Cultura Nacionales

La resurrección a tiempo incompleto

Written by Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 9-6-17)

Cuando nos acercamos a los ochenta años, o ya los superamos, comenzamos a percibir cambios biológicos que se inician en los huesos y son frenados por la mente. Nos aferramos a la vida de manera inconsciente percibiendo el cuerpo como un ataúd previo a su desaparición queriendo, de modo egoísta, convertir a nuestro compañero en el dictador que nos habita íntimamente creyendo que puede dar órdenes y expresar deseos aun luego de ya no tener vida, convencido de que nuestro deseo póstumo nos hará seguir disfrutando de una personalidad ya inmanejable. Para eso dejamos documentos, poemas, novelas y mundos inconclusos.

La muerte es el desgano que nos hace incapaces de conformarnos con lo que fue cuando era vida, pero revela que no hay modo de resistirse a la misma ni de saber si la condena es definitiva, o si el vivir se va transformando en sólo una espera con la que nuestra rebeldía tropieza frecuentemente.

Hay muertes que ofuscan el espíritu y nos hacen pensar en cómo seremos luego, generando nuestra pasajera angustia. Por ejemplo, la de Jacinto Gimbernard, uno de los genios dominicanos del violín, modelo en su arte lo mismo que lo fuera Manolo Rueda en los suyos, fallecimientos que nos hacen pensar en la necesidad de una resurrección capaz de permitir que su labor egregia continúe, siga. Porque así el mundo sería una especie de entidad premiada, poblada de resucitados de la mejor imagen, con los valores necesarias para mejorar la humanidad. Viviríamos un mundo ideal, platónico, basado en gustos e ideas positivas. Ello nos hace pensar en la decadencia de la carne, en la historia inexplicada de haber vivido y en el futuro de lo creado paralelamente con el vivir y mezclado con la promesa de resurrecciones inmersas en ofertas sin fecha. El juicio fi nal podría ser un ida y vuelta de huesos, pensamientos, y músculos restituidos o reconstruidos, pero también la de cerebros rescatando lo que habían pensado e imágenes retomando sus formatos, casi en una operación divina sin mesa ni bisturíes.

Pero ni esta idea global ni la admiración de los que vivimos ayuda a la resurrección, y si la hay, no sabremos nunca para qué habrá de servir, aunque muchos aspiren a ella y se suponga que otros la habrán gozado.

Pienso en resucitados famosos como Lázaro o la hija de Jairo, dos modelos que aún se promocionan como milagros anteriores al llamado “juicio fi nal”, y a la resurrección de Jesús, promotor de ellos, y me pregunto qué de bueno hicieron los benefi ciarios luego de haberse salvado de la muerte, o qué de bueno antes de ella que no hubiera sido creer, no tanto ellos, sino sus familiares, para que fueran benefi ciados; cuál fue la razón de unas biografías que no habían sido tomadas en cuenta hasta entonces, ni quizás aprovechadas para resarcir su pasado o para mejorar, como modelo, la vida de otros. Nos gustaría saber qué existió en su post-muerte, o si en esa post-vida fueron mejores creaturas que en la que antes llevaron a cuestas.

Muerte y muertos con el benefi – cio de una segunda oportunidad hay pocos, y me pregunto, tal vez poéticamente y en tiempo de metáfora, si el retorno de la muerte no ha debido también benefi ciar a los que han hecho de la vida un modelo positivo conocido. Esa sería la respuesta coherente. Me gustaría que algunos artistas resucitaran nada más que para seguir ejerciendo sus artes. Ahora, científi cos y esotéricos han desarrollado el estudio de una búsqueda abstracta del que “muere y retorna de la muerte antes de morir”, del que ve luces, familiares que lo esperan y amigos que lo saludan en otros planos, de los que juran haber retornado de un viaje parecido a la resurrección, “experiencia” que les permite narrar algo de lo que durante esa “muerte intermedia” palparon espiritualmente.

La muerte tiene secretos que solo ella conoce; lo mismo dijo el fi lósofo sobre el corazón y sus razones.

Ninguno, ni la muerte ni el corazón que la transporta, objetos biológicos que rozan el cese de lo vital, poseen características nada elogiosas sobre la supervivencia, aunque Vicente Aleixandre, gran poeta, hubiese escrito en su Historia del Corazón, llanto y poesía amalgamados, por lo que vista la muerte desde este lado del camino, parece que sus juicios, a no ser por un mandato cristiano a la manera evangélica, dependen de una exhibición más que de un resarcimiento espiritual.

Nadie ha dicho cómo es la vida de un resucitado, aunque los resucitados aparecen en algunas novelas ya universales; qué cosas han hecho luego de serlo; sabemos que algunos luego, han muerto no para resucitar por la segunda vez, sino para cerrar el capítulo de su segunda vida destacando que la misma es siempre un préstamo que muchos consideran completo, Yogananda entre ellos, cuya muerte como cesación propia se ha hecho proverbial, con lo que se demuestra, según sus creyentes, que para algunos yogas es más fácil irse de la vida por cuenta propia que retornar a ella sin que su despedida autónoma pueda encuadrarse dentro del suicidio, aunque haya santones orientales que dicen tener permiso para hacer continuar la interrumpida biografía de sus seguidores y creyentes por decisión autónoma y aseguran que entre la rueda de las reencarnaciones han sufrido, para adelanto del ser interior, muchas vidas y cesaciones voluntarias. Con algo de inconformidad pienso en la muerte física como una decisión del cuerpo, y creo en su trayectoria como en un mensaje para que entendamos que cada quien trae un proyecto, y que, aunque la muerte parezca troncharlo, sólo está concluido y completo, provisionalmente para ella o su representante, cuando cesan los síntomas vitales. No olvidemos que somos la inteligencia capaz de representar la muerte, puesto que la pensamos, la analizamos y la sufrimos. Ningún otro ser lo hace, pero sí la intuye, como quizás la siempreviva o moriviví , que siendo yerba rastrera se defi ende, encogediza, de la pisada que la amenaza, o la fl or que perfuma sin clara conciencia de donde ira su olor, o la ola que antes de reventarse en los arrecifes, presiente hecha ya espuma que golpea aupada el instinto infi nito de volver.

About the author

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Leave a Comment