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Lectura inocente para despertar a los dreamers (1)

DACA 1

El emperador de Trumpilandia sueña con un desfile militar para asustar a los dreamers, aunque no lo logre. Los valientes jóvenes para poder ejercer el derecho al voto o morir por esta tierra, deben aceptar la deportación de sus padres o celebrar la construcción de un muro ilegal que legalizará aún más la segregación del futuro. El genio del paraíso aterrador piensa que todos somos dreamers y le falla la propuesta anterior. Auto declararse dreamer o poeta constituye una acusación ridícula. Vivimos en una era en que disparar un arma o exhibir el poder del fuego, te convierte en un Súper héroe. Ser rico aunque la riqueza sea dudosa, te legítima. Leer un libro o recitar un poema, te convierte en una víctima del consumo al revés. Somos un caso de salud mental que nos descarta como casos perdidos. Démosle las gracias a Calderón de la Barca por recordarnos que La vida es sueño  aunque sea trágico pelear con el demonio. El  adjetivo anterior es del pesimismo de la diáspora. Pero la ética de los enemigos de la cultura actual es un sueño al revés. Consiste en armar a todo el mundo, incluyendo a los discípulos del sistema y a los enemigos que a veces nos defienden, aunque no puedan defenderse de sí mismos. El progreso invertido es un baile de máscaras que importa y exporta un muy particular estilo de vida mercenario y rastrero.

A diferencia de El buen soldado Svejk, el estadista de juguete cree que estos poetas del dolor  (metáfora de los soñadores actuales irreverentes) pueden dejar de soñar con su legalización intemporal, sin un insulto auténtico, sin una visa humanitaria para decirle adiós a una madre ausente; aunque todo sea algún tal vez, padrísimo. La maternidad comanda el sentimiento pero hay que conquistar a un suicida; cuidar mariposas que huyen del invierno o rescatar caballos de este urgente Apocalipsis redentor de la miseria pero multi millonario, especialmente los que se despiden bajo el fuego de un crimen sin importancia.

El diccionario de la violencia da risa. La masacre del día del amor, ocurrida en Parkland, Flórida, en una escuela secundaria, fue la última gota  las tantas que faltan. La ilusión y la decepción andan de la mano. Lo cierto es que lloramos, mientras nos disparan en un salón clase, en una galería de arte o mientras leemos la historia de nuestro fracaso en una biblioteca. Luego sucede algo extraordinario, bueno para una tragicomedia: aceptamos que los verdaderos asesinos nos manden condolencias y flores para los caídos y hasta les permitimos que lloren con nosotros. Y el colmo de la humillación: El gran emperador y su corte viene a vernos en persona para aumentar su rating. El sentimiento del rating es tan determinante como el engaño virtual de los Tweets de la desesperación. El extraño Ogro erótico nunca ha olvidado que su campaña es infinita. Desafortunadamente, el congreso y el eco de una inimaginable correa de transmisión sufre de dislexia y afasia moral extrema. El alzhéimer ataca hasta los más jóvenes proyectos de legisladores de la hipocresía. Las donaciones han creado un problema genético maligno. Pocos hablan de un desarme general. El oficialismo o busca la enfermedad en la sábana o algún valiente loco, tal vez una paradoja del establishment, habla de reforma sin saberlo. El dolor crea grietas en medio de la nada. Nadie quiere tocar la teoría del armamentismo, propio de un país imperialista. Pagan por el funeral de un genocidio. El fervor heroico se diseña para castrar la juventud del futuro. Matamos dreamers y creamos soñadores de pesadillas. El imaginario del mal no tiene límites. A los dreamers les hace falta iluminar la odisea del progreso, saboreando el color negro para que otro arco iris nos depare una convivencia humanamente conflictiva que tanto hace falta en el Caribe y en el resto de Latinoamérica. Esta región, salvo las zonas donde indígenas y afro descendientes emergieron de las tinieblas de 500 años de olvido total, impulsados por  movimientos  progresistas que están en peligro.  Impugna el lado oscuro del pentagrama. Somos el recuerdo de un carnaval colonizador, insoportable, sin el cual parece que la vida es imposible. Hay cosas que ama El Zar de la Oficina Oval. ¿Les gustaría informarse de algunos de sus extraordinarios ejemplos?: Hay cabezas de medusa para entretener a los niños, cuernos diabólicos para los últimos bebés de probeta de la revolución tecnológica. El último Santa Claus del infierno disfruta prendiendo patas de gallina envenenadas o explotando torpedos caprichosos contra la pared de los desencuentros familiares.

