELA ENCUENTRA SU CAMINO

Al momento de mudarse de nuevo a Venezuela, en septiembre de 2001, Chávez ya tenía casi tres años al mando. El país estaba en el medio de un cambio trepidante: en 1999, más de tres cuartos de los votantes aprobaron una nueva Constitución que ampliaba la participación política y fomentaba los derechos de las mujeres, trabajadores, los pobres del campo y los pueblos indígenas. Estas reformas adelantaron la perspectiva de un nuevo conjunto de leyes que amenazaban los estrechos intereses de las clases dominantes del país, así como de las corporaciones estadounidenses.

El antiguo empleador de Vecchio, Mobil, se había fusionado con Exxon y para el momento todavía operaba en Venezuela. Pero su también otrora empleador, PDVSA, estaba en la mira de la Revolución Bolivariana conducida por Chávez. Venezuela había nacionalizado sus reservas durante los años 70, sin embargo las reformas neoliberales instituidas veinte años después abrieron la industria a las finanzas privadas. Chávez buscaba revertir ese proceso, colocando a la jerarquía de PDVSA, en otros tiempos intocable, en peligro.

La decisión de reemplazar la totalidad de la junta directiva de PDVSA a inicios de 2002 lo enfrentaba directamente con la élite del país, provocando una huelga petrolera que paralizó la economía del país y aceleró el impulso por defenestrarlo del poder.

Para ese momento, Vecchio, gracias a su mentor Santana, cosechaba su influencia dentro del sector en expansión de las ONG. «Cuando regreso definitivamente al país, en septiembre de 2001, Elías me cuenta que estaban explorando la posibilidad de crear una nueva asociación», escribe en Libres.

Cuatro meses después, en enero de 2002, junto a Elías y otras personas fundaron Ciudadanía Activa, una autodenominada «asociación civil» enfocada en la «descentralización» política.

El 11 de abril de 2002, la oposición venezolana activó su jugada contra Chávez, secuestrándolo, reteniéndolo en una isla y removiéndolo temporalmente del poder. El presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona, fue colocado al timón de un»gobierno de transición» establecido en el infamemente antidemocrático «Decreto Carmona». Como representante de la «sociedad civil» que firmó el documento del 12 de abril estaba Rocío Guijarro, cofundadora, junto a Vecchio y Santana, de Ciudadanía Activa.

Aunque el golpe fracasó en menos de 48 horas gracias a la movilización popular, Ciudadanía Activa sigue operando al día de hoy. Se reveló que recibió 76 mil 900 dólares de la USAID los años inmediatamente posteriores al golpe, aunque el monto real que Ciudadanía Activa ha cosechado del gobierno estadounidense todavía se desconoce.

Habiendo fracasado en el derrocamiento contra Chávez vía un golpe, la USAID expandió su huella dentro de la sociedad civil venezolana. En agosto de 2002, la subsidiaria del Departamento de Estado montó en Caracas una extensión de la Oficina de Iniciativas para la Transición (OTI, por sus siglas en inglés) y contrató a una firma privada denominada Development Alternative Incoporated (Desarrollo Alternativo Incorporado, DAI, por sus siglas en inglés) para desembolsar fondos para grupos anti-gobierno.

Uno de los viejos amigos de Vecchio resultó ser quien supervisaba el multimillonario proyecto de DAI. En su autobiografía, Vecchio escribe sobre un personaje llamado Antonio Iskandar, un «gran amigo» con el que vivió al mudarse a Washington para estudiar en Georgetown. También antiguo empleado de PDVSA, Iskandar se desplazó para prestar servicios como «Asesor de Programas» para la OTI Caracas, en sus propias palabras, «diseñando los primeros programas de subvención… trabajando con organizaciones de la sociedad civil».

Curiosamente, Vecchio no menciona el trabajo de su amigo en la operación de cambio de régimen estadounidense, apenas describiéndolo como un compañero de gran ayuda. Hoy en día, Iskandar todavía trabaja para DAI, que fue nombrada por la USAID como «Gran Socio de Negocios del año» en 2018.

