Cultura Nacionales

Participación del Comandante Pablo Ali y el batallón de Los Pardos y morenos libres en los procesos políticos de Santo Domingo entre 1791 y 1844

Written by Juan de la Cruz

Por Juan de la Cruz

 

Desde mediados del siglo XVIII, la colonia francesa de Saint Domingue pasó de ser un territorio poblado casi exclusivamente por piratas, bucaneros, filibusteros, habitantes y engagés (blancos esclavos contratados por un tiempo hasta que pagaran sus deudas de embarque), a convertirse en la colonia que desplazaría a Jamaica como el lugar de mayor concentración de esclavos negros de origen africano en el Caribe. Esto lo confirma James Walvin en la introducción del libro Los Jacobinos Negros. Toussaint Louverture y la Revolución de Haití del historiador de Trinidad y Tobago, Cyril Lionel Robert James, cuando expresa:

Santo Domingo (la parte occidental de la isla de la Hispaniola) no tardó en acaparar los intereses de Francia en el Caribe. A mediados del siglo XVIII, el sector azucarero de Santo Domingo (y el cafetero en regiones más elevadas) planteaba una seria amenaza a las veleidades de Jamaica de convertirse en la principal colonia esclava de la zona. Las cifras de africanos desembarcados en Santo Domingo eran considerables. Los 47.000 de 1720 se habían convertido en 80.000 en 1730. A partir de ese momento el crecimiento fue explosivo: 172.000 hacia 1754, para aumentar con mayor intensidad aun entre 1763 y 1789, de 206.000 a 465.429. Las plantaciones isleñas de azúcar y café rebosaban de africanos (y a ellos debían éstas su existencia). No había ningún precedente para este desplazamiento tan vasto de africanos, en un tan breve lapso de tiempo, hacia las colonias americanas. Constituía una mezcla explosiva que no tardaría en inflamarse al contacto con lo ocurrido en Francia a partir de 1789[1].

El destacado historiador y cronista de Martinica, Médéric Louis Élie Moreau de Saint-Méry[2], describe de forma pormenorizada que la colonia francesa de Saint Domingue a finales del siglo XVIII contaba con 793 ingenios azucareros o plantaciones de caña; 3, 150 plantaciones de índigo; 789 factorías de algodón; 3,117 cafetales o plantaciones de café; 50 plantaciones de cacao; 182 destilería de tafiá o aguardiente de caña de azúcar; 26 fábricas de ladrillo y tejas; 6 talleres de curtidores; 370 hornos de cal; 29 talleres de cerámica y una gran cantidad de estancias o conucos para producir todo tipo de víveres, granos, frutas, para la crianza de aves y de otros animales comestibles.

Tomando como base los datos proporcionados por los censos parroquiales de los diferentes distritos que conformaban a la colonia de Saint Domingue en las partes del Norte, del Oeste y del Sur al año 1790, un año antes de iniciar la revolución haitiana, el cronista Moreau de Saint-Méry[3] estimaba que la población total de Saint Domingue era de 520 mil habitantes, representando los negros esclavos el 87%, con 452 mil personas, mientras que la población blanca era de apenas 40 mil personas, para un 8%, en tanto que la gente de color, integrada por mulatos y negros libertos, era tan solo de 28 mil personas, para un 5%.

Moreau de Saint-Méry establece la proporción que había entre los grupos raciales y sociales existentes: “once esclavos tres décimas por cada blanco; diez blancos por siete libertos y dieciséis esclavos por un liberto”[4]  Esos datos son sumamente reveladores de la diferencia numérica que existía entre esos tres grupos poblacionales, sin tomar en cuenta las grandes diferencias sociales que existían a lo interno de cada uno de ellos, que motivaron incesantes luchas interraciales y sociales.

Al interior de los blancos existían dos grupos sociales muy bien diferenciados: en primer lugar, los grands blancs, o grandes blancos, integrado por propietarios de grandes plantaciones, traficantes de esclavos, ricos comerciantes exportadores e importadores y altos funcionarios civiles y militares del Estado; en segundo lugar, los petits blancs, o pequeños blancos, grupo compuesto por dueños de tiendas, empleados modestos, profesionales libres, artesanos, obreros, pescadores, peluqueros, sastres, vendedores ambulantes, artistas, pequeños comerciantes, pequeños industriales dueños de destilerías, tenerías, tejares y otras, pequeños plantadores con pocos esclavos, gente modesta que buscaba afanosamente obtener una mejor posición social y sectores económicamente arruinados.

En lo que concierne a las gens de couleur, o gente de color, comprendía a todas las personas libres que tenían sangre africana en sus venas, pero aquellos que fueron resultado de la unión o mezcla racial entre amos blancos y esclavas negras, gozaban de mayores privilegios económicos que aquellos que habían conseguido su libertad por haber mostrado fidelidad al amo, haber ofrecido un servicio extraordinario o por el deseo de algún amo de liberar a su concubina para tenerla a su disposición, sin ningún tipo de trabas raciales.

Los negros esclavos eran quienes vivían en las peores condiciones materiales de existencia de todos los grupos sociales de la colonia de Saint Domingue, a lo que hay que agregar la crueldad generalizada con que regularmente eran tratados por los plantadores blancos. Se tenía como algo normal que los amos azotaran a sus esclavos hasta quitarles la vida y, de igual manera, las mujeres embarazadas eran obligadas a trabajar tan duro que, en muchas ocasiones, abortaban en el desempeño de sus labores.

Los castigos más comunes eran totalmente inhumanos y brutales: latigazos o azotes hasta sangrar, clavarlos por las manos contra la pared, ponerle grilletes en pies y manos, dejarlos de castigo todo el día bajo los abrazadores rayos del sol, amputarle las dos orejas y hacérselas comer, cortar la lengua a todos sus esclavos para que no pudieran comunicarse entre sí y hacer morir de hambre a sus criadas como castigo por desobedecer sus órdenes, entre otras crueldades y acciones desalmadas.

Las contradicciones que generaron las profundas diferencias sociales existentes en la colonia de Saint Domingue, desembocaron en conflictos violentos entre los blancos  partidarios de la monarquía y los blancos partidarios de la independencia económica, social y política de la colonia con respecto a la metrópolis; entre los blancos y los mulatos, quienes se enfrentaban por ascender social, económica y políticamente en la colonia; entre los mulatos y los negros, donde los primeros hacían de todo por distanciarse económica y socialmente de los negros, pero los utilizaban para mostrar fuerza ante los blancos, mientras que los segundos debían estar pendientes de las acciones tanto de blancos como de mulatos, para defenderse de sus humillaciones y vejámenes; por último, las contradicciones entre los negros esclavos y los blancos, donde los primeros luchaban “a brazos partidos” por su libertad y los segundos hacían de todo para evitar que los negros lograran sus propósitos libertarios.

La Revolución Francesa y la colonia de Saint Domingue

Mientras la colonia de Saint Domingue era un polvorín a punto de estallar por la multiplicidad de intereses envueltos, la metrópolis Francia se encontraba en la peor crisis económica, social y política que había vivido en siglos. Esa situación obligó a los sectores pertenecientes al Tercer Estado o Estado Llano, integrado por los siervos de la gleba, los campesinos libres, los obreros, la burguesía, los artesanos y demás sectores populares, a levantarse el 14 de julio de 1789 y a tomar la fortaleza de la Bastilla en París, en la rebelión más grande que transformó la historia de la humanidad, conocida como la Revolución Francesa, ya que sobre ellos caían todas las cargas impositivas que eludían el Primer Estado, compuesto por la alta nobleza y el alto clero, y el Segundo Estado, constituido por el bajo clero y la baja nobleza.

La Revolución Francesa vino de la mano de las ideas ilustradas que postulaban la necesidad de una república en que existe la división y separación de los poderes del Estado en lugar de una monarquía hereditaria que lo controla y lo domina todo, de la soberanía popular que pone en mano del pueblo la toma de decisiones en lugar del soberano unipersonal que lo decide todo, del sufragio universal que garantizaba la participación de la población en la elección de sus representantes en lugar de un rey que se autoproclamaba: “El Estado soy yo”. La nueva república se basó en una nueva carta magna aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente en 1879, bajo la denominación de: “Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Ciudadano”[5], que se resumen en tres pilares básicos: igualdad, libertad y confraternidad.

Las ideas centrales de esa constitución eran: los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos; son derechos fundamentales: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión; el principio de toda Soberanía reside esencialmente en la Nación; la libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudique a los demás; la Ley sólo tiene derecho a prohibir los actos perjudiciales para la Sociedad; nada que no esté prohibido por la Ley puede ser impedido, y nadie puede ser obligado a hacer algo que ésta no ordene; la Ley es la expresión de la voluntad general; todos los Ciudadanos tienen derecho a contribuir a su elaboración, personalmente o a través de sus Representantes.

De igual manera, consignaba que todos los Ciudadanos son iguales ante la Ley, todos ellos pueden presentarse y ser elegidos para cualquier dignidad, cargo o empleo públicos, según sus capacidades y sin otra distinción que la de sus virtudes y aptitudes; quienes soliciten, cursen, ejecuten o hagan ejecutar órdenes arbitrarias deben ser castigados; cualquier ciudadano que sea requerido o aprehendido en virtud de la Ley debe obedecer de inmediato, y es culpable si opone resistencia; la Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias; cualquier hombre se considera inocente hasta no ser declarado culpable; nadie debe ser incomodado por sus opiniones, inclusive religiosas, siempre y cuando su manifestación no perturbe el orden público establecido por la Ley; la libre comunicación de pensamientos y opiniones es uno de los derechos más valiosos del Hombre; por consiguiente, cualquier Ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, siempre y cuando responda del abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

La disposiciones de la Asamblea Nacional de Francia impactaron enormemente en las colonias francesas de allende los mares, muy especialmente a Saint Domingue entre ellas, sobre todo con  la designación de los comisionados Léger-Félicité Sonthonax, Étienne Polverel y Jean Antoine Ailhaud el 29 de abril de 1792, lo que tuvo un impacto directo en el desencadenamiento de la revolución haitiana al aprobarse la proclamación de la libertad de los negros esclavos el 4 de febrero de 1794 y la posterior designación del general Toussaint L´Ouverture como gobernador militar en la colonia.

La rebelión de los negros esclavos de Saint Domingue y su vinculación con España

La rebelión de los esclavos de Saint Domingue, que lideraban los jefes militares negros Dutty Boukman, Jean François Papillon, George Biassou y Toussaint Louverture, como lugarteniente de este último, se propagó a las diferentes regiones de la colonia, con tales niveles de violencia que todas las plantaciones fueron arrasadas y los amos blancos que encontraron a su paso fueron ejecutados.

Sobreponiéndose a los primeros ataques, las tropas blancas reaccionaron y contratacaron a los negros esclavos sublevados, obligándolos a retirarse a la línea fronteriza que colinda con la parte oriental o española de la isla de Santo Domingo. Esta situación de indefensión motivó al grupo encabezado por Jean François, Biassou y Toussaint -pues Dutty Boukman fue capturado, quemado y su cabeza exhibida en una pica o lanza para amedrentar a los demás sublevados- a solicitar la intervención del gobernador español Joaquín García y Moreno para alcanzar un pacto con sus enemigos, con el objetivo de ponerle fin a la cruenta lucha librada. Para lograr su propósito, los rebeldes acudieron al párroco de Dajabón, José Vásquez, y al comandante de la plaza de armas, Andrés de Heredia, siendo la intención final que la propuesta llegase a las manos del rey de Francia, Luis XVI.

Entre los elementos que contenía la propuesta estaba la vuelta de los sublevados a sus centros de trabajo en calidad de personas libres, pero a cambio de un sueldo diario o semanal. Esto significaba, en los hechos, una rendición ante el enemigo sin condiciones, con el único propósito de garantizar sus vidas. Al mismo tiempo pudo verse como una traición al conjunto de negros esclavos que le acompañaba, si los hechos posteriores no hubiesen revelado que se trataba de una táctica para ganar tiempo, conseguir una tregua para reagrupar sus fuerzas y retomar con más bríos la lucha contra sus opresores.

Con la proclamación de la República de Francia el 21 de septiembre de 1792 y la ejecución del rey Luis XVI el 21 de enero de 1793, se rompen las relaciones armoniosas que por espacio de más de cincuenta años habían mantenido ambas colonias, como resultado del vínculo familiar de la dinastía de los Borbones en ambas metrópolis. Poco tiempo después, estalla la guerra hispano-francesa, la cual tiene una repercusión inmediata en las colonias de Santo Domingo y Saint Domingue. Una real disposición de las Cortes Españolas previno al gobernador Joaquín García y Moreno ante un posible estallido de hostilidades.

Cuando el gobernador García y Moreno se dirigió a las autoridades de Madrid, pidió instrucciones en torno al comportamiento que debía adoptar en relación con los miles de negros esclavos sublevados en la colonia de Saint Domingue, ya que la cantidad y la capacidad militar de éstos podían constituirse en un gran peligro para la causa española, razón por la cual sugirió colocarlos de su lado, ofreciéndoles rangos, ventajas, premios y recompensas económicas.

Las recomendaciones del gobernador García y Moreno fueron acogidas plenamente por el Gobierno español, quien le autorizó a buscar el apoyo de Jean François, George Biassou, Jacinto, Toussaint Louverture, Pablo Alí y los demás jefes de los esclavos rebeldes, a quienes se les otorgaría la libertad, los privilegios y las exenciones correspondientes a los súbditos del rey. El propósito era tenerlos como aliados para que se dedicasen a atacar y hostilizar a las tropas y a los residentes de la colonia vecina hasta que la corona española recuperase la totalidad de la isla. Para lograr este fin, se dispuso que el gobernador procurase proveer a los negros de todos los auxilios posibles y prometerles -entre otras cosas- que el rey los recibiría como vasallos suyos.

