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Enfocando el pensamiento dominicano (X)

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Escrito por Angel Moreta

ELEMENTOS DE FILOSOFÍA  MODERNA DESTINADOS AL USO DE LA JUVENTUD DOMINICANA (1814) 

TRATADO DE LOGICA DE LOPEZ DE MEDRANO (II)

 

 Por: Angel Moreta (Autor-Editor)

 

El Tratado de Lógica es una exposición de filosofía moderna en Santo Domingo, en la segunda década del siglo XIX. Por primera vez se presentan conceptos filosóficos desde el punto de vista del empirismo de Locke y del sensualismo de Condillac. Va dedicada a la juventud dominicana ávida de conocimiento en un momento histórico crucial, que exigía nuevos puntos de vista que superaran como herramientas el marco de la escolástica tradicional dogmática dominante.

López de Medrano, consideró un privilegio especial el poder enseñar  a los jóvenes de la segunda década del siglo XIX, un tratado de lógica contentivo de perspectivas modernas provenientes de la Ilustración francesa.

“…ya habéis ingresado en el ámbito de la facultad de filosofía, donde no se halla la amargura sino la dulzura; no la tristeza, sino la alegría. Felices de vosotros si os apoyáis en ella virilmente. Dichosa la patria si ve florecer tales hijos y feliz, muy feliz yo, si distinguido con tanto honor, seguro de tanta gloria, puedo enseñar y asentar la moderna filosofía, apoyándola en solidísimos experimentos. Rendid, finalmente, vuestros más justos tributo de agradecimiento al magnánimo mecenas Arzobispo Pedro Valera, que vela siempre por vosotros y vuestros adelantos” (2)

Divide la filosofía en cuatro partes: 1) racional; 2) natural o física; 3) metafísica; 4) moral o ética. Considera la división más idónea para la enseñanza universitaria.

Propone el análisis de las operaciones de la mente y distingue cuatro: las sensaciones, el juicio, el razonamiento y el método. Los conocimientos humanos comienzan por las sensaciones, siguiendo a Condillac, llegan al alma únicamente a través de los sentidos, mediante el juicio, la mente une, separa, afirma y niega un predicado de un sujeto, llegando así al conocimiento. La tercera operación es el razonamiento o la inferencia, a saber, de un juicio conocido obtenemos un nuevo juicio.

La cuarta operación es el método, de importancia capital para el autor, pues propone reglas acerca de las precauciones que debe observar todo científico, historiador o pensador, ya que el apego a lo real en sus aspectos más simples es una regla de oro del conocimiento. Dichas reglas representan una metodología del procedimiento histórico que exige responsabilidad moral al sujeto del conocimiento, por lo cual debe cuestionarse la narración hueca que se apoya en la retórica y en el adorno del lenguaje. Es necesario desechar el criterio de autoridad tradicional, no importa de donde venga, pues el apego a la realidad en su arquitectura simple es algo digno de fe.

Los procedimientos de la ciencia y los de la religión se encaminan por vías diferentes, y aunque se admita la verdad de la fe, ésta no puede llevarse al terreno de la ciencia, como hacía la escolástica tradicional. El origen exclusivo de las ideas se encuentra en las sensaciones que producen los objetos exteriores en la mente por medio de los sentidos. Cabe rechazar la tesis del criterio de inmanencia de las ideas, esto es, que no se acepta que el ser humano desde su nacimiento venga provisto de ideas innatas por obra de la luz divina. En consecuencia, como empirista, López de Medrano, niega la existencia de ideas universales, únicamente existen individuos y las ideas universales son exclusivamente el producto de las operaciones de la mente mediante procesos de abstracción.

Los conocimientos provienen de la experiencia, y la mente (dentro de los principios del empirismo y del sensualismo), debe criticar las dificultades, prejuicios y obstáculos que se presentan en las operaciones de la mente, al igual que las opiniones vulgares, los prejuicios, los falsos saberes provenientes de las generaciones previas, incluyendo el “amor a la patria”, que se traduce en la práctica cognoscitiva en un desprecio de lo desconocido, de lo extraño o de la crítica.

La edición de un Tratado filosófico como el de Andrés López de Medrano, a principios del siglo XIX, representó un acontecimiento intelectual de enorme importancia en Santo Domingo, y puede considerarse punto de desarrollo de la génesis de un espíritu moderno que se manifestó en varias ramas del conocimiento, con expositores como Antonio Sánchez Valverde, Bernardo Correa y Cidron y prelados que apoyaron esos aportes y el enriquecimiento de la cultura científica dominicana, tales como el presbítero Pedro Valera y Jiménez y el obispo González Regalado.

El historiador Roberto Cassà expresa:

Lo que centralmente le interesa en tal indagatoria es la verdad histórica. En lo fundamental, todo el discurrir de este breve tratado filosófico se dirige a fundamentar un acercamiento a la historia en concordancia con las reglas generales de la ciencia. Así, la ciencia tendría un estatus científico similar al del conocimiento de la naturaleza, preocupación que corrió pareja con la producción de los filósofos empiristas ingleses.

