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Evolución léxica y diferenciación semántica en el español dominicano de nuestros días

Escrito por Debate Plural

Por: Odalís G. Pérez (Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo)

Pedro Henríquez Ureña abrió un camino para los estudios del español en América y el Caribe con sus observaciones geolingüísticas y sociodialectales.  Nuestro filólogo y humanista contribuyó con su sabiduría idiomática al conocimiento de tópicos, aspectos y vertientes del español hablado  y escrito en América. De ahí que en 1940 publicara El español en Santo Domingo, para contribuir al estudio de una lengua que desde el origen mismo de la colonización de América ha sido la vida, el medio, el instrumento más importante de sus diversos espacios sociales.  La diferenciación lingüística en América y el Caribe ha creado muchas historias sociales, vínculos comunicativos y senderos de habla-hablar.

En este contexto, el español dominicano de nuestros días es uno de esos tesoros culturales y lingüísticos que debemos estudiar como homenaje al ilustre humanista dominicano.

Creatividad y restricción son dos posibilidades que se dan en la historia del hablar y de los usos lingüísticos socializados en la República Dominicana.  En este sentido, la evolución léxica y la diferenciación léxico-semántica hacen que la lengua se desarrolle en tiempo y espacio.  Algunos estudiosos ven en la creatividad  verbal un peligro, pero otros ven una ventaja en la evolución y diferenciación L. Diacronía y sincronía son dos fenómenos que en lingüística prometen evolución y funcionamiento, voces, expresiones, soluciones semánticas y  lexicales que, en el plano pragmático, requieren de explicaciones dependiendo de la geografía L donde se localiza o socializa el vocablo o los vocablos en uso.

En el caso de todos los hablares regionales de América y del Caribe, se da el fenómeno de la pluralidad lingüística, que supone la visión creativa en del habla-hablar. Por supuesto, diccionario y glosario son herramientas, pero también, instrumentos de trabajo verbal.

El diccionario es una memoria y un repertorio de palabras  registradas en texto y en contexto.  El hablante crea las palabras de un idioma por necesidad de comunicar, informar y significar en el espacio-tiempo de la producción social y cultural.  Aquello que avanzamos y presentamos como muestra de habla en nuestros días y como usos lingüísticos, dialectales, idiolectales y sociolectales  forma parte de un fenómeno sociocultural propio del presente de nuestra vida social e idiomática.

Las hablas o hablares regionales en un país o en un continente, tienen sus peculiaridades fonético-fonológicas, sintácticas y  semánticas.  De ahí las  acepciones que se  hacen observables en los diferentes modos de decir y en los significados léxicos y funcionales en un nivel de desarrollo lingüístico.  Observamos en el uso ejemplos verbales como los siguientes: cabeza  padre, jefe; parte del cuerpo; cúpula dirigencial; diferente a caco, popularismo dominicano para denominar  cabeza; pero nos acecha también el prefijo caco= malo, desagradable. De ahí, el adjetivo cacofónico, esto es  chocante; verbalmente desagradable.

Así pues, en la lengua todo evoluciona, pues la misma es un organismo vivo que permite y obliga a la comunicación.  De ahí que la lengua y el habla se impongan como uso y construcción social.  Los ejemplos léxicos y fraseológicos abundan y por ejemplo, en el español de República Dominicana, el hablante enriquece muchas veces el idioma, pero a la vez (como es normal), puede obstaculizar el significado de un vocablo, un fraseo, o un tipo verbal en uso y contexto. Fenómeno muy natural si se tiene en cuenta el dinamismo individual del habla-hablar.

Veamos algunos ejemplos con campos lexicales y semánticos muy peculiares o anómalos por sus niveles de ambigüedad:

Quille, quillar: enfadarse en grado sumo; incomodarse en grado superlativo; pero otro popularismo es quillar como cuartear o semiquebrar, regularmente un objeto de cristal, de madera u otro material rígido.  El quille es también un “rotico” (diminutivo).

Bulto, bultero, bultear: aumentar, agrandar un hecho o cosa, llenar; hacer “parecer” en el sentido de jactancioso; que exagera falsamente algo; persona que quiere sobresalir en un medio con ciertas habilidades y estrategias; o que aparenta más de la cuenta.  El “bultero” es también, y en otro nivel de sinonimia, el “blof”, término proveniente del inglés “bluff”, tipo falso, fanfarrón, que alardea de lo que sabe y es pero no sabe ni es; muchos utilizan el verboide “bultear”.

