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Enfocando el pensamiento dominicano (XXXV)

El Montero de Pedro Francisco Bonó: Un Análisis Sociológico

Destaca Rodríguez Demorizi las condiciones físicas y psicológicas del montero de la siguiente manera: “las condiciones del montero tenían que ser mayores que las del mejor soldado: ser buen jinete, para correr tras la res alzada y alzarla de atrás, alancearla o desjarretarla; buen nadador, sin miedo a los ríos desbordados; ágil trepador, para saltar a un árbol y luego, prendido de una rama, descargar el machete sobre la cerviz del toro o del verraco, más temible aún; ser sobrio para el largo ayuno y paciente y sufrido para soportar sobre la carne viva los largos soles y los torrenciales aguaceros.” (Idem., pág. 958).

La lectura atenta y analítica de la novela El Montero revela que Bonó conoció la vida, costumbre, tradiciones, hábitos, usos y valores del montero. Al respecto Rodríguez Demorizi afirma que: “Bonó conoció y puede decirse que vivió largamente la vida del montero, porque la vida urbana de su tiempo se confundía con la rural. El hato, la montería, estaba al borde de las villas. Los caminos rurales, salvo escasas excepciones, pasaban por en medio de los pueblos. El límite entre la ciudad y el campo permaneció estacionario durante largas décadas, por no decir siglos. En no pocos pueblos bastaba asomarse al patio de la casa de yaguas –que ya era presencia de lo rural- para contemplar la agreste figura del montero: la cabeza envuelta en un ancho pañuelo; los pies descalzos o defendidos por míseras zoletas; en la cintura el machete y el eslabón de pedernal, para amolarlo en el continuo de la montería; y en la boca la humeante pipa de barro y curvo calimete.” (Idem., pág. 959).

Para Abelardo Vicioso (1983, pág. 234), El Montero es una “novela de costumbres… se desarrolla a mediados del siglo XIX cuando aún prevalecía en nuestro país el sistema feudal de la tenencia de la tierra sobre la base de los terrenos comuneros.”

Sigue argumentando Vicioso que: “cuando Bonó escribió su obra, los terrenos comuneros estaban bajo los fuegos de los productores cibaeños, que habían iniciado el proceso de parcelación de la tierra por medio de la mesura. Los gérmenes capitalistas que portaba el cultivo del tabaco chocaban abiertamente con la crianza libre del ganado, que representaba las relaciones precapitalista de producción.” (Idem., pág. 234).

Personajes y estructura social revelada por la novela El Montero

El espacio social de la montería está estructurado en una relación hombre-naturaleza en su aspecto más simple de unas relaciones de producción precapitalista, como la base infraestructural sobre la que se conformó una diferenciación social, cimentada en una división social y diferenciación social simples, propias de una economía precapitalista productora de valor de uso, en el sentido que lo expresa Carlos Marx y Federico Engels en su concepción sociológica de la historia.

En este contexto socio-económico la estructura social está conformada por los campesino criadores dueños de ranchos y jefes de familias, como es el caso de Tomás y su esposa Teresa, en un nivel de subordinación social están los monteros, cazadores de animales salvajes (cerdos, jabalíes y vacas, entre otros), como Juan y Manuel, quienes viven en el Bohío de Tomás, su jefe inmediato;  su modo de vida solo se diferencia del criador por algunos detalles. Además, existen otros estamentos, como el de la autoridad policial, como es el caso del Capitán  y  en el pueblo cercano,  el Cura.

 Las mujeres, al igual que los niños son las responsables de las labores domésticas en el bohío.

En esta sociedad predomina una estructura de valores tradicionales heredados de la época colonial, que se expresan en: sus costumbres, tradiciones, usos, hábitos, creencias, arte musical y creencias religiosas y mito-poéticas. Estos elementos de la cultura campesino-montera tienen sus expresiones concretas en la novela El Montero, como un realismo social, en: el fandango o fiesta montera, el bohío y sus ajuares, el baile, la música, la justicia natural, el pavoneo o paseo a caballo por el poblado más cercano, la comida (la carne de cerdo salada, el sancocho y los víveres), el descanso-la hamaca, la pipa y el aguardiente de caña, los amores entre monteros, la boda y las peleas.

Todos estos elementos de la cultura montera campesina se dan en una estructura socio-económica precapitalista de subsistencia y marginal (a mediados del siglo XIX), la cual se desenvuelve en un ambiente de un paisaje natural bellos versus un ambiente socio económica y cultural de pobreza extrema, como espacio del montero dominicano.

De manera que se trata de un doble realismo presentado por Bonó en múltiples pasajes, descripciones y pinturas en su novela El Montero.  Con esta novela estamos frente a un invaluable documento-texto-fuente, que nos permite reconstruir de manera sociológica la forma de vida, el espacio social, con sus estructuras: económica, social y de valores, de la sociedad montera campesina marginal del siglo XIX dominicano. Este es, precisamente, el valor sociológico de la novela El Montero. 

 Referencias bibliográficas

–       Bonó, Pedro Francisco (2000). El Montero. Epistolario. Biblioteca de clásicos dominicanos. Editora Corripio, Santo Domingo, República Dominicana.

–       De la Cruz, Josefina (1986). La sociedad dominicana de finales de siglo a través de la novela. Editora de la UASD, Santo Domingo, República Dominicana.

–       Gonzalez, Raimundo (2010). El Montero. Novela de Bonó. Colección pensamiento dominicano, tomo VI (introducción). Santo Domingo, República Dominicana.

–       Rodríguez Demorizi, Emilio (2010). Pedro Francisco Bonó. Novela de costumbre. Colección pensamiento dominicano, tomo VI (introducción). Santo Domingo, República Dominicana.

  • Vicioso, Abelardo (1983). El freno hatero en la literatura dominicana. Editora de la UASD, Santo Domingo, República Dominicana

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Juan Francisco Viloria

Filosofo, sociólogo, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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