Cultura Nacionales

Heroínas del arte en tiempos de la revolución socialista (1)

Written by Marko Florentino

La incursión de la mujer en los escenarios artísticos y en los espacios de poder de la Rusia revolucionaria se retrasó como agujas de un reloj con el engranaje corroído y sin relojero que quitara el óxido a las manecillas solidificadas en las líneas del tiempo. Es a partir de 1917 cuando se dan a conocer los primeros experimentos de arte vanguardista en el régimen bolchevique [cabe señalar que Vladímir Ilich Uliánov fundó la resistencia socialista en Bruselas, cuna del arte y hogar del célebre pintor surrealista René François Ghislain Magritte]. Ya la pintura impresionista había circundado el Canal de la Mancha haciendo su principal parada en Francia —donde se formaron y expusieron sus trabajos algunas de las pintoras compromisarias con la revolución rusa.  Los primeros embriones del movimiento “Realismo Socialista” fueron ingeniosos, innovadores y cautivadores, pero basados exclusivamente en las doctrinas del proletariado, aunque tomando como referencia el floreciente auge del arte moderno europeo. Pero este arte realista socialista solo trascendía dentro de las fronteras del continente comunista y en escasos países símiles con su ideología, pues occidente y sus aliados controlaban el negocio universal del arte de vanguardia […]

Un movimiento feminista germinaba sus propuestas encubiertas en las escuelas de arte clásico; una especie de anonimato visible encabezado por un grupo de damas que ambicionaban la igualdad y el reconocimiento de sus competencias. No es que no existiera el arte femenino, pero hizo falta mucho tiempo para sensibilizar a los forjadores del arte Neozarista imperante, y décadas para conciliar con los representantes del arte socialista, las oportunidades que abrieron brechas de un idealismo entramado con la estética fundamental, sediciosa y dogmática —que parecía impenetrable.  Un largo inventario de pintoras que, con su férrea determinación, iniciaron el proceso de adiestramiento y observación para alinear sus propósitos artísticos e insertar sus obras con sutileza entre los grandes Avant Garde de su época.  Ellas encarnaron la elocuencia muda de un arte efectivo que traspasó las creencias de la industria del arte supremacista sin que esto provocara rupturas ideológicas o sublevación del feminismo. La aserción social de los pinceles y herramientas artísticas que con su talento fueron abriendo fisuras anestesiadas con óleo, curadas con lienzos y tratadas con mármol […]; dieron a conocer su creatividad en los mismos espacios que los renombrados pintores de aquel entonces. El arte de estas heroínas no llegó por fuerza de gravedad, sino por la consistencia formativa y el trabajo perseverante con que este grupo de mujeres se consagraron asistiendo a talleres populares, tomando clases de pintura y escultura con los grandes maestros y matriculándose posteriormente en las escuelas superiores —podría decirse que fue el arte persuasivo y encantador, moldeado con atractivo cromático, la exaltación entusiasta y la conceptualización estética que las hizo merecedora del reconocimiento local y la notoriedad internacional. Cuando ya la revolución feminista se hacía sentir en toda Europa con todo tipo de manifestaciones artísticas, por más paternalista que fuera la Rusia revolucionaria, nada detendría a Natalia Goncharova, Vera Mukhina, Marina Ryndzyunskaya, Lyubov Popova,  Anna Lebedeva, Tatyana Yablonskaya, Ksenia Ender, Valentina Khodasevich, Sarra Lebedeva, Lidia Masterkova, entre otras…, a expandir su talento.  Además de la energía creativa y el deseo de superación con que estas féminas introdujeron sus trabajos, hizo falta algo más que el carácter ambicioso de las damas del arte; las claves para conseguirlo pudieron haber sido la mezcla de osadía y competitividad. Resistieron a la disimilitud temporal en todos los sentidos, con un mercado artístico estrictamente fiscalizado por el machismo imperante que censuraba cualquier intento de disidencia; no obstante, fueron tan notorias sus realizaciones que, condescendientemente, sus trabajos se registraron mental y tangiblemente en la psiquis de los líderes revolucionarios y por los que inmortalizaron la revolución socialista a través del arte. La formación profesional fue una de las notas que armonizó las posibles discordancias entre la sensibilidad femenina y su arte novel, ante la arrogancia y la gloria de los pintores registrados como dueños de los escenarios.  Al igual que Miguel Ángel y Rafael, todas ellas se iniciaron en las escuelas del arte clásico perfeccionista, pero no fue hasta lograr sus objetivos que introdujeron su sentir ideológico artístico para competir al mismo nivel que los amos del arte socialista.

