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El juez que merece la república (III)

Edgar Hernandez
Escrito por Debate Plural
Edgar Hernández Mejía (Listin, 4-10-17)

Para ser buen juez, el que merece la República, no basta ser sobrio, justo y honrado, se necesita además, ser imparcial; imparcial a toda prueba.

Como es sabido, el único que está obligado a comportarse con imparcialidad en un tribunal es el juez, en razón de que él no es parte, sino árbitro evaluador de lo que se someta a su consideración.

Las partes abogan sólo por sus intereses. Ejemplos: El trabajador reclama un determinado monto por concepto de las prestaciones laborales que dice le corresponden. El empleador aboga por el rechazo de la demanda por infundada o por mal instrumentada.

El acreedor solicita que se reconozca la validez de un documento que él afirma es probatorio del crédito. El deudor expone una petición para que se rechace la demanda o para que se reconozca un monto menor de la deuda.

El accionante aboga porque se le reconozca valor probatorio a los documentos que él sostiene demuestran su calidad, en una demanda en inclusión de heredero.

El imputado solicita la audición de testigos a descargo, mientras que la víctima constituida en actor civil y el representante del Ministerio Público, presentan y defienden piezas y certificaciones que incriminan al procesado.

El demandante sostiene que debe pagar un monto de impuestos menor que el exigido por el Estado, en base a un determinado cálculo en el que se afirma que no debe incluirse  recargo por mora, etcétera, etcétera.

En cambio, el juez está en el ineludible deber de ser imparcial; es decir, que en ningún caso debe favorecer a una parte en detrimento de la otra, en base a caprichos, amistad, simpatía personal, etc. Esto así, porque sólo las pruebas reconocidas en virtud de la ley, y únicamente ellas, pueden servir de base de sustentación y de fundamento para que el juez decida en un sentido o en otro. Es como una balanza con dos platillos, que indefectiblemente se inclina hacia el que más pese; y en el caso de los tribunales, el peso sobre el platillo lo constituye el conjunto de elementos de pruebas válidas que resulte con mayor verosimilitud y poder de convicción; todo lo cual explicado adecuadamente  en la motivación de la sentencia.

El juez ideal, el que merece la República, es aquel que en los estrados no es amigo ni enemigo de ninguna de las partes. Es aquel que no siente por nadie compromiso ni simpatía; tampoco siente animadversión  ni  gratitud hacia ningún sector ni persona,  y únicamente  basa sus actuaciones en las pruebas y en los preceptos legales, a fin de decidir los diversos pedimentos, en un sentido o en otro, de conformidad con el Derecho y la justicia.

En cuanto al concepto de referencia, el artículo 9 del Código Iberoamericano de Ética Judicial consagra que: “La imparcialidad Judicial tiene su fundamento en el derecho de los justiciables a ser tratados por igual y, por tanto, a no ser discriminados en lo que respecta al desarrollo de la función jurisdiccional”.

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