Saint Domingue, la Revolución Haitiana y la aparición de Pablo Alí en escena

El esclavo Pablo Alí fue importado a la colonia francesa de Saint Domingue desde las costas occidentales de África en la segunda mitad del siglo XVIII. Su solo apellido deja entrever su procedencia musulmana. Este aserto pone de manifiesto que existió una vinculación muy estrecha entre el islam y la etnicidad en el ámbito de la estratificación jerárquica de las poblaciones negras que fueron traídas desde África al continente americano.

Sobre la presencia de los esclavos musulmanes en Saint Domingue, la posible formación militar previa de Alí -antes de ser tomado como esclavo y embarcado al Caribe- y el rol que luego desempeñó en favor de España como lugarteniente de George Biassou, el historiador español José Luis Belmonte Postigo sostiene:

En Saint Domingue, a pesar de que los esclavos musulmanes no eran cuantitativamente muy importantes, ocupaban al interior de las plantaciones puestos de mayor responsabilidad y especialización que la del resto de grupos religiosos, lo que pudo incidir en la percepción que de ellos se tuviera al interior de las comunidades esclavas. Al mismo tiempo, parte de esta población musulmana pudo tener formación militar previa a su esclavización, dado el proceso de islamización y conflicto en el que buena parte del occidente africano se encontraba en el último cuarto del siglo XVIII.  Esta formación militar pudo ser aprovechada por Alí en su experiencia militar en la Española, donde se distinguió sirviendo a las órdenes del General Biassou”[6].

El nombre de Pablo Alí aparece por primera vez en el escenario político público entre los miles de esclavos que se sublevaron contra sus amos por la cruel explotación de que eran objeto, la noche del 22 de agosto de 1791 en los ingenios y en las haciendas del Departamento Norte de Saint Domingue, cuando tenía aproximadamente 37 años. Este dato parece ser fiable, si partimos de la información oficial que suministra el entonces cónsul francés en Santo Domingo, Eustache Juchereau de Saint-Denys, en carta enviada al Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, historiador François Guizot, el 5 de febrero de 1844 -días antes de que el militar negro liberto falleciera el 14 de febrero de ese año-, al referirse a él como “comandante en jefe deI distrito, el general negro Pablo Ali, anciano casi nonagenario[7].

Las Tropas Auxiliares Negras y el Comandante Pablo Alí

Las negociaciones con los rebeldes fueron exitosas, logrando que alrededor 10 mil negros se incorporaran al ejército del bando español, pero en el marco de una amplia autonomía y conservando sus estructuras de mando y organización. A partir de entonces se llamarían Tropas Auxiliares Negras o Tropas Auxiliares del Rey Carlos IV, que pasaron a liderar Jean François Papillon y George Biassou, los cuales fueron bautizados por los españoles como Juan Francisco y Jorge Biassou. Otro líder, Jacinto —Hyacinthe—, que era tomado en cuenta por el rey Carlos IV como uno de los principales cabecillas de las Tropas Auxiliares Negras, murió trágicamente en agosto de 1793, tal como señaló el gobernador de Santo Domingo, general Joaquín García Moreno en comunicación enviada al soberano[8].

El 30 de mayo de 1793 estalló la guerra entre las dos colonias y el comandante Pablo Alí pasó a combatir como subalterno o lugarteniente del general George Biassou. Con esta alianza los españoles pasaron a ocupar los territorios de la colonia francesa que desde 1791 estaban en manos de los negros rebeldes. Para julio de 1793 se notificaba la toma de Dondon en la que Juan Francisco y Toussaint Louverture tuvieron un papel relevante, y en agosto los españoles y las Tropas Auxiliadores Negras ocupaban una parte importante de la rica región del norte de Saint Domingue, entre los que se pueden destacar los territorios de Vailliére, Trou, Fort-Dauphin, Grande-Riviére, Ouanaminthe, Mermelade, Ennery, Plaisance, Gonaïves y Lombé[9].

El arzobispo de Santo Domingo, Fernando Portillo y Torres, informó al Secretario de Guerra y Justicia de España, don Pedro de Acuña, que Juan Francisco había solicitado a las autoridades españolas la formación de un ejército de doce mil hombres. El prelado expresó que era muy riesgoso aceptar esa propuesta, ya que, a pesar de sus claras muestras de adhesión, podría ser sumamente peligroso armarle más gente de la que tenía el ejército de la colonia de Santo Domingo[10].

El número de soldados reportados que estaban bajo las órdenes del líder negro George Biassou era de 6 mil 100 hombres a mediados de 1793[11], mientras que el ejército de Juan Francisco Papillon ascendía a 6 mil 647 hombres, de los cuales 6,522 eran esclavos rebeldes que habían huido de la esclavitud de sus amos, 67 mulatos libres y 58 negros libres[12].

En un principio, la suerte de la guerra favoreció a las armas españolas. Gracias a la valiosa colaboración de las Tropas de los Negros Auxiliares, entre los que muy pronto se distinguió Toussaint Louverture por su arrojo y capacidad militar, el gobernador García pudo vanagloriarse de haber conquistado doce poblaciones francesas. La salida de Toussaint de las tropas españolas en mayo de 1794, quien se pasó con miles de hombres al lado republicano francés, cambió la marcha de la contienda. Meses después, el caudillo negro, además de recuperar para Francia las mencionadas poblaciones, penetró en territorio español y se apoderó de las comunidades de San Rafael de Angostura, Neiba y Bánica.

Desde los primeros momentos de la unión entre los rebeldes y la corona, los españoles se dieron cuenta de la rivalidad existente entre los dos cabecillas negros Juan Francisco y Jorge Biassou. En ese contexto Biassou envió a García y Moreno una misiva señalando que se consideraba cabeza del movimiento rebelde “desde el día en que empezaron su revolución”; argumentaba que hacía dos años que combatía, y acusaba a Juan Francisco de desear el liderazgo supremo, pero sin cooperar en la lucha.

Biassou describía a Juan Francisco como un hombre ambicioso, perverso, vanidoso, quimérico, de “grandes proyectos, muchas palabras, pero pocos hechos”. Alegaba que él nunca se dejó llevar por lo fastuoso, ni de los ofrecimientos generosos que les hacían los comisarios civiles, mientras que Juan Francisco mantenía pláticas con ellos, dando muestras de no ser persona de fiar. Biassou finalizaba diciendo que “nadie dudará que solo yo he sido el que siempre estuvo de hecho cargo de todo[13].

Juan Francisco también escribió a García y Moreno señalando que había probado su fidelidad a los españoles, pero que Biassou había pensado quitarle la vida, por lo cual solicitaba su arresto. El gobernador de Santo Domingo sostuvo que ese conflicto era una muestra más de los celos que existían entre aquellos dos rebeldes, de la lucha de intereses personales, y por demostrar a los hispanos quién era superior[14]. Al referirse a esa situación, García y Moreno señaló:

En todos los tiempos he entendido que Juan Francisco era el principal Caudillo, el General a quien se rendían los partes de todos los Campos, el que expedía ordenes, y a quien todos miravan como unico y mayor general, y a Biassou como a su segundo[15].

Es necesario apuntar que ambos líderes rebeldes tenían ambiciones personales y que cada uno trataba de presentarse ante el gobernador Joaquín García y Moreno como el único y genuino representante de las tropas auxiliares que servía incondicionalmente al rey Carlos IV de España desde la Isla de Santo Domingo.

Sobre los problemas que había entre los líderes, Dn. Gaspar de Cassasola tenía la opinión de que Juan Francisco, Jorge Biassou y Toussaint Louverture “han fingido darse batallas entre ellos, engañando al general de la isla para que les suministrase municiones, armas y víveres, y con nuestras mismas armas amenazan a las poblaciones a las que entran enarbolando la bandera española y piden carne para mantener a su gente y no por eso dejan de hacer atrocidades en nuestros dominios, robar y matar a los españoles que encuentran[16].

La población española de las zonas fronterizas con Saint-Domingue estaba molesta con las prácticas que realizaban Juan Francisco y su gente, ya que afirmaba que mientras a los vecinos se les obligaba al pago de los aranceles, los jefes de las Tropas Auxiliares compraban y vendían “de todo” a su antojo sin pagar contribución alguna.  Los quejosos exigían la reducción arancelaria, ya que el vecindario estaba arruinado, y que Juan Francisco dejara de hacer esas transacciones pues se veía que él podría controlar todo el comercio pasivo en poco tiempo[17].

Antes de terminar el año 1793 los hispanos y sus aliados se habían hecho con una parte importante del territorio francés y se podía pensar en una excelente relación entre los dos bandos. Sin embargo, la realidad no era tan placentera, ya que las autoridades de Santo Domingo veían recelosas a Juan Francisco por las faltas de subordinación y los niveles de altanería mostrados. Al respecto, García apuntaba que esa arrogancia de Juan Francisco era propia de quien se sabía imprescindible para la salvaguarda del territorio[18].

En el año 1794 la recapitulación de las fuerzas de Juan Francisco arrojaba la suma de 6,097 personas, repartidas en diversas compañías en numerosos sitios, como Fort Douphine con dos brigadas y 878 personas, Sant Susanne con 1,317 hombres, Grand Riviere con 2,004 elementos, y Limonade con 934 personas, entre otras[19].

En enero de ese año las Tropas Auxiliares seguían cultivando éxitos al someter bajo su dominio al poblado de Fort Douphine, llamado posteriormente Bayajá. Poco antes, y tras su llegada a la isla, Aristizábal envió a las autoridades francesas de aquel sitio una nota, donde indicaba que les ofrecía una capitulación honrosa, o en caso contrario los entregaría al furor de los negros auxiliares.

Por otra parte, las medallas con el real busto del rey Carlos IV que se había previsto entregar a los jefes rebeldes como elementos de ayuda en su adhesión a la causa española, fueron recibidas por el gobernador de Santo Domingo a mediados de febrero de 1794. El envío se componía de sendas medallas de oro para Juan Francisco, Biassou y Jacinto, y otras doce de plata para los segundos más sobresalientes; ante la súbita muerte de Jacinto la medalla de oro que le sería entregada a éste pasó a manos de Toussaint Louverture[20]. A pesar de la cantidad señalada, en la comunicación del envío que se hizo desde Aranjuez el 22 de enero de 1794, se apuntaba que las medallas eran 4 de oro y ocho de plata[21].

Como muestra de las prerrogativas otorgadas a los caudillos de las Tropas Auxiliares, Juan Francisco viajaba en un carruaje tirado por seis caballos, vistiendo sus mejores galas con el ceñidor y la insignia de los oficiales generales de los ejércitos y armada del rey, portando en el pecho la medalla de oro enviada por el soberano, y recibiendo saludos con las armas rendidas en sus visitas a los campos[22]. Resueltas las rencillas entre Biassou y Juan Francisco, los problemas surgieron entonces con Toussaint. A tal grado llegaron las intrigas que Juan Francisco consiguió, a comienzos de 1794, alterar las buenas relaciones que aquél mantenía con las autoridades españolas, pensando incluso en asesinarlo[23].

Toussaint Louverture pasa al lado de Francia

Los problemas culminaron con el pase de Toussaint Louverture en mayo de 1794 a las filas de Francia, luego de que ésta se comprometiera a abolir la esclavitud en todas sus colonias. Ahora investido con el título de Comandante General de la colonia francesa de Saint Domingue, Louverture expulsó a las milicias españolas y a las Tropas Auxiliares del Rey Carlos IV, al tiempo que procedió a reconquistar una buena parte del territorio que le había ganado España a los galos y anglosajones.

Poco antes, García y Moreno afirmaba que las fuerzas efectivas españolas se componían de 3,976 hombres de tropa del ejército, 640 de milicia de infantería, 238 de dragones y 829 urbanos, dando un total de 5,683 hombres dispuestos a las armas[24], mientras que las Tropas Auxiliares Negras eran de alrededor de 12 mil efectivos, si se suman los que habían reportado individualmente Juan Francisco y Jorge Biassou, resultando una cifra mucho mayor la de los aliados de color que la de la corona española.

Pero el número de fuerzas de estos últimos se resintió cuando Toussaint se pasó al bando contrario, sobre todo en la tropa de Jorge Biassou junto a la cual combatía, lo que ocasionó que se redujeran a casi la mitad los Auxiliares que les seguían. Ese elevado número de Tropas Auxiliares demostraba que los negros esclavos buscaban su libertad, sin importar qué nación se la prometiese. Es muy poco probable que los negros rebeldes lucharan por la restitución de la Monarquía en Francia, tal como decían Biassou y Juan Francisco en sus comunicaciones iniciales, sino más bien para evitar su regreso a la esclavitud o servidumbre contra la cual se alzaron. En cambio, aquellos líderes solo peleaban pensando en el futuro goce de sus privilegios personales y del reducido grupo de allegados que le acompañaban.

A partir de la división en las Tropas Auxiliares cambió la correlación de fuerzas en la contienda y en sólo dos semanas Toussaint Louverture arrebató a las tropas de Juan Francisco y Jorge Biassou una docena de pueblos. No obstante, a pesar de las desventajas hispanas, la situación no fue tan fácil para el nuevo aliado de Francia, ya que también las tropas españolas en unión de sus aliados negros lograron algunas importantes victorias en la zona fronteriza[25].

El día 7 de julio de 1794 tuvo lugar en Bayajá la penúltima participación de Juan Francisco en la contienda bélica, siendo la más criticada de las realizadas por las Tropas Auxiliares Negras. Esta acción se caracterizó por la matanza de cientos de franceses refugiados y la posesión del poblado; hecho que según el gobernador García y Moreno agravó la situación interna de las tropas de color[26].

