Educacion Nacionales

Reestructuración pero no privatización de la UASD

Escrito por Debate Plural
Tony Raful (Listin, 4-4-17)

(Al profesor Jesús de la Rosa)

La Universidad Autónoma de Santo Domingo requiere de la solidaridad y el apoyo vigoroso de la sociedad dominicana. Como institución es patrimonio de la nación. En ella nos forjamos, en ella hicimos el aprendizaje básico del conocimiento, alcanzamos la luz de las ideas, el debate democrático, la investigación en los laboratorios, en los centros y talleres de estudios especializados creados en su seno, en ella forjamos conciencia social y humana.

Es verdad que tiene deficiencias como todas las instituciones del sistema. En su ejercicio de trabajo permanente hay criticidad y libertad de crítica. Pero sobre todo, sólo en ella pueden estudiar hoy los hijos e hijas del pueblo humilde. Sólo en ella pueden encontrar cobijo las más mixturadas expresiones materiales de un sector materialmente deprimido, esa masa amorfa, latente.

Es de utilidad la sugerencia, el emplazamiento orgánico, la lucha por mejorar su sistema y corregir deficiencias. Es de vital importancia someter a procesos abiertos de ventilaciones éticas todas las instancias requeridas para mejorar la transparencia. Lo que no es correcto es desautorizarla. Lo que no es debido es pretender convertirla en sumidero de males que tiene su identificación en el Estado tradicional dominicano. Las jornadas de abril del 65, produjeron el Movimiento Renovador. Quizás la única conquista perdurable como propuesta en términos histórico de derechos y principios, postulantes de una enseñanza abierta y democrática, digna del Movimiento de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918. Con todas sus dificultades, la Universidad subsistió como ente académico significativo. Sus autoridades estuvieron revestidas de la formación, la capacidad y la autoridad moral de sus ideas y conductas. Y en todo este tramo de los años 60 y 70 del siglo pasado, la institución fue víctima de las más cobardes agresiones del poder político.

Las luchas por el “Medio Millón” del Presupuesto de la Nación para la Universidad, constituyeron las más bellas jornadas de movilización estudiantil por derechos a la enseñanza negados y por las libertades democráticas. Cuando se escriba la historia definitiva de aquellos años, se destacará la unidad de profesores, estudiantes y empleados, de diferentes corrientes ideológicas, en lo que se llamó el Triple C Flavio Suero, cuyo poder de convocatoria estremeció los cimientos del gobierno de entonces, y a cuya cabeza se proyectó el liderazgo de Hatuey Decamps Jiménez, en representación de Frente Universitario Socialista Democrático.

Hasta ese momento la Federación de Estudiantes Dominicanos había estado liderada por dirigentes de la izquierda revolucionaria Los partidos políticos inficionaron el cuerpo de la Universidad, en principio como espacio libre de expresiones y formulaciones sociales, así como fuente de dispensas negada por la represión y la intolerancia casi absoluta de la post guerra, pero hoy el mundo no es el mismo, y debe suprimirse todo peso superfluo grupal, actuar con sentido universitario y conciencia académica prioritariamente. Con los grandes cambios de la Era digital, con la impresionante instalación del mundo cibernético, con la caída libre de los moldes ideológicos tradicionales y la necesidad de renovación e inserción en los modelos tecnológicos actuales, nuestra Universidad, la del Estado dominicano, tiene un desafío que debe asumir para superarse a sí misma.

Los miles de estudiantes que se invisten cada año no pagaron cuotas o tarifas exorbitantes, no compitieron en medio demostrativos de recursos, agotaron con dificultades enormes, muchos con penurias el tránsito de una carrera profesional, en medio del asalto, el asedio, la pobreza de sus barrios, los cantos de sirena de los bares y prostíbulos andantes, que incitan a desviarse de sus metas. Y logran vencer cada día esos obstáculos en su realización personal, gracias a las cinco veces centenaria Universidad de Santo Domingo, creada mediante la Bula In Apostolatus Culmine, expedida el 28 de octubre de 1538 por el Papa Paulo 111, la cual elevó a esa categoría el Estudio General que los dominicos regenteaban desde el 1518, en Santo Domingo, sede virreinal de la colonización y el más viejo establecimiento colonial del Nuevo Mundo. Esta Universidad logró a la raíz de la caída de la tiranía trujillista, su autonomía y su fuero para el recinto universitario.

No es lo mismo cuando mueren estudiantes en la luchas por el derecho a la educación, como sucedió el 9 de febrero de 1966, cuando cuatro adolescentes entre ellos, nuestra inolvidable Amelia Ricart Calventi, defendieron con sus vidas, sesgadas por el plomo homicida de los cuerpos represivos, al servicio del invasor extranjero, la existencia de la UASD reclamando el reconocimiento a sus autoridades, la entrega del presupuesto y la salida de la bota infame que pisoteaba la bandera nacional, o cuando cayó herida de muerte un 4 de abril de 1972, esa doncella de la Patria que se llamó Sagrario Ercira Díaz, que morir en riñas internas que el tiempo volvió miserables, o morir de escuderos de grupos insensatos anárquicos. Los díscolos no son la UASD. La UASD son 200 mil estudiantes, sin afectaciones violentas ni politiquería improductiva. La UASD necesita una reingeniería, necesita revisiones, pero jamás privatizaciones. La UASD requiere como todo cuerpo vivo readaptaciones curriculares, reevaluaciones de personal, exigencias cada vez más perentorias de la calidad profesional. Y además, el Estado no puede escurrir el bulto, debe cumplir con el 5% del presupuesto, tal y como lo consigna la Ley, para dotar de recursos a la Universidad que es hoy un inmenso plantel de matrículas, formación profesional, gastos y exigencias de investigación científica. ¡Una cosa va con la otra!

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