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El medio ambiente y los recursos naturales en República Dominicana tras 526 años de la llegada de Cristóbal Colón (2)

Written by Juan de la Cruz

Esa situación comenzó a cambiar en el momento mismo en que los españoles iniciaron el proceso de conquista, sojuzgamiento, colonización y explotación de los habitantes nativos  y de los recursos naturales que había en la isla, rompiendo así el equilibrio existente entre la biodiversidad natural y el ser humano.

Ya para el 12 de diciembre de 1492, el Almirante había llegado a la parte norte de la Isla, a lo que hoy se llama Cabo Haitiano, bautizado por él como Cabo de La Concepción, donde estaba ubicado el asiento del cacique Guacanagarix del cacicazgo de Marién. Allí toma posesión de forma solemne de la Isla y la denomina con el nombre de La Española.

El propósito principal del viaje de Colón era la obtención de oro, razón por la cual envió varias comisiones a explorar el entorno para adquirir informaciones que le condujeran a los lugares donde se pudiese encontrar el preciado metal. Sus primeras indagatorias en la parte Noroccidental fueron infructuosas, ya que lo obtenido fue insignificante con respecto a sus expectativas.

El 25 de diciembre Colón construye el Fuerte de La Navidad, tras estrellarse su nave Santa María contra un arrecife coralino en el Cabo, lo que le obliga a dejar 39 de sus hombres para que continuaran las exploraciones mientras volvía a España a informar de sus hallazgos a los Reyes Católicos. Antes de partir tomó muestras de todo lo encontrado para impresionar a los monarcas, logrando enteramente su objetivo.

En 1493 regresa con más 1,500 hombres, todo tipo de animales domésticos, plántulas y semillas de frutos que se cultivaban en España y en las Islas Canarias. Al llegar al Fuerte de La Navidad, encontró que el mismo había sido destruido y quemado por los aborígenes del cacique Caonabo y que todos sus compañeros habían sido aniquilados.

Al encontrar este panorama desolador y comprobar que Guacanagarix no tenía responsabilidad en el hecho, decide avanzar hacia el Este de la Isla y en la desembocadura del río Bajabonico estableció la primera ciudad europea en América, designándola bajo el nombre de La Isabela, garantizando así la seguridad del oro que le habían informado existía en el Cibao (que Colón creía se trataba de Cipango, hoy Japón).

La obsesión de Colón con el oro era tal que llegó a afirmar: “Con él se hace tesoro y quien lo tiene hace cuanto quiera en el mundo y llega a echar hasta las ánimas del Paraíso”. Con el propósito de verificar las informaciones que tenía de que el Cibao había mucho oro, envió a los misioneros Alonso de Ojeda y Ginés Gorvalán. Estos regresaron con la noticia de que los ríos por los cuales pasaron, corría el oro en abundancia.

El 14 de marzo de 1494, Colón partió con sus hombres hacia el Cibao, pasando por Santiago de los Caballeros y llegando hasta el valle que bautizó con el nombre del Valle de la Vega Real, al cual comparó con el “Paraíso Terrenal”, por su inmensa belleza y su agradable clima.

Colón llegó hasta las márgenes del río Yaque del Norte y su afluente el río Bao, así como por  los ríos Yuna, Camú y otros no menos importantes, cuyos cauces arrastraban en sus arenas abundante oro. Estos ríos estaban rodeados de bosques y abundante madera preciosa en condiciones vírgenes.

A partir de ese momento los conquistadores ponen en práctica múltiples sistemas socio-económicos que privilegiaban el lucro, al margen de toda consideración humana o ética, que protegieron con la instalación de diferentes fuertes militares: Santo Tomás, La Concepción, La Esperanza, Santo Domingo, Torre del Homenaje, Torre de Haina, San Felipe, Samaná, San Luis y otros.

La primera medida implantada por los Reyes Católicos en la isla La Española, a través del Almirante Cristóbal Colón, fue obligar a los indígenas a pagar tributos en oro, incluyendo a menores de catorce años. Así los aborígenes quedaron adscritos al lavado de oro y las excavaciones mineras. El sistema de tributación impuesto por la corona española a los nativos consistía en obligar a todo aborigen de catorce años en adelante a pagar trimestralmente un cascabel de oro en oro molido o pepitas de oro, si vivían en las zonas auríferas del Cibao o en las inmediaciones de Haina, o una arroba de algodón, equivalente a 25 libras, a los demás.

Hacia el año 1496 el adelantado Bartolomé Colón fundó la ciudad Nueva Isabela, que luego pasaría a denominarse Santo Domingo, al ser traslada en 1502 por el comendador Nicolás de Ovando de la margen oriental a la margen occidental del río Ozama, tras ser destruida por un violento huracán, muy próximo a las minas de Haina. De este modo se iniciaban en la Isla de La Española las llamadas factorías colombinas.

El sistema de repartimientos de indios entre los españoles y el sistema de encomiendas fueron puestos en práctica como resultado de la rebelión del Alcalde Mayor de la Isabela, Francisco Roldán, por disposición del almirante Cristóbal Colón en el año 1498 y por Nicolás de Ovando el 20 de diciembre de 1503, con la anuencia de la corona española, quien le dio legitimidad a través de las Leyes de Burgos, firmadas por el rey Fernando II el 27 de diciembre de 1512 en la ciudad de Burgos, tras el pronunciamiento del Sermón de Adviento del 21 de diciembre de 1511 por parte de Fray Antón de Montesinos.. Estos sistemas contribuyeron al genocidio o etnocidio de los pobladores originarios de la Isla en poco menos de 50 años, si se parte del dato de que en promedio se estima que la población nativa era de alrededor de 300 mil personas a la llegada de los conquistadores españoles a estas tierras en 1492 y tan sólo quedaban alrededor de 500 en 1548, al someterlos a trabajos intensivos en la búsqueda del oro y en los sistemas de producción agrícola.

Alrededor de la ciudad de Santo Domingo crecieron a partir de 1520 los cultivos de caña de azúcar, base de la nueva economía una vez agotadas las minas de oro. Impulsadas las obras por el presidente de la Real Audiencia, Alonso de Fuenmayor, y por el oidor Zorita, este último construyó el fuerte de San Fernando para vigilar el acceso desde el río.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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