La salida de los centenares de ocupantes se produjo días después con la entrega de la plaza al padre fray Pedro de Cavello, alegando Juan Francisco que no fue tomada por él, sino que fueron los españoles quienes la dejaron desamparada[27]. Debido a la gravedad de los sucesos se abrió un expediente para las averiguaciones pertinentes; las autoridades estaban interesadas, sobre todo, en el extravío de los caudales existentes en Bayajá, ya que el administrador Juan Sánchez notificó la falta de 48.599 pesos, 4 reales, 17 maravedíes[28]. También se reportó la pérdida de 1.600 pesos pertenecientes al fondo del cuerpo militar, 129 pesos, 7 reales y 17 maravedíes de los soldados, 173 fusiles, 171 bayonetas, 53 sables, 557 casacas, 469 chupas, 560 calzones, 459 camisas, 257 botines, 402 mochilas, 391 gorras, 643 pares de zapatos, 583 pares de medias, hachas, espejos, sacos, cepillos, cucharones, etc[29].

A pesar de su negativa anterior, tiempo después, en 1801, Juan Francisco aceptó haber tomado el dinero, pero apuntó que lo entregó a la Tesorería, al igual que las cantidades que sus tropas sustrajeron de los habitantes que huyeron de Bayajá por los sucesos. Sobre la desaparición de 12 cajas de fusiles pertenecientes al regimiento de la Nueva España, reconoció que los repartió entre sus hombres[30].

Por otro lado, dos días antes de recibirse en Santo Domingo el Tratado de Paz con Francia, en 1795, Juan Francisco notificaba que había tomado el pueblo de Dondón, algunos campos inmediatos y que se preparaba para atacar Mermelada. Esta fue al parecer la última contienda bélica que libraron las Tropas Auxiliares Negras en la isla[31].

El Tratado de Basilea de 1795 y la salida de Jean François y Biassou de Santo Domingo

El 18 de octubre de 1795 se recibió en Santo Domingo la infausta noticia de que España había cedido a Francia la parte oriental de la isla en virtud de lo estipulado en el Tratado de Basilea, con el cual concluyó la guerra. Entre otras disposiciones, el tratado expresaba que todas las familias y particulares que quisieran abandonar la colonia con sus pertenencias, dispondrían del plazo de un año para hacerlo.

El gobierno francés había dispuesto que el traspaso de la colonia española se efectuase por etapas, comenzando por los pueblos y cantones que las Tropas Auxiliares Negras conservaban en su poder en la parte occidental. De acuerdo con el tratado, los jefes de los negros auxiliares debían salir de la isla. Con respecto al grueso de la tropa, la pretensión del general Laveaux, gobernador de Saint Domingue, era que permanecieren en la isla y así se lo hizo saber a García, pero este le respondió que no podía faltar a la promesa de favorecerle, pese a lo cual no tenía inconveniente en permitir que cada quien tomase el camino que más le conviniese.

La salida de Jean François y Biassou confrontó serias dificultades. Los dos insistían en abandonar la isla y amenazaban con impedir el traspaso de la colonia si no se embarcaban lo más pronto posible. En sus urgencias a García, le indicaban que preferían ser esclavos de los españoles que libres con los franceses. Tras varios fallidos intentos de llevarlos a Cuba, Jean François y su sequito fueron enviados a la ciudad española de Cádiz y Biassou y el suyo a la Florida. Otros negros auxiliares partieron para Campeche, Trinidad y Guatemala.

De su técnica militar en la guerra franco-hispana en Santo Domingo, el gobernador García apuntaba que la gente de Biassou y Juan Francisco “solo sirven para golpes de mano, sorpresa, saqueos y lo que es la guerra ofensiva devastando todo con incendio[32]. Agregaba que el armamento de los rebeldes para sus batallas incluía palos para los que no contasen con sables o rifles, lo que, según él, daba una idea de “la brutalidad propia de esos malvados[33].

Todas estas opiniones reflejaban la actitud de menosprecio por parte de las autoridades españolas hacia sus aliados, postura que se recrudecería en los tiempos venideros tras la firma del Tratado de Basilea. El 14 de octubre se recibió en la isla la notificación de la paz con resultados funestos para España, ya que debía ceder a los franceses la parte hispana de la Isla[34]. En las disposiciones del gobierno francés se exigía que Juan Francisco, al igual que los “oficiales a su mando”, abandonasen la isla por su condición de militares[35]. Sobre este asunto existen las posturas equivocadas de que García los evacuó para evitar su masacre a manos de los franceses y la de que las Tropas Auxiliares fueron quienes solicitaron su salida de la isla.

Después de que García recibiese el 14 de octubre la noticia de paz, escribió al rey preguntando qué debía hacer con los Auxiliares cuando se evacuase la isla. El soberano le contestó que “tratase a los Negros como pertenecientes a la Francia”, o sea dejarlos en ese territorio, pero el 21 de octubre García avisaba, sin recibo previo de lo estipulado por el rey, que de acuerdo con mandatos anteriores había ofrecido la real protección a los aliados y escrito al Capitán general de Cuba, Luis de las Casas, para que dispusiese su establecimiento en la Isla de Pinos[36].

Ante la medida tomada al monarca le pareció bien ofrecer a los Auxiliares su protección y dejar al criterio de García el destino y número de individuos que creyese conveniente trasladar a La Habana, Puerto Rico o Isla de Trinidad. El soberano aún no enviaba esas órdenes a Ultramar cuando recibió una carta de Las Casas en la que le exponía los graves inconvenientes si esos negros se establecían en Cuba o en la Isla de Pinos, y que en caso de que llegasen a La Habana mandaría a Juan Francisco a España y a su tropa la dividiría y remitiría a diversas partes de América. El rey no aprobó la medida de su gobernador y también desaprobó la anterior resolución de García —a la cual ya le había dado el visto bueno—, por lo que entonces mandó se les dijese que todos los negros se quedasen en Santo Domingo “bajo la protección de la Potencia a quien sirvieran y que mientras tomaban partido para mantenerse gozarían una pensión moderada de Su Majestad[37].

Pero la cercanía entre las islas caribeñas ayudó a García en sus propósitos, y cuando aún se extendían las órdenes en la Corte para los gobernadores de La Habana y Santo Domingo, el rey recibió otra carta del primero en las que le participaba con fecha de 1 de enero de 1796 la llegada del caudillo Juan Francisco con sus jefes y tropa de negros a ese puerto[38].

Los hechos ponen de manifiesto con meridiana claridad que la Corona nunca tuvo la intención de dar cobijo a los integrantes de las Tropas Auxiliares ni considerarlos súbditos suyos, a pesar de que en la Real Orden del 22 de febrero de 1793 dijese lo contrario. Asimismo, en las indicaciones del soberano de que a los aliados se les “tratase como franceses” dejaba explícito su rechazo a cobijarlos en territorios españoles, de acuerdo a lo estipulado en la Reservada del 27 de mayo de 1790 donde se ordenaba no permitir la entrada —en ese caso a Cuba—, de esclavos comprados o prófugos provenientes de las colonias francesas, ni de otra cualquiera persona de color que pudiese influir en los vasallos del rey. El nombre de “negros franceses”, que se convertiría en una designación algo más común con posterioridad, aunque se les había ya llamado “regimiento francés”, “negros franceses” o “regimiento auxiliar francés”, tuvo, al igual que éstas, un carácter de exclusión de las propias fuerzas militares españolas, cuya actitud debió estar basada en lo dispuesto al respecto en 1790.

Es importante destacar que cuando Francia pidió la salida de Juan Francisco y de los oficiales de su tropa, se hacía referencia a todas las Tropas Auxiliares que controlaban la parte del norte de la colonia francesa; a Biassou, localizado en el sur, al parecer no se le incluyó. Sin embargo, también fue de los emigrados -su tropa no le acompañó sino únicamente algunos familiares- en correspondencia con la petición francesa.

Si bien en el exilio Biassou trató de emplearse en las armas o de formar un ejército, no parece que pretendiese quedar en el grupo que Juan Francisco deseaba mantener unido. Este último y sus segundones esperaban que se les diesen tierras para trabajar y a cambio el rey pudiese contar con un ejército en la reserva siempre dispuesto a tomar las armas y operar donde conviniera. Ante esa idea, el marqués de Casa Calvo se apresuró a decirle al líder negro que el soberano ya tenía su propio ejército y “que se servía de auxiliares cuando lo hallaba conveniente, pero que en tiempo de paz no los necesitaba, y que a ellos únicamente les tocaba obedecer y dejarse de proyectos[39].

García hacía ver la conveniencia de la evacuación de los negros, ya que su inacción y la posesión de armas por parte de las Tropas Auxiliares pudiesen traer consecuencias en el cumplimiento del Tratado, así como para los españoles que permaneciesen en la Isla, debido a que los franceses emigrados habían reprobado la negociación de paz y se valían de agentes ingleses para causar problemas[40].

La evacuación de los Auxiliares causó enojos a García con Las Casas, al decidir mandarlos a La Habana sin conocer la oposición del rey, pero con base en las promesas de 1793. Una vez terminada la contienda, el resultado era que la Corona española no había podido cumplir su sueño de reconquista del territorio occidental de la isla, y el estado de la parte hispana de la misma era señalada por Toussaint en 1800, de manera deplorable: “Encontré la colonia desmembrada, arrumada, saqueada por los bandoleros de Jean François, por los españoles y por los ingleses, que se pelearon por sus despojos.  Hoy está libre de enemigos, calmada, pacificada, y se han tomado medidas para reconstruirla por completo”.[41]

España tenía entonces un contingente numeroso de gente de color, al cual, haciendo a un lado los adjetivos deplorables utilizados entonces para llamar a los codiciados y buscados rebeldes en el pasado, no la podía catalogar más que como un aliado incómodo, con quien nunca pensó contar más allá que con su apoyo para la reconquista de los territorios que Francia mantenía en su poder en la isla de Santo Domingo.

El destino del Comandante Pablo Alí tras la salida de España de Santo Domingo

La mayor parte de los lugartenientes y soldados de Bissau se vieron obligados a quedarse en la parte oriental de Santo Domingo, entre ellos los comandantes Pablo Alí y Juan Bambí, quienes antes de la partida de las tropas españolas hacia otras colonias o hacia la metrópolis hicieron esfuerzos ingentes para ser designados en posiciones dignas en la colonia o para ser embarcados hacia Florida, lugar en donde se había establecido su antiguo jefe militar. En comunicación dirigida por el comandante Pablo Alí al Rey Carlos IV, de fecha 29 de agosto del año 1800, expresaba:

El suplicante ha tenido el honor de haber servido bajo vuestras augustas banderas de España desde fines de 1792 hasta septiembre de 1796, en que se concluyó la guerra con la República Francesa; todo ese tiempo se desempeñó con el mayor ardor, celo y eficacia en todas las comisiones en que repetidas veces fue empleado por los comandantes de la frontera, y camones, según resultara de lo que aquellos le certificaran previo decreto verbal del Capitán General: Ayudó con su compañía a las tropas españolas en repetidos ataques, defensas, avances y asaltos, dados a los enemigos, dando las más claras y convincentes pruebas, de la lealtad y el amor con que el suplicante buscaba las mejores ocasiones para manifestar los deseos que le animaban de que las armas de SCM triunfaren con la mayor gloria en estas”.[42]

Entre las batallas en que tuvo una participación destacada el comandante Pablo Alí junto a las Tropas de Negros Auxiliares y su compañía, es necesario destacar las de Lomu, Pithon de Rosa, Pithon del Can de Prunie, Sabana Grande, Ravine Fourmi, Palo de Indio en Créte Salé y San Miguel de la Atalaya, el 2 de agosto de 1793; en Petit Cahó, Bánica, Las Caobas y los cantones de San Miguel de la Atalaya el 9 de agosto de 1793; así como en Plaisance y Ñagá contra las tropas francesas y Toussaint Louverture, el 12 de enero de 1801. En la retirada de Bánica a Dajabón el 20 de agosto de 1795 condujo con sus tropas 20 cajas de cartuchos (80 cada caja) y dos cañones del batallón por los enredados montes de la frontera norte.[43]

El apoyo de los rebeldes negros no sólo fue buscado por España, sino también por Francia a través de sus comisarios civiles, quienes trataron de alinearlos bajo la bandera republicana. A estas naciones se les sumó Inglaterra, que se interesó en los esclavos alzados, exhortándolos a pelear en su bando hasta el último momento de su estancia en la Isla, ofreciéndole el pago de sueldos similares y mayores distinciones de las que gozaban hasta entonces. Sin lugar a dudas, ningún contingente de ex esclavos jamás había sido tan codiciado por esas tres potencias incentivadoras del sistema esclavista y del tráfico de esclavos, como lo fue éste.

Alí rechazó las ofertas que le hicieron los franceses republicanos y los ingleses para que se aliase con ellos, “mereciendo en pruebas de su lealtad y amor a SM le condecorasen con la Orden Real del Mérito del 9 de julio de 1794”.[44]

Inglaterra, que había invadido la colonia francesa a instancias de los colonos realistas con el fin de conquistarla, viendo preocupada el tratado de Basilea, declaró la guerra a España en 1797. El ejército británico llegó a penetrar en San Juan de la Maguana y Neiba, pero Toussaint Louverture lo obligo a retroceder. Luego de varias negociaciones con el líder negro, nombrado general de división, él y su homólogo Maitland firmaron un acuerdo secreto mediante el cual los ingleses se retiraron de la isla en abril de 1798 a cambio de ciertas concesiones comerciales.

Antes de producirse esto, García había descubierto un complot tramado por el cubano Juan Antonio Angulo y el italiano Domingo Asserato para entregar la colonia española a los ingleses, para lo cual intentaron seducir a Pablo Alí y a Agustín, a quienes el gobernador español consideró como dos de los oficiales “que habían tenido más séquito y reputación en el ejército de Biassou”. Alí y Agustín se negaron a cooperar con los conspiradores, por lo que García alabó su fidelidad y los recomendó ante el monarca.

