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¿Qué es un currículum por competencias profesionales? (2)

En el proceso, se genera un escenario participativo en el que los estudiantes dejan de ser meros receptores de información para pasar a ser agentes activos. Son responsables de su propio aprendizaje, lo que genera una fuerte autonomía en ellos y alimenta su curiosidad. Por centrarse en el desarrollo integral, el aprendizaje basado en competencias permite a los estudiantes tomar decisiones en base a lo que ya conocen y dominan, lo que fomenta un constante desarrollo y la adquisición de conocimientos y habilidades.

Sobran motivos por los cuales incentivar el aprendizaje por competencias. Si bien el cambio de modelo conlleva algunos desafíos, cada día son más las instituciones que se animan a implementarlo, dado que queda demostrado que es una de las mejores maneras de ayudar a los jóvenes en su formación como ciudadanos y profesionales.

La era digital y la globalización han provocado un cambio de paradigma en el ámbito educacional, fusionando las clases online y presenciales.

Las competencias de egreso no son iguales a las competencias profesionales, si bien son predecesoras de estas. Como se ha señalado, adquirir el estándar de desempeño adecuado en todas las competencias que requiere un profesional altamente, resulta muy difícil. De ahí que al término de su carrera el estudiante no cuente con competencias laborales propiamente tal.

Además, la formación universitaria no solo está ligada a lo laboral sino que, como toda educación formal, debe preocuparse de la persona en su integridad, como un ser en desarrollo y como sujeto social. En este sentido, si bien las competencias laborales garantizan un determinado desempeño del profesional, no cubren el espectro completo de la formación del egresado, que incluye además la formación personal y social.

Por cierto que se pueden expresar en términos de competencias muchos de los comportamientos de ámbitos diferentes al laboral, pero sin dudas es mucho más complejo y pueden considerase solo como simples aproximaciones que develan las actitudes y valores que los respaldan. En este contexto, la formación personal, la formación para la producción y el trabajo y la formación para vivir en sociedad, pueden considerarse los tres ejes fundamentales de cualquier acto educativo que se realice en la educación superior en general y en la universitaria en particular.

A pesar que estos tres ejes de la formación son relevantes, por lo general al definir las competencias de egreso en la educación superior se tiende a priorizar las competencias laborales centradas en el eje de educación para la producción. Normalmente para definir dichas competencias de egreso se parte de las competencias profesionales las que se establecen sobre la base de un análisis ocupacional como el que se ha señalado anteriormente.

A partir de lo señalado, una competencia de egreso se puede entender como “la capacidad de actuar adecuadamente, respaldado por los conocimientos pertinentes y en coherencia con los principios éticos que sustenta quien la ejerce”.

Para trabajar un currículo basado en competencias es necesario definirlas previamente en un perfil de egreso. Esto es, el conjunto de capacidades que los estudiantes deben tener al término de su carrera. Para efectos de este trabajo las competencias de egreso han sido agrupadas en dos categorías principales, que cumplen el doble objetivo de reflejar las demandas explícitas y de ser compatibles con un marco teórico planteado.

Un desarrollo importante de las competencias universitarias de egreso han sido trabajadas en Europa y posteriormente desarrolladas en América Latina a través del proyecto Tunning . Dicho proyecto fue creado por las Universidades Europeas para responder al reto de la Declaración de Bolonia y del Comunicado de Praga.

La Implementación de Competencias en el Currículo

La identificación de competencias laborales permite establecer las funciones y tareas que implica el desempeño profesional. A partir de ello se pueden determinar cuáles son los conocimientos, habilidades y aptitudes que se requieren para lograr dicho desempeño. Sin embargo para llevar acabo la planificación curricular en la universidad como ya se ha mencionado las competencias laborales son solo orientadoras para definir las capacidades de egreso entre las cuales se deben contemplar como referentes sustanciales el contexto internacional, el contexto nacional, el contexto institucional y el área disciplinaria.

