Nacionales Politica

¿Qué está pasando en República Dominicana?

Escrito por Debate Plural

I

Polibio R. Diaz (D. Libre, 28-12-16)

A propósito de la reciente sentencia sobre el transporte, donde se ha tenido que recurrir a un Tribunal para que ratifique y nos “estruje” en la cara lo ya harto conocido de las actividades monopolísticas y de otra índole que identifican al sector de marras, y ahora, además, nos regalan la aterradora y vergonzosa noticia de los entes involucrados en hacer cumplir las leyes relacionadas con el transporte, de que AHORA SÍ harán cumplir las leyes en cuestión.

Esto nos lleva a traer a colación el ya famoso caso de Hard Rock Casino & Hotel, en proceso de buscar los permisos correspondientes para su instalación y destrucción del Polígono Central en ambición de convertir a la República Dominicana en singular competidor de Las Vegas, Nevada, EEUU, y tratar de disputarle su sobrenombre de Sin City y de esa manera propinarle la estocada final a los deseos de convertir el Turismo en el verdadero motor de nuestro esperado desarrollo económico.

¿Qué está pasando en nuestro país? Pues lo de hace mucho. Ud. no puede comerse el pastel y tenerlo. O lo mismo: la doble cara. ¿Cuál doble cara? Oh! entrarle a los empresarios del transporte y al mismo tiempo mandar a apoyar que se violen las leyes en el caso de Hard Rock CASINO & Hotel en el Polígono Central y la aparición de su Vice Presidente Ejecutivo (quien se identifica como tal y a manera seguida aclara que está allí en representación propia y como residente en el sector pero que jamás se acercó a la Junta de Vecinos para exponer sus puntos de vista) a que en una Vista Pública sobre el conocimiento requerido por Medio Ambiente diga que respalda el Proyecto tal cual y a los vecinos que se muden para Arroyo Hondo por lo menos hasta que Hard Rock decida instalar un Casino allí y tengamos que recoger allí también y mudarnos mas lejos y así y así y así. !Qué bonito!

Recuerdan el viejo dicho aquel que dice”hay que tener cuidado con lo que se pide”.

De ahí que la petición de las Juntas de Vecinos del Polígono Central es sencilla, diáfana y directa. Que se respeten las leyes y reglamentos y las ordenanzas y resoluciones emanadas de la autoridad competente y que olvidemos las acomodaciones interpretativas interesadas que amparan a los que tratan de suprimir esas mismas leyes, reglamentos, ordenanzas y resoluciones para poder satisfacer su afán de lucro y disfrazar a ese lobo feroz (el lucro) de caperucita roja (el progreso). El progreso no lo representa la destrucción de las áreas, que aun con sus dificultades, han demostrado la capacidad de desarrollarse armoniosamente.

Como pretexto de las violaciones aspiradas se utilizan argumentos a todas luces insostenibles. Uno de ellos es que muchos otros han violado las regulaciones y nada ha pasado. Otro es que las regulaciones actuales son obsoletas. Ambas representan una gran oportunidad para comenzar a enmendar las cosas.

El primero de esos argumentos viaja lejos si no tenemos un régimen de consecuencia a las violaciones atribuidas y eso es precisamente una de las grandes fallas que estamos padeciendo como sociedad. Dediquémosnos a exigir que esas consecuencias se hagan realidad. El segundo argumento es un llamado a que pensemos y planifiquemos en que Ciudad queremos vivir. Aunemos capacidades y consultemos con los habitantes y tendremos una mejor guía que nos oriente hacia que dirección es que debemos encaminar las aspiraciones.

Particularmente pienso que, en el caso del Distrito Nacional, nos ha llegado la hora de evitar la concentración en una sola demarcación y aprovechemos la creación de diversas zonas de expansión y procuremos dotarlas de los elementos necesarios para que sean atractivas y promuevan la inversión y el disfrute de los participantes y así tendremos una ciudad más atractiva, amistosa y vivible.

Es interesante, para el Acervo Cultural, compartir lo siguiente: en Ciudad de México, D.F., Hard Rock Café, el franquiciador es ahora propiedad de los indios seminoles de Estados Unidos,y los nuevos propietarios quieren cambiar la linea de manejo de sus actividades y ahora desean que las mismas sean contentivas del juego (casinos). Pero saben que los franquiciados fueron sometidos por el franquiciador, según los reportes periodísticos, a todo tipo de presiones, tanto financieras como legales, para forzarlos a aceptar la nueva directriz operativa a tal punto que los franquiciados se vieron constreñidos a cerrar la operación de Hard Rock Café en Ciudad México. En resumen, parece que existe el propósito a nivel de la alta dirección de impulsar el juego como la línea primaria de negocio tanto en la rama Hotelera como en la de Café. ¿Podemos anticipar la conjunción de Hotel y Café tras la persecución (en el sentido de conseguir) del juego en nuestro país?

