Internacionales Politica

Sionismo en el mundo (5)

Escrito por Debate Plural

Historia del sionismo (3)

Movimientos de oposición (antisionismo)

Miembos del grupo judío ortodoxo antisionista y propalestino Neturei Karta con pancartas en las que pone «Judaísmo y sionismo son extremos opuestos» y «Detener el hambre de los palestinos«.

El sionismo no recibió en sus comienzos –finales de siglo XIX– el apoyo mayoritario de los judíos. En particular, no contó con las simpatías de la mayoría de los judíos de Europa occidental, que creyeron poder considerarse a sí mismos como ciudadanos con plenos derechos en sus respectivos países, tras los aires de emancipación y tolerancia que trajo consigo la Ilustración y el estado liberal decimonónico clásico. La forma más exacerbada de oposición a las ideas sionistas se conoció como integracionismo (también llamado «asimilacionismo»), y afirmaba que el sionismo era análogo al antisemitismo, en la medida en que ambos niegan la condición de nacionales de un determinado país a los judíos. Una manifestación extrema de integracionismo es la conversión a la fe cristiana. Un ejemplo célebre de antisionismo fue el de Edwin Samuel Montagu, ministro judío del Gobierno británico que puso muchas trabas a la redacción de la Declaración Balfour tachándola de antisemita. La oposición al sionismo existía también entre el movimiento Bundista en Europa oriental, que buscaba la autonomía cultural de los judíos en los países donde vivían; así como de la mayoría de los judíos ortodoxos. Entre estos últimos sigue habiendo algo de ambigüedad e inclusive hostilidad al sionismo. El caso Dreyfus fue determinante para inspirar a Herzl, al considerar al sionismo como única solución plausible y efectiva contra el antisemitismo europeo. El impacto emocional del Holocausto convenció definitivamente a numerosos judíos asimilados, socialistas y ortodoxos, refractarios con el sionismo, que quedaban en Europa.

En Europa oriental, lugar donde el sionismo se hizo fuerte debido en muy gran medida a las incesantes persecuciones a que eran sometidos los judíos por el zarismo, la idea de un Estado judío, o incluso de pueblo judío, fue rechazada por numerosos judíos miembros de organizaciones revolucionarias, marxistas o anarquistas, quienes consideraban que la condición de judío derivaba de la religión y que, una vez erradicada ésta, la distinción entre judíos y no judíos desaparecería. Estas ideas no impidieron, sin embargo, que hubiese también un importante movimiento sionista socialista.

La población árabe de Palestina, apoyada por la Liga Árabe, se opuso al sionismo, negándose a aceptar la partición del Mandato Británico de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe, según la recomendación de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947. Los conflictos armados entre judíos y árabes preexistentes en la región antes de la partición de Palestina desembocaron finalmente en la Guerra árabe-israelí de 1948 ante la proclama de independencia por parte del Estado de Israel, y la negativa de los países árabes vecinos a reconocerlo oponiéndose a la partición de Palestina. La guerra tuvo diferentes lecturas dependiendo de los distintos análisis, por ejemplo Jacques Pirenne consideró que el Ejército de Liberación apostó por la destrucción del naciente Estado judío, desencadenando «una guerra de exterminio» siendo derrotado junto al Yarmuk, resultando vencedores los judíos y desencadenando la Liga Árabe una potente ofensiva que fue rechazada en casi todos los frentes.​ Por su parte, Ilan Pappé, profesor de la Universidad de Haifa, sostiene que la guerra de 1948 fue una limpieza étnica cometida por Israel contra el pueblo palestino, razón por la cual lo que los israelíes conocen como «Guerra de la Independencia» para los palestinos es la «Nakba», la «catástrofe». La guerra se saldó con el exilio de cientos de miles de árabes palestinos, la ampliación de Israel más allá de los límites previstos en el plan de partición de la ONU y la ocupación por parte de Egipto y Transjordania de la parte asignada al Estado árabe y la zona internacional de Jerusalén. El conflicto se hizo sentir más allá de las fronteras palestinas, ya que las comunidades judías que habitaban en países árabes (muchas desde antes de ser arabizados e islamizados), se vieron obligadas a emigrar en las décadas siguientes, víctimas potenciales del «antisionismo». El fenómeno tuvo características diferentes según los países, aunque en general liquidó prácticamente las comunidades hebreas en países árabes. Algunas fuentes hacen hincapié en la judeofobia y en las migraciones inmediatamente posteriores a la guerra de 1948, mientras que otras​ señalan un proceso de emigración mucho más largo y debido a una multiplicidad de factores, entre los cuales siguen estando los ecos del conflicto árabe-israelí, a los que se añaden económicos, culturales y otros. He aquí un cuadro que lo resume:

