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El medio ambiente y los recursos naturales en República Dominicana tras 526 años de la llegada de Cristóbal Colón (1)

Cristobal Colon
Escrito por Juan de la Cruz

La llegada del navegante Cristóbal Colón y sus acompañantes a la Isla de Santo Domingo el 5 de diciembre de 1492 tuvo un impacto negativo muy profundo en el uso y conservación de los recursos naturales, el medio ambiente y los acuíferos encontrados, debido a la depredación incesante del entorno y a la explotación inmisericorde de sus habitantes originarios desarrollada por ellos.

Al llegar a estas tierras Colón quedó maravillado con la belleza de la Isla, su exuberante vegetación, sus múltiples cuencas hidrográficas y la forma natural en que vivía su gente, lo que le lleva a definirla como una especie de paraíso terrenal en su carta del 15 de febrero de 1493 al tesorero de la Reina Isabel I de Castilla, el judío cristianizado Luis de Santangel ([1]), quien había aportado un millón de maravedíes al Proyecto del Almirante en su Primer Viaje:

La Española es maravilla: las sierras y las montañas, las vegas y las campiñas y las tierras tan hermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganado de todas las suertes y para edificar villas y lugares. Los puertos de la mar, aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes y buenas aguas, los más de los cuales traen oro. En los árboles y frutos y yerbas hay grandes diferencias de aquellos de la de Juana (Cuba, JC): en esta hay muchas especias y grandes minas de oro y de otros metales. La gente de esta isla y de todas las otras que he hallado, habido o no haya habido noticias, andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren, aunque algunas mujeres se cobijan un solo lugar con una hoja de yerba o una cosa de algodón para que ello hacen”.

De igual modo, en carta enviada al Cabildo de Sevilla a finales de 1493 por el Doctor Diego Álvarez Chanca([2]) -quien fue enviado por los Reyes Católicos a acompañar a Cristóbal Colón-, da un panorama extenso del medio ambiente y los recursos naturales que había en la Isla de La Española por aquella época:

Desde que llegamos a esta Española, por el comienzo de ella era tierra baja y muy llana, del conocimiento de la cual estaban todos dudosos si fuese la que es, porque aquella parte ni el Almirante ni los otros que con él vinieron habían visto, y aquella como es grande es nombrada por provincias, y a esta parte que primero llegamos llaman Haytí, y luego a la otra provincia junta con ésta llaman Xamaná, y a la otra Bohío, en la cual ahora estamos; así hay en ellas muchas provincias porque es gran cosa, porque según afirman lo que la han visto por la costa de largo, dicen que habrá 200 leguas: a mí me parece que a lo menos habrá 150; del ancho de ella hasta ahora no se sabe; allá ha ido hace cuarenta días a rodearla una carabela, la cual no ha venido hasta hoy.

Es tierra muy singular, donde hay infinitos ríos grandes y sierras grandes y valles grandes rasos, grandes montañas: supongo que nunca se secan las yerbas todo el año. No creo que hay invierno ninguno en ésta ni en las otras, porque por Navidad se hallan muchos nidos de ave, de ellas con pájaros y de ellas con huevos. En ella ni en las otras nunca se ha visto animal de cuatro pies, salvo algunos perros de todos colores, como en nuestra patria, la hechura como unos bosques grandes; animales salvajes no hay. Asimismo, hay un animal de color de conejo y de su pelo([3]), el tamaño de un conejo nuevo, el rabo largo, los pies y manos como un ratón, suben por los árboles, muchos los han comido y dicen que es muy bueno de comer; hay muchas culebras, aunque no son grandes; lagartos, aunque no muchos, porque los indios hacen tantas fiestas con ellos como haríamos allá con los faisanes; son del tamaño de los de allá, salvo que en la hechura son diferentes, aunque en una isleta pequeña, que está junto con el puerto que llaman Monte Cristi, donde estuvimos muchos días, vieron muchos un lagarto y muy grande que decían que sería de la gordura de un becerro([4]), y es tan correcto como una lanza, y muchas veces salieron a matarlo y con la mucha espesura se metían en la mar, de manera que no se pudo atrapar. Hay en esta isla y en las otras infinitas aves de las de nuestra patria y otras muchas que allá nunca se vieron: de las aves domésticas nunca se ha visto acá ninguna, salvo en la Zuruquia había en las casas unos patos, los más de ellos blancos como las nieves y algunos de ellos negros, muy lindos, con cretas rasas, mayores que los de allá, pero menores que los gansos.