II

Jose Luis Taveras (D. Libre, 23-11-17)

Antes de que se enteren por otras fuentes, quizás prejuiciosas o retorcidas, estoy dispuesto a declarar. Al hacerlo no buscaré expiaciones ni omitiré acentos emotivos. La verdad es que soy un hombre de sensibles flaquezas, atado por vicios que no puedo controlar.

Sus lazos me aprietan el alma hasta el desgarramiento. He luchado por años sin hallar las terapias apropiadas. ¡He probado callada y fallidamente tantas cosas para redimirme de este dominio opresivo! A veces me sobrepongo, pero cuando caigo en su posesión termino como cáscara desechada, sin más resistencia que el abandono ni mejor destino que el basurero. Me libero, confieso mis culpas.

Soy paranoico. Desconfío de la gente simpática, esa que vive para agradar y ser aceptada, la que mide, revisa y pesa las palabras antes de soltarlas, la que dice estar bien con todos para no comprometerse, la gente coleccionista de las buenas maneras y aficionada al buen decir. Sospecho de sus decentes halagos: son besos amargos olientes a intenciones sutiles. Me aterran los reconocimientos: son vanos tributos al ego para encorbatar sus miserias; vivo la fortuna de no merecerlos y la decisión existencial de nunca recibirlos. Me asusta la opinión unánime: huele a conjura o a eructo de anodinos.

Soy fetichista. Tengo un apego enfermizo por las montañas: su misterio me sojuzga, tanto como la idea de abrigar sus cumbres; una pasión demencial que me humedece el alma hasta verla salpicar gritos de añoranzas, esos que escurre el viento con el eco de sus vuelos. Me obsesionan las tardes grises: desatan caprichos apetentes de cobijos olvidados, de caminatas inciertas, de amores polvorientos, de citas recogidas perfumadas de café, canela, blues y bossa. Me excita la lluvia: disfruto el suicidio de sus gotas cuando se desangran en cada salto y mueren entre las corrientes de los errantes desaguaderos; me deleita viciosamente su canto metálico sobre el zinc, cuando besa los follajes o cuando cuelga sus secretos en el cristal mientras lame su desnudez traslúcida. Me alucina su olor a vulva de bosque y a tierra preñada.

Soy repulsivo. Me irritan los buenos. En esta cultura de ausencias serlo es una marca social: es el que evita los conflictos, el que congela la sonrisa, el que recoge la palabra, el que elude los riesgos, el que encuentra virtud en todo y el que a nada ni a nadie contradice. Me abruma la gente barata y desechable, útil solo para endosar, sellar o certificar la palabra ajena; la que le pone precio a su lealtad y presta con rédito su opinión mercenaria. Esa que vive a la sombra de intereses fiados sin dar la cara. Me asquea la vida del éxito plástico: sus poses, perfumes, marcas, luces y frivolidades me provocan escozor genital y su abolengo, irritación anal; la crónica de sus intrascendencias me obliga al uso sanitario. Desprecio las ideas repetidas, los clichés, los esnobismos conceptuales, los neologismos importados sobre todo cuando se imponen como lenguaje oficial de las autoproclamadas “elites” para que la masa de descerebrados los entone como himno patrio, como oda al sistema.

Soy maníaco. Tengo aficiones sádicas como morder arrugas de ancianos, estirar los dedos de los pies hasta el dolor para sentir el grato chasquido de su retorcimiento, vocearle al mar groserías poéticas, alborotar afros (pajones) con mis dedos, escupir tierras ajenas, empuñar el pecho de los gatos y apretar las orejas de los perros, desatar el llanto sin importar la gente, quebrar protocolos estúpidos, hacer acrobacias con las metáforas y abusar de las decencias del lenguaje. Me seduce la gente libre, plena, de mirada firme y limpia, que no guarde sus miserias ni trague sus tóxicas amarguras. Creo en la gente espontánea y pasional: que grita, llora, siente y deja ver su alma. Gente inconforme, sensible y sorprendida; que ame intensamente sin modelos, que no envase los afectos en las formas ni en las apariencias, que despierte incomprensiones y hasta odios.

Soy depresivo. Me fastidian los políticos; no soporto sus maneras, sus artimañas, timos y necedades, pero tolero menos a los que negocian con el poder en nombre de fortunas blanqueadas por la desidia del tiempo. Esos doctos en fariseísmo empresarial que en el día condenan la corrupción de los políticos y en la noche arman con ellos tratos y negocios sin ensuciar su impecable abolengo. Me amarga vivir en una sociedad asustadiza, rendida y sometida a un liderazgo usurpado y depredador. Me muerde el alma pensar que todavía nos debatimos en normas básicas de convivencia, cuando sociedades que salieron de largos trances de guerra hoy asoman a la vida civilizada. Me aturde más la apatía de los que pueden y no quieren que la impotencia de los que quieren y no pueden. Sufro cada día vivir en un país de improvisaciones: sin planes, coordenadas, diseños ni metas, sujeto al capricho narcisista de unos mediocres poseídos por ínfulas mesiánicas gracias a la mercancía del voto servil. Me cuesta entender cómo sonreírle a la tragedia y seguir viviendo feliz… sin ganas ni para tirar un glorioso pedo.

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

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