Al abordar los niveles de lealtad que siempre profesó a España y al rey Carlos IV, el comandante Alí revela detalles de la propuesta que le hicieron Inglaterra y Toussaint Louverture para ganarlo para su causa y de la actitud firme de rechazo que adoptó en ambas ocasiones:

Hecha la paz con la Francia, los ingleses que continuaron la guerra, con más fuerza en esta Isla, al suplicarme varias veces por cartas y emisarios, por una viéndole y ofreciéndole ventajosos partidos, premios e intereses, para que por sí, y persuadiendo a los suyos, se trasladaran a sus servicios; más decidido a prestar sus servicios a la Real Corona, resistió y despreció tales proposiciones, que les eran muy desagradables, como también lo hizo con el Jefe Toussaint Louverture, cuando en 1796, y por parte de la República Francesa, tomó posesión de varias poblaciones fronterizas: por esa causa fue separado el suplicante del servicio, cesándole la paga mensual de treinta pesos”.[45]

En esa comunicación Alí le solicitaba al rey que le restaurara los 30 pesos que cobrara como comandante de las Tropas de Negros Auxiliares cuando estuvo defendiendo el bando español en la guerra hispano-francesa, ya que Toussaint Louverture lo había cesado en el servicio y le suspendió el pago a partir del primero de octubre del año 1796, fecha en que concluyó la guerra con Francia. Refiere, además, que, desde entonces, había tenido que mantener a su esposa María Olivo, a sus hijos, a su madre, a su suegra, a un hermano, a un cuñado y a varios criados, muy precariamente, con el cultivo de un pedazo de tierra.

En su petición al rey Carlos IV, Alí expresó que, de no serle reintegrado su salario, se le enviase a algún destino para continuar viviendo y trabajando en territorio español, como en La Florida, donde vivía su antiguo jefe, el general George Biassou. Al ponderar sus méritos, el gobernador de Santo Domingo Joaquín García le sugirió al rey que, si no le podía contratar en el ramo militar en el que ha servido con muchos méritos, al menos, se le otorgase un trabajo como capataz de las reales obras públicas o como preboste de los presos.

Aunque Fray Cipriano Utrera afirma que Pablo Alí en 1801 “emigró para Puerto Rico, pero volvió para luchar contra las hordas haitianas”[46], hasta el momento no se ha encontrado ninguna evidencia documental que respalde esa aseveración, de que las tropas españolas se lo llevaran consigo y que luego él regresara por su cuenta para combatir a los ocupantes haitianos que en 1805 encabezó el presidente y fundador de la recién creada nación, Jean-Jacques Dessalines. Lo que sí está documentado es que España comenzó la retirada de sus tropas de Santo Domingo a partir del 4 de febrero de 1801, cuando Toussaint Louverture ocupó la parte oriental de la Isla en nombre de Francia. Alí se mantuvo en bajo perfil durante el gobierno que encabezó el líder de la Revolución Haitiana, tras haberlo enfrentado en las batallas de Plaisance y Ñagá el 12 de enero de 1801, ya que cuando los españoles se embarcaron y lo dejaron a su suerte.

El perfil camaleónico del Comandante Pablo Alí

Al producirse el retiro de España de la colonia, Alí ofreció sus servicios al mejor postor para poder sobrevivir en el contexto de la cambiante realidad política, social y militar de la parte oriental de Santo Domingo, ya que este territorio cambió de dueño en múltiples ocasiones.

El gran polígrafo español, Marcelino Menéndez y Pelayo, en su texto Historia de la Poesía Hispano-Americana, al referirse al Santo Domingo del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, retrata perfectamente ese período cuando lo caracteriza del siguiente modo:

“Las vicisitudes políticas y cambios de dominio porque atravesó la isla durante el siglo XVIII, y especialmente en el período de la revolución negra de Haití, dieron lugar a varias improvisaciones de circunstancias, entre ellas la siguiente quintilla del presbítero D. Juan Vázquez, cura de Santiago de los Caballeros:

Ayer español nací,

A la tarde fui francés,

A la noche etíope fui,

Hoy dicen que soy inglés;

No sé qué será de mí”[47].

Esto versos reflejan las veleidades y el camaleonismo político de que era necesario disfrazarse o revestirse para poder sobrevivir a las adversidades y a los peligros constantes que asechaban en una colonia que parecía un volcán en permanente erupción, cuyas lavas podían tomar a cualquiera de sorpresa y envolverlo en su lengua de fuego abrasadora y voraz, la cual cambiaba de amo como si se tratara de cambiarse de vestidura. Esto es lo que puede permite comprender más claramente la actitud mimética que se vio compelido a asumir el comandante Pablo Alí en la colonia española como jefe del Batallón de los Morenos Libres.

Alí en principio luchó por la libertad de los esclavos que eran explotados y maltratados en las plantaciones agrícolas y en los ingenieros azucareros de la colonia francesa de Saint Domingue. Luego se colocó del lado de los españoles bajo las órdenes del jefe de las Tropas Auxiliares Negras, general George Biassou, muy a pesar de darse cuenta de que los peninsulares no estaban de acuerdo con otorgarle la libertad a sus hermanos de raza en la colonia de Santo Domingo.

Durante la revolución haitiana y en el marco de la guerra franco-hispana estuvo combatiendo junto a Toussaint Louverture del lado de España hasta el año 1794, fecha en que este se pasa al bando francés tras la Asamblea Nacional de Francia aprobar la abolición general de la esclavitud en todas sus colonias, al comprender que la monarquía española no estaba dispuesta a dar ese paso trascendental. A partir de entonces estos dos antiguos lugartenientes del general Biassou estuvieron en bandos enfrentados-Toussaint Louverture del lado francés y Pablo Alí del lado español-, siendo este derrotado en varias batallas que se escenificaron en los pueblos fronterizos.

El 25 de enero de 1801 el gobernador de la colonia de Santo Domingo, general Joaquín García y Moreno, se enfrentó al ejército del gobernador de la colonia de Saint Domingue, general Toussaint Louverture, en el puesto de Haina, tras atravesar Azua y Baní, donde las exiguas fuerzas de aquel de apenas 600 hombres fueron derrotadas, mientras que Moisés Louverture fue enviado por el norte con otra columna, venciendo la resistencia que encontró en Santiago, La Vega y Cotuí, para juntos tomar el 26 de enero las plazas de armas del Castillo de San Jerónimo y de la amurallada ciudad de Santo Domingo. En esas acciones de defensa de la colonia española participó activamente el comandante Pablo Alí y el Batallón de Pardos y Morenos Libres que él dirigía, sin lograr contener el avance arrollador de las fuerzas del general Toussaint Louverture.

Las tropas españolas empezaron a salir de la colonia el 4 de febrero de 1801, mientras que el gobernador García y Moreno y el último contingente del Ejército Real salieron del puerto de Santo Domingo el 22 de febrero de 1801 con destino a Maracaibo, Venezuela.

El abandono de que fue objeto por parte de la corona española, a pesar de la fidelidad mostrada siempre ante el rey Carlos IV, es lo que explica de alguna manera la actitud de colaboración que se vio precisado a asumir el comandante Pablo Alí ante los diferentes gobiernos que asumieron el control de la parte española de la isla de Santo Domingo para poder sobrevivir en esas circunstancias extremadamente difíciles, caracterizadas por la miseria y la desesperación.

El historiador español José Luis Belmonte Postigo ofrece una explicación muy convincente en torno a las posibles razones que permiten entender el por qué el comandante Pablo Alí jugó un rol tan importante en la colonia oriental de Santo Domingo, tras la firma del Tratado de Basilea en 1795, como jefe del Batallón de Pardos y Morenos Libres, en la preservación del orden político y social vigente entre 1809 y 1821 y en su transformación constante entre 1821 y 1844, fecha de su deceso a los casi noventa años de edad. Así lo expresa Belmonte Postigo:

La conflictividad vivida en la colonia desde 1795, impulsó a las autoridades a conformar el batallón de morenos libres, como una, o tal vez, la principal fuerza militar que podía preservar el orden político y social en la colonia, utilizando para ello a tropas negras veteranas. Con un gran ascendiente entre su tropa, la figura de Alí emergió como una de las más notables e importantes del periodo 1809-1821. El fulgurante ascenso social de Alí no era sorprendente en Santo Domingo, donde los años de guerra habían conformado un imaginario de lo militar, y de los militares, distinto al de otras partes del Caribe. Así, la alta graduación militar de Alí hubiera sido impensable en otras partes del marco antillano, donde el racialismo impedía el ascenso en la escala jerárquica militar, así como el reconocimiento social que el grado militar atribuía”.[48]

Entre los años de 1801 y 1802 durante el gobierno del general Toussaint Louverture, el comandante Pablo Alí se quedó en la colonia de Santo Domingo en un perfil totalmente bajo, pasando junto a su familia y subalternos enormes penurias y calamidades, contrario a lo expresado por el historiador español Fray Cipriano Utrera de que “emigró a Puerto Rico” y luego retornó para combatir a Dessalines y sus tropas en 1805.

Aunque Alí escribió sendas cartas al rey Carlos IV de España en 1798 y en 1800, varios meses antes de que el máximo líder de la Revolución Haitiana ocupara la parte oriental de la isla en nombre de Francia y de que la metrópolis peninsular se retirara de Santo Domingo, solicitando que le fuera restituido el salario de 30 pesos mensuales que cobraba anteriormente, que se le pusiera a trabajar como preboste en una cárcel o que se le enviara a Florida junto a su antiguo jefe Biassou, con el aval y la motivación del entonces gobernador de la colonia, Joaquín García y Moreno, no fue favorecido por la corona con ninguna de sus peticiones y mucho menos con el traslado a otra colonia de España en América.

El general francés Jean-Louis Ferrand premió al comandante Pablo Alí con la exención de todos los impuestos y de las rentas que adeudaba en prenda de su conducta, celo y valor demostrados en el cerco a la ciudad de Santo Domingo efectuado por el emperador haitiano Jean Jacques Dessalines desde el 8 al 26 de marzo de 1805. De esta manera describe el sacerdote capuchino Fray Cipriano de Utrera la colaboración de Pablo Alí con el gobierno del general Jean-Louis Ferrand:

Continuó el servicio militar y con cierto privilegio que le concedió Ferrand el 31 de marzo de 1805, por su conducta, celo y valor durante el sitio de Dessalines con servicio de capitán, por lo que estuvo libre de impuestos y tributos en adelante, siendo tiempo de guerra[49].

Dessalines había entrado a la parte oriental de la colonia de Santo Domingo con el propósito de posesionarse de ella, tras las decisiones adoptadas por el general Ferrand de autorizar la esclavización de todos los haitianos tomados en la zona fronteriza, sin importar su edad, para ponerlos a trabajar en la colonia o para venderlos al extranjero y ante la prohibición de que se comercializara ganado y otros productos agropecuarios con la recién independizada República de Haití.

Posterior a este hecho, las tropas napoleónicas ocuparon a España en 1807 y en 1808 obligando al rey Fernando VII a abdicar del trono y en su lugar fue designado como rey el hermano de Napoleón Bonaparte, José Bonaparte. Esta situación, unida a las medidas restrictivas del comercio con Haití, desencadenó en la colonia de Santo Domingo una rebelión contra la dominación francesa y por el retorno del soberano Fernando VII, lo que en la historiografía dominicana ha recibido el nombre de Guerra de la Reconquista.

Participación de Pablo Alí y el Batallón de los Pardos y Morenos Libres en la Guerra de la Reconquista

La afinidad del comandante Alí con la metrópolis España era tal que cuando sonó el clarín de la Guerra de la Reconquista que encabezaba el hatero y brigadier cotuisano Juan Sánchez Ramírez, cerró fila junto al Batallón de los Pardos y Morenos Libres, destacándose en diferentes acciones que se realizaron en los parajes próximos a la ciudad de Santo Domingo, tal como se recoge en el Diario de la Reconquista:

Los franceses habían armado efectivamente los esclavos que tenían en la Plaza, dándoles la libertad, vistiéndolos bien, franqueándoles dinero y colocándolos en las tropas; tomaron después el arbitrio de hacerlos salir de la Plaza con el pretexto de prófugos y la verdadera intención de seducir a los esclavos de afuera; pero yo, que no perdía de vista la más pequeña de las atenciones a mi cargo, recogí de los confiscados al enemigo los más fuertes y a propósito de tomar las armas, y formé una Compañía al mando de los morenos Pablo Allí y Juan Bambí (antiguos agraciados por S.M.C. por sus buenos servicios en la guerra anterior con Francia, y el primero acreedor al aprecio del Gobierno por su fidelidad, valor y conocimiento), ofreciéndoles la libertad a nombre de la Autoridad Nacional, que representa la Real Persona de nuestro Augusto Soberano Señor Don Fernando 7º. Siempre que permaneciesen comportándose bien; y de esta suerte frustré el efecto del plan de los franceses[50]

El texto precedente pone de manifiesto claramente que los antiguos oficiales de las Tropas Auxiliares Negras Pablo Alí y Juan Bambí fueron reconquistados por Juan Sánchez Ramírez y designados en el mando de una Compañía de Morenos Libres, tras habérselos retenido al enemigo francés. De inmediato se dio cuenta de su destreza en el uso de las armas, de los buenos servicios prestados anteriormente a la corona española en su lucha contra Francia, de su fidelidad al gobierno español y de su valor y conocimiento en el arte de la guerra. Sánchez Ramírez le hizo el ofrecimiento de otorgarle la libertad a nombre del depuesto rey español Fernando VII, siempre y cuando que comportasen bien, frustrando de esa manera la labor de inteligencia que se proponía realizar el gobierno colonial francés a través de la infiltración de estos antiguos esclavos negros en las filas del subversivo ejército pro hispánico de la reconquista.

Durante el sitio de la ciudad de Santo Domingo, en el marco de la Guerra de la Reconquista, el capitán Pablo Alí y su Batallón de Morenos Libres participaron en varias batallas y acciones militares muy importantes como las del 11 de febrero de 1809, la del 21 de febrero en Manganagua, así como las del 1 y 11 de marzo, siendo en esta última que estando bajo del tiro de cañón, una bala le hirió gravemente y le desfiguró la cara.