En entrevistas en inglésVecchio pasa por encima sus actividades en los años inmediatamente posteriores al golpe de 2002. Por ejemplo, en una conversación con The Yale Globalist, se describió a sí mismo simplemente como un «profesor en una universidad local». No obstante, en realidad, estaba sentando las bases para la transición política en casa, involucrándose de lleno con grupos de la sociedad civil financiados por los Estados Unidos mientras mantenía lo que ha descrito como una carrera «exitosa» como abogado tributario.

Nunca hizo mención en los medios gringos al hecho de que trabajaba para la ExxonMobil mientras que los esfuerzos de Chávez por expulsar a las compañías extranjeras alcanzaba su cenit.

En The Yale Globalist encuadró su entrada en la política como una respuesta temprana al ascenso del chavismo. «Fue en 2001», reportó la revista, «cuando Carlos vio lo que estaba pasando y se dio cuenta de que ‘uno no podía ignorar más lo que sucedía'». Examinándolo más a detalle, pareciera que su transición a la política fue una vez que Chávez prevaleciera en el proceso de nacionalización de la industria petrolera venezolana, de este modo destruyendo sus oportunidades para florecer dentro de la misma.

En 2007, el Comandante logró de forma exitosa que Exxon y otras compañías extranjeras entregaran proyectos petroleros vitales al gobierno. Fue ahí cuando Vecchio emergió como un portavoz de facto de la oposición dentro de la industria, quejándose en medios estadounidenses de la «discriminación» chavista.

«Seré despedido», se lamentaba Vecchio en una entrevista con Marketplace, «porque este gobierno me discriminará».

Según Marketplace, para ese momento había estado intentando «levantar una lucha legal infructífera» contra la reestructuración de la industria petrolera venezolana «por años».

Mientras Exxon desmontaba sus oficinas, cuenta Vecchio que le ofrecieron un puesto en la compañía en Qatar. Rechazó la oferta de consolación, y en su lugar se dio el empujón en la lucha contra el chavismo. «Mi decisión es quedarme en Venezuela para sumarme al cambio», escribió. «No puedo pedir un cambio para mi país si no somos capaces de formar parte de ese cambio».

CUANDO CARLOS CONOCIÓ A LEOPOLDO: LA CREACIÓN DE UN BROMANCE POLÍTICO

A pesar de haber prosperado dentro del mundo corporativo, cuando se trató de política, siempre parecía que Vecchio llegara en segundo lugar. En su primer intento electoral, en 2007 se lanzó como «ciudadano independiente» para la alcaldía del pudiente municipio Chacao, al este de Caracas. El municipio era uno de los hogares de la alta sociedad caraqueña, ofreciéndole a Vecchio el lugar perfecto para poner a prueba sus habilidades adquiridas en Harvard.

Ese año las elecciones por la alcaldía de Chacao se habían convertido en una guerra civil entre pre-candidatos que competían para asumir el legado de Leopoldo López. La estrella en ascenso de la oposición cuyo lanzamiento a la fama incluía la participación de un secuestro de un ministro del gobierno durante el fallido golpe de Estado cinco años antes, por lo que López fue inhabilitado para aspirar a cargos de elección acusado de haber empleado su posición en PDVSA a finales de los 90 para financiar ilegalmente la fundación de su partido, Primero Justicia.

Vecchio rápidamente se retiró de la carrera, culpando de su fracaso a la sobresaturación de competencia en el distrito. No obstante su gesto no pasó desapercibido, ya que López le agradeció personalmente la decisión de retirarse.

Vecchio escribe en su autobiografía que a través de este episodio él y López se convirtieron en «hermanos políticos». Fue el inicio de una relación que transformó a la oposición venezolana. Vecchio nunca ganó una elección y nunca lo hará, pero gracias al lazo con López, tampoco necesitaría un escaño en el parlamento para alcanzar la influencia que deseaba.

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