  • Contexto Internacional. Está referido a competencias declaradas y consensuadas en distintos países en ámbitos profesionales, tales como los sistemas productivos y educativos, las agencias acreditadoras, colegios profesionales y otros. El contexto internacional se hace considerando la revisión de las competencias declaradas en ámbitos internacionales y los programas de otras instituciones prestigiosas
  • Contexto Nacional. Está vinculado a los requerimientos establecidos, entre otros por los colegios o asociaciones profesionales, los estándares de las agencias locales de acreditación y el “benchmarking” de otras instituciones de excelencia que imparten la carrera en el país.
  • Contexto Institucional. En este caso, cada institución imprime un sello propio en las competencias del perfil de egreso las cuales se derivan del proyecto educativo.
  • Área Disciplinaria. Se refiere a las características propias de cada campo de desempeño profesional, particularmente en el caso de las competencias especializadas. En esta dimensión lo que se pretende es que el egresado se anticipe a las demandas futuras y tenga las capacidades para aplicar el conocimiento científico en condiciones reales que no son la rutinarias.

A partir de la especificación de competencias de egreso que sintetizan los conocimientos, habilidades y actitudes que se requieren para el ejercicio profesional es posible determinar los aprendizajes esperados, y las materias o contenidos que deben aprenderse para estos fines. Ello implica asegurar que en el conjunto de asignaturas o módulos especificados parta una carrera estén incorporadas la totalidad de las competencias que se han definido en el perfil.

En el diseño curricular hay que tener especial cuidado en no forzar la aplicación extrema de la modularización asociada a competencias ya que por una parte se requiere una formación amplia no necesariamente vinculada a comportamientos predecibles, y por otra, se requiere compatibilizar demandas de diferentes programas y orientaciones con la viabilidad financiera de una oferta exageradamente amplia. Es por eso que la combinación de asignaturas y módulos especialmente para carreras que no son procedimentales (por ejemplo, ingeniería industrial, sociología, licenciatura en historia, etc.) pareciera ser lo más recomendable de implementar.

Es necesario precisar que el enfoque curricular “basado en competencias” permite una mayor flexibilidad que un currículo “por competencia” el cual es más proclive de ser implementado en la enseñanza técnica y supone la construcción de módulos directamente derivados de las competencias laborales específicas.

CURRÍCULO POR COMPETENCIAS: ¿MITO O REALIDAD?

Desde hace un tiempo se ha puesto especial énfasis en las instituciones de educación superior de Latinoamérica, respecto de la implementación del currículo basado en competencias y demostración de resultados de aprendizaje. Básicamente el currículo basado en competencias persigue reemplazar al basado en contenidos y sobre el que hemos construido nuestras innumerables generaciones de profesionales y expertos en muchas áreas del conocimiento. El cambio implica una formación más integral, donde además del conocimiento (contenidos), es importante el desarrollo de la persona individual y como ser social, implicando finalmente la aplicación de los conocimientos

La implementación ha significado grandes inversiones, especialmente en lo que se refiere a capacitación docente. Por lo demás, cada institución se enorgullece de esta implementación y lo utiliza como aspecto positivo para la captación de potenciales estudiantes.

Sin embargo, consideramos, que para que este modelo curricular no sea sólo un fantasma o mito, es necesario modificar las prácticas pedagógicas, es decir, son los docentes en el aula quienes deben “aterrizar” el currículo para que se generen de verdad los cambios tan esperados. Contamos con docentes altamente capacitados en la temática, pero encontramos pocos empoderados  y quienes han generado sus propios cambios para contribuir a un cambio más general o globalizado. En definitiva, la aplicación es escasa y las clases siguen siendo las mismas, contradiciendo gravemente lo que declaran las propias instituciones educativas.

Se hace necesario entonces crear los “controles de calidad” que nos permitan verificar una real instalación del modelo, que explique y de alguna manera justifique las grandes inversiones que se están haciendo, considerando los esfuerzos institucionales y del propio Estado, porque para seguir haciendo más de lo mismo, pero con otro nombre, no necesitamos capacitación alguna.

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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