Alí participó en la emboscada del fuerte de Pajarito (hoy Villa Duarte) el 7 de abril de 1809, logrando recuperar esa plaza, donde el enemigo tuvo una baja considerable de varios muertos y muchos heridos, mientras que la Compañía de Morenos Libres tuvo un saldo trágico de 1 muerto y dos heridos. De esta manera Juan Sánchez Ramírez recoge en su Diario las incidencias de esa emboscada:

Abril 7. Sabiendo yo de antemano por las noticias de la Plaza que los franceses disponían otra salida, distribuí mis órdenes en todas las Divisiones, no atreviendome a determinar contra qual de ellas se dirigirían: me acerqué a los puestos abanzados de la del Este o izquierda; a poco tiempo se oyó el fuego que rompió por la del Centro, que no consideraba yo con fuerza suficiente para resistir al enemigo que podía atacarla: mandé con esta consideración al Comandante Carbajal que hiciese pasar por el pueblo de los Minas doscientos hombres de los suyos para reforzar el puesto atacado: corrí a las abanzadas del Este que estaban a menos de tiro de cañón del fuerte de Paxarito, puesto enemigo situado en la rivera oriental del río: lo ataqué e hice embozcar para el efecto en su inmediación al Capitán de morenos libertos Pablo Allí, quedando yo personalmente en la abanzada con la Compañía de Italianos y algunos paisanos. A este tiempo llegaba el Teniente Coronel D. José Arata, que venía de Puerto Rico en auxilio con alguna tropa, y al mucho fuego acudió con ella en el mismo parage en que yo estaba. Mi ánimo en esta operacion a ataque falso fue sorprender al enemigo para llamar la atencion de los que combatían por el Centro, y logré tan a medida de mi deseo, que toda aquella fuerza se retiró en desorden con varios heridos, dexando algunos muertos; aun en el mismo fuerte de Paxarito hubo dos muertos y muchos maltratados, sin haber nosotros experimentado más daño que el de un muerto y dos heridos de la Compañía del moreno Allí[51].

De igual manera, Alí y sus tropas tuvieron una participación de primer orden en la batalla del 5 de mayo de 1809 en Manganagua. Así la describe Juan Sánchez Ramírez:

A las seis de la mañana de este día el enemigo, en número de más de 600 hombres, invadió nuestro Cantón del Este; su Comandante, D. Manuel Carbajal, dio sus disposiciones: se rompió el fuego en nuestra abanzada de Manganagua, se pusieron en defenza los patriotas e hicieron una resistencia tan vigorosa que, cargando impetuosamente contra los franceses, los derrotaron de golpe, obligándoles a retirarse vergonzosamente, dexando en el campo de batalla veinte y quatro muertos, entre los cuales se encontraron tres oficiales, sin contar los muchos heridos que se llevaron; y de nuestra parte solo resultaron seis heridos y quatro muertos, entre ellos el Teniente de Urbanos, Miguel Ureña. El Capitán D. Matías Guerrero y sus ayudantes D. Ramón Ortiz y D. Diego González, los tres del mismo Cuerpo, y el Capitán de morenos Pablo Alí se distinguieron completamente en esta acción[52]

Como se ha podido observar, el rol desempeñado por el comandante Pablo Alí al frente de la Compañía o Batallón de los Morenos Libre junto al brigadier Juan Sánchez Ramírez y el Comandante Manuel Carvajal fue determinante para lograr la rendición del general Joseph-David Dubarquier en la ciudad de Santo Domingo, en virtud del cerco y de las constantes acciones y batallas libradas para lograr la salida de Francia de la parte oriental de la isla, tras la derrota y posterior suicidio del general Jean-Louis Ferrand en la batalla de la Sabana de Palo Hincado de la común del Seibo.

El Brigadier y Capitán General de la colonia de Santo Domingo, Juan Sánchez Ramírez, solicitó a la Autoridad Nacional que presidía el rey Fernando VII, la libertad de los líderes del Batallón de los Morenos Libres, Pablo Alí y Juan Bambí, mediante oficio del 24 de julio de 1810, la cual fue concedida con calidad de asentimiento de sus antiguos amos.

Por la Real Orden del 2 de septiembre de 1811, la Regencia del Reino presidida por el rey Fernando VII le concedió a Pablo Alí el grado de Teniente Coronel, así como la Medalla de Oro con el busto del Rey, quien hasta entonces se desempeñaba como Comandante de las Milicias de Morenos Auxiliares de la Colonia Francesa de la Isla de Santo Domingo[53].

El historiador Emilio Cordero Michel en su texto “Proyecciones de la Revolución Haitiana en la Sociedad Dominicana” expresa:

Un año después, a finales de 1812, los esclavos de dos destartaladas unidades productoras de azúcar, ubicadas en la margen oriental del río Ozama, protagonizaron un levantamiento que se conoce con el nombre de Rebelión de Mojarra y Mendoza, los dos lugares geográficos donde estaban ubicados los trapiches. En el movimiento estuvo implicado Pablo Alí, comandante del Batallón de los Pardos y Morenos -aunque en el juicio no se pudo demostrar su culpabilidad- y su objetivo era, con el apoyo de Pétion y Christophe, abolir la esclavitud y proclamar un estado libre e independiente incorporado a Haití. Este movimiento fue denunciado a las autoridades coloniales por uno de los complicados, y 115 esclavos fueron apresados y condenados a muerte sus dirigentes: José Leocadio, Pedro de Seda, Pedro Henríquez, Marcos Cañafístola, Fragoso y ocho más. El resto fue castigado con diversas penas de prisión[54].

Sobre el la participación del teniente coronel Pablo Alí y el oficial del Batallón de los Pardos y Morenos Libres en esta rebelión de Mendoza y Mojara el historiador Carlos Esteban Deive difiere totalmente del punto de vista de Cordero Michel, ya que no los considera partícipes de ese movimiento, cuando afirma:

Fue acusado falsamente, junto con otro oficial de las tropas auxiliares, Juan Mambí[55], de encabezar una rebelión de negros libres y esclavos programada para estallar en la noche del 15 al 16 de agosto. En realidad, los verdaderos dirigentes de la sublevaci6n eran José Leocadio, Pedro de Seda, Pedro Henríquez y otros individuos de color. Habían resuelto reunirse en el paraje de Mojarra, situado en la parte oriental de la colonia, e incitar a los esclavos de varias haciendas e ingenios a unirse a ellos. Los conjurados tomaron por asalto la hacienda de Mendoza la noche del día 13, pero la peonada rehusó secundarlos. Un tal Francisco Abud los delató al alcalde pedáneo de Los Llanos, hoy Guerra, mientras un esclavo del ingenio de San José hizo lo mismo ante el mayordomo Francisco de Peña. El pretexto esgrimido por los sediciosos para justificar los levantamientos fue que el gobierno español no había cumplido con el supuesto decreto de las Cortes Generales, instaladas el 24 de septiembre de 1810, mediante el cual se aboliría la esclavitud, hecho que tendría efecto cuando el brigadier Gil Narciso, nombrado gobernador de Santo Domingo en sustitución del interino Manuel Caballero, llegara al país con tropas.  Narciso ostentaba ese grado en el ejército de Jean François, con quien había salido para Cádiz en 1796. Apresados, los principales cabecillas fueron condenados a la pena de muerte. En el juicio no sólo se demostró la inocencia de Alí y Mambí, sino que el teniente de gobernador e intendente político, José Núñez de Cáceres, los felicitó por su lealtad a las autoridades. Alí le había entregado unos papeles comprometedores que le escribieran, prueba irrefutable de la lealtad de los acusados. Cuando se produjo la revuelta de Mojarra, la colonia de Santo Domingo hacía ya cuatro años que había vuelto a poder de España[56].

Es poco probable que el recién reintegrado y ascendido al rango de Teniente Coronel y distinguido con la Medalla de Oro con el busto del Rey Fernando VII, por disposición de la Regencia del Reino que presidía el soberano español, Pablo Alí y el oficial Juan Bambí, del Batallón o Compañía de los Morenos Libres, se hayan involucrado en una acción de ese tipo, teniendo ellos bien claras las consecuencias que eso tendría para su carrera militar y sus vidas privadas.

El 24 de diciembre de 1814 los oficiales del Batallón de los Morenos Libres enviaron una carta de felicitación al rey Fernando VII por su retorno al trono de la corte española, mediante oficio firmado por su comandante Pablo Alí, Juan Bambí, Francisco Agapito, Juan Santillán, José Francisco Gastón, Isidro Pullón, Silvestre Luis Chico, José Manuel Polanco, Francisco Blanco, Luis Soto, José Casimiro, Félix Solano, Ruiarmar y José Coronier[57].

En su condición de Jefe de la Plaza de Armas de San Juan de la Maguana, el Teniente Coronel Pablo Alí recibió una comunicación de parte del Teniente Coronel, Ysnardi, edecán del presidente de Haití, general Jean Pierre Boyer, en la que le prevenía en torno a la ocupación de la parte oriental de la isla de Santo Domingo para unificarla en un solo gobierno regido por la República de Haití y se le solicitaba su sometimiento pacífico para evitar que el ejército haitiano caiga sobre el territorio de habla hispana, con lo cual le evitarían la pena de perturbar a los habitantes y a sus familias. A continuación, se transcribe in extenso la comunicación entregada por el Teniente Coronel Ysnardi al Teniente Coronel Alí:

En San Juan a 9 de noviembre del 1820. –El teniente coronel Ysnardi, edecán del presidente de Haití al coronel Alí.

Ciudadano coronel. –Tengo el honor de prevenir a V. la resolución y disposición del gobierno de la república de Haití, esta es ya una cosa hecha: el egército pide que toda la isla de Haití se someta a un solo gobierno que es el de la república de Haití y a mí se me ha escogido p.a participaros las condiciones a fin de que no sea preciso q.e un egército de la república caiga sobre vuestro territorio. –El gefe del gobierno no querría tener esta pena ni la de perturbar a los habitantes y sus familias. Por lo que a V. toca, ya se sabe que es V. haytiano, y q.e ha comenzado su carrera militar en la república: si os someteis irá tranquilo: los gefes mandarán su pueblo y a nadie se incomodará excepto a los que quieran resistirse: en toda la isla se formará un cuerpo de guardias nacionales que serán armados por el gobierno para la defensa del país, de las familias y sus propiedades, los que trabajaren por la felicidad del país serán recompensados por el gefe del gobierno: ruego a V. que comunique  estas cosas con el ciudadano Cadichon Enaul, su hermano y el ciudadano Chevalier, como igualm.te con los demas haytianos de vuestra confianza: os encargo q.e escribais al presidente de Haití y yo quedo aguardando la respuesta: las Matas, S. Juan y Neiba están ya sometidos al gobierno de la república y los puertos de la parte española quedan abiertos; el tráfico de ganado está esento de todos dros; y luego que se haga la sumisión cada deppto. Y común enviará su diputación al gefe del gobierno para que se os hagan conocer las condiciones y la garantía del pueblo. –Tengo el honor Señor coronel de saludar a V. con respeto.

–Ysnardi. –Es copia (fdo.) Kindelán.”[58]

Consciente de la amenaza que pendía como una espada de Damocles sobre la parte oriental de la Isla de Santo Domingo y como él había sufrido en carne propia lo ocurrido con la ocupación de Toussaint Louverture, el Teniente Coronel Pablo Alí decidió prepararse para lo que venía. El 2 de enero de 1821 el Teniente Coronel solicitó la carta de ciudadanía de ciudadanía española, mediante un oficio en el que daba cuenta de sus 26 años de servicios a España, desde que sirvió como capitán de la tropa de Biassou de negros auxiliares contra la República Francesa y tuvo participación directa en múltiples acciones tanto contra los galos como contra las tropas de Toussaint Louverture, así como su actuación al lado del brigadier Juan Sánchez Ramírez en la Guerra de la Reconquista, como Jefe del Batallón de los Morenos Libres y como comandante de la Plaza de Armas de San Juan de la Maguana.

La vinculación del comandante Pablo Alí y el Batallón de los Pardos y Morenos Libres al Proyecto Independentista de José Núñez de Cáceres

El 27 de julio de 1821 las Cortes Españolas le concedieron la ciudadanía española al jefe del Batallón de los Morenos Libres, Pablo Alí, y a otros oficiales de su batallón que la habían solicitado, decisión que no llegó a sus manos por componenda entre el Auditor de Guerra, José Núñez de Cáceres, y el Fiscal de Hacienda Pública, José Joaquín del Monte, para involucrarle en el proyecto independentista que se venía fraguando, al prometerle que los integrantes de su Batallón y los esclavos negros en general pasarían a ser hombres libres y ostentarían posiciones militares relevantes.

El historiador eclesiástico Carlos Nouel, autor de la singular obra Historia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo. Primada de América, analiza las causas que hicieron posible tanto la independencia encabezada por Núñez de Cáceres como la posterior ocupación de la parte oriental de la isla de Santo Domingo por parte de Haití en todos sus detalles, donde resalta que desde finales de 1819 el gobierno de Jean Pierre Boyer había enviado diferentes emisarios y misiones oficiosas de ablandamiento en todas las zonas fronterizas de la Línea Noroeste, del Oeste y del Sur, e incluso en el centro y el nordeste, lo que se profundizó con la unificación de la República de Haití a partir del suicidio del emperador Henri Christopher el 8 de octubre de 1820, pues vio la ocasión propicia para convertir en realidad la acariciada idea de la indivisibilidad del territorio y de la unidad política de la isla.