El Mariel soñado sería deportar a todos los dreamers sin pensarlo dos veces. Destruir la unidad familiar parece ser la jugada de otro proceso de deshumanización de la existencia. Somos exportadores del dilema de la disfuncionalidad. Hay cárceles para alimentar las consecuencias. Al rey de la propiedad mundana le encanta sentarse entre jueces uniformados para oír los tambores de un ga-gá mercenario, usurpado por una tribu de extremistas blancos, al servicio de la podredumbre. Luego la gleba que lo ayuda a desmantelar la débil democracia interior, yo diría íntima, imperialista, paga  a los que no pueden soñar con una cárcel de inmigración decente. Mide el sueño de los soñadores atacados por la enfermedad anti social de pensar en colores. Lo hemos oído amenazar un país que participa en los juegos olímpicos de invierno bajo un discurso sobrio sobre el fin del mundo. El bienaventurado precoz adora el rito de la destrucción como medida correccional muy humanitaria. El desarme nuclear no es la agenda de los empresarios políticos de hoy. Alguien debe apretar el botón del gatillo nuclear. Ya no hay un líder respetable en el campo de la desconcertación política internacional y Ser Premio Nobel de la paz, ya no tiene el prestigio del pasado. Ni siquiera hay un limbo  imaginario para engañar a nuestros nietos, argumentando la existencia de otra paz que no sea el combate interior o el paraíso electrónico de una intimidad que ya no es tan física. Una semiótica infernal ilumina el desierto.

DACA 2

Delicias del emperador de la torre de una babel que inaugura una orden ejecutiva para restablecer el monolingüismo de la guerra, bajo la imposible propuesta del English Only. El Zar que desprecia la Salsa, el Belly Dance, el azúcar parda, el merengue sin letra, el Mariachi. El General en jefe de la Nada. El Empresario metafísico  está dispuesto a pagar en pretérito hasta $ 130 mil dólares por el silencio de un polvo blanco. Le gusta contar en la sombra las ganancias de un Income Tax secreto para desoír el rumor de las mujeres que no se dejaron intimidar por el poder del Apprentice. Algunos creen que hay que adorar este sombrío Zarathustra lanzando dardos contra su juego de monopolio. El vacío creó un personaje que dice ser rey de la ridiculez, la vanidad y la virtualidad anti poética. Aplaudan al Landlord de las cárceles más amorosas del mundo. Este Trujillo blanco, augusto y bien vestido es la metamorfosis de otro Mussolini desechable. Una moral desnuda emerge de las catacumbas del progreso y del regreso con Daca y sin Daca. Para engañar la ironía, aplaudan la danza sangrienta de los tweeters de la inseguridad nacional del capital erótico mundial.

DACA 3

Para intimidar a los dreamers nuestro magnánimo Nerón inventado por la banalidad, volverá a abrir el complejo carcelario de Guantánamo. Se pintará con brocha gorda otro San Quintín hermoso. Se le enseñará a cada niño del daycare imperial a disparar con las armas de juguete que nadie se atreve a prohibir. Aquí multamos a los menores de edad por comprar alcohol o por transportar las botellas aunque ya estén vacías. Lo contradictorio o paradójico es que las bodegas de las armas están abiertas y no le ponen restricción a un joven como Nikolás Cruz, el anti héroe de la masacre del 14 de febrero.  La justicia finge hacer turismo con los ojos cerrados. Ese logos es inútil. La democracia es un teatro desolador pero hay una opción liberal: hablar todo el día del amor a los vencidos. Ponerle la mano en el hombro a los culpables de esta inapelable promiscuidad. No hay suficientes presidiarios en  un país inventado por la soledad celebrada como arcoíris. Aquí hay dreamers que ya no sueñan con El American Dream pero ya tienen en el ejército la opción de hacerle una ofrenda a la Madre Patria que disemina anglofilia por todo el planeta. La cultura imperialista es un campo de concentración laboral dónde está prohibido respirar libremente. Morir es un oficio hermoso. Pregúntenselo a Frederick Douglas, a José Martí o a Nelson Mandela. Ser feliz es la obligación de la ética de una opresión romántica. Aplaudan esta isla vacía  donde el colonialismo pone la libertad en pública subasta. Ya no se puede ser un activo del paraíso perdido. Hay fiesta para una democracia suicida, tela azul violenta y colín de miel por todos lados, portaaviones de un juguete turbio. Para matar los sueños inocentes sobran acorazados, grilletes perfumados, esposas pegajosas para desear la muerte, salario mínimo, propinas inmunes a otro reparto empresarial. Esta es una economía libre que se burla del medio ambiente. Hay café con leche y minas de carbón para burlarse del Sueño Americano que los dreamers demandan. Soy el payaso más feliz del mundo a la hora de contar las víctimas de estas metáforas inútiles.

About the author

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995. Presidente de la Asociación de Escritores Dominicanos en Los Estados Unidos, (ASEDEU)

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