Nacionales Politica

Bosch y el machete verde

Written by Debate Plural

Jose del Castillo (D. Libre, 19-10-13)

En el balance de fuerzas para apuntalar las reformas que Bosch trató de impulsar desde su gobierno en 1963, en cuanto a los partidos políticos, el cuadro lo componían los partidos participantes en el proceso electoral de 1962, más las organizaciones de izquierda que se abstuvieron, descreídas de su eficacia. Imbuidas del predicamento que afirmaba que Viriato Fiallo, candidato de Unión Cívica Nacional, y Juan Bosch, del PRD, quienes polarizaron las opciones con chance de ganar, representaban uno, «a la oligarquía y la reacción», y el otro, «al imperialismo yanqui», al que algunos le agregaban «la burguesía criolla». Enfoque muy parecido, medio siglo después en el que ha pasado de todo en el país y en el mundo, a la socorrida expresión «más de lo mismo», que emplean grupos e intelectuales de izquierda para descalificar a los llamados «partidos del sistema» -vale decir PRSC, PRD y PLD-, sus propuestas y desempeño gubernamental.

El movimiento social cristiano de los 60’s, con notoria presencia de clase media, juventud y fuerza sindical, pudo ser un edificante soporte de algunas reformas de Bosch coincidentes con el programa del partido del machete verde. El Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC) obtuvo el 5% de los votos, siendo así la tercera fuerza, bajo el liderato de Alfonso Moreno Martínez, Josefina Padilla Vda. Sánchez, sus candidatos en la fórmula presidencial, Yuyo D’Alessandro, Caonabo Javier Castillo, Víctor Hidalgo Justo, entre otros. En un gesto de aproximación con miras a ampliar la base política de su futuro gobierno, Juan Bosch ya presidente electo, ofreció a Moreno Martínez integrarse a su gabinete, como lo hizo con Jimenes Grullón de Alianza Social Demócrata -a quien propuso la cartera de educación a través del vicepresidente electo González Tamayo. Vanguardia Revolucionaria de Ornes Coiscou, aliada en los comicios al PRD, debió ocupar una o dos posiciones en el gabinete, frustrándose esta posibilidad al exigir su líder derecho a veto, a fin de objetar a Diego Bordas como ministro de industria y comercio. Con el cual sostendría más tarde una agria polémica pública acusándolo, ya ministro, de corrupción, motivo de renuncia de Bordas y litigio en los tribunales.

El color verde del PRSC también identificaba al partido socialcristiano Copei de Venezuela, donde éste, junto a Acción Democrática de Betancourt y Unión Republicana Democrática de Jóvito Villalba, había firmado en 1958 el Pacto de Punto Fijo. Para garantizar estabilidad política tras la caída del dictador Pérez Jiménez, mediante un programa mínimo y la formación de un gabinete compartido de unidad nacional presidido por el partido ganador en los comicios de ese año, que fue AD con su candidato Betancourt. De ese acuerdo fue excluido el Partido Comunista, que había luchado duro contra la dictadura. Ya instalado el nuevo gobierno, el PCV, con el concurso de otras fuerzas radicalizadas de izquierda como el MIR, propiciaría huelgas generales y el derrocamiento de Betancourt por la fuerza -sangrientos levantamientos militares, expediciones armadas y guerrillas urbanas de las FALN.

El líder de AD resultó un hueso duro de roer, como demostrara por igual en ocasión del atentado contra su vida perpetrado por agentes de Trujillo el 24 de junio de 1960, que le produjo serias quemaduras en el rostro y las manos. Pese a estos embates que llevaron a suspender las garantías constitucionales y a romper relaciones diplomáticas con los gobiernos de Trujillo y Fidel Castro, Betancourt impuso sus planes en el campo de la reforma agraria, educación y la política petrolera, entregando el poder a su sucesor en 1964, que lo sería Raúl Leoni, dirigente de su propio partido. En el curso de una manifestación en apoyo a su tercer año de gestión, Betancourt habría proclamado con vigor: «Yo soy un Presidente que ni renuncia ni lo renuncian».

En cambio en nuestro medio, erizado por encendidas confrontaciones que conspiraban contra la conciliación y los pactos entre fuerzas políticamente afines mediadas por protagonismos personales que se proyectaban antagónicos, la dinámica entre un PRD más pragmático y un PRSC que mantenía una línea beligerante muy ideologizada, no ayudó al acercamiento de ambas entidades. Algo que lamentablemente sólo sucedería después del golpe de Estado del 25 de septiembre, cuando los dos partidos fueron limando asperezas e identificando convergencias durante el régimen del Triunvirato, para arribar al Pacto de Río Piedras, firmado el 30 de enero del 65, preámbulo del movimiento constitucionalista que intentó reponer a Bosch en el gobierno, que contó con la actuación en el plano diplomático de líderes del PRSC como Caonabo Javier Castillo y Antonio Rosario, más la presencia en los comandos de dirigentes como Matos Rivera y Rafaelito Martínez.

