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¿Por qué un “socialista” elogia a Colin Powell, un criminal de guerra?

Written by Debate Plural

Lance Selfa (ISP, 25-10-21)

 

Sorprendente mensaje del diputado Jamaal Bowman -demócrata de Nueva York, autodenominado socialista y miembro de los Socialistas Democráticos de América- sobre la muerte de Powell: «Colin Powell fue una fuente de inspiración…»

Se podía esperar que las principales figuras del establishment estadounidense elogiaran al exsecretario de Estado Colin Powell, fallecido el 18 de octubre. Después de todo, Powell fue un miembro destacado de la élite de la política exterior durante décadas en su calidad de general de cuatro estrellas, asesor de seguridad nacional, jefe del Estado Mayor Conjunto y secretario de Estado.

Ayudó a organizar la invasión estadounidense de Panamá en 1989, la destrucción de Irak en 1991 y la invasión «humanitaria» de Somalía en 1991. Y como secretario de Estado, aportó el testimonio crucial a las Naciones Unidas que condicionó la opinión pública para apoyar la invasión y la ocupación de Irak en 2003. La guerra, basada en la mentira de que Irak escondía «armas de destrucción masiva» -de las que no se encontró ninguna- mató a cientos de miles de personas. Por ello, Powell y los demás arquitectos de la guerra deberían haber estado en el banquillo de los acusados en un tribunal de crímenes de guerra, en lugar de ser aclamados como grandes estadistas.

Por eso resulta sorprendente leer el tuit del diputado Jamaal Bowman (demócrata de Nueva York), autodenominado socialista y miembro de los Socialistas Democráticos de América (DSA por sus siglas en inglés), sobre la muerte de Powell: «En su calidad de hombre negro que trataba de entender el mundo, Colin Powell fue una fuente de inspiración. Era de la ciudad de Nueva York, fue al City College y llegó a los más altos cargos de nuestra nación. Les mando amor, fuerza y plegarias a la familia y a los amigos del Secretario Powell. Descanse en paz, general. «

¿Por qué un “socialista” rinde así homenaje a alguien como Powell?

La declaración de Bowman recuerda la de otra «elegida» de DSA, la diputada Alexandria Ocasio-Cortez (AOC, demócrata de Nueva York), que en 2018 emitió una declaración en la que elogiaba el legado del difunto senador John McCain -un conservador al que le gustaban todas las guerras- por «representar un ejemplo sin parangón de decencia humana y servicio a los Estados Unidos.»

Las declaraciones de Bowman y de AOC en sí no son tan importantes como el hecho de que ambos hayan sentido la necesidad de hacerlas. Se sumaron al resto de la casta política profesional en los rituales del decoro que rigen en el Congreso. Pero, ¿no se supone que ellos, y los demás miembros de «la brigada» -el pequeño grupo de representantes progresistas, entre los que se encuentran al menos tres miembros de la DSA- eran diferentes de todos los demás representantes habituales del Congreso? ¿No eran ellos los «rebeldes del Congreso» que representaban a la clase trabajadora y a los movimientos sociales «detrás de las líneas enemigas»?

Sería fácil enumerar una serie de declaraciones o acciones individuales para criticar a los miembros de la Brigada. Que la mayoría de ellos votan a favor de presupuestos militares gigantescos. Que AOC votó «presente» en proyectos de ley que autorizaban gastos para el sistema de misiles «Cúpula de Hierro» para Israel. Que Bowman votó a favor de la «Cúpula de Hierro». Que la mayoría de ellos votó a favor de la financiación del Departamento de Seguridad Nacional después de que éste encarcelara a los niños inmigrantes en campos fronterizos. O que Ilhan Omar haya votado a favor de 3.300 millones de dólares de ayuda a Israel.

Cada una de estas acciones individuales puede ser criticada por sí misma. Pero lo que es más pertinente es lo que dicen sobre cómo estos representantes se ven a sí mismos y cómo ven su papel en el Congreso. Y aquí está claro que no actúan como socialistas, sino como demócratas «progresistas». De hecho, Ilhan Omar es la jefa de la bancada progresista, lo que significa que está encargada de garantizar que los miembros de su grupo voten de acuerdo con lo que decida la bancada.