No fue que los gestores de la industria artística socialista las hayan dejado entrar a sus templos para evitar posibles sediciones culturales, tampoco hubo grandes diatribas para que ellas presentaran sus propuestas en espacios comunes; más bien fue la consagración al trabajo persistente hasta lograr un estilo que cautivó al statu quo del arte socialista y, sobre todo, a los espectadores. Luego de la demostración de talento exquisito en combinación con magnanimidad figurativa exhibidas por ellas, las diferencias de clases se hicieron irrelevantes. Específicamente, las esculturas y pinturas de estas damas liberales fueron tomadas en cuenta cuando se vio deslumbrar un resplandecer rico en tonos cromáticos, en conceptualización y en consonancia dogmática con la filosofía revolucionaria. Un arte femenino escalando progresivamente en busca de espacios y, posiblemente, algo les avisó a los líderes de aquel entonces que no podían permitirse que los trabajos de estas artistas trascendieran fuera de las fronteras socialista antes de ser presentados en los museos rusos. Es posible que ellas representaran el inicio de una tendencia feminista en el arte, pero no competían ni querrían el ocaso del absolutismo artístico empotrado en la sociedad; tampoco promovían la ruptura entre el predominio de los que simbolizaban la pintura clásica y la elevación revolucionaria de su dogma, sino que fueron forjando sus habilidades con la mesura y el idealismo colectivo desde las mismas escuelas donde se formaron pintores de la casta de Ilya Repin, Vladimir Tatlin, Alexander Drevin, Kazimir Malévich, entre otros; adquiriendo el conocimiento pragmático estimulado por las tendencias representativas de aquel entonces.

El tiempo de ellas llegó, aunque a cuenta gotas; sedujeron el predominio ideológico de una sociedad liderada por ideales egocéntricos, pero que pedía a gritos la apertura de sus fronteras artísticas para exponer y explorar otras técnicas y pigmentos. Para ellas, dar a conocer sus propuestas sin que esto conllevara a afrentas era más importante que absolver la fama de sus maestros y que las divergencias las pusieran a la defensiva o en enfrentamientos sin norte; fue el anhelo intrínseco por indagar y exteriorizar sus propias tendencias artísticas. Olfatearon el óleo y saborearon el aroma de la igualdad de género en el arte.