En medio del panorama de Guerra Fría agudizado en el Caribe por la Crisis de los Misiles de octubre de 1962, los eventos en Venezuela y la transición política en Santo Domingo -con problemas internos crecientes en el vecino Haití bajo Papa Doc que llevarían a serias tensiones bilaterales e internacionales y a la intervención mediadora de la OEA-, el PRSC se asumió desde su fundación como un verdadero cruzado en la lucha contra los grupos castristas y comunistas que operaban en los años 60’s. Disputándoles el terreno en la universidad, con una fuerte presencia a través del beligerante BRUC, que contaba con destacados dirigentes y excelentes polemistas como Bernardo Defilló y José Joaquín Puello, que confrontaron en debates memorables la dialéctica marxista persuasiva de los Asdrúbal Domínguez y Cayetano Rodríguez. Grupo que escenificó choques armados en el campus con militantes del izquierdista Fragua, razón del mote «social pistola». En los liceos, la JRC hizo lo propio en la disputa ideológica, con dirigentes bien formados como Enriquito de León, frente a la UER liderada por Leonte Brea, un portento intelectual de nuestra generación.

Los socialcristianos tomaban como fundamentos en su discurso la doctrina social de la Iglesia Católica derivada de encíclicas como Rerum Novarum (1891), Quadragesimo Anno (1931) y la más fresca Mater et Magistra (1961) de Juan XXIII. Los aportes filosóficos de pensadores como Jacques Maritain y su humanismo cristiano y Emmanuel Mounier y su personalismo comunitario. Así como experiencias europeas de gobierno, tal la modélica democracia cristiana de Adenauer, la del «milagro alemán» respaldado con recursos del Plan Marshall y la italiana de la gestión de De Gasperi, Fanfani y Moro. Más cercana, se hallaba la plataforma programática de partidos latinoamericanos como el venezolano Copei de Caldera y la democracia cristiana chilena de Frei Montalva y Radomiro Tomic.

Sus líderes -entre los que destacaba el brillante y agraciado expositor Mario Read Vittini, quien produjo el primer desprendimiento del PRSC al crear el Partido Demócrata Cristiano del pececito verde- habían engrosado el exilio contra Trujillo en las postrimerías del régimen, radicándose en Bs. Aires, Venezuela, New York y Puerto Rico. Exilio en el cual participaban jóvenes como Luis Henry Molina, José Gómez Cerda y Prisco Morales, quienes recibieron entrenamiento político sindical en Caracas, antes de regresar al país tras el ajusticiamiento del dictador, bajo orientación de Emilio Máspero, secretario general de la CLASC. Desde fuera, estos hombres fraguaron la idea de establecer un movimiento socialcristiano con esferas de acción en la política partidista, el sindicalismo obrero y campesino, el empresariado y los profesionales, la juventud y el estudiantado de secundaria y universitario. Una buena base local para dicho propósito fueron las organizaciones preexistentes Acción Católica y Juventud Obrera Católica (JOC).

En tarea de asesoría, se sumaría a la formación del movimiento socialcristiano en el país, un grupo de jesuitas expulsados de Cuba por Fidel Castro en septiembre del 61, motivados por la creación en América Latina de los centros de investigación y acción social (CIAS) alentados por su mentor, el sacerdote cubano Foyaca de la Concha. Entre ellos, figuraba Francisco José Arnaiz, Fernando Arango, José Llorente, Sergio Benavides, José Luis Alemán, junto al español Manuel González Quevedo, ya residente en el país, vinculado a la Congregación Mariana Javier.

Asimismo, el dinámico dominico Marcelino Zapico, orientador de la juventud a través de artículos de prensa, labor compartida por el jesuita Láutico García, ideólogo tenaz. El celebérrimo polemista que escenificó el dramático debate televisivo con Bosch a pocas horas de las elecciones, quien lanzó al ruedo la imputación a éste de filo comunista. A raíz de la reproducción por el semanario Renovación de un trabajo publicado por Bosch originalmente en una revista venezolana, en el cual se refería a Lenin como arquetipo de gobernante.

Entre la administración Bosch y los socialcristianos se verificaron tensiones en el plano sindical, con el registro de paros en empresas bajo control estatal, como La Manicera, cuyo sindicato estaba afiliado a la CASC. En el sector azucarero, ésta logró la firma de pactos colectivos, iniciando con los ingenios del Norte (Esperanza, Montellano y Amistad), que irradió hacia el resto de los ingenios. Los sindicatos de La Tabacalera, Molinos Dominicanos, Licorería y Tenería Bermúdez, Industria Maderera e Industria del Mueble, se hallaban asociados a la CASC. En FENAMA, que integraba a los maestros, quienes fueron a huelga, existía influencia socialcristiana o así lo percibía el gobierno. En cada uno de estos paros, Bosch entendió que se trataba de movimientos que minaban la autoridad gubernamental y facilitaban el clima de ingobernabilidad, abriendo espacio al golpe de Estado. Por lo cual reaccionó con energía.

A este desencuentro se sumaron otros factores. Pero el 26 de septiembre, en comunicado firmado por Moreno Martínez, el PRSC condenó el golpe, «como una mala solución» a los problemas de la democracia. Amén.

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