Por consiguiente, los Elementos culminan en la sección IV, dedicada a dilucidar los criterios para una metodología científica de la historia, concepto con el cual alude a la realidad humana en su conjunto. En torno a esta temática expone sus consideraciones más progresivas, dirigidas a cuestionar las autoridades tradicionales. Exige responsabilidad moral al sujeto cognoscente, cuestiona la narración fuera que se compensa con el recurso de la retórica y proclama la preferencia por los autores modernos  en contraposición con las normas de la tradición religiosa medieval. Ninguna autoridad es eximida del requisito de la crítica, quedando el estudioso obligado a razonar haciendo abstracción de cualquier factor, como número, calidad y novedad. (3)

Existen verdades a las cuales se llega únicamente por vía de la razón humana, y no por vía de la razón divina. A ello se agrega que admite la duda expuesta en el Discurso del Método de Descartes (1596-1650), que plantea el criterio de evidencia y de no aceptar ninguna proposición sin examen previo. Las ideas de la mente humana son simple representación mental de objetos del mundo circundante, a lo cual Condillac llama  conocimiento que se adquiere como imagen de las cosas. La idea se identifica con la representación, con lo cual se niega la existencia de ideas innatas en la mente humana, sino que todas son adquiridas:

“Las ideas, aunque espirituales por su propia naturaleza, como que afectan inmediatamente al alma, sin embargo, nacen de los sentidos no se da en nosotros ninguna idea innata o infinita, esto es, impresa en nuestras almas por la mano del creador desde la creación misma”. (4)

Con esta tesis, Andrés López de Medrano, muestra su condición de pensador ilustrado, de pensador avanzado en el contexto cultural y espiritual de la colonia, dominado por la teoría filosófica escolástica tradicional o como afirma Condillac, los sentidos no son más que la causa ocasional de las impresiones que los objetos hacen sobre nosotros. Es el alma quien siente, solo a ella pertenecen las sensaciones y sentir es la primera facultad que advertimos en ella. 

La filosofía moderna, principalmente adscrita a la Ilustración europea, se contrapuso a la escolástica dogmática medieval e introdujo la duda como recurso metódico, que engendra una separación entre las cosas de la vida humana y las de la vida divina, es decir, entre el ámbito de la realidad y el de la fe. De igual modo, la Ilustración clásica, por ejemplo en Kant (1724-1804), establece separación entre lo divino y lo profano, y la necesidad de que la racionalidad ilustrada se aleje de todo vínculo religioso, relegándola a la vida privada.

Tal situación se produce en la figura personal y en el pensamiento de Andrés López de Medrano. De ahí que el profesor Juan Francisco Sánchez, sostenga la tesis de que nuestros modernos ciertamente lo son, pero con limitaciones y cortapisas.

Como Sánchez Valverde, López de Medrano pertenece al grupo de nuestros “modernos”, es decir, de aquellos espíritus inquietos que pugnaban por la renovación de las ideas tradicionales en filosofía, introduciendo elementos empiristas…. sensualistas provenientes de Newton, Locke, Galileo, Condillac, etc.

Sin embargo, nuestros “modernos” no lo son sino con ciertas trabas y reservas. Sobre ellos gravita el peso de la tradición cultural colonial, y a cada paso se evidencia el cuidado que ponen en no chocar violentamente… con cuestiones que puedan rozar con la fe, como por ejemplo el problema de la naturaleza del alma. Esto los hace ser cautos y tibios en las cuestiones decisivas, en cuyo caso se deciden casi siempre por una formula ecléctica… que les permita la protesta y hasta la burla, al mismo tiempo que dejan sentado bien claramente que son tan fieles tomistas como se puede ser. (5)

Ciertamente, Medrano no llegó al cuestionamiento de la doctrina de la iglesia en ninguno de sus escritos, pero es obvio que se alejó de ella en aspectos claves, como afirma Cassà, tales como la naturaleza del alma, el origen de los conocimientos humanos, la racionalidad científica, una noción de la ciencia de acuerdo con los principios modernos, amén de la crítica al principio de autoridad, tan propio de las doctrinas de la iglesia.

La contradicción entre el sensualismo empirista de Condillac, vertiente de la Ilustración, y su compromiso con la teología tradicional o su armonía con el catolicismo dogmático, le empujaban a mantener cierto equilibrio entre los intereses de la iglesia tradicional, es decir, las doctrinas teológicas de la iglesia y su postura de compromiso con la ciencia y la lógica de Condillac. Y de ahí la “moderación” de algunos aspectos del pensamiento de López de Medrano, quien vino a representar una etapa de tránsito entre la tradición escolástica medieval y la filosofía moderna de inspiración ilustrada, previo a los acontecimientos históricos de la separación de Haití.

Para él solo Dios es infalible, tiene un origen divino indiscutible, pero nadie más tiene esa cualidad; no hay hombre infalible, todo debe ser sometido al ámbito de la crítica racional. Pero ello no quita su devoción católica, sus vínculos con la iglesia tradicional ni su amistad estrecha con el Arzobispo Valera y Jiménez (1782-1836)

En la primera parte de su obra “Elementos de filosofía moderna destinados al uso de la juventud dominicana” (1814), exalta las cualidades de mecenas de dicho prelado, y presenta sus tributos de agradecimiento a Pedro Valera y Jiménez, “que vela siempre por vosotros (estudiantes) y por vuestros adelantos”.

Acerca del autor

Angel Moreta

Angel Moreta, jurista, sociólogo, y filósofo; Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), República Dominicana, Autor-Editor de Debateplural.

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