Por eso es conveniente que veamos lo que está haciendo ahora el Caucus [bancada] Progresista. Durante meses, mantuvo como una importante posición de principios su promesa de no votar el proyecto de ley «bipartidista» de Biden sobre infraestructuras de carreteras y puentes antes de votar para aprobar el proyecto de ley «Build Back Better» («Reconstruir mejor») de la administración, el Plan de Rescate Estadounidense (American Rescue Plan). Los progresistas se aferran a ese proyecto de ley -que promete gastar billones en la próxima década en la salud, el cuidado de los niños, el cambio climático y otras prioridades sociales- porque no confían en que los demócratas más conservadores lo apoyen si aprueban primero el proyecto de ley de infraestructuras con votos progresistas. Mientras tanto, los progresistas son los principales defensores de la política de Biden en el Congreso.

Esto incluye a los autodenominados socialistas. En el programa Face the Nation de la CBS, el 3 de octubre pasado, Ocasio-Cortez dijo: «Biden ha sido un aliado de confianza para todo el Partido Demócrata… Es, de hecho, un moderado… tiende la mano, busca la apertura. Trata de entender nuestra perspectiva. Por eso defiendo su plan de trabajo». El senador Bernie Sanders, ha alabado las propuestas de Biden como las más «transformadoras» desde el New Deal de los años 30 y actuó, como presidente de la Comisión de Presupuestos del Senado, como un líder virtual del plan de Biden.

Cuando la administración anunció su plan en junio, planteó un presupuesto de 6 billones de dólares (unos 600.000 millones al año). Al cabo de un mes, redujo el precio a 3,5 billones de dólares. A pesar de ello, Sanders dijo que representaba un «momento crucial en la historia de Estados Unidos». En el momento de escribir este artículo, a finales de octubre, la Casa Blanca y los líderes del Congreso están negociando activamente la reducción del proyecto de ley a unos 2 billones de dólares, o sea un tercio de lo previsto originalmente. ¿Los progresistas -o su séquito socialista- piensan acabar con estas concesiones que buscan para ganar votos conservadores?

No contemos con ellos. De hecho, Ilhan Omar busca siempre los votos para apoyar cualquier acuerdo «menos malo» que se consiga. Y en ese momento, puede que ni siquiera importe si se aprueba primero el plan «Reconstruir mejor» “Build Back Better”) o el plan de infraestructuras.

El bloguero de centro-izquierda Keaton Weiss planteó este escenario, que parece plausible: «Queda por ver si son capaces de hacerlo. En las negociaciones del Plan de Rescate Estadounidense (American Rescue Plan), los progresistas de la Cámara de Representantes no pelearon para mantener la disposición sobre el salario mínimo de Bernie Sanders en el proyecto de ley después de que ocho demócratas del Senado se unieran a los republicanos para rechazarla. Así que, si el pasado es un prólogo, hay pocos motivos para ser optimistas».

Si aún queda un motivo de esperanza, es que ya tomaron posición públicamente en esta lucha por las infraestructuras, y que ceder ahora sería visto como otra derrota humillante para la izquierda. Pramila Jayapal rechazó en el acto la ridícula oferta de Joe Manchin de 1,5 billones de dólares, diciendo claramente: «Esto no va a ser así». La pregunta sobre el destino del proyecto de ley de infraestructuras es si ella y su grupo pueden mantener ese mismo nivel de confianza sin un apoyo claro de la dirección del partido.

Dado que los demócratas necesitan todos los votos que puedan conseguir para aprobar el Plan de Rescate Estadounidense, los socialistas deberían, en teoría, tener la misma influencia que los conservadores de la Cámara de Representantes y del Senado para obligar a los demócratas a apoyar sus prioridades.En lugar de ello, tenemos el espectáculo de la derecha y de las empresas que la apoyan determinando el acuerdo final, con los progresistas y los socialistas siguiéndolosdetrás y proclamando su compromiso de salvar el programa de Biden. Es una ilustración perfecta del pacto con el diablo que los socialistas aceptan cuando firman su apoyo al Partido Demócrata.

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