 
País Población judía 1948 Emigrados a Israel Población judía 2002
Argelia 140.000 24.000 20
Egipto 66.000 37.000 50
Irak 140.000 130.000 100?
Líbano 5.000 4.000 70
Libia 38.000 35.800 0
Marruecos 285.000 266.300 3.500
Siria 35.000 8.500 120
Túnez 130.000 52.000 1.500
Yemen y Adén 60.000 50.600 500
Total 899.000 608.200 5.860

Gran Bretaña, a pesar de haber dado el primer paso hacia la creación de un Estado judío con la Declaración Balfour, dificultó por todos los medios la inmigración de judíos al Mandato Británico de Palestina, incluso durante la Segunda Guerra Mundial (véase Libro Blanco de 1939) y vaciló en el momento de facilitar su aplicación. Incluso llegó a plantearse su derogación para no perjudicar sus intereses geoestratégicos en Oriente Medio ni dañar sus alianzas con los países árabes. Los graves conflictos que los planes sionistas generaban entre la población árabe de Palestina también aconsejaban a los británicos mantener el statu quo previo a la guerra (que se concretaba en el llamado Libro Blanco de 1939) y esperar a que la ONU redefiniese el Mandato de la extinta Sociedad de Naciones.

Aunque cada vez más minoritarios, en el seno del judaísmo sigue habiendo antisionistas por razones religiosas y con diversos grados de oposición, como los jaredíes o algunos grupos ultraortodoxos y relativamente minoritarios como Neturei Karta, estos últimos contrarios al actual Estado de Israel, además de grupos laicos de judíos seculares disidentes y opositores al Estado de Israel, e intelectuales judíos independientes como Noam Chomsky, Norman Finkelstein, Shlomo Sand; o personalidades gentiles opositoras al sionismo, como la periodista estadounidense Helen Thomas.

La Resolución 3379

En 1975, en plena Guerra Fría, la Asamblea General de la ONU adoptó, por impulso de los países árabes, y con el apoyo del bloque soviético y del no alineado, la resolución 3379, de carácter declarativo y no vinculante, que asociaba al sionismo con el racismo (72 votos a favor, 35 en contra y 32 abstenciones). El entonces embajador israelí y futuro Presidente de Israel, Jaim Herzog, rompió el documento en pedazos delante de la Asamblea. En 1991 Israel puso la anulación de la resolución 3379 como condición para su participación en la Conferencia de Madrid, lo que llevó a que fuera derogada al aprobarse la resolución 4686 (111 a favor, 25 en contra y 11 abstenciones).

Reconocimiento de Israel en el mundo árabe e islámico

Egipto fue el primer Estado árabe que reconoció al Estado de Israel, y los demás lo harían después de que la propia OLP reconociera el Estado judío en 1988. En la actualidad hay organizaciones palestinas que reconocen el derecho a la existencia de Israel, aunque los dos partidos mayoritarios, Hamás y Fatah, niegan a Israel ese derecho. Entre quienes siguen sosteniendo posiciones antisionistas están las autoridades de Irán.