Boyer cosechó rápidamente los frutos de la siembra, al lograr múltiples pronunciamientos de adhesión a la República de Haití mediante el izamiento de la bandera haitiana en sustitución del pabellón español en los pueblos de Dajabón, Montecristi, Santiago, Puerto Plata, Samaná, Neiba, Elías Piña, Las Matas de Farfán y Azua, desde el 8 de enero de 1821 hasta el 10 de febrero de 1822.

José Núñez de Cáceres adelantó su movimiento conspirativo para el 30 de noviembre de 1821, al temer que la acción del 15 de ese mes en Montecristi y Dajabón, en que izaron la bandera haitiana, se convirtiera en una cascada incontenible que envolviera a todos los pueblos de Santo Domingo oriental y ahogara para siempre su proyecto de una patria libre y soberana. En la parte militar del movimiento, el teniente coronel Pablo Alí jugó un rol determinante, al tomar la Fuerza o Fortaleza Ozama con sus tropas de infantería, mejor conocido por Batallón de los Morenos Libres, logró la dimisión del gobernador Pascual Real y procedió a su posterior embarque en un buque inglés el 7 de diciembre de 1821 con destino a España -vía Londres-, junto a su familia, sus jefes militares peninsulares más cercanos y el séquito de empleados.

En una relación pormenorizada o exhaustiva de sus Memorias, el destituido Brigadier Pascual Real en fecha 24 de enero de 1822 en Liverpool, Inglaterra, narra los hechos ocurridos antes, durante y después de la noche del 30 de noviembre de 1821, donde resalta el papel desempeñado por el Comandante Pablo Alí en la conspiración, a quien le otorgó el rango de Capitán, donde justifica la participación de éste en el hecho de que fue objeto de un engaño junto a otros oficiales del Batallón de los Morenos Libres, por parte del Auditor de Guerra, José Núñez de Cáceres, y el fiscal de Hacienda Pública, José Joaquín del Monte.

De acuerdo con la versión del depuesto gobernador colonial, los señores Núñez de Cáceres y Del Monte le mostraron una falsa Real Orden al Jefe del Batallón de los Morenos Libres, Pablo Alí, en la que supuestamente a él y a otros de sus Capitanes se les negaba la Carta de Ciudadanía Española que habían solicitado[59], al tiempo que le prometían realizar una liberación general de todos los esclavos de la colonia, pago completo de sus sueldos en los adelante y ascensos para todos los implicados.

Pascual Real afirma que con ese ardiz los jefes de la revolución “pudieron corromper la fidelidad de este buen hombre”, Pablo Alí, “y su tropa”, al tiempo que  ganaron para su causa “al Capitán D. Manuel Carbajal, segundo que fue de D. Juan Sanchez en la reconquista, y q.e se hallaba sumamente descontento por falta de premio, y aun autorización de su empleo; al Capitán de Caballería D. N. Basquez, elevando al primero a Capitán Gen.l de la Ysla, y a Coronel el segundo de cuyo modo por la mucha influencia q.e estos sujetos tenían, se atrajeron varias compañías de los Pueblos interiores, a quienes también prometieron ventajas[60].

El nuevo orden político que se estableció, como resultado de la revolución del 30 de noviembre de 1821, pasó a denominarse Estado Independiente de la Parte Española de Haití, cuyas máximas autoridades pasaron a ser, José Núñez de Cáceres, Gobernador político y Presidente del Estado Independiente de la parte española de Haití, Manuel Carvajal, Coronel del ejército libertador y Capitán general, Juan Vicente Moscoso, Diputado del partido de la capital, Antonio Martínez Valdés, por el primer partido del Norte, Licenciado Juan Nepomuceno de Arredondo, por el segundo partido del Norte, Juan Ruíz, Coronel del ejército libertador, por el partido del Este, y Vicente Mancebo por el partido del Sur.

Lo primero que se alcanza a ver en estas designaciones de la Jefatura del nuevo Estado Independiente de Haití Español es la exclusión de que fue objeto un personaje clave en la ejecución de las acciones que hicieron posible el triunfo de la revolución de la noche del 30 de noviembre del año 1821, el Teniente Coronel Pablo Alí y sus compañeros del Batallón de Morenos Libres.

Las bases políticas y jurídicas sobre las cuales se asentó el nuevo Estado independiente fueron: 1. La Declaratoria de Independencia del Pueblo Dominicano; 2. El Acta Constitutiva del Gobierno Provisional del Estado Independiente de la Parte Española, ambas realizadas el 1 de diciembre de 1821, y 3. El Acta de la Sesión de la Junta Provisional de Gobierno del Estado Independiente de Haití Español, de fecha 4 de diciembre del 1821.

En la Declaratoria de Independencia del Pueblo Dominicano se hace una crítica profunda a la actitud asumida por España ante la Isla de Santo Domingo durante cerca de 350 años, desde el Descubrimiento de América o del Nuevo Mundo en 1492 hasta las primeras décadas del siglo XIX, de desprecio absoluto a la fidelidad mostrada siempre por los habitantes de la colonia española, hasta el punto de dejarlos a su suerte en la más espantosa miseria.

Núñez de Cáceres formula allí las bases del Nuevo Orden Económico-Social, Político y Jurídico, con el cual buscaba alcanzar la felicidad plena de los habitantes de la Parte Oriental de Santo Domingo:

Estamos plenamente convencidos de que, para conseguirla y aumentarla, no nos queda otro camino que el de la independencia. Con ella tendremos leyes formadas por nosotros mismos, análogas al genio, educación y costumbres de los pueblos, acomodadas al clima y localidad, y nuestra representación nacional sobre la proporción numérica guardará una perfecta igualdad entre todos los pobladores de estas provincias… Atenderemos con especial cuidado a la educación de la juventud tan abandonada hasta ahora, porque sin ella son ineficaces todos los deseos de pública felicidad. Nos dedicaremos al fomento de la agricultura, de las artes y el comercio, como las únicas y verdaderas fuentes de la riqueza de los pueblos; arreglaremos nuestras rentas sobre el dogma fundamental de no gastar más de lo que tenemos y es compatible con la riqueza territorial: vendrán a nuestros puertos todas las naciones en estado de proveer a nuestras necesidades y de dar estimación y salida a los frutos del país[61]

En ese texto los sectores independentistas rompen radicalmente con los lazos de dependencia que nos ataban a España en lo económico, en lo político, en lo jurídico, en lo social y en lo cultural. Al mismo tiempo se avanzan algunos elementos que contribuirían a la creación de una nueva institucionalidad sustentadas en leyes que surjan de la realidad nacional y local, basadas en el genio, la educación y costumbres de los diferentes pueblos del nuevo Estado. Aquí se privilegia la educación de la juventud y se le otorga un lugar especial a la agricultura, a las artes y al comercio, como las principales fuentes de riqueza de los pueblos. De igual manera, se plantea romper con el monopolio comercial que instituyó España en sus colonias y abrir sus puertos a todas las naciones que apreciaran nuestros frutos y estuvieran dispuestas a satisfacer nuestras necesidades.

En esa Declaratoria de Independencia se denomina Pueblo Dominicano a los habitantes de la parte española de Santo Domingo, liberado de toda tutela, fidelidad y obediencia a la metrópolis España. Aquí se establece que el nuevo Estado está investido de dignidad y soberanía plena para poder establecer su propia forma de gobierno, al tiempo de estar en libertad de contraer alianzas, tratados de comercio, actos, transacciones y convenios como toda nación libre e independiente, el cual defenderían con sus vidas, fortuna y honor. En ese texto se consigna abiertamente la simpatía del nuevo Estado con la Gran Colombia que en América del Sur presidía el gigante Simón Bolívar.

Varios factores impidieron convertir en realidad este anhelo de Núñez de Cáceres y sus colaboradores, entre ellos el haber mantenido la esclavitud de más de 10,000 trabajadores negros en todo el territorio de la nueva república, en violación a lo pactado con el Jefe del Batallón de los Morenos Libres, Teniente Coronel Pablo Alí; aliarse a la clase social hatera, sustentadora del viejo orden económico oligárquico-terrateniente y recurrir a una confederación política allende los mares con la Gran Colombia, en lugar de pactar un acuerdo de colaboración y reciprocidad comercial con el vecino país de Haití.

La violación a lo pactado por José Núñez de Cáceres con el Teniente Coronel Pablo Alí en relación con la abolición de la esclavitud de los negros que habitaban en la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, se puso de manifiesto más claramente en el artículo 9 del Acta Constitutiva del Gobierno Provisional del Estado Independiente de la Parte Española, el cual reza:

Son ciudadanos del Estado independiente de la parte Española de Haití todos los hombres libres de cualquier color y religión que sean, nacidos en nuestro territorio, o, aunque lo sean en país extranjero, si llevasen tres años de residencia o fueren casados con muger natural. En ambos casos harán constar los interesados al Gobierno las respectivas circunstancias por medio de una información ante los Alcaldes municipales, y la de haber vivido obediente a las leyes del país, ocupados en arte, oficio, o industria honesta, y resultando conforme le despachará la carta de ciudadano, sellada con el del Estado, y autorizada por el Secretario de Gobierno[62].

Ese documento expresaba de forma muy explícita que sólo eran ciudadanos del Estado Independiente de la parte Española de Haití “todos los hombres libres de cualquier color y religión[63], con lo cual dejaban expresado de forma explícita que aquellas personas que estaban en situación de esclavitud -como los negros-  o en estado de sumisión ante un amo, dueño de plantaciones agrícolas, de hatos ganaderos o de áreas de servicios, no tenían derecho a la ciudadanía en el nuevo orden político y económico que se pretendía establecer.

Esa realidad era aún más grave si se toma en cuenta lo planteado por el acápite 4 del artículo 13, que indicaba que el ejercicio de los derechos se pierde “por no saber leer, ni escribir para lo que es ser elegido, pero no para elegir[64], lo que afectaba directamente a Pablo Alí, Jefe del Batallón de los Morenos Libres, que era analfabeto, al igual que otros oficiales de su compañía de infantería, lo que probablemente le impidió ser seleccionado para ocupar posiciones importantes en el nuevo Estado, ya que no sabían leer ni escribir. Eso, de alguna manera, es lo que podría proporcionar una explicación certera del por qué Pablo Alí quedó excluido del reparto que hizo Núñez de Cáceres de las principales posiciones en el Gabinete del Nuevo Gobierno creado a partir del triunfo de la revolución del 30 de noviembre de 1821.

A partir de ese momento la presencia de la figura de Pablo Alí y el Batallón de los Pardos y Morenos Libres se eclipsa hasta que se produce la ocupación del presidente haitiano Jean Pierre Boyer el 9 de febrero de 1822. Una vez se consumó la dominación haitiana, el presidente Boyer procedió a designar en posiciones claves a militares de su extrema confianza, entre los cuales se encontraba el jefe del Batallón de Morenos Libres, Pablo Alí, a quien ascendió al rango de coronel y lo puso como comandante de los regimientos de infantería 31 y 32, donde pasó a dirigir una tropa de 500 hombres.

Rol de Pablo Alí durante la Dominación Haitiana y el movimiento de La Reforma

Una vez ocupó la parte oriental de la Isla de Santo Domingo, el presidente haitiano Jean Pierre Boyer procedió a designar en posiciones claves a los militares de su extrema confianza, entre los cuales se encontraba el jefe del Batallón de Morenos Libres, Pablo Alí, a quien lo designó con el rango de coronel y lo puso como comandante de los regimientos de infantería 31 y 32, al frente de una tropa de 500 hombres.

Así describe Mejía Ricart el conjunto de designaciones militares que hizo el presidente Boyer, al posesionarse de la parte oriental de Santo Domingo, basándose en los textos de los historiadores Celin Ardouin y José Gabriel García:

El general Boyer dicta algunas providencias de carácter administrativo y de organización gubernativa. Se confirma al general Borgellá como comandante del Departamento de Santo Domingo. Nómbrase al general Beauregard para la Comandancia de esta misma plaza, al coronel Carrié se le escoge como jefe del Arsenal y de la Fuerza. El general Dupuy fue enviado en calidad de comandante de los importantes Cuarteles del Seybo y de Higüey; el general Riché para Bayaguana; el general Bergerac Trichet para Azua; los coroneles Hogu y Saladín, respectivamente, para Baní y Las Matas; y el jefe de escuadrón, Dalmassí, mandóse a San Juan. De los 500 hombres de tropas que estaban reunidos en Santo Domingo se formaron dos regimientos de Infantería, dándosele el comando a Pablo Alí, promovido a coronel, y quien había sido antiguo compañero de armas de Juan Francisco y de Biassou[65].

Esta designación puso de manifiesto que Pablo Alí recibió un mejor trato de parte del presidente Boyer que el recibido de parte del licenciado José Núnez de Cáceres, a quien había ayudado a construir el proyecto independentista del primero de diciembre de 1821. Pero esta no fue la única distinción que hizo Boyer con Alí, ya que le donó las tierras correspondientes al ingenio de Engombe, cuya ubicación está entre San Cristóbal y Santo Domingo, el cual probablemente era propiedad de algunos de los terratenientes de origen español que se habían ausentado del país tras la ocupación haitiana. Esa información está contenida en el Acto Notarial No. 122 de fecha 27 de octubre de 1831, suscrito por los notarios públicos licenciados José Troncoso y Antonio Abad Solano, el cual fue asentado en la Oficina de Registro de Santo Domingo el 28 de octubre de 1831, que estaba bajo la dirección de A. Couset.

