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La presidencia de Francia y el «Gladio B» (1)

Escrito por Debate Plural

Thierry Meyssan (RedVoltaire, 29-7-18)

 

¿Quién es Alexandre Benalla?

El ahora llamado «Escándalo Benalla», iniciado por el diario francés Le Monde, ha levantado una esquina del telón que cubre lo que sucede en la sede de la presidencia de la República Francesa. Un colaborador extremadamente cercado al presidente Emmanuel Macron ha resultado ser un guapetón que, haciéndose pasar por policía, arremetió a golpes contra dos personas después de la manifestación del 1º de mayo en París, llevabando un brazalete que lo identificaba como policía y un radio con acceso a las comunicaciones internas de las fuerzas del orden. Ese personaje utilizaba a su favor «amiguismos malsanos», según declaró el prefecto de la Policía de París, Michel Delpuech. Ese aspecto del asunto está siendo en este momento objeto de una investigación judicial en la que 5 personas están bajo escrutinio. Al mismo tiempo, se ha iniciado una investigación administrativa, a cargo de la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN) [1].

Resulta, sin embargo, que, lejos de ser un oscuro colaborador, este guapetón es nada más y nada menos que «director adjunto de la oficina del Presidente de la República». Este individuo escoltaba a Emmanuel Macron en numerosas ocasiones, tanto en presentaciones públicas como en desplazamientos y visitas de carácter privado e incluso disponía de las llaves de la residencia secundaria particular del presidente de Francia. Había recibido un permiso para portar armas, supuestamente justificado por sus funciones. Pero, ¿cuáles eran esas funciones? Disponía de un automóvil oficial equipado con señales luminosas similares a las que se instalan en los vehículos de la policía. Pero, ¿quién le asignó ese vehículo? Disponía también de un documento de acceso al hemiciclo de la Asamblea Nacional, de un pasaporte diplomático y estaba autorizado a manejar información secreta de carácter militar. ¿Por qué?

Según los representantes de los sindicatos de policías que prestaron testimonio –bajo juramento– ante la Misión de Información del Senado francés, este matón del presidente inspiraba «terror» entre los policías. No vacilaba en amenazar e injuriar a oficiales superiores de la policía y de la gendarmería [2], a quienes se daba el lujo de pretender dar órdenes. Estaba presente en reuniones que se desarrollaban en el ministerio del Interior y en la Prefectura de Policía de París. Además, reclutaba «custodios» para la Presidencia de la República. Sin embargo, todas esas imputaciones, publicadas en la prensa desde el inicio del escándalo, han sido desmentidas por las oficinas del presidente de la República.

En su primera declaración sobre el escándalo, el presidente Macron dijo sentirse «traicionado» y haber aprobado personalmente la sanción que se le había impuesto a Benalla –15 días de separación de su puesto, con suspensión de sueldo– y haberle reasignado un puesto de menor importancia en el que supuestamente no trabajaría fuera de la sede de la Presidencia de la República. Pero resulta que, por razones «técnicas», la suspensión del sueldo no fue aplicada. Además, en pocos días, debido a la «escasez de personal», Benalla acompañaba nuevamente al presidente, como si nada hubiese sucedido. Ninguna de las personas a cargo de la seguridad presidencial, ni siquiera el ministro del Interior, mostraron inquietud por ello, a pesar de que conocían el incidente que Benalla había protagonizado el 1º de mayo.

Para quienes no están familiarizados con el sistema constitucional francés es necesario explicar aquí que el presidente de la República no controla las administraciones que dependen únicamente del gobierno. La seguridad del presidente de Francia la garantizan funcionarios civiles y militares [3]. Si el presidente de la República tuviera a su disposición un servicio de seguridad directamente bajo sus órdenes, sería imposible controlar los actos de ese servicio ya que, al cumplir órdenes directas del presidente, se extendería a ese servicio la «inmunidad» que protege al presidente mientras dura su mandato.

Al cabo de 6 días de mutismo, el presidente Macron finalmente mencionó el escándalo en un encuentro con los diputados de su formación política. Olvidando que hasta sus partidarios se plantean una serie de interrogantes, el presidente Macron los exhortó a movilizarse contra los adversarios que tratan de aprovechar la situación. Dijo sentirse «traicionado» por el director adjunto de su oficina –o sea, Alexandre Benalla– y se proclamó único «responsable» del error cometido al designarlo para las funciones que realizaba.

Las palabras de Macron fueron bellamente conmovedoras, pero las preguntas siguen sin respuesta.

Lo peor de todo es que, al proclamarse «único responsable», Emmanuel Macron dispensa a las personalidades convocadas por los parlamentarios de responder de forma detallada ya que, en definitiva, el «único responsable» es –o será cuando termine su mandato– el hoy presidente. Como dicen los policías en casi cualquier país del mundo: ¡Circulen que aquí no ha pasado nada!

Los parlamentarios ya se habían estremecido al oír que el director de Orden Público de la Prefectura de Policía de París contradecía –bajo juramento– las declaraciones del jefe de la oficina del presidente de la República… y que al día siguiente “rectificaba” para eliminar esa contradicción. Los parlamentarios también pudieron comprobar las contradicciones existentes entre la descripción oficial del puesto de Alexandre Benalla y las razones que se invocan en el documento de la Prefectura que lo autoriza a portar un arma… y la contradicción evidente entre la declaración de la Presidencia de la República afirmando que a Benalla no se le había asignado un apartamento oficial y la declaración fiscal de cambio de dirección del interesado –con fecha del 9 de julio.

Y ¿para qué hablar del robo de imágenes de cámaras de vigilancia de la Prefectura de Policía de París?, imágenes que policías entregaron ilegalmente a Alexandre Benalla, quien a su vez las puso en manos del jefe de la oficina del presidente, y que circularon indebidamente entre numerosos colaboradores de la Presidencia de la República.

La hipótesis del «Gladio B»

Desde este sitio web señalamos que la misión de Alexandre Benalla era crear un equivalente francés del Servicio Secreto estadounidense (US Secret Service), que se ocuparía simultáneamente de la protección del presidente y de la lucha contra el terrorismo [4], información que muchos medios han reproducido sin mencionarnos.

El ministro del Interior, quien declaró no saber nada del asunto, está convencido de que la reforma de los servicios de seguridad de la Presidencia de la República no tenía como objetivo separarlos de la cadena de mando tradicional. Esperemos que no se haya dejado engañar también sobre ese asunto.

Pero es importante recordar que, durante la guerra fría, Estados Unidos y el Reino Unido crearon en los países de la OTAN, a espaldas de las instituciones nacionales, una red secreta de lucha contra la influencia soviética. Los historiadores se refieren a esa red como stay-behind y el público la conoce bajo la denominación de su rama italiana, o sea el Gladio. A escala mundial, esa red o sistema secreto se hallaba bajo el control conjunto de la CIA y el MI6, a través de la Liga Anticomunista Mundial (WACL, siglas en inglés) [5], con excepción de Europa, donde estaba bajo el mando de la OTAN [6].

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