Particularidades del sionismo

El sionismo fue establecido sobre la base de la asociación entre el pueblo judío y la Tierra de Israel. La aliyá a la Tierra de Israel es un tema recurrente en las oraciones judías. Los sionistas consideran a los judíos que viven fuera de Israel como exiliados. El rechazo a la vida en la diáspora es central en el sionismo. Subrayando esta actitud se encuentra el sentimiento de que la Diáspora restringe el crecimiento total de la vida individual y nacional judía. Los sionistas generalmente prefieren hablar en hebreo, una lengua semítica que se desarrolló en condiciones de libertad en la antigua Judá, modernizada y adaptada a la vida cotidiana. A veces rechazan hablar en yídis, una lengua que consideran afectada por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna y toman nombres hebreos. Los principales aspectos de la idea sionista se ven representados en la Declaración de Independencia de Israel:

La Tierra de Israel fue la cuna del pueblo judío. Aquí se forjó su identidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí logró por primera vez su soberanía, creando valores culturales de significado nacional y universal, y legó al mundo el eterno Libro de los Libros.

Luego de haber sido exiliado por la fuerza de su tierra, el pueblo le guardó fidelidad durante toda su Dispersión y jamás cesó de orar y esperar su retorno a ella para la restauración de su libertad política.

Impulsados por este histórico y tradicional vínculo, los judíos procuraron en cada generación restablecerse en su patria ancestral. En los últimos decenios retornaron en masa.

Negación de la diáspora

Según Eliezer Shweid la negación de la vida en la diáspora es idea en todas las corrientes del sionismo. Subrayando esta actitud estaba el sentimiento de que la Diáspora restringía el crecimiento completo de la vida nacional judía.

Adopción del hebreo

Los sionistas prefieren hablar hebreo, una lengua semítica que se desarrolló bajo condiciones de libertad en la antigua Judá y que dejó de hablarse alrededor del siglo I a. C, modernizándolo y adaptándolo a la vida diaria. El responsable principal de la resurrección del hebreo como lengua hablada a partir de su estado previo de lengua litúrgica fue precisamente un sionista, Eliezer Ben-Yehuda. Los sionistas a veces rechazan hablar yidis, una lengua derivada del alto alemán medio que consideran afectada por la persecución cristiana. Una vez que emigran a Israel, muchos sionistas rechazan hablar su lengua materna en la diáspora y se ponen nuevos nombres hebreos.

Reacción al antisemitismo

En este tema, el historiador Zeev Sternhell distingue dos escuelas de pensamiento en el sionismo. Una es la escuela liberal o utilitaria de Herzl y Nordau. Especialmente después del caso Dreyfus dicen que el antisemitismo nunca desaparecerá, y ven el sionismo como una solución racional para los judíos. La otra es la escuela nacionalista racional. Prevalece entre los judíos de Palestina, y ve el sionismo como un proyecto para rescatar a la nación judía y no como un proyecto para rescatar a los judíos. El sionismo fue un problema en el «Renacimiento de la Nación».

Antisemitismo y sionismo

En Francia, personalidades como Xavier Vallat, ministro de Vichy a las Cuestiones judías, o Lucien Rebatet, escritor colaboracionista que reclamaba durante la guerra el exterminio de los judíos, apoyaron Israel contra los palestinos.

Los dirigentes del apartheid en sudáfrica, a menudo antisemitas, apoyaron Israel.

Figuras destacadas del Sionismo

  • Abraham Isaac Kook
  • Mordechai Anielewicz
  • David Ben-Gurión
  • Eliezer Ben Yehuda
  • Arthur Koestler
  • Dov Ber Borojov
  • Max Brod
  • Nahum Goldmann
  • Theodor Herzl
  • Moses Hess
  • Moritz von Hirsch auf Gereuth
  • Zeev Jabotinsky
  • David Raziel
  • Shlomo Ben-Yosef
  • Uzi Narkis
  • Isaac Shamir
  • Charles Netter
  • Mordecai M. Noah
  • Leo Pinsker
  • Lionel Walter Rothschild
  • Abraham Stern
  • Joseph Trumpeldor
  • Otto Warburg
  • Jaim Weizmann
  • Albert Einstein
  • Menájem Beguin
  • Icchak Cukierman
  • Moshé Dayán
  • Simon Dubnow
  • Emma Lazarus
  • Isaac Rabin

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Debate Plural

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