El verboide bochinchear se ha convertido en el adjetivo bochinchoso, esto es, lioso, armador de bochinche, que enreda las cosas para ganar algo en un grupo; chismoso; también bochinchero, “barriotero” empedernido.

El término bocón tiene o adquiere un significado especial.  Es también despectivo, pero es, además, vocablo ambiguo.  Se le emplea como maldiciente, pretencioso, jactancioso, murmurador (en partes de América, México, Argentina, Venezuela y otros); también indiscreto.

El “boche” es palabra común en República Dominicana, pero también en otros países o regiones de América. Dar un boche o abochornar es cosa desagradable, herir a otro verbalmente; regaño, desaire, insulto, agresión verbal. De ahí que “dar un boche” o “llevarse un boche” sea algo desagradable. (Ver Marcos A. Morinigo: Diccionario del español de América, Ed. Anaya y Mario Muchnik, Madrid, 1993).

Variantes o versiones son:

Boche: (arg., Chil., Per. Méxic. Ecuat. Domin.): Rechazo, desaire; dar un boche; de ahí, abochornar.

Bochinche: enredo, chisme, jolgorio.

Bochinchero: amigo de armar bochinche; que le gusta el relajo, la juerga, “jodedor”.

Bochinchear: (verboide).

Existe el bocatero-ra y el bocón / diferenciación léxico-semántica (Cuba-Venezuela); es persona que habla mucho jactándose de alguna supuesta ventaja que tiene sobre los demás.

Agregamos otros matices descriptivos y definicionales al respecto de boche, bodrio y “blof”.

Boche: dar un boche; herir, insultar, tener un encuentro verbal desagradable; regaño, desaire; dar un boche; llevarse un boche.

Bodrio: ( también argentinismo.) enredo, desorden; cosa mal hecha.

Bluff: (voz inglesa) americanismo: fanfarronería, fanfarrón; que alardea; que le gusta impresionar; ser falso; no tener autenticidad.

Blusa: femenino(americanismo); prenda de vestir femenina, a modo de chaqueta o camisa; de tela muy liviana.

Apochongarse (En Argentina y Uruguay): Amilanarse.

En Cuba hemos escuchado el vocablo “puchunguito” como uso cariñoso, pero también en República Dominicana.

Apochongamiento (Arg-Uruguay): amilanamiento,

Apuro: (Americ.) Prisa; darse prisa.

Amigote: (despectivo, aumentativo): amigo; ver amigazo: amigo íntimo o de parranda; se le otorgan otros significados.

Amolar: hacer cortante un cuchillo, una cuchilla, un machete, un hacha o utensilio para cortar. En Argentina, Uruguay, en México  significa, incomodarse, molestarse, fastidiarse. En el caso del español dominicano, amolar es “preparar”; ej. hay que “amolar” ese muchacho, preparado para la pelea; también “afilar” un cuchillo, “afilar” a alguien.

Caco: cabeza; fraseología: “con la mesa al caco”: cargar pesao…

Cacón: (Domin.) Cabezón; cabeza grande; pero no cabezudo = terco, que no obedece.

Cacona: cabezona.

Cacote: aumentativo de caco.

Caquito: diminutivo; de cabeza pequeña; “cabezoncito”. etc.

Macheteo, machetear, machete: el uso de macheteo se entiende en el ámbito urbano diferente al ámbito rural.  Macheteo proviene de machete; acción de machetear.

En Cuba y en Puerto Rico se escucha “amarrar machete” y es voz rural o frase que alude al macho o hijo varón que tiene edad de trabajar con machete porque ya es fuerte y puede manejarlo.  En el país se considera un arma o un  cuchillo grande hecho para cortar. Pero también el machete es un pasaporte falso. La expresión “tengo un machete” para ir a Miami, Puerto Rico, Colombia u otro país, ha sido frecuente.  Machetear o machetar, quiere decir matar a machetazos, porfiar, trabajar con el machete, golpear con el filo de un machete.  Quien lo usa como herramienta de trabajo es llamado también machetero.

El  machetazo es corte, golpe, engaño (me dio un machetazo); tajo o herida que se da con un machete. Aunque la palaba machetón no se usa en República Dominicana, la misma, en algunos lugares de América, alude a un soldado bruto y tirano, también denominado “militarote”. (Véase al respecto Marcos A. Morínigo: Diccionario del español de América, op. cit., 1993 (1996), p. 383.

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