El informe “Chilcot” y la OEA

Escrito por Debate Plural

Tony Raful ( Listin Diario 12/7/2016)

El informe de investigación dirigido por John Chilcot, en el cual, luego de intensa y largas indagaciones (siete años), ha concluido demostrando que el exprimer Ministro de Inglaterra, el señor Tony Blair sabía que eran falsos los informes que pretendieron justificar la invasión a Irak en marzo de 2003, sobre la base, de que Saddam Hussein tenía en su poder armas de destrucción masiva. El ex presidente Busch decidió terminar con Saddam primero, y luego buscar los argumentos y la justificación legal de su intervención, para ello contó con el apoyo servil del Blair, quien se ufanaba de haber creado junto a Anthony Guidden, una modalidad dentro de la “Social Democracia” internacional llamada, “La Tercera Vía”, un adefesio ideológico neoliberal, que culminó en la bancarrota política de sus impulsores.

Chilcot describió a Saddam Hussein, como “un dictador indudablemente brutal”, pero consideró que Hussein no suponía una amenaza inminente y que, por consiguiente, “participar en la invasión de un país soberano por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, fue una decisión de la máxima gravedad”. El señor Blair ante el informe de Chilcot, admitió que las pruebas que le suministraron los Servicios de Inteligencia para justificar la invasión a Irak eran erróneas y pidió disculpas por las consecuencias de su decisión de iniciar el conflicto. Luís Bassets, analista internacional del diario “El País” de España, refiriéndose a las disculpas de Blair, escribió: “El único argumento de Blair es de una debilidad portentosa. Pide disculpas, expresa su pesar, pero se niega a admitir que mintió, porque lo hizo de buena fe; maquiavelismo de buena fe, en definitiva”.

El editorial de “El País” de España (8/716) dice: “El informe Chilcot sobre la participación de Reino Unido en la guerra de Irak, presentado el miércoles, viene a dar la razón a los millones de personas que durante la primavera de 2003, se manifestaron por las calles de todo el mundo, condenando la acción militar. Según la minuciosa investigación iniciada en el 2009, los motivos del ataque a Irak fueron falsificados, y los Gobiernos implicados en la toma de decisión, ocultaron que no se habían agotado todas las opciones antes de recurrir a la guerra. Dos falsedades con un cuantioso precio de vidas humanas -lo principal- y una gravísima situación posterior de inseguridad en Oriente próximo, y por extensión en todo el resto del planeta.”

Este revelador informe presentado por John Chilcot, desnuda las manipulaciones y falsedades esgrimidas para justificar la invasión a Irak, pero además, independientemente de la execrable figura de Hussein, pone en evidencia, cómo la creación de pruebas falsas o testimonios pre- fabricados, comprometen a países y gobiernos en gigantescas operaciones bélicas, que ahondan los conflictos y propician el desequilibrio geopolítico de zonas territoriales distantes en el planeta. En 1965, la pequeña República Dominicana fue invadida  por Estados Unidos con la complicidad casi inmediata de varios países latinoamericanos a través de la Organización de Estados Americanos, organismo que intentó legitimar dicha intervención, con la creación de la “Fuerza Interamericana de Paz”. El argumento, de que la intervención de 42 mil marines se materializó para salvar vidas en peligro por la guerra civil dominicana, y luego por el riesgo, de que el país se convirtiera en otra Cuba, no resistió el menor cuestionamiento. Una burda mentira, que el pueblo norteamericano rechazó en las calles de Washington y demás ciudades, encabezado por estudiantes, personalidades y legisladores, a cuya cabeza brilló por su talento y claridad expositora, el admirado senador J. William Fulbright, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, y quien escribiera un memorable libro, “La arrogancia del poder” (1966), donde  demuele la política intervencionista de su país.

 Recientemente, la 46 Asamblea general de la OEA, celebrada en Santo Domingo (13 al 15 de junio 2016), obtemperó a un pedido de perdón al país, de parte de ese organismo hemisférico, que fue inicialmente hecho público y propuesto por el doctor Rafael Molina Morillo, director de la revista “Ahora”, defensora de la soberanía Nacional, que fue asaltada, fusilados varios de sus ejecutivos, y posteriormente dinamitada por bandoleros protegidos por los interventores de abril de 1965. Dicha solicitud fue asumida por el presidente Danilo Medina, quien en una histórica participación en dicha Asamblea de Cancilleres, solicitó ese desagravio histórico. Aunque el gobierno de Estados Unidos no pidió perdón, su representante firmó la petición de desagravio, aprobada a unanimidad por todos los Cancilleres, suponiendo que no lo hacía personalmente, sino en nombre de su gobierno, y sin dar constancia de que no compartía la resolución.

El solo hecho de quedar consagrado el abuso de esa intervención, contra los legítimos derechos del pueblo dominicano a decidir su destino, es una clara victoria de los que en abril de 1965, con las armas en las manos, defendieron la soberanía de la Patria, como discípulos de Duarte y Luperón, y de  quienes, en las principales ciudades del mundo se lanzaron a las calles a reclamar la salida de las tropas interventoras de nuestro país (entre ellos el  gran estadista francés Charles De Gaulle) apoyando al gobierno constitucionalista del héroe nacional, Francisco Alberto Caamaño Deño, cuya gloria histórica alcanza la dimensión de la Patria entera.

De igual manera que el Informe Chilcot, pone al desnudo la participación oscura y vergonzante de Blair, el desagravio de la OEA, pone en evidencia la desastrosa administración del presidente Johnson, y recuerda a todos, que intervenir en un país militarmente, burlando sus principios constitutivos, su propia carta institucional, violando su soberanía, bajo el pretexto que sea, no se podrá legalizar o justificar sin desdecirse del pronunciamiento de la 46 Asamblea.

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