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Escalofrío

Written by Debate Plural

David Brooks (La Jornada, 29-9-22)

 

Estados Unidos y sus aliados europeos insistieron durante la Asamblea General de la ONU en que la guerra de Rusia en Ucrania es tema prioritario del mundo y acusaron al presidente ruso, Vladimir Putin, de violar los principios fundamentales del organismo al denunciar su acción bélica «imperial». Pocos líderes se atrevieron a contradecirlos.

La nostalgia por la guerra fría estaba exhibida a todo color a lo largo de la semana en el debate general de la Asamblea General de la ONU, como en su Consejo de (In)Seguridad, donde decisiones literalmente de vida o muerte de la población mundial están en manos de un elenco de enano-estadistas de los países industrializados con armas nucleares –irónicamente o no llamados avanzados–, sería cómico si no fuera tan terrible y obsceno.

Como si no fuera suficiente una crisis existencial que, según el consenso científico mundial, llevará al fin de la vida humana en las próximas décadas si no hay acciones inmediatas para revertir el cambio climático, los líderes de países avanzados intercambian amenazas sobre si habrá o no una guerra nuclear entre los buenos y los malos; la esencia de la lógica infantil de la guerra fría.

En este intento por renovar la guerra fría, los buenos ya no pueden identificar a los malos como comunistas (aunque increíblemente la Casa Blanca declaró la semana pasada que los inmigrantes y refugiados venezolanos y cubanos huyen del comunismo), entonces ahora se emplea una nueva fórmula estrenada por Biden: la lucha entre la democracia y la autocracia.

Rusia y China (aparentemente por atreverse a ser suficientemente poderosa como para desafiar la hegemonía de Estados Unidos) son los nuevos-viejos enemigos y ante ellos se proclama la necesidad de una lucha titánica encabezada por Estados Unidos y sus aliados para salvar al mundo (vale recordar la anécdota de Vietnam en la que un oficial estadunidense explicó que tuvimos que destruir el pueblo para salvarlo).

A lo largo de la semana, los representantes de Estados Unidos y sus aliados europeos (con diferentes grados de histeria) insistieron que la guerra de Rusia en Ucrania es el tema prioritario del mundo, acusaron a Putin de violar los principios fundamentales sagrados la ONU (saben de lo que hablan, ya que ellos lo han hecho repetidamente en el pasado) al denunciar que su acción bélica imperial contra Ucrania es una guerra no provocada.

Pocos líderes en la ONU y casi ningún medio estadunidense señalaron que esto es una mentira. Y no son esos izquierdistas que critican las motivaciones de Washington quienes lo dicen, sino algunos de los arquitectos geopolíticos de la vieja guerra fría.

Henry Kissinger ha repetido durante años que la violación del acuerdo de Washington y sus aliados europeos con Gorbachov para concluir la guerra fría de no ampliar la OTAN ni una pulgada hacia Rusia llevaría a una nueva guerra fría. Advirtió en 2014 que invitar a Ucrania a sumarse a la OTAN provocaría un conflicto directo con Rusia y que Estados Unidos debería evitar tratar a Rusia como un ente aberrante al cual se le tiene que enseñar reglas de conducta establecidas por Washington. Advirtió en mayo en el Foro Económico Mundial que proceder con la guerra sin iniciar una negociación ya no se trataría de la libertad de Ucrania, sino de una nueva guerra contra la propia Rusia.

George Keenan, arquitecto de la estrategia de contención del bloque soviético y presente en la creación de la OTAN, había advertido desde 1998 que cualquier intento de ampliar la OTAN sería “el error mas fatídico de la política estadunidense… en la era pos guerra fría” y que con la violación del acuerdo con Gorbachov por Clinton sería “el inicio de una nueva guerra fría… un error trágico. No hay ninguna razón para esto, nadie estaba amenazando a nadie”.

O sea, además de violar normas internacionales, tal como proclamaron casi todos en la ONU, es también una guerra provocada.

Por ahora, los gritos de guerra fría no gozan de aprobación pública por los estadunidenses según encuestas recientes en las cuales las mayorías señalan que las principales preocupaciones y amenazas están dentro de Estados Unidos.

“Una guerra fría contra Rusia o China podría empoderar a la élite de política exterior, enriquecer al complejo militar-industrial-congresional y excitar a nuestros medios belicosos, pero ignora el sentido común del pueblo estadounidense”, observa Katrina vanden Heuvel, directora de The Nation, en su columna en el Washington Post.

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