A continuación, se procede a transcribir textualmente el Acto Notarial que el historiador Emilio Cordero Michell publicó en el año 1993:

Texto del Acto Notarial del 27 de octubre de 1831 donde el coronel Pablo Alí, propietario del Ingenio Engombe, arrienda a Micaela Geraldo Vda. Delgado 6.5 hectáreas de tierra

«En la ciudad de Santo Domingo, á veinte y siete de Octubre de mil ochocientos treinta y uno, Año veinte y ocho de la Yndependencia. Ante nos, José Troncoso y Antonio Abad Solano, Notarios Públicos de esta Plaza, domiciliados y residentes en ella, compareció el ciudadano Pablo  Alí, Coronel del Regimiento Treinta y Uno que guarnece esta Plaza y nos dijo: que en los terrenos del Ingenio de Engombe, del que está en plena y pacífica posesión por donación Nacional que le ha hecho el Presidente de Haití, arrienda a la ciudadana Micaela Geraldo viuda Delgado, de oficio labradora, bajo los pactos y condiciones siguiente = Primera: que este arrendamiento será comprehensivo de cinco carreaux[66] de tierras de labor y será duradero por el espacio de seis años pagando por cada uno diez pesos = Segunda: que esta arrendataria estará obligada a mantener labranzas con empalizadas de palenques bien acondicionadas  = Tercera: que se le prohibe toda crianza de animales de serda, cabríos, ni bacunos, solo aquellos que pueda mantener bajo buenos corrales = que también se le prohibe hacer leña ni carbón solo de los palos que tumbe para formar sus labranzas. Cuarta: que esta arrendataria no permitirá que se alojen en su casa ninguna otra persona que la que componga su familia. Quinta: que cumplido el plazo de los seis años tendrá esta arrendataria un año de término para disfrutar de las crianzas y labranzas a menos que el propietario quiera formar su establecimiento á justa regulación de perito que nombrarán las partes sin que vencido el  término de los seis años pueda ser lanzada del terreno, ámenos que su conducta dé causas para ello; y si cumplido el plazo de los seis años conviniera al propietario y á la arrendataria seguir el arrendamiento, se  formulará un nuevo contrato. Y estando presente la arrendataria ciudadana Micaela Geraldo del contexto de este acto, bien impuesta de él, dijo: que lo aceptaba en todas sus partes, y desde luego se compromete á pagar el arrendamiento anual de diez pesos según ha convenido con el propietario. Y á la seguridad, firmeza y cumplimiento de este acto las partes contratantes se comprometen á ello en legal forma y declara el propietario que su domicilio y residencia es esta Ciudad, y la casa de su morada sita en la ysleta número veinte y seis, y la arrendataria declara que el suyo es la Sección de Hayna y la casa de su morada en ella. En cuyo testimonio las partes habiéndosele dado lectura, y bien impuestas, declaran su conformidad con este acto hecho y pasado en el Estudio Troncoso, uno de los dos Notarios asistentes, el mismo día, mes y año citado, y bien impuestos no firmaron por no saberlo hacer, por el Coronel el ciudadano Francisco Santillán, Comandante, el testimonio con nos los Notarios Públicos que damos fe.         

       (Firmas:)                           Ilegible                        Francisco Santillán                                                     

     José Troncoso                                                      Antonio Abad Solano

Notario Público                                                      Notario  Público                                                                                                                                                                 

              Emregistré a Sto. Domingo, le veingt huit Octobre 1831. F. 126,

                         Case 413 du Reg, C. Recu Vinguante Centimes.        

  Le Directeur del Enregistre

  1.   Couset

 

Du: Le Chef du Bureau de l’administration chargé du controle.

                                        (Firma ilegible)«[67]

 

Como se habrá podido leer, el Acto Notarial declara explícitamente que por ante los notarios públicos José Troncoso y Antonio Abad Solano compareció “el ciudadano Pablo Alí, Coronel del Regimiento Treinta y Uno”, responsable del cuidado de la Plaza de Santo Domingo, quien les expresó “que en los terrenos del Ingenio Engombe, del que está en plena y pacífica posesión por donación Nacional que le ha hecho el Presidente de Haití”, procedió a arrendarle “a la ciudadana Micaela Geraldo Vda. Delgado, de oficio labradora, cinco carreaux de tierra de labor” (equivalentes a 6.5 hectáreas ó 102.9 tareas dominicanas), durante seis años, a un costo de 10 pesos anual.

Dos elementos destacan en este importante documento judicial. El primer elemento a destacar es que el coronel Pablo Alí en esta ocasión ostenta la condición de ciudadano, lo mismo que la señora Micaela Geraldo Vda. Delgado, muy a pesar de que dice que “no firmaron por no saberlo hacer”, es decir, sin importar su condición de analfabetos, algo muy diferente a lo que ocurrió en el Estado Independiente de Haití Español, que proclamó José Núñez de Cáceres, donde solo podían ostentar la condición de ciudadanos y ocupar posiciones relevantes las personas libres y los que no fueran analfabetos.  Otro elemento muy importante a destacar es que durante la ocupación haitiana las mujeres viudas o solteras podían adquirir en calidad de propietarias o arrendar bienes y ejercer plenamente sus derechos ciudadanos.

El proceso que desencadenó el movimiento de la Reforma en Haití en el año 1843 y su repercusión en la parte oriental de Santo Domingo, que trajo consigo el derrocamiento del presidente Jean Pierre Boyer el 13 de marzo y la capitulación en Santo Domingo del general haitiano Justin Alexis Carrié Blaise el 26 de ese mismo mes y año, es descrito por el historiador, diplomático y patriota Emiliano Tejera en los términos siguientes:

El año 1843 fue fecundo en acontecimientos políticos. la revolución que a principios de él estalla en los cayos, acogiendo el manifiesto de Praslin, tuvo fuerza bastante para obligar a Boyer a deponer el mando el 13 de marzo del mismo año. Once días después, el 24, aún luchaba el general Carrié en Santo Domingo, tratando de contener el movimiento de los reformistas, entre los cuales figuraban como elemento importante Duarte y sus compañeros, que con habilidad suma habían logrado que los dominicanos secundaran el pronunciamiento de la parte haitiana. Al fin el general Carrié capituló el 26 de marzo, y una Junta Popular de cinco individuos (Duarte, Jimenes, Pina, Alcius Ponthieux y M. Morin), en su mayoría dominicanos, vino a dirigir los asuntos públicos, en unión de la autoridad militar, confiada a un reformista[68].

El coronel Pablo Alí jugó un rol muy importante en el movimiento reformista, razón por la cual fue ascendido al rango de General de División y designado como Jefe Superior del Departamento de Santo Domingo, en virtud de la propuesta de sus aliados trinitarios al interior de la Junta Popular de Santo Domingo. Los miembros de este gobierno provisional colegiado fueron escogidos por elección popular, de los cuales eran cinco dominicanos, Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella, Manuel Jimenes, Pedro Alejandrino Pina y Félix Mercenario, así como dos haitianos, Juan Bautista Morín y Alcius Ponthieux Fils (Presidente). De igual modo, el general Henri Étienne Desgrotte fue designado comandante de la Plaza de Armas de Santo Domingo.

Los detalles de la participación del comandante Alí y del sector liberal en la parte española de la Isla de Santo Domingo, los proporciona con bastante claridad el historiador canónico Carlos Nouel en las siguientes líneas:

En la parte española el pueblo, en fuerzas de las circunstancias, contemporizó con la reforma, no obstante, su deseo de separarse de Haití y constituirse en nación independiente. El partido conservador juzgaba oportuno mantenerse en expectativa de los acontecimientos que se habían presentado en el Oeste para obrar en consecuencia. En cambio, el partido liberal, al cual estaba afiliada casi toda la juventud de Santo Domingo, ansioso de salir de una situación indefinida, creyó por su parte que para conquistar los derechos que proclamaba la reforma, debía precipitar un movimiento y asumir una actitud activa y hostil, a fin de derrocar al jefe boyerista que aún conservaba el mando en el Departamento del Ozama.

Convenido el plan y preparado ya el pueblo para llevarlo a ejecución, se reunió en crecido número en la tarde del 24 de Marzo, y teniendo a su cabeza al General Pablo Alí y al Comandante Henry Étienne Desgrotte, gefe de la guardia nacional, se dirigió a la plaza de la Catedral proclamando los principios de la reforma y pidiendo la deposición del General Carrié. Este gefe, a quien no era desconocido el estado efervescente de la opinión pública y que presentía una conflagración, había tomado sus medidas para prevenirla, y en consecuencia dispuso que en los bajos de la casa Consistorial (el Vivac) permaneciera un batallón de infantería con orden de dispersar cualquier grupo que se presentara y contener las manifestaciones hostiles, resistiendo a toda agresión.

Los reformistas se presentaron en el lado oriental de la plaza, situándose junto al Palacio de Gobierno. El batallón que estaba sobre las armas avanzó, por orden de su jefe, hasta el centro de la misma plaza. El comandante Cousin se adelantó algunos pasos dirigiéndose al grupo para indagar lo que querían. La contestación de los interpelados fue: ¡Viva la Reforma! A esta manifestación el Comandante Cousin mandó a hacer fuego sobre el grupo, el cual, aunque muy mal armado[69],  contestó con otra a la descarga que se le hizo; resultando varios heridos y muertos, entre éstos el jefe haitiano.

Los reformistas se retiraron después de esta escaramuza y saltando las murallas pasaron a San Cristóbal, donde se hicieron fuertes. Con los militares de la Común que se adhirieron al movimiento y los de otras localidades que acudieron a prestarles apoyo, organizaron un ejército popular, más respetable por el número que por los elementos de que disponía, y lleno de entusiasmo se puso en marcha sobre Santo Domingo para imponerse a Carrié, que hacía esfuerzos inauditos por sostenerse.

En tan desesperada situación y encontrándose solo, capituló el General Carrié el 26 de Marzo y se embarcó para Curazao, entregando el mando al Consejo de Notables que dio entrada en la ciudad a las fuerzas de la reforma.

El primer acuerdo de los reformistas fue encargar al General Pablo Alí de la Autoridad superior del departamento y constituir un Comité Popular que tuviera la dirección de los negocios públicos. Este Comité lo componían cinco ciudadanos, de los cuales tres dominicanos, que eran la representación genuina de las ideas de independencia y dos haitianos, que, aunque individuos del partido liberal, representaban la constante aspiración haitiana de conservar la unidad e indivisibilidad del territorio. El General Alí dio el mando de las armas al General Desgrotte.

Los demás pueblos del Este de la Isla aceptaron la Reforma, y de ese modo quedó consumada en toda la República la obra de Dusmele, que fue saludada por todos los pueblos como la aurora de venturosos días para la República”.[70]

El rol jugado por los trinitarios con Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, Pedro Alejandrino Pina, Manuel Jimenes y Juan Isidro Pérez de la Paz a la cabeza, fue determinante para lograr la adhesión de los veteranos militares General Pablo Alí y General Henri Étienne Desgrotte, al movimiento de la Reforma, que, tras ser tiroteados por el batallón fiel al General Carrié, se vieron obligados a saltar las murallas de Santo Domingo para replegarse a la ciudad de San Cristóbal y así acumular fuerzas suficientes para resistir a los sectores boyeristas. Con el apoyo del coronel del Batallón de San Cristóbal, Don Esteban Roca, del pueblo sancristobalense, así como de los pueblos de Baní y Azua, lograron juntar una multitud de más de 2 mil personas, con la cual volvieron a Santo Domingo e hicieron capitular a Carrié, sin tirar un solo tiro.

El Comandante del Batallón de Pardos y Morenos Libres -denominado posteriormente Regimiento 31-, General de División y Jefe Superior del Departamento de Santo Domingo, Pablo Alí, falleció el 14 de febrero de 1844, apenas 13 días antes de producirse la proclamación de la República Dominicana como nación libre e independiente de la República de Haití, con la cual estaba colaborando activamente.

CONCLUSIONES

Es indudable el rol de primer orden que tuvo el Comandante Pablo Alí y su Batallón de los Pardos y Morenos Libres en el proceso político y militar en la parte oriental de Santo Domingo entre los años de 1791 y 1844. Este papel fue aún más relevante en el proceso que condujo a convertir en una realidad insoslayable el proyecto independentista del académico y Auditor General de Guerra, José Núñez de Cáceres, la noche del 30 de noviembre de 1821 al tomar la Fuerza, Torre del Homenaje o Fortaleza Ozama, hacer prisionero al gobernador español Pascual Real, colocarle en una embarcación con destino a España, a través de Liverpool, Inglaterra, y proclamar el Estado Independiente de Haití Español el 1 de diciembre de 1821.

Sin embargo, el trato recibido por Alí y los integrantes del Batallón de los Pardos y Morenos Libres de parte de Núnez de Cáceres no estuvo a la altura de los esfuerzos y sacrificios realizados por ellos para cristalizar su utopía de un Estado independiente, ya que les dio la espalda y les puso múltiples obstáculos para no cumplir con lo pactado previamente con ellos, tanto a nivel de los compromisos sociales -como la abolición de la esclavitud y el otorgamiento de tierras a los negros libertos- como en términos de otorgamiento de posiciones claves en el recién inaugurado aparato estatal. En todo caso, lo que hizo fue aprobar legislaciones que los marginaban y excluían de toda forma de elección, mientras les otorgaba poderes extraordinarios a sectores de la oligarquía criolla y a lo más granado de los sectores intelectuales que colaboraron con el establecimiento del nuevo orden.

Un trato muy diferente recibió Pablo Alí y el Batallón de los Pardos y Morenos Libres del presidente haitiano Jean Pierre Boyer, quien lo elevó al rango de coronel y le donó las tierras donde anteriormente funcionaba el ingenio Engombe. Igual actitud de agradecimiento recibió de los sustentadores del Movimiento de la Reforma en la parte oriental de la isla de Santo Domingo, que encabezaron Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Pedro Alejandrino Pina Juan Isidro Pérez y Ramón Matías Mella junto al liberal haitiano Alcius Ponthieux, quienes le elevaron primero al grado de General de División y Jefe Superior del Distrito de Santo Domingo, hasta su fallecimiento el 14 de febrero de 1844.

BIBLIOGRAFIA

[1] James, Cyril Lionel Robert. Los Jacobinos Negros. Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití. Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2003, Pág. 14.

