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Huracán, la voz maya de la tormenta

Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 29-9-17)

Es muy posible que la palabra hurakén, castellanizada como huracán, y en ocasiones como juracán, provenga de uno de los dialectos del maya-quiché, y haya sido erróneamente consignada como del área antillana. Lo increíble es que numerosos maestros y textos se refieren a ella como oriunda del Caribe Antillano. Sin embargo  Las crónicas isleñas tempranas nos hablan de una trilogía de fuerzas encabezada por la diosa Guabancex, la directora y coordinadora de vientos, agua, en cabeza de otras entidades divinas, como bien lo señala Fray Ramón Pané , llamadas Guataúba, el ordenador de vientos y lluvia con llamados  o mandatos  a  los otros ceníes, por lo que Pane lo  llama “pregonero o heraldo”, es decir mensajero con órdenes de trastocar el tiempo, y Coatrsquie, dios destructor que bajo las órdenes Guabancex, resulta el más temible, porque “recoge  las aguas en los valles entre las montañas, y después las deja correr para que destruyan el país”. He aquí la trilogía de la muerte: Guabancex, Guataúba y Coatrsquie. Los taínos marcaron el quehacer de sus dioses con faenas específicas, y es lamentable que, en lo relativo a sus acciones,  hayan sido tan fragmentarias las descripciones. Pero investigadores de la categoría del sabio cubano José Juan Arrom, durante casi cincuenta años profesor de la Universidad de Yale, y del también cubano, Don Fernando Ortiz, de cultura desbordante, hemos podido disfrutar de iniciales interpretaciones completadas por expertos en lexicología como el puertorriqueño Manuel Álvarez Nazario.

Como puede verse, la tormenta tropical que se transforma hasta convertirse en lo que a partir de las crónicas del siglo XVI  toma el nombre de “huracán”, no tiene sobrenombre preciso entre los tainos, cuya descripción más temprana apunta sólo a un conjunto de fuerzas que, unidas, y dirigidas por Guabancex, completan una especie de trabajo colectivo, una enviando el mensaje del siniestro que habrá de llegar o llega, otra dirigiendo los elementos de la naturaleza, y finalmente la que ejecuta Coatrsquie, junto a los vientos de Guabancex ,anegando el suelo con los desbordamientos de  ríos y  que apoyados en el viento, actúan creando las crecidas y destrozos.

El termino huracán aparece en las crónicas a partir del conocimiento del área maya luego de la conquista de México, y es común en  los documentos de este período como parte de la lengua o dialecto maya-quiche, donde abunda y desde donde pasa a cronistas  que lo aceptan, cuando siguiendo la tradición popular, el mismo es un dios creador que  su creación apunta hacia la destrucción. Es es la muestra de un dios, creador, que al parecer es concebido luego únicamente como destructor, al que los quiches designan hurakËn como dios de un solo ojo y un solo pie, sinónimo de lo que llamamos ciclón, una voz nacida en lo mediados del siglo XIX, e inventada por Henry Piddington usando, al establecerse su giro, la certeza del mismo y aprovechando la palabra griega KYKLON, circulo móvil.

Las Ondas, tormentas tropicales, ciclones o huracanes, según su intensidad, han azotado con frecuencia milenaria las villas y ciudades mexicanas del Golfo de México, y los documentos de gobernadores hispanos del siglo XVI  temprano,  ya usan  el término “huracán” en sus informes a la Corona. La documentación española aprovecha el nombre indígena maya para referirse a los fenómenos de este tipo y creemos que el uso en documentos o a partir de los mismos pasa a concepciones erráticas, puesto que ha corrido la idea de que la palabra “huracán” es taína, cuando la más temprana expresión escrita de este fenómeno con nombre igual es hispana. En su trabajo titulado “Los Huracanes en la época prehispánica y en el siglo XVI”, Héctor Cuevas y Mario Navarrete Hernández, aseveran que el nombre era común en lengua maya y aportan  pruebas  de su importancia arqueológica en el área, usando argumentaciones del Dr. Fernando Ortiz, quien considero la imagen como una figura taína, publicada en sus estudios como un ídolo de un solo pie que gira, y que posee un solo ojo, ídolo que según  los antores citados está claramente definido en las culturas mayas-quiche del área veracruzana, y que es pobre, o sea sin abundancia, en el arte de los taínos, por eso creo que los autores Cuevas y Navarrete  yerran al considerarlo antillano, lo que plantea el dudoso contacto que legitime la presencia maya en las Antillas. Ellos mismos aportan cantidad de formas distinguibles del dios en el arte maya.

Aunque haya tesis en contrario, ha sido difícil hasta ahora argüir que alguna cultura del área maya tuviera un contacto perdurable ni de intercambio con los grupos del caribe antillano, tesis que ya hemos tratado en nuestro libro Arqueología Prehistórica de Santo Domingo, Mc Graw Hill, 1970, explicando las causas que desde todo punto de vista han impedido el mismo, y la falta de datos para avalar tal  argumentación.  Y ello nos hace entrar en pruebas basadas en elementos que sostienen el casi imposible contacto entre los tainos y los mayas clásicos, como luego habremos de comentar.

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