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Oslo: Error de Guaidó. Cómo corregirlo

Written by Debate Plural

Felipe Perez Marti (Aporrea, 4-6-19)

 

1. Introducción

El tema del diálogo, o negociación, en Oslo, ha causado una división bastante grande en las filas opositoras, mientras que ha producido unanimidad y entusiasmo en el desgobierno.

Aquí analizo si fue una buena jugada o un error para nosotros (y un error o éxito para el desgobierno). Se ha dicho que lo racional, lo «político», es hacerlo. Es cierto que se debe negociar racional y políticamente. Aquí muestro que se ha hecho de manera aparentemente irracional y se ha caído, de hecho, en la traición de los intereses del pueblo venezolano.

Se esgrime como argumento a favor, que si se hace con expertos en negociación, se va bien. Y si se hace en un país experto en esto, como Noruega, pues se va bien también. A las dos cosas respondo que incluso con los mejores expertos, y con un país experto y neutral, la forma en que se hizo fue errónea. Y propongo una manera de corregir sustancialmente las cosas.

Para eso, voy a hablar de los fundamentos básicos de la teoría de la negociación. Creo que ustedes van a quedar contentos con las conclusiones y de acuerdo en que esta es una teoría sólida, básicamente inexpugnable. Algunos pudieran decir que solo es teoría. Pero en temas de gerencia, además de en ciencia y disciplinas aplicadas, como debería ser la política, se sabe que no hay nada más práctico que una buena teoría. Y si la teoría no sirve para explicar la realidad, no sirve, simplemente.

La propuesta es que se usen criterios gerenciales en la política venezolana, sobre todo en estos momentos tan necesarios, ya que la productividad de hacerlo marca una diferencia del cielo a la tierra. En primer lugar, al identificar los problemas principales, que tienen que ver con conflictos de intereses en las filas opositoras, algunos de los cuales están alineados y actúan como agentes de nuestros verdaderos enemigos: los caza-renta (los corruptos, en realidad, como veremos). Luego, nos muestra cómo resolver esos problemas desde el punto de vista del interés del resto de los venezolanos, los que están contra la corrupción, del color que sea.

2. La teoría básica, la evidencia empírica, los bate-quebrados y la intuición popular.

Profundicemos en este punto de cuál es el enfoque correcto para el tema en cuestión de este artículo. Una negociación como esta es básicamente una subasta bilateral con información asimétrica. Ese es el modelo básico que sirve para ver correctamente el tema. De hecho, prácticamente todos somos expertos en eso, si lo vemos con cuidado, pues ese modelo teórico no es más que la formalización rigurosa del conocido «regateo». Una verdulera del mercado de Guaicaipuro en Caracas, que no tenga ni primer grado de estudios, sabe más de esto, al parecer, que los «expertos» del Frente Amplio, asesorados por Harvard, como veremos.

De hecho, debo precisar y decir que no es que son más expertos los que no han estudiado, al hablar del simple regateo: seremos expertos, en el sentido útil de la palabra, dependiendo de si no estamos sesgados, directa o indirectamente, por el enfoque del enemigo o el contrincante en la negociación, a quien le interesa que veamos el asunto desde su punto de vista y como agentes de sus intereses. Si tenemos el enfoque de los caza-renta, seremos no solo ignorantes, sino dañinos, desde el punto de vista de la gran mayoría de los venezolanos. En realidad, pues, no es cuestión de experticia, sino más que todo de intereses en juego. Y aquí muestro que nos pretenden vender la experticia como justificación de los intereses contrarios a nosotros. Mosca.

De hecho, sobre esto, se ha dicho que expertos de Harvard aconsejan el diálogo en Oslo, como aconsejaban el de Dominicana, pues, según eso, hay toda una teoría al respecto que, si se aplica, nos conviene. Les respondo, de acuerdo a lo que estamos diciendo, que ese argumento de autoridad es falaz. Personalmente me gradué en Chicago, en la Escuela de Economía. Y demostraré aquí que están pelados al aconsejar esos diálogos. Pero no porque mi universidad sea mejor que la de ellos. Sino porque la teoría formal al respecto es estándar en estos días y realmente refleja la intuición popular, que no se ha pelado. Y, aunque fue hecha en las mejores universidades del mundo, como las mencionadas, es algo que se enseña en teoría básica del conflicto y la negociación a partir del nivel de maestrías de economía y negocios en todo el mundo (La enseñé en mi curso de Teoría de juegos en el IESA, por ejemplo, aunque al parecer ahora no lo cubren). Está en libros de texto de cierto nivel de Teoría de Juegos.

