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Los restos de Pedro Santana deben ser sacados del Panteón Nacional (2)

Escrito por Juan de la Cruz

5- El apresamiento de quien fue una y mil veces glorioso defensor de las fronteras dominicanas, General Antonio Duvergé, el 9 de mayo de 1849 en Azua, por desaprobar las incitaciones del general Pedro Santana dirigidas a derrocar al presidente general Manuel Jimenes y en su lugar colocarse él, y por responderle gallardamente, con honorabilidad y sentido patriótico, de la siguiente manera: “General: Yo sólo empleo mis armas para pelear contra el haitiano; pero nunca tomaré parte en discordias civiles; en este caso haré mucho con ser neutral”.

6- El sometimiento del General Duvergé a un Consejo de Guerra en la ciudad del dictador, El Seibo, al ser acusado por el General Santana de ser el responsable de la derrota sufrida por las tropas dominicanas en varias batallas, como la de Azua de los días 5 y 6 de abril de 1849, siendo descargado posteriormente por el tribunal militar de las imputaciones que se les hicieron.

7- El fusilamiento en el patíbulo del General Antonio Duvergé, sus hijos Alcides y Daniel, los patriotas coroneles Tomás de la Concha y Juan María Albert, así como también al ciudadano español Pedro José Dalmau, el 11 de abril de 1855, al ser acusados de planear una conspiración revolucionaria contra el gobierno del General Santana.

8- La actitud de deslealtad y traición asumida en 1858 cuando el gobierno provisional de Santiago, encabezado por el general José Desiderio Valverde e integrado por los patriotas Ulises Francisco Espaillat, Pedro Francisco Bonó, Máximo Grullón y otros abanderados de la causa nacional, lo trajo del exilio para sacar del poder al presidente Buenaventura Báez, quien había estafado a los productores y comerciantes de tabaco del Cibao, al emitir más de 40 millones de pesos en dinero inorgánico. Después de derrocar a Báez retornó a Santiago y le dio un golpe de Estado al presidente Valverde, derogó la constitución democrática y liberal de Moca adoptada en 1858 e impuso nuevamente la constitución conservadora de 1854.

9- La entrega total de la República Dominicana al decadente imperio español en una falsa y supuesta condición de provincia ultramarina, cuando llevó a cabo la anexión a España el 18 de marzo de 1861, para consumar de forma definitiva sus planes parricidas contra la patria y contra sus mejores hombres y mujeres.

10- El fusilamiento de los patriotas José Contreras, Cayetano Germosén, Ynocencio Reyes y otros en mayo de 1861 en la ciudad de Moca, tras estos oponerse a la anexión a España.

11- El fusilamiento en el patíbulo del patricio Francisco del Rosario Sánchez y sus 21 compañeros de lucha e infortunio, en San Juan de la Maguana, el 4 de julio de 1861.

Duarte calificó a Pedro Santana como “Satanás”, “Orcopolita”, “Ciudadano del Infierno”, “fariseo” e “Iscariote”, a quien el patricio había incorporado junto a su hermano Ramón a mediados de 1843 a la causa nacional, tras el golpe de Estado dado por los reformistas haitianos y los trinitarios al presidente haitiano Jean Pierre Boyer. A Santana y a otras figuras funestas

del país como Tomás Bobadilla, Buenaventura Báez, Manuel María Gautier, Manuel María Valencia, Silvano Pujol, Félix Mercenario y otros, nuestro Padre de la Patria los señala como parte de la “facción miserable” que “ha sido, es y será siempre todo menos dominicana”. Igualmente, “representante de todo partido antinacional y enemiga nata por tanto de todas nuestras revoluciones”.

Por otro lado, en el curso de la Guerra Restauradora, el general Gregorio Luperón fue designado como Jefe de Operaciones de la Línea Sureste para contener la llegada del general Pedro Santana al Cibao e impedir que el desaliento se apoderara de las fuerzas restauradoras que estaban luchando en las  proximidades de la ciudad de Santo Domingo.

El general Luperón aceptó la encomienda puesta sobre sus hombros, con la condición de que el Gobierno Provisorio Restaurador emitiera una disposición en la que ponía fuera de la ley al general Pedro Santana por delito de alta traición. Aunque dentro del Gobierno había algunos opuestos a la pena de muerte y le pidieron a Luperón flexibilizar su posición, éste se mantuvo incólume en su pedimento, ya que tenía la certeza de que exigía una ley con la que buscaba únicamente el bienestar de la Patria. Fue así como, al fin, el Gobierno emitió el decreto y junto con él el nombramiento del general Luperón como Comandante en Jefe de todas las Fuerzas del Sur y del Este. Veamos:

DECRETO DEL GOBIERNO PROVISIONAL DECLARANDO  FUERA DE LA LEY AL GENERAL SANTANA COMO CULPABLE  DE ALTA TRAICIÓN.

DIOS, PATRIA Y LIBERTAD

REPÚBLICA DOMINICANA

El Gobierno Provisional.

Considerando: que el General Pedro Santana se ha hecho culpable del crimen de alta traición, enajenando a favor de la Corona de Castilla, la República Dominicana, sin la libre y legal voluntad de sus pueblos, y contra el texto expreso de la ley fundamental:

Ha venido en decretar y decreta:

ART. 1°.- El dicho general Pedro Santana queda puesto fuera de ley; y por consiguiente, todo jefe de tropa que le apresare le hará pasar por las armas, reconocida sea la identidad de su persona.

Dado en Santiago de los Caballeros, en la Sala del Gobierno, a los 14 días del mes de Septiembre de 1863.- El Vice-presidente Benigno F. de Rojas. Refrendado; la Comisión de Guerra: R. MELLA, P. PUJOL.-

La Comisión de Hacienda: J. M. GLAS, Ricardo CURIEL.- La Comisión de Relaciones Exteriores: Ulises F. ESPAILLAT. La Comisión de Interior, Justicia y Policía: Máximo GRULLÓN, G. PERPIÑAN.

El general Pedro Santana, viejo, enfermo y totalmente desmoralizado, con 62 años de edad sobre su espalda, fue vencido por el joven general Gregorio Luperón, con apenas 24 años en las batallas del Sillón de la Viuda y Arroyo Bermejo, próximo al Cantón de Guanuma, donde tenía su Cuartel General el caudillo del Este, obligándolo a retirarse luego a su finca del Seybo.

El general Pedro Santana fue llamado por el brigadier José de la Gándara y Navarro a la ciudad de Santo Domingo para remitirlo a Cuba, donde se le juzgaría en una corte marcial por desobediencia a la autoridad de la Corte Española y de varios gobernantes españoles en la Isla, quienes le habían ordenado concentrar las fuerzas militares bajo su mando en torno a la ciudad de Santo Domingo, a lo que se negó en múltiples ocasiones.

Acerca del autor

Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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