Finalmente, lo consiguieron, y fue Natalia Sergéyevna Goncharova uno de los principales íconos que dio inicio a la inclusión feminista en el arte ruso. Nacida en Ladýzhino en 1881 —el mismo año del asesinato del Zar Alejandro II, recibió su primera formación en la Escuela de Arte, Escultura y Arquitectura de Moscú; posteriormente desarrolló el estilo cubista-futurista en sus primeros ensayos pictóricos que, como corriente de vanguardia, las influencias de sus contemporáneos Pablo Picasso y Umberto Boccioni se habían transferido a su estilo y al de muchos jóvenes artistas de Rusia. Goncharova se inspiró en los aspectos primitivos del arte popular ruso, reflejando con estilo propio una especie de mix pictórico que incorporó elementos fauvistas y cubistas. Los trabajos de esta artista son una paráfrasis ilustrada en defensa del feminismo euroasiático y un reclamo universal al bloqueo de la mujer.  En sus obras: Autumn evening, Design for final backcloth, Orange Vendor, Spanish Dancers, Mask, Still Life with a Tige, Forest Red-green, Espagnole, Liturgy, The Seraph’s costume, Liturgy six winged Seraph, Self-Portrait, Haycutting, Harvest, The little station, Airplane over train, Cats -Rayonist perception in rose, black and yellow; hay una viva enunciación en defensa de la mujer como ente social, una expresión alegórica por su superación, la exaltación femenina y la igualdad de género.  Tanto en sus trabajos decorativos, en los vestuarios de las damas que pintó y en los escenarios ilustrados hay contrastes tonales que evidencian su anhelo por el traspaso del anonimato social hacia la conquista de los espacios de poder. Sus obras muestran la discordancia entre la armonía y la incertidumbre; entre la disidencia y la convergencia por alcanzar ideales y ser reconocidas como ente social de importancia vital; pero a la vez muestran la sensibilidad femenina puesta en evidencia por el predominio masculino en el arte. Altos contrastes entre albor y lobreguez, presagios de irresolución; de la angustia al júbilo; de la exclusión a la inserción social.   Goncharova experimentó con el Rayonismo junto Mikhail Larionov, dándole una visión modernista desde su perspectiva individualista, y desarrollando esta tendencia de vanguardia para colocarse a la misma altura que lo hizo Claude Monet con el impresionismo.  En su primera exposición en Múnich «La cola del Burro», [en la que participaron Kazimir Malévich, Vladimir Tatlin y Marc Chagall], concibió la ruptura intencional del arte clásico, influenciado por arte europeo; estableciendo de una escuela rusa de arte moderno independiente.  Cuando participó en la exposición en Berlín con el grupo «Der Blaue Reiter» [El jinete azul] —fundado por Vassili Kandinski y Franz Marc—, buscaba hacer escuchar sus reclamos fuera de las fronteras soviéticas para demostrarle al mundo que, además del supremacismo masculino en el arte ruso, había mujeres con el talento suficiente para representar el socialismo ruso desde otras perspectivas.  Aunque los rasgos del futurismo ruso se evidencian en sus últimos trabajos, se inspiró también en los temas españoles, destacando la mujer como esencia necesaria; aunque inicialmente trabajó con temas relacionados con los iconos del primitivismo del arte popular ruso. Adquirió fama en Moscú liderando el movimiento futurista, con trabajos como «The Cyclist».

About the author

Marko Florentino

Licenciatura en Publicidad - UASD Rep. Dom; Master en Periodismo - UCM España; Máster en Escritura Creativa - UCM España; PhD Programa de Doctorado en Arte Semiótico – UCM graduado de Ambiente de aprendizaje virtual y Relaciones públicas
Miembro del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, Asociación de Pintores y Escultores Españoles y del Colegio Dominicano de Periodistas
Profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Actualidad), Profesor Universidad del Caribe, Diseñador gráfico creativo-Agencia de publicidad Inventum, Periodista Periódico Universitario, Periodista independiente
escritor-pintor (exposiciones: Boston, Nueva York, Madrid, Santo Domingo)

3 Comments

  • Me parece muy interesante  el punto de vista de su artículo.
    Se agradece el reconocimiento de la lucha y esfuerzo que historicamente, y concretamente en el mundo del Arte, han realizado   muchas mujeres para estar  en lo alto, desde el esfuerzo y valía  personal y profesional , en igualdad de condiciones y , sin menoscabo  de los exitos de los hombres,   actitud e ideas que  quedarín reflejadas para la posteridad a través de sus obras.
    Muy instructivo. Gracias.

  • Me parece muy interesante  el punto de vista de su artículo.
    Se agradece el reconocimiento del  enorme esfuerzo que historicamente, y especialmente en el mundo del Arte, han realizado   muchas mujeres por estar  en lo alto ,en ihualdad de condiciones, desde el esfuerzo y valía  personal y profesional y , sin menoscabo  de los exitos de sus compañeros hombres,  actitud e ideas que  quedarín reflejadas para la posteridad a través de sus obras.
    Muy instructivo. Gracias.

  • Me parece muy interesante el punto de vista de su artículo.
    Se agradece el reconocimiento del enorme esfuerzo que históricamente, y especialmente en el mundo del Arte, han realizado muchas mujeres por estar en lo alto ,en igualdad de condiciones, desde el esfuerzo y valía personal y profesional y , sin menoscabo de los éxitos de sus compañeros hombres, actitud e ideas que quedarán reflejadas para la posteridad a través de sus obras.
    Muy instructivo.Gracias.

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