[2] Moreau de Saint-Méry, Médéric Louis Élie. Descripción topográfica, física, civil, política e histórica de la parte francesa de la isla de Santo Domingo. Archivo General de la Nación, Santo Domingo, 2017, Tomo I, Pág. 123.

[3] Ibidem, Pág. 48.

[4] Ibidem.

[5] https://www.conseil-constitutionnel.fr/sites/default/files/as/root/bank_mm/espagnol/es_ddhc.pdf

[6] Belmonte Postigo, José Luis. “Una encrucijada incierta.  Independentismo, anexionismo y abolición de la esclavitud en Santo Domingo, 1809-1821”. Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe Colombiano. Año 11, N°25. Barranquilla, enero-abril 2015, pág. 226.

[7] Price-Mars, Jean. La República Dominicana y la República de Haití, Tomo II. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Santo Domingo, 2000, pág. 493.

[8] AGS. S.G. leg.7157, exp.19. El gobernador de Santo Domingo comunica la noticia del funesto fin que tuvo el negro Jacinto. Santo Domingo a 13 de septiembre de 1793.

[9] AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No.170. Relación de la toma del Dondon. Santo Domingo a 22 de julio de 1793.

[10] AGI. Santo Domingo, leg.1110, Carta del arzobispo de Santo Domingo a don Pedro de Acuña. Santo Domingo 25 de agosto de 1793.

[11] AGS. S.G. leg.7157, exp.14. Carta de Gabriel Aime de Bellair, mariscal de campo del Ejército de Jorge Biassou a Joaquín García y Moreno gobernador de Santo Domingo, solicitando sueldos y provisiones a 9 de octubre de 1793.

[12] AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No.136. Carta de Juan Francisco al gobernador García, a 6 de mayo de 1793.

[13] AGS. S.G. leg.7157, exp.12. Copia de un memorial dirigido por Biassou a García. San Miguel a 15 de julio de 1793; AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No,152.

[14] AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No.194. El gobernador de Santo Domingo da cuenta de la conducta de Juan Francisco. Santo Domingo a 4 de septiembre de 1793.

[15] AGS. S.G. leg.7157, exp.19.  Carta del gobernador de Santo Domingo a Pedro de Acuña. Santo Domingo a 25 de septiembre de 1793.

[16]Instituto de Historia y Cultura Militar -IHCM-. Rollo 65, 5-4-11-1, f.150. Correspondencia sobre las ocurrencias de la isla de Santo Domingo con motivo de la guerra con los franceses. Año de 1796. (Memorial de Dn. Gaspar de Cassasola, Julio-agosto de 1794).

[17] Archivo General de la Administración-AGA-. Asuntos Exteriores, caja 7.687 (2-1-1). Detalle de lo ocurrido en 1794 en el Fuerte Delfín en Santo Domingo. Enero 29 de 1795.

[18] AGS. S.G. leg.7157, exp.19. El gobernador de Santo Domingo da cuenta de la conducta de Juan Francisco. Santo Domingo a 12 de agosto de 1793.

[19]AGS. S.G. leg.7157, exp.58, No.298. Recapitulation de toutes les compagnies de l’armée du general Jean François, 1794.

[20] AGS. S.G. leg.7157, exp.20, No,247. El gobernador de Santo Domingo recibe las medallas de oro y plata para los negros auxiliares. Santo Domingo a 18 de febrero de 1794.

[21] AGS. S.G. leg.7159, exp.7, No.29. Remitiendo 4 medallas de oro y 8 de plata de las destinadas al mérito de los jefes negros auxiliares. Aranjuez a 22 de enero de 1794.

[22] AGS. S.G. leg.7157, exp.19, No.169. El gobernador de Santo Domingo participa haber logrado la toma de Dondon. Santo Domingo a 22 de julio de 1793.

[23] AGS. S.G. leg.7159, exp.61. El gobernador de Santo Domingo hace referencia a la desunión que reina entre los jefes Biassou y Toussaint, Bayajá a 13 de abril de 1794.

[24] AGS. S.G. leg.7160, exp.8, No.58. Informe reservado del gobernador de Santo Domingo, referente al estado de la guerra de la isla. Santo Domingo a 20 de marzo de 1795.

[25] AGS. S.G. leg.7160, exp.3. El gobernador de Santo Domingo da cuenta de la expedición que hizo el comandante de Dajabón, Esteban Palomares, con el negro Juan Francisco y el éxito favorable y buena armonía de los soldados españoles con los auxiliares. Cuartel de Santiago a 11 de agosto de 1794.

[26] AGS. S.G. leg.7159, exp.494. Informe del gobernador García a Campo de Alange. Santiago a 1 de agosto de 1794.

[27] IHCM. Rollo 65, 5-4-11-1, fs.161-168v. Relación de lo acontecido en Bayajá. Bayajá a 8 y 13 de julio de 1794; IHCM. Rollo 65, 5-4-11-1, f.155. Certificación que da Juan Francisco al padre Cavello, entrega de la plaza y conclusión de la escena. Bayajá a 13 de julio de 1794; AGI. Santo Domingo, leg.1110. El arzobispo de Santo Domingo a don Eugenio de Llaguno. Santo Domingo a 6 de agosto de 1794.

[28] AGI. Santo Domingo, leg.1038. Expediente suscitado en Santo Domingo sobre la averiguación de la falta de caudales y demás intereses del rey en Bayajá. Santo Domingo, 11 de abril de 1796.

[29] AGI. Santo Domingo, leg.1035. Desfalco de caudales en Bayajá. Santo Domingo. 1794; AGS. S.G. leg. 6853, exp.46, Nº 215. El capitán general de Cuba remite los documentos sobre envíos de dinero, armamentos, vestuarios, correaje y demás efectos perdidos en el saqueo a Bayajá. Habana, 16 de abril de 1795.

[30] AGI. Santo Domingo, leg.1038. Declaración original dada y firmada por el negro Juan Francisco, jefe que fue de los de su color en la irrupción de la Plaza de Bayajá. Cádiz a 16 de enero de 1801.

[31] Archivo Histórico Nacional -AHN- Estado, 3407. El gobernador de Santo Domingo participa de las últimas operaciones militares de los negros auxiliares. Santo Domingo a 21 de octubre de 1795.

[32] AGS. S.G. leg.7160, exp.80, No.58. Informe reservado del gobernador de Santo Domingo, referente al estado de la guerra de la isla. Santo Domingo a 20 de marzo de 1795.

[33] IHCM. Rollo 65, 5-4-11-1, f.165. Detalles sobre la matanza que ha sucedido en Bayajá el 7 de julio de 1794.

[34] AGS. S.G. leg.7165, exp.79, No.118. El gobernador de Santo Domingo en consecuencia de la Real Orden de 8 de septiembre dispuso en aquella capital la publicación de la paz. Santo Domingo a 15 de octubre de 1795.

[35] AHN. Estado, leg.3407. Esteban Laveaux general y gobernador de Santo Domingo a la Diputación de la República francesa. Fuerte Delfín a 22 de noviembre de 1795.

[36] AGI. Estado, 3, No.10. Carta de Godoy a Azanza. Abril 18 de 1796; AGI. Estado, 3, No.10 (27). Carta de Azanza a Godoy. Julio de 1796

[37] AGI. Estado, 3, No.10. Carta de Godoy a Azanza. Abril 18 de 1796; AGI. Estado, 3, No.10 (27). Carta de Azanza a Godoy. Julio de 1796.

[38] Ibidem.

[39] AGI. Estado, 5A, No.32 (1a). Carta del marqués de Casa Calvo al gobernador de Cuba. Bayajá a 31 de diciembre de 1795.

[40] AHN. Estado, 3407. El gobernador de Santo Domingo participa los fundamentos que obran en su ánimo para recomendar a los negros auxiliares en su embarque. Santo Domingo a 17 de diciembre de 1795.

[41] James Cyril Lionel Robert. Los Jacobinos Negros. Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití. Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2003, Pág. 177.

[42]  Archivo General de Simancas -AGS-. Carta de Pablo Aly al Rey Carlos IV, de fecha 29 de agosto de 1800, SGU, LEG. 7165, 191.

[43] Utrera, Fray Cipriano en la nota 311 del Diario de la Reconquista de Juan Sánchez Ramírez, Proemio y Notas de Fray C. de Utrera. Academia Militar Batalla de las Carreras/Aviación Militar Dominicana, Santo Domingo: Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1957, págs. 176-177.

[44] AGS. Carta de Pablo Aly al Rey Carlos IV, de fecha 29 de agosto de 1800, SGU, LEG. 7165, 191.

[45] Ibidem.

[46] Utrera, Fray Cipriano en la nota 311 del Diario de la Reconquista de Juan Sánchez Ramírez, Proemio y Notas de Fray C. de Utrera. Academia Militar Batalla de las Carreras/Aviación Militar Dominicana, Santo Domingo: Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1957, pág. 177.

[47] Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de la Poesía Hispano-Americana. Tomo I, http://www.larramendi.es/menendezpelayo/es/corpus/unidad.do?idCorpus=1000&idUnidad=100429&posicion=1, p. 298.

[48] Belmonte Postigo, José Luis. “Una encrucijada incierta.  Independentismo, anexionismo y abolición de la esclavitud en Santo Domingo, 1809-1821”. Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe Colombiano. Año 11, N°25. Barranquilla, enero-abril 2015, pág. 226.

[49] Utrera, Fray Cipriano en la nota 311 del Diario de la Reconquista de Juan Sánchez Ramírez, Proemio y Notas de Fray C. de Utrera. Academia Militar Batalla de las Carreras/Aviación Militar Dominicana, Santo Domingo: Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1957, pág. 177.

[50] Sánchez Ramírez, Juan. Diario de la Reconquista. Proemio y Notas de Fray C. de Utrera. Academia Militar Batalla de las Carreras/Aviación Militar Dominicana, Santo Domingo: Editora Montalvo, Ciudad Trujillo, 1957, págs. 176-177.

[51] Ibidem, págs. 191-194.

[52] Ibidem, págs. 197-198.

[53] AGI, Santo Domingo, 961, del 2 de septiembre de 1811. Real Orden del 2 de septiembre de 1811, la Regencia del Reino presidida por el rey Fernando VII le concedió a Pablo Alí el grado de Teniente Coronel, así como la Medalla de Oro con el busto del Rey.

[54] Cordero Michel, Emilio. Obras Escogidas. ENSAYOS I. Archivo General de la Nación. Volumen CCLIV, Santo Domingo, 2015, pág. 156.

[55] Algunos autores, como Juan Sánchez Ramírez, lo denominan Bambí, mientras que otros, como Carlos Esteban Deive, lo llaman Mambí.

[56] Deive, Carlos Esteban. “El esclavo Pablo Alí y su protagonismo en la Historia Dominicana”. Centro de Altos Estudios Humanísticos y del Idioma Español, Anuario 3, 2004-2007, Santo Domingo, 2008, pág. 216.

[57] AGI, Santo Domingo, 964, 24 de diciembre de 1814. AGI, Santo Domingo, 964, 24 de diciembre de 1814. Carta de felicitación al rey Fernando VII por su retorno al trono de la corte española, mediante oficio firmado por su comandante Pablo Alí, Juan Bambí, Francisco Agapito, Juan Santillán y otros oficiales del Batallón de Morenos Libres.

[58] AGI. –Sevilla. –Audiencia de Santo Domingo. –Gobiernos Políticos. –Año 1820 a 1822. –Est.78, Caj. 5, Leg. 21. –Doc. 76.

[59] Ciudadanía que le había sido otorgada por una Real Orden del 27 de julio de 1821, retenida y falseada por el Auditor de Guerra, José Núñez de Cáceres, y por el Fiscal de Hacienda Pública, José Joaquín del Monte.

[60] AGI. Audiencia de Santo Domingo, Gobiernos Políticos 1820 al 1822. –Est. 78, Caj. 5, Leg. 21, Doc. 54.

[61] Mejía-Ricart, Gustavo Adolfo. Crítica de Nuestra Historia Moderna. Primer Período del Estado Libre en la Parte Española de la Isla de Santo Domingo, Sociedad Dominicana de Bibliófilos-Banreservas, Santo Domingo, 2007, pág. 203.

[62] Ibidem, págs. 209-210.

[63] Ibidem, pág. 209.

[64] Ibidem, pág. 211.

[65] Ibidem, págs. 99-100.

[66] Carreaux: unidad agraria haitiana que se implantó en la parte oriental de la isla a partir de 1822. Tiene un origen colonial al provenir del antiguo «cuadrado provenzal», de cien por cien pasos, que se utilizó para determinar las llamadas «habitaciones» en el Saint Domingue del siglo XVII. Un carreaux equivale a 1.3 hectáreas o 20.58 tareas dominicanas, por lo que el área objeto del contrato de arrendamiento (5 carreaux) es igual a 6.5 hectáreas o 102.9 tareas dominicanas, que fue la extensión que el presidente Boyer consideró como mínima para repartirla entre los antiguos esclavos y desposeídos rurales dominicanos. Por ello, nuestros campesinos la llamaban «cinco boyeranas».

[67] Cordero Michel, Emilio. Acto Notarial del 27 de octubre de 1831 donde el Coronel Pablo Alí, propietario del Ingenio Engombe, arrienda a Micaela Geraldo Vda. Delgado 6.5 hectáreas de tierra. Revista Ecos, año 1, No. 1, págs. 138-139, Santo Domingo, Instituto de Historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo -UASD-, 1993.

[68] Tejera, Emiliano. Escritos Diversos. Andrés Blancos Díaz, Editor. Archivo General de la Nación-Banco de Reservas. Volumen CIII, Santo Domingo, 2010, pág. 227.

[69] La mayor parte de los reformistas no llevaban más que pistolas, escopetas, uno que otro trabuco y armas blancas.

[70] Nouel, Carlos. Historia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo Domingo. Primada de América, Tomo II. Editora de Santo Domingo, Santo Domingo, 1979, págs.427-429.

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Juan de la Cruz

Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

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