Explicaré que no es solo un asunto de teoría ni de intuición, sino de conocimiento del terreno, y, sobre todo, de intereses en juego. Esta teoría básica sirve para desenmascararlos. Dado que la teoría rigurosa refleja la intuición popular, lo determinante es el conocimiento del terreno de juego y el punto de vista que usemos, los intereses que reflejemos. Es de hacer notar, y lamentable, que la mayoría de los «expertos», nacionales e internacionales, se han decantado por el punto de vista del enemigo, sea porque estén comprados o sea porque estén equivocados.

Para interpretar el porqué de esto, lo que hará la diferencia es el conocimiento del mapa de conflicto. En Venezuela ese mapa es muy distinto que en el resto del planeta: la guerra no es entre el desgobierno y la oposición. Ni siquiera entre socialismo y capitalismo o entre chavismo y no-chavismo. Sino entre los corruptos y el resto de los venezolanos. Entre los caza-renta, y nosotros, que debemos unirnos todos, independientemente de la ideología, en defensa de nuestros intereses en este conflicto.

Sobre esto del sesgo de los «expertos», y para calentar motores, si tienen tiempo, es bueno que lean este artículo en que califico de bate-quebrados (para no hablar de vendidos al equipo de béisbol enemigo), a varios analistas famosos.

En esto hemos aprendido que los batequebrados están no solo aquí, sino también internacionalmente. Por ejemplo, los análisis de fondos de inversión como Barklays, Torino, Eurasia Group, de Caracas Chronicles, y otras entidades con equipos de analistas bien pagados, adolecen del mismo problema: no tienen claro el mapa de conflicto, o representan intereses enemigos. Finalmente, varios artículos que hemos visto en el New York Times, y el Washington Post, son basura: nada que ver con lo nuestro y con nuestras posibilidades, ya que piensan más en oponerse a Trump que analizar con objetividad la realidad venezolana.

3. Teoría básica del regateo.

Si dos jugadores están negociando algo, hay dos elementos que la teoría ha identificado como claves, o determinantes: uno el «precio de reserva». El otro, la «distribución de probabilidad» que tiene cada jugador, sobre el precio de reserva del jugador contrario. Para que entendamos el formalismo, imaginemos que vas a comprar aguacates a un mercado, y estos no tienen marcado el precio de venta. (Supongamos que hay un solo vendedor y un solo comprador, lo cual se asemeja bastante al tema de Oslo, por lo que lo mantendremos por lo menos al principio). No sabes a cómo lo quiere vender la verdulera. Ni ella sabe a qué precio lo querrías comprar tú. Por eso es que se habla de «información asimétrica». La máxima información que pueden tener los regateadores es una creencia sobre qué precio está dispuesto el otro a comprar o a vender. Estas son las «distribuciones de probabilidad» sobre ese precio.

El precio de reserva del comprador es el máximo precio que está dispuesto a pagar por el aguacate, si se lo ofrecen. El de la verdulera es el mínimo al que ella lo vendería si estás dispuesto a pagarlo. Sin entrar en muchos detalles, es claro que, para que pueda haber un resultado exitoso y haya intercambio, el precio de reserva del comprador, el tuyo, debe estar por encima del precio de reserva de la vendedora. Solo así pueden ganar los dos en este proceso. Si no, no hay negociación posible, y no la habrá.

Lo que pasa es que el resultado no es inmediato porque ustedes dos no tienen idea del precio de reserva del «jugador contrario». Supongamos que el precio de reserva tuyo es de 20 mil el kilo. Y el de la vendedora es de 14 mil.

Las distribuciones de probabilidad son las creencias mencionadas. Dependen mucho de las «señales» que mande cada jugador, pues eso le permite al contrario hacerse una idea del asunto. Por ejemplo, no es lo mismo si llegas bien vestido al mercado, que si llegas con ropa de pobre. No es lo mismo si tienes pinta de turista, con dólares en el bolsillo, que si llegas como una ama de casa con una expresión de preocupación en su cara de cómo llevar la comida a la mesa de sus hijos, para quienes un aguacate es un gran lujo en estos días de genocidio Madurista-Díazcanelista. No es lo mismo que vayas a comprar el aguacate en el mercado de Guaicaipuro, que si lo compras en el mercado de Chacao (donde son más caros, por el tipo de clientela que frecuenta el lugar), o a un camionero gocho de los que vienen a Caracas desde La Grita o Mérida.

De hecho, las percepciones pueden convertirse en una variable controlada por los jugadores, por lo mencionado antes: si eres un turista, y te interesa mucho el producto, pero no tienes todo el dinero del mundo, es posible que envíes a un amigo local a comprarlo, por el tema de la apariencia.

Se puede demostrar que, en ciertas condiciones técnicas, si las distribuciones de probabilidad son «uniformes» en el ejemplo de precios de reserva de 14 y 20 mil, el único equilibrio de Nash es de 17 mil: se transan por la mitad de la diferencia entre los precios de reserva alto y bajo. Y los dos jugadores ganan lo mismo a partir de su precio de reserva: 3 mil. Y quedan contentos. Es un hecho, pues, que en situaciones normales de negociación, cada quien «tiene que ceder un poco», y no aspirar al precio de reserva del contrario, o incluso más (menos para el comprador, más para el vendedor).

4. Aplicación de la teoría básica al proceso de Oslo.

Empecemos con algunas simplificaciones para la aplicación de la teoría a nuestro objeto de estudio práctico. Supongamos que la delegación de Guaidó tiene un «precio de reserva», u objetivo irrenunciable, que implica que quiere que haya unas elecciones libres, con supervisión internacional, soltar presos políticos y ayuda humanitaria inmediata. La delegación de Maduro está dispuesta, en el límite, a que salga Maduro, y a todo lo demás que quiere la delegación de Guaidó. Como lo demás está en las dos delegaciones, concentremos la cosa en la salida de Maduro. La delegación del desgobierno está dispuesta a que salga, y la de Guaidó a que no salga (pues está segura que saldrá si hay elecciones libres, por las encuestas).

Notemos que estoy siendo fiel a los supuestos del modelo teórico: si el precio de reserva del contrario no fuera conveniente para los dos jugadores, no habría posibilidad de éxito en el regateo. En este caso, es más o menos acertado, pues lo dicho es lo mínimo que aceptaría la delegación de Guaidó, según ha trascendido. Lo mismo para la del desgobierno: es lo máximo que están dispuestos a ceder, pues implica que se quedan todos los demás: la cúpula militar corrupta, la judicial, los otros poderes, los diputados, gobernadores, alcaldes, el dominio cubano, chino, ruso, la guerrilla, el Hezbollah, los colectivos, la milicia: los caza-renta quedarían intactos, y tendrían otro títere, pues el poder no está en la presidencia, como sabemos nosotros quienes conocemos este tema del régimen caza-renta.

Si las creencias, expectativas, son las uniformes mencionadas (que otorgan la misma probabilidad a cada dígito en el universo de negociación), el equilibrio de Nash sería que sale la mitad de Maduro. La interpretación podría ser que se quedan la mitad de sus ministros en el nuevo gabinete, digamos, o lo más poderosos como el ministro de la defensa y el del interior, muchas empresas del estado, pero quedan en mayoría en el nuevo CNE: tres contra dos. O algo similar.

Como están las cosas en la opinión pública, básicamente todos los seguidores del Frente Amplio quedarían contentos con esta «solución». Incluyendo al Vaticano, el grupo de contacto y el grupo de Lima. Pero los jugadores del coraje quedarían descontentos: Soy Venezuela, Trump, el Movimiento Libertadores, la mayoría de la gente en la calle y en las redes sociales.

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