Por las costas de esta isla corrimos al pie de 100 leguas, porque hasta donde el Almirante había dejado la gente, habría en este compás, que será en el centro o mitad de la isla. Andando por la provincia de la llamada Xamaná parados echamos en tierra uno de los indios que el otro viaje había llevado vestidos y con algunas cosillas que el Almirante le había mandado dar…Salieron a la barca en llegando a tierra muchos indios, de los cuales algunos traían oro al cuello y a las orejas; querían venir con los cristianos a los navíos y no los quisieron traer, porque no llevaban licencia del Almirante; los cuales desde que vieron que no los querían traer se metieron dos de ellos en una canoa pequeña y se vinieron a una carabela de las que se habían acercado a tierra, en la cual los recibieron con su amor, trajéronlos a la nave del Almirante y dijeron, mediante un intérprete, que un rey fulano([5]) los enviaba a saber qué gente éramos, y a rogar que quisiéramos llegar a tierra porque tenían mucho oro y le darían de ello y de lo que tenían de comer: el Almirante les mandó dar sendas camisas y sombreros y otras cosillas, y les dijo que porque iba a donde estaba Guacanagarix no se podría detener, que otro tiempo habría que le pudiese ver y con él se fueron”.

El cronista Gonzalo Fernando de Oviedo ([6]) también nos habla de las características que poseía la Isla de Santo Domingo, bautizada por Colón como La Española, a principios del siglo XVI, en los siguientes términos:

“La Isla Española tiene de longitud, desde la Punta de Higüey hasta el cabo del Tiburón, más de cientos cincuenta leguas, y de latitud, desde la costa o playa de Navidad, que es al norte, hasta el cabo de Lobos, que es de la banda del sur, cincuenta leguas. Está la propia ciudad en diez y nueve grados a la parte del mediodía. Hay en esta muy hermosos ríos y fuentes, y algunos de ellos muy caudalosos, así como el del Ozama, que es el que entra en la mar, en la ciudad de Santo Domingo; y otro, que se llama Reiva ([7]), que pasa cerca de la villa de San Juan de la Maguana, y otro que se dice Batibónico ([8]), y otro que se dice Bayna ([9]), y otro Nizao, y otros menores, que no quiero expresar. Hay en esta isla un lago que comienza a dos leguas de la mar, cerca de la villa de la Yaguana, que dura quince leguas o más hacia el Oriente, y en algunas partes es ancho, una, y dos, y tres leguas, y en las otras partes todas es más angosto mucho, y es salado la mayor parte de él, y en algunas es dulce, en especial donde entran en él algunos ríos y afluentes. Pero la verdad es que es ojo de mar, la cual está muy cerca de él, y hay muchos pescados de diversas maneras en el dicho lago, en especial grandes tiburones, que de la mar entran en él por debajo de tierra, o por aquel lugar o partes que por debajo de ella la mar espira y procrea el dicho lago, y esto es la mayor opinión de los que el dicho lago han visto. Aquella Isla fue muy poblada de indios, y hubo en ella dos reyes grandes, que fueron Caonabo y Guarionex, y después sucedió en el señorío Anacaona. Pero porque tampoco quiero decir la manera de la conquista, ni la causa de haberse apocado los indios, por no detenerme ni decir lo que larga y verdaderamente tengo en otra parte escrito, y porque no es esto de lo que he de tratar, sino de otras particularidades de que vuestra majestad ([10]) no debe tener tanta noticia, o se le pueden haber olvidado, resolviéndome en lo que de aquella isla aquí pensé decir, digo que los indios que al presente hay son pocos, y los cristianos no son tantos cuantos debería haber, por causa de que muchos de los que en aquella isla había se han pasado a las otras islas y Tierra Firme..”.

